Phrónesis

Tenemos mucho que (re)aprender de Aristóteles. Por ejemplo, que la sensatez es un prerrequisito para la ética. Que la sensatez nace de la experiencia, no de la ciencia. Y que estamos hablando de virtudes, no de normas abstractas.

(Resumo del magnífico libro sobre Aristoteles de Jesús Mosterín…)

En el alma humana hay una parte apetitiva o volitiva –el ethos o carácter- y otra parte pensante o cognitiva –la diánoia o razón-. Las virtudes éticas o morales, las virtudes del ethos, son hábitos de decidir lo mejor –el término medio óptimo- en cada caso. Pero el conocimiento de lo mejor es ajeno al ethos y procede de la diánoia.

Dentro de la dianoia o parte pensante del alma distingue Aristóteles tres tipos de funciones: contemplativas (científicas), prácticas y productivas. A estos tres tipos de funciones corresponden tres tipos de virtudes (aretés).

Desde el punto de vista ético, las más importantes de estas virtudes son las prácticas. A la virtud o areté práctica por excelencia llama Aristóteles phrónesis (prudencia o sensatez). Es el hábito de encontrar el término medio óptimo en cada caso y determinar el curso de acción correcto: el hábito de dar en el clavo. Pero no en parcelas especializadas, sino en la vida: “Parece propio del hombre prudente el poder discurrir bien sobre lo que es bueno y conveniente para el mismo, no en un sentido parcial, por ejemplo, para su salud o fuerza, sino para vivir bien en general”.

Nuestro ethos, nuestro carácter, nuestros deseos, han de dejarse controlar y dirigir por la razón práctica: la prudencia marca el rumbo a las virtudes éticas.

La prudencia no es una ciencia. La ciencia trata de lo universal, mientras que la prudencia siempre lo es de lo particular. No es el resultado de abstracciones científicas, que pueden ser captadas fácilmente por jóvenes inteligentes, sino el resultado de larga experiencia de lo particular. Por eso los jóvenes, que carecen de experiencia, necesitan seguir el consejo de algún varón prudente y experimentado. Y por eso no sirven para la política, que es una variedad de la prudencia. “Los jóvenes pueden ser geómetras y matemáticos, y sabios en cosas de ese tipo, y, en cambio, parece que no pueden ser prudentes. La causa de ello es que la prudencia tiene por objeto también lo particular, con lo que uno llega a familiarizarse por la experiencia, y el joven no tiene experiencia, porque hace falta tiempo para adquirirla”.

6 comentarios para “Phrónesis”

  1. eldoctorhache Dice:

    Como maestro de prudencia en ese sentido aristotélico, si se me permite, recomendaría al nunca demasiado leído y seguido Baltasar Gracián.

  2. qbit Dice:

    Pues no estoy de acuerdo. La prudencia depende en parte de la experiencia, pero también de la inteligencia.

    Por ejemplo, muchos adolescentes no necesitan haber fumado para darse cuenta de que fumar es malo para la salud (echar humo por la boca no puede ser sano) y decidir no fumar, o un niño pequeño se puede dar cuenta perfectamente de que hay que tener cuidado al cruzar una calle por causa de los coches. Caso real. ;)

  3. Brújulo Dice:

    Si siempre se vive en el templado, no se sabe ni qué es el frío ni que es calor. Si no se sabe qué es ni la una ni la otra, no se sabe qué es la temperatura. No se corre el riesgo de quemarse ni congelarse. Se compra comodidad, tranquilidad y el precio es la ignorancia.

    El hombre viejo está ya fatigado, se siente débil, por lo que no tiene interés en correr ningún riesgo. Asume la ignorancia por mantener su comodidad.

    El joven, saludable, sediento de saber, asumirá ese riesgo. Quizás se queme o congele, pero él, al final del viaje sabrá qué significa temperatura .

    Y yo, si hay que vivir bajo algo, prefiero vivir bajo un gobierno valiente con ansia de conocer y mejorar que no bajo otro temeroso de empeorar su condición actual, que oculte a sus ciudadanos los múltiples rostros de la realidad, que empobrezca a sus ciudadanos por miedo, paradójicamente, a empobrecer.

  4. pseudopodo Dice:

    Me parece que en este tema las opiniones van a tener un importante sesgo según la edad… :-)
    Qbit, quizá la phrónesis se traduce mejor por sensatez que por prudencia. Me da la impresión de que hace unos siglos se entendía por “prudencia” algo más exigente que lo que entendemos hoy (era la virtud de los príncipes, seguro que eso lo decía Gracián). Así que el niño puede ser prudente en el sentido débil que hoy damos a la palabra pero no en el sentido fuerte clásico.
    Por otra parte es cierto que la experiencia no depende sólo de la edad, y el propio Aristóteles decía que “no hay diferencia alguna entre el joven de edad y el (adulto) que es inmaduro de carácter”. Así que la edad sería condición necesaria pero no suficiente para tener prudencia, porque hay quien no saca provecho de la experiencia.
    Luego hay otra razón por la que la experiencia puede no ser suficiente, que creo que es a la que apunta el comentario de Brújulo: si uno vive una vida rutinaria y trivial los años pueden no aportarle nada (de todos modos, Brújulo, no creo que la doctrina del justo medio de Aristótles recomiende una vida tibia…y tampoco entiendo la relación con el gobierno que señalas).
    Por mi parte, hay dos cosas que me gustan mucho de este texto de Aristóteles: una, la distinción entre inteligencia y sensatez. El joven puede ser muy inteligente, captar las reglas, y brillar en matemáticas, pero generalmente no tendrá la sensatez suficiente en otros temas en los que lo importante son las excepciones. Y sólo con los años se da uno cuenta de que las excepciones son la regla…Esa es la segunda cosa que me gusta: el reconocimiento de la complejidad del mundo y la importancia de lo particular.
    A mí siempre me han atraído las generalizaciones, las ideas abstractas, y de hecho tengo muy mala memoria para los detallas. Pero me estoy dando cuenta de que sólo complementando las abstracciones con amor por lo particular, por los detalles (y por las personas, que son individuos), se puede entender el mundo.

  5. qbit Dice:

    De prudencia pasas a sensatez, y el concepto va quedando difuso.

    Yo no niego el valor de la experiencia. Lo que digo es que no es lo único a valorar. Yo no fumé porque pensé que echar humo por la boca no podía ser sano. A la mayoría de la gente no se le ocurre pensar eso en esos momentos, sino hacer lo que el resto del grupo de amiguetes. En cambio, en otras cosas he metido la pata a base de bien. La diferencia la explico en el tipo de inteligencia que cada uno tiene. Si uno destaca en ciertas cosas, no necesitas apenas experiencia, pero sino, ya puedes acumular experiencia que tropezarás una y otra vez en lo mismo. O sea, la experiencia vale para según qué situaciones, ni siquiera para todas, y la inteligencia, consciencia, o cómo se quiera llamar a la cualidad de apoyo para tomar buenas decisiones también depende de qué situaciones sean esas.

    Me da la sensación que proyectas en el escrito de Aristóteles algo personal de tu vida (la evolución a poner más atención en los particularismos y menos a las generalidades) y por eso te parece que ese texto es mejor de lo que es.

    Nunca me ha gustado Aristóteles, y es el típico individuo al que hay que desmitificar. En realidad, ya ha sido desmitificaco muchas veces, pero con eso de que es un “clásico” sigue con una aureola sobre su cabeza difícil de arrancar.

    Ha hecho más daño que bien al conocimiento. Por ejemplo, su geocentrismo estuvo en pie apoyado por la Iglesia hasta que Copérnico y luego Galileo lo echaron abajo. Eso en Astronomía, y en Física, sus ideas sobre el movimiento estuvieron siglos “vigentes” hasta que Newton enunció sus leyes del movimiento. Y este caso sí que es grave, porque enunciar unas leyes del movimiento correctas no debería ser tan difícil para alguien supuestamente tan inteligente, en vez de hacer lo que hizo, decir lo contrario de la realidad.

    Mientras reflexiona sobre asuntos “etéreos” como sus particulares clasificaciones de las partes del “alma humana” y sus funciones y virtudes, que a mí me suenan artificiosas y encajadas en el número 3 más por capricho numerológico que por fundamento, parece que queda a salvo de una crítica fuerte, por el componente subjetivo que tienen estas cosas, pero cuando baja a la arena de la realidad científica, queda fatal.

  6. pseudopodo Dice:

    Precisamente dejé el título con la palabra griega porque la traducción no es fácil… pero en el comentario intenté explicar por qué “sensatez” me parece más adecuado que “prudencia” en el sentido que hoy le damos a esta palabra.

    Estoy de acuerdo en lo que dices sobre los papeles de la inteligencia y la experiencia. Pero Aristóteles creo que también lo estaría: precisamente hablaba de cómo para las matemáticas es poco importante la experiencia mientras que para la política es esencial.

    Pero en lo que no puedo darte la razón es en tus opiniones sobre Aristóteles. Es muy corriente la idea de que fue una rémora para el conocimiento, pero él no tenía la culpa de que los escolásticos le petrificaran y lo convirtieran en una verdad absoluta.

    De este tema puedo hablar con cierto conocimiento, porque durante un tiempo leí mucho sobre la ciencia en la antigua Grecia, y me llevé muchas sorpresas. Lo cierto es que si las teorías de Aristóteles paralizaron el avance de la ciencia fue precisamente porque eran extraordinariamente buenas.

    Por ejemplo, hoy nos cuesta apreciarlo, pero su geocentrismo estaba perfectamente justificado: lo que no tenía lógica en su época era ser heliocentrista como Aristarco. Y no te pienses que era fácil enunciar unas leyes correctas del movimiento. Los fallos de las leyes de Aristóteles no eran para nada obvios. Por algo hubo que esperar a un genio como Galileo para superarlas; porque no bastaba observar con atención sino cambiar de paradigma científico: introducir los experimentos, la cuantificación, las aproximaciones…

    En fin, ya se que no puedo ser muy convincente con estas explicaciones tan apresuradas. Algún día con tiempo a lo mejor me animo a escribir un post sobre esto…

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