La reencarnación y la cerveza

Estoy leyendo un libro delicioso: El antropólogo inocente, de Nigel Barley. Muy divertido, hilarante por momentos, pero también muy inteligente (alguien que es capaz de titular un capítulo Honni soit qui Malinowski está claro que no es ningún patán).

Cuando lo acabe seguramente lo reseñe aquí, pero de momento les dejo con una muestra…

La cerveza ejerce una especial fascinación sobre los dowayos [la tribu del norte de Camerún que fue a estudiar Barley], que son asiduos clientes de las fábricas productoras de la marca “33″, creada por la anterior administración francesa. Su peculiaridad reside en que le permite a uno pasar directamente de la sobriedad a la resaca, saltándose la fase de ebriedad. La fábrica tenía una vidriera que permitía ver cómo se deslizaban las botellas, sin intervención humana, de una etapa del proceso a otra. Ello impresionaba profundamente a los dowayos, que se pasaban horas y horas contemplando el milagro. Para describirlo utilizaban la palabra gerse, que quiere decir “milagro”, “maravilla”, “magia”. Ese fue el primer contexto en el que oí el término que luego me ocuparía como antropólogo. Constituía además una fértil fuente de metáforas de los conceptos más metafísicos. Los dowayos creían en la reencarnación. Era como la cerveza de Garoua [el pueblo dónde estaba la fábrica], explicaban: las personas eran las botellas que tenían que ser rellenadas de espíritu. Enterrarlas cuando morían era como devolver al botella vacía a la fábrica.

4 comentarios para “La reencarnación y la cerveza”

  1. roke Dice:

    Es un libro genial, muy buena la parte de la fábula (realidad como la vida misma) del roedor y el dentista.

  2. pseudopodo Dice:

    A ver si llego ahí… mira que es ameno, pero es que no me da tiempo a nada…

  3. Carlos Dice:

    Estos negros como siempre con un retraso mental milenario.

  4. Isenez Dice:

    Tú sí que sabes hacer comentarios inteligentes. En fin. :roll:

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