[Reseña] Haruki Murakami: Crónica del pájaro que da cuerda al mundo
(Tenía escrita esta reseña ya hace algún tiempo, y pensaba publicarla cuando le dieran el Nobel a Murakami… pero ya que las apuestas no acertaron, no iba a esperar a otro año
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Las navidades pasadas saqué de la Biblioteca Kafka en la orilla, un libro de Haruki Murakami. Me sonaba porque hablaba bien de él Andrés Ibáñez. Lo devoré. Sólo tenía tres días para devolverlo y tuve que hacer lectura rápida a veces, pero hacía mucho tiempo que no me enganchaba tanto un libro. El caso es que cuando lo acabé, no sabía decir si era bueno o no. Estaba bien escrito, muy bien tramado, te transportaba a otra realidad que está sin embargo en esta… pero la historia era cada vez más inverosími, al final había demasiados cabos sueltos… Me quedaba la sospecha de si Murakami no sería un farsante: ¿es esto buena literatura?
Supongo que es una pregunta pueril. La cuestión, a mi edad, debería ser si me gusta o no me gusta: ya debería tener un criterio propio. Creo que en general lo tengo. ¿Por qué esta ambigüedad con Murakami?
Posiblemente porque no se ajusta a los códigos convencionales que nos dicen “qué es” un libro, que nos facilitan meterlo en una casilla. Con los libros ocurre como con las personas: para juzgarlos hay que conocerlos bien. Eso requiere tiempo y por eso solemos recurrir, como atajos, a lo que en estadística se llaman “proxies“: signos indirectos, que a lo mejor no tienen importancia en sí mismos pero que suelen tener correlación con cosas que sí la tienen. Con las personas, puede ser la manera de vestir, el acento, el vocabulario que emplean…Con los libros, la portada, la editorial, lo que sabemos del autor…y por supuesto cosas más sustanciales (no todo va a ser “juzgar los libros por las tapas”).
Algunos de esos “proxies” más sustanciales despistan en el caso de Murakami. Por ejemplo, el lenguaje. No es “literario”, no es prosa poética, aunque tampoco es completamente plano (como el de una Julia Navarro, pongamos). Así que la textura de la prosa no nos orienta mucho, por más que para mí tiene un gran mérito escribir con tanta claridad y fluidez.
Otro ejemplo: el uso de la fantasía. La introducción de elementos fantásticos normalmente está codificada: esperamos que aparezcan de ciertas maneras admisibles. Un libro puede ser abiertamente fantástico, o de ciencia ficción, o de realismo mágico. Esta etiqueta podría cuadrar a Murakami, porque aparece la magia en un contexto realista, urbano y contemporáneo. Pero a diferencia de García Márquez y sus epígonos, aquí esos elementos fantásticos son esenciales a la trama, no son meros adornos costumbristas.

Leyendo este verano la Crónica del pájaro que da cuerda al mundo se me ocurrió una posible clave.
No es que Murakami “introduzca” elementos fantásticos. Lo que ocurre es que el mundo de sus novelas no es el mundo en el que hoy creemos vivir en occidente (el mundo plano de la racionalidad científica en el que sólo hay materia). Tampoco es el mundo que se vivía hace tres siglos (el mundo del drama cristiano, en el que materia y espíritu son realidades distintas y opuestas).
Aunque exteriormente sea el nuestro, el mundo de Murakami es el mundo en el que se vivía en la Grecia clásica, y en el que todavía viven las pocas culturas tradicionales que van quedando. Un mundo en el que existen materia y espíritu pero también un reino intermedio, lo que Patrick Harpur llama realidad daimónica. A este reino pertenecen las hadas y los fantasmas, que no son puramente espirituales ni materiales. Este es el reino de la imaginación, pero esa imaginación, tal como se ha entendido en las culturas tradicionales, es también algo daimónico, no puramente mental o inmaterial.
En la “Crónica…“, por ejemplo, el personaje de Noboru Wataya es como un dios perverso y amenaza con hacer que su realidad maligna se infiltre en esta y la domine. Ese mal tiene una cierta entidad física, no es totalmente espiritual: el protagonista, Tooru Okada, la siente como una “cosa” al poner las palmas sobre las sienes de sus pacientes. Ese mal pertenece a la realidad daimónica. Igual que son daimones las hermanas Malta y Creta Kanoo o el cantante que pone su mano en la llama de una vela…
No es cuestión de contar aquí nada del argumento. La cuestión es que, en definitiva, la teoría del mundo implícita en los libros de Murakami es la del paganismo clásico. Teje mitos como los de la antigua Grecia, pero se desarrollan en el Japón del siglo XX. Faltan los detalles folclóricos, pero tiene lo esencial.
No sé si esta idea tiene mucho sentido, y en cualquier caso, seguramente no basta para que Murakami sea buena literatura. Pero a mí me ha servido para convencerme de que sí. Una vez más, he hecho bien en fiarme de Andrés Ibáñez. Claro que también podía haberme fiado simplemente de mi instinto. Dudaba sobre su calidad, pero el primer día que entré en la biblioteca este verano no tuve ninguna duda de qué libro quería sacar: la Crónica del pájaro que da cuerda al mundo. Por algo debía ser…
27 / Octubre / 2007 en 11:21 am
Me parece muy acertada tu aproximación a Murakami, Pseudópodo; no en vano, el autor estudió literatura clásica, y Grecia, sus islas y sus mitos tienen un protagonismo fundamental en libros como el pájaro, Sputnik o Kafka. Sin embargo, creo que su Crónica del pajaro… está a mucha distancia de los demás. Es sólido donde Kafka en la orilla naufraga, y consigue llevar al lector allí donde se propone sin demasiadas trampas argumentales o en la estructura. El pájaro deslumbra de principio a fin, mientras que los otros libros me parecen llenos de fogonazos de brillantez, pero algo endebles en su conjunto. Quizás su otro libro mejor acabado sea Al sur de la frontera, al oeste del sol, en la línea de Tokio Blues.
Gracias por el enlace y un saludo!
27 / Octubre / 2007 en 4:27 pm
Hoy en día, en que “el alma está en el cerebro”, o al menos esa es la vigencia dominante, y donde todo parece reducirse a materia, crece el interés por los seres fantásticos.
¿Es un deseo de que exista algo más? ¿De qué realidad nos habla la fantasía? ¿Existe conexión entre las entidades metafísicas tradicionales (Dios y alma) con los seres del mundo mágico?
¿No resulta curioso que escritores tan católicos como Tolkien o C.S.Lewis tuvieran tanta afición por ese mundo? ¿Por qué son ahora tan actuales?
Nunca me he interesado por el mundo fantástico ni me he preguntado cuál es su significación. Ahora tú me descubres la “realidad daimónica”, de la que no había oido hablar, a medio camino entre espíritu y materia. Creo que todo esto me supera.
No sé si voy a recuperarme de tanta novedad.
27 / Octubre / 2007 en 9:49 pm
Llámame tiquismiquis, pero creo que lo de reino intermedio, hadas y fantamas corresponde más bien a la Grecia preclásica
Sea como sea, pinta muy interesante, y (¿sincronía?) enlaza con una cita que me acabo de encontrar en una de mis lecturas, la obra The Origin of Consciousness in the Breakdown of the Bicameral Mind, que plantea los dioses, demonios y fantasmas como mensajes procedentes del hemisferio derecho del cerebro y analiza su presencia en los relatos griegos preclásicos. Independientemente de la legitimidad científica de esta afirmación, no deja de ser un planteamiento interesante, aunque sólo sea como modelo conceptual o metáfora.
Y hay quien -Campbell, Jung- dice (y a mí me gusta) que el modelo de los mitos tiene una estructura que hace que sean relevantes en cualquier época y marco, y quizás eso sea lo que ha conseguido captar Murakami. Sea como sea, me has despertado el interés y pienso leerlo, así que una vez más ¡gracias!
27 / Octubre / 2007 en 10:08 pm
¡Me olvidaba!
loiayirga: A lo mejor que Tolkien o Lewis trataran temas fantásticos llama menos la atención si los ponemos en contexto histórico
Lo que sí me parece muy interesante es la relevancia de estos autores y géneros en el momento actual, en plena era de la información y de tecnocracia galopante y, como señalas, totalmente centrado en la materia. Si se te despierta el interés por el mundo fantástico y por su significación, con permiso del dueño de la casa propondré:
* Man and his symbols, de C. G. Jung
* The Hero with a Thousand Faces, de Joseph Campbell
* The Greek Myths, de Robert Graves
Un saludo
28 / Octubre / 2007 en 8:28 am
Te agradezco mucho tus indicaciones A.N.Ónimo.
Quizá algún día me atreva con Jung.
Lo de Graves sólo son las narraciones de los mitos ¿no? Quiero decir que me interesa más la reflexión sobre su significación que conocer las historias propiamente. Además, hablando de mitos, concretamente los mitos griegos son los que más conozco.
28 / Octubre / 2007 en 9:44 am
No, precisamente la cosa está en que lo de graves no son las narraciones, sino el análisis de las versiones más antiguas, comparación con otros mitos del Mediterraneo oriental y Asia menor y el aventurar interpretaciones de cuál es la realidad que se ve reflejada en el mito. Claro, graves no era antropólogo, y ha sido muy criticado, pero tanto éste como The Hebrew myths me parecen imprescindibles.
Pero ¡cuidado! Si te gustan los mitos griegos, y has jugado a ser Perseo, Jasón o Ulises, leer a Graves es como que te cuenten que “son los padres”. Yo descubrí este libro de adolescente y lo tuve que dejar por esa razón.
28 / Octubre / 2007 en 6:09 pm
Gracias a ti, Daniel Quinn, por tu comentario y tus recomendaciones (que me apunto). No sabía que Murakami hubiera estudiado literatura clásica; en “El pájaro” no hay –que yo recuerde- referencias a Grecia y tampoco las recordaba en “Kafka”… Me alegra que tú que conoces mejor al autor (y por lo que veo sabes bastante más de literatura que yo) encuentres plausible mi interpretación…
Loiayirga, la idea de la “realidad daimónica” la encontré en “El fuego secreto de los filósofos”, de Patrick Harpur, un libro que también descubrí gracias a Andrés Ibáñez y con el que también me ha pasado algo parecido a lo que cuento aquí con Murakami: que no sé si es bueno o no. Muchas veces es deslumbrante pero otras uno duda de si Harpur no será un charlatán… Me inclino a pensar que no lo es, y que lo que nos dice es importante. Pero es un poco largo de explicar, intentaré contarlo en un post.
A.N. Ónimo, te lo voy a llamar: ¡tiquismiquis!
¿No pensarás que en la Grecia clásica todo el mundo era un ilustrado a la manera de Demócrito et al…? Si el propio Sócrates hablaba con su Daimon… Por otra parte, me sorprenden tus lecturas: yo pensaba que nadie más que yo se había interesado por ese libro que citas…(“The origins of consciousness…”) Yo llegué a él por una confusión: buscaba información sobre el matemático y físico Jaynes y me encontré leyendo sobre el psicólogo Jaynes… no sabía que el primero era Edwin y el segundo Julian; pensé que eran el mismo. Parece que plantea, además de lo que tu dices, que sólo cuando dejaron de percibirse esas “voces” del hemisferio derecho como voces externas nació la autoconciencia tal como la entendemos hoy… en ese sentido, Homero no sería autoconsciente… Me llamó mucho la atención, así que si lo lees, cuéntame, por favor… Ah, y no necesitas permiso para recomenda libros aquí, todo lo contrario, te lo agradezco. ¿Has leído el libro de Campbell? Lo compré hace más de diez años y todavía no lo he leído…
28 / Octubre / 2007 en 10:09 pm
pseudopodo Gracias por tu generosidad, me incomodaba estar oligopolizando (:P) los comentarios de este post.
No he leído a Jaynes, como decía me lo encontré como cita en otro libro, y francamente no sé si me llama queder profundizar más en su planteamiento… Ya informaré.
Sí, he leído a Campbell (y a Frazer, y a Graves, y a Malinowski, y a Harris, y a… ¿se me nota la vocación nunca materializada?). Curiosamente, creo que yo me compré el libro también hace unos di… no, espera… mmm es posible que haga algo más de esos diez años. ¿Que qué tal es? Euh… como le dijeron a alguien, preguntando si estaban buenos los spaghetti del menú:
- Sí, si le gusta la pasta.
Así que, con el caveat enunciado, a mí me encantó. Y como ya me había llevado el golpe “son los padres” con Graves, no me dolió nada
2 / Febrero / 2008 en 1:16 pm
Las novelas de Murakami son como esos caramelos de goma con forma de cocacola. Mientras que te los estás comiendo piensas “¡uhmm, qué ricos!” y no puedes parar. Pero cuando te has terminado la bolsa te empieza a doler la tripita y tus pensamientos son otros bien distintos: “¡de que cojones estarán hechas esas cosas!”.
No pasa nada, al cabo de un par de semanas ya te vuelven a apetecer otra vez.
Para saber algo más acerca de Murakami:
http://www.lacoctelera.com/el_clavadista_solitario
¿Es Murakami un bluff?
5 / Febrero / 2008 en 10:34 pm
8 / Mayo / 2008 en 10:40 am
Ya he terminado el libro. No suelo leer en el metro esta clase de libros tan voluminosos, más que nada por no llevarlo encima durante el resto del día. Pero sólo me quedaba el final, realmente no sabía cuántos capítulos exactamente, así que fui leyendo.
De normal me cuesta un poco concentrarme en la lectura mientras entra y sale gente del vagón, se fijan en lo que lees, si el libro es grande o es pequeño, incluso hay algunos que si se sientan cerca leen un poco de tu libro. Haces como si no te dieses cuenta, pero en realidad te preguntas si le resultará igual de interesante que a ti, o si al salir irá directo a comprar el libro,
Por el título del capítulo y la cantidad de páginas que quedaban sabía que había llegado al último. Y a pesar de que esta vez si que estaba concentrado en la lectura, cerré el libro, y me reservé el último capítulo para leerlo en casa. Aún me quedaban algunas paradas para llegar a mi destino, seguramente el que se sentaba a mi lado se preguntaría por qué lo había cerrado tan pronto.
Crónica del pájaro que da cuerda al mundo me ha parecido un libro adictivo, de los que terminas un capítulo pensando que será el último que lees esa noche y después acabas leyendo cuatro capítulos más. Es de lectura fácil, clara, lúcida, y a buen ritmo.
Me han encantando las pinceladas surrealistas, las historias del teniente Mamiya, las reflexiones de May, y la interpretación de muchísimas cosas. Los pequeños santuarios y la relación entre los personajes.
Leeré alguno más de este autor. ¡Gracias psudopodo! Me ha encantado.
9 / Mayo / 2008 en 10:46 pm
A mí también me ha pasado eso de no querer que se acabe el libro y cerrarlo para reservar el último capítulo para saborearlo. Con este y con otros. De Murakami sólo he leído otro libro, Kafka en la orilla, que es más adictivo todavía. Al final creo que no se mantiene, pero tiene doscientas y pico páginas hipnóticas…Yo también leeré más de él, aunque a veces me pasa, llegados a este punto, que cierro el libro no en el último capítulo sino antes de abrirlo…para saborearlo en el futuro