Archivo de Febrero 2008

Intelectuales antioccidentales (y 2)

27 / Febrero / 2008

Concluyo aquí el resumen de la primera parte de Traición a Occidente, de Jacques Ellul, que comencé en el post anterior. Son frases entrasacadas del libro (en cursiva las mías).

* * *

Lo esencial, el eje, lo irrecusable, es que Occidente hizo la primera llamada en el mundo al individuo y a la libertad. Por consiguiente, creo que nadie podrá quitarnos esa gloria, y cualesquiera que sean nuestras acciones negativas y nuestras traiciones, cualesquiera que sean nuestros crímenes por cualquier lado, hemos hecho dar al conjunto de la humanidad un paso gigantesco que le sacó de su infancia. Y si ahora se extiende por todo el mundo esta rebelión contra Occidente, estas acusaciones, estos movimientos de liberación, ¿de dónde han salido? Únicamente de la proclamación de la libertad que difundió por todo el mundo el Occidente.

Si miramos la evolución de las sociedades, todas han pasado de una indistinción completa de sus miembros a una individualización, de una “comuna original” a un conjunto de hombres separados; han ido de una ausencia total de libertad, y por tanto de independencia, a un desempeño progresivo de esa libertad, una afirmación de ser portador de esa exigencia de libertad. Si se quiere encontrar una línea común a todas las historias de todas las sociedades, probablemente es ésta y sólo ésta.

En esta lenta caminata histórica, inconsciente y espontánea, nadie ha fijado nunca un fin, nadie ha dicho nunca lo que se quería, ni siquiera expresado lo que se estaba intentando hacer. Lo que descubrió occidente es justamente el sentido de todo esto; lo que ha hecho ha sido expresar lo que buscaba el hombre. Cualquier hombre. Occidente ha hecho consciente y voluntario el proyecto humano. Ha fijado un objetivo y lo ha llamado libertad; más adelante, individuo.

La otra cara de la invención de la libertad y del individuo es el autocontrol, el sometimiento a un código que impide el choque brutal de unos individuos con otros: leyes, normas de cortesía, ritos… y sobre todo, sometimiento a la razón.

La razón, en contra de lo que pensaban los filósofos del S. XVIII, no es un producto natural que se las arregla por sí mismo. Pensaron que la razón es un don de la “naturaleza humana”, igual que dijeron -otra necedad- que “el hombre es libre por naturaleza”. Cometen el mismo error los intelectuales que abominan del hombre occidental, los estructuralistas, marxistas… [y hoy añadiría Ellul, a buen seguro a los posmodernos y políticamente correctos]: en su fuero interno se hallan tan convencidos de que el individuo y la razón son imperecederos que pueden permitirse el lujo, tan agradable, de cuestionarlos, de negarlos, de exaltar el valor de la locura y el irracionalismo. Artaud es el modelo, el santo y el héroe, el maestro del pensamiento y la nueva encarnación de lo absoluto. Claro que al hacer esto se sigue trazando un gentil discurso muy racional sobre Artaud. Lacan puede tartajear genialidades como la pitonisa encima de su trípode, mientras conserva el más racional de los comportamientos sociales con respecto al dinero, y los mayores exaltadores del odio a la sociedad occidental, los Sollers o los Foucault, siguen una carrera universitaria racionalmente conducida y de tipo perfectamente occidental.

[Los occidentales nos estamos comportando respecto a nuestros valores, a nuestra razón, como nos hemos comportado con los ríos o los bosques: pensábamos que eran tan grandes, tan seguros, que se les podía hacer cualquier cosa, verter cualquier residuo. Pero no era así, y hoy nos encontramos que están a punto de morir. La razón tampoco es tan grande ni tan segura].

Por el contrario, la razón es una edificación frágil que fue madurando lentamente. Es algo que se ha edificado progresivamente en el mundo occidental, desde su difícil parto en Grecia y Roma, como una construcción compensatoria de la posibilidad de libertad conquistada. Se trata del esfuerzo por encontrar algo que no sea ni la sujección exterior ni los imperativos sociales interiorizados, y que permita al hombre a la vez ser libre y elegir, sin embargo, expresiones o ideas que puedan ser reconocidas como aceptables y comunes por los demás miembros de la tribu.

Aquí está la prodigiosa invención de Occidente: que la vida del hombre pueda ser ese juego sutil, infinitamente delicado, entre la libertad y la razón. Y esto no lo ha hecho nadie más. De esta forma hemos elaborado el tipo de hombre más acabado, más consciente.

Intelectuales antioccidentales (1)

26 / Febrero / 2008

En Traición a Occidente, Jacques Ellul analiza la actitud antioccidental que, ya en 1974, estaba muy extendida entre los intelectuales. Resumo su argumento, con frases entresacadas del libro (en cursiva las mías).

* * *

Occidente tiene mala reputación hoy y todos intentan huir de este barco que zozobra. Occidente es portador de todos los pecados. Ha invadido el mundo. Ha subyugado a pueblos que no pedían más que vivir en paz. Estos pueblos eran dichosos, fecundos, prolíficos, bien alimentados, no conocían el mal, ni la guerra, ni la esclavitud; poseían seguridad y filosofía… Y después llegó el Occidente con su cortejo de catástrofes.

El hombre occidental comienza a estar ahora convencido de todo esto, y al menos en la izquierda, al menos entre los intelectuales, de esta “concienciación” nace un gran sentido de culpa, un remordimiento terrible.

Asumo el mal que se ha hecho, rechazo que no se haya hecho más que mal. Sé que nuestra civilización está edificada sobre la sangre y el robo, pero toda civilización se ha levantado así. Frente al discurso pseudorrevolucionario, a la caminata especular junto a los guerrilleros, al desprecio por la “cultura blanca”, al deseo exasperado por destruir todo lo que fue nuestra grandeza, afirmo el valor de occidente a pesar de todo.

[A continuación, Ellul entresaca algunos casos de la historia de los pueblos no occidentales: el imperialismo otomano y de los kmer; las espantosas invasiones de Gengis Khan, que “probablemente mató en su reinado a sesenta millones de personas”; la invasión de dos tercios del continente negro por los bantúes, y de los aztecas a los reinos vecinos; el colonialismo chino en Manchuria, Mongolia, Sinkiang y el Tíbet... Me ha llamado la atención lo que dice sobre el esclavismo de los árabes:] (more…)

Jacques Ellul: Traición a occidente

24 / Febrero / 2008

Hace tiempo que quería leer algo de Jacques Ellul. No recuerdo dónde leí algo sobre él la primera vez, pero por lo que decían lo asocié a Iván Illich y a Lewis Mumford, dos incisivos críticos de la sociedad tecnológica.

Ellul fue profesor durante muchos años en la Universidad de Burdeos, su ciudad natal. Entre 1936 y 1997 (murió en 1994) publicó más de 50 libros, que trataban desde la historia del derecho romano a la crítica a los mass media. Pero no se limitó a ser un erudito: participó en la resistencia, fue una figura destacada de la iglesia protestante francesa, dirigió un club de prevención de la delincuencia juvenil, fue alcalde de pueblo, y estuvo entre los pioneros del ecologismo francés (se le atribuye la frase “piensa globalmente, actúa localmente“).

Por fin he conseguido un libro suyo, Traición a occidente (editado en español en 1976, casi inencontrable). Lo he leído con avidez. Ellul es francés y se nota (empezamos mal). Pero no está afectado de pedantería. Escribe con pasión, y parece que sin un plan rígido: abundan las disgresiones, aunque sabe dónde quiere llegar. Demuestra erudición, pero no se molesta en citar fuentes ni argumentar académicamente. Ellul escribe como un profeta, no como un profesor.

¿Cual es la traición a occidente de la que habla Ellul? La de los intelectuales que reniegan del valor de la civilización occidental. Y especialmente, los de izquierdas:

La izquierda está metida hasta el cuello en la mentira. No representa en absoluto a los pobres. No los defiende nunca. Les ha quitado la ilusión religiosa del paraíso celestial futuro para sustituirla por la ilusión del paraíso terrenal futuro. La izquierda es el equivalente exacto de la Iglesia burguesa del siglo XIX con respecto a los pobres. Presenta los mismos caracteres y merece los mismos reproches. Entre los pobres se hacen varias distinciones, exactamente lo mismo que hacían los cristianos burgueses del siglo XIX: hay pobres buenos, los que andan de acuerdo con las instrucciones, los buenos corderos de la revolución, aquellos cuya situación puede ser explotada como factor propagandístico, y hay pobres malos, aquellos que en un régimen comunista no aceptan estar a gusto, los que se revuelven a diestro y siniestro simplemente porque son infelices, sin tener en cuenta los planes de la revolución mundial, o aquellos que representan unos valores y una cultura tradicionales. A todos estos hay que reprimirlos sin más miramientos.

Pero Ellul no tiene elogios para la derecha. Al contrario: si no la critica es porque ni siquiera merece la pena. “Una vez más”, dice, “repetiré que, en mi opinión, la derecha no existe, que carece de porvenir, de legitimidad, e incluso de existencia”. Sólo la izquierda era la heredera de la esencia de Occidente: la libertad individual frente al poder. La izquierda estaba en el buen camino al ponerse de parte de los excluidos, de los perdedores, de los explotados. Pero tradujo esta opción por “llevar los pobres al poder”, por la dictadura del proletariado, por la identificación del pobre con Dios. Es decir, lo planteó en términos de poder, corrompiendo así la esencia de Occidente. En cuanto se produce este retroceso, dice Ellul, “las demás traiciones van seguidas. Y continúan. Se ha perdido la partida. Está irremediablemente perdida”.

El paisaje ideológico ha cambiado mucho desde la época en la que se escribió el libro, en 1974. Llama la atención que un engendro como el maoísmo estuviera de moda entonces entre los intelectuales franceses. Pero sigue vigente, incluso más acentuada, la traición de la que hablaba Ellul. Abandonado el marxismo, han permanecido como señas de identidad de la izquierda el complejo de culpa por los presuntos crímenes de Europa y la simpatía por cualquiera que luche contra la civilización occidental. El análisis de esta actitud ocupa la primera parte del libro de Ellul, y hablaré de ella en el próximo post.

Disciplina sin objetivo y objetivos sin disciplina

19 / Febrero / 2008

Me he encontrado en Armas y Esperanza de Freeman Dyson esta cita de J. Robert Oppenheimer, sacada de una carta a su hermano Frank, en 1932:

Porque creo que la recompensa de la disciplina es mayor que su objetivo inmediato, no quisiera que pienses que es posible una disciplina sin objetivo: por su naturaleza, la disciplina requiere someter el alma a algún fin, tal vez menor; aunque este fin debe ser real, si la disciplina no ha de ser ficticia. Por consiguiente, pienso que todas las cosas que evocan la disciplina: el estudio y nuestros deberes hacia los hombres y la comunidad, la guerra y las estrecheces personales, y aún la necesidad de subsistencia, debemos recibirlas con profunda gratitud, pues sólo por medio de ellas podemos alcanzar el mayor despego, y sólo así podremos conocer la paz.

Se me ocurre que esto tiene aplicación a las reformas que estamos presenciando en nuestro sistema educativo. No en relación a la disciplina, de la que, por desgracia, ningún reformador habla ahora, pero sí en relación a otras cosas cuya “recompensa es mayor que su objetivo inmediato”: las capacidades, destrezas… de las que tan amigos son los pedagogos constructivistas que inspiran nuestras leyes.

Evidentemente está muy bien que nuestros alumnos aprendan a expresarse, a analizar temas complejos, a trabajar en equipo… pero ¿lo pueden hacer en el vacío? Creo que, como la disciplina (como cualquier otra virtud, como la felicidad misma), todas esas cualidades sólo pueden llegar de forma sobrevenida, como subproducto del esfuerzo de perseguir objetivos más concretos. En palabras de Jaques Barzun:

Las simples pero difíciles capacidades de prestar atención, reproducir con precisión, seguir una argumentación, detectar una ambigüedad o una falsa inferencia, poner a prueba las suposiciones reuniendo las evidencias en su contra, organizar el propio tiempo y los propios pensamientos para el estudio… todas estas capacidades no pueden enseñarse en el vacío, sino sólo a través de las dicicultades de una materia determinada; no pueden adquirirse en el curso de un año, sino gradualmente.

Ya es un tópico decir que la cultura es el poso que queda cuando se olvida todo lo que se aprendió en la universidad. Pero para que quede poso, la copa tiene que haber estado llena de vino.

* * *

Coda: Oppenheimer tuvo que recordar que no es posible una disciplina sin objetivo; en su época, era obvio que tampoco son posibles unos objetivos sin disciplina. Hoy, tras décadas de destrucción cosntructivista de la enseñanza, debemos recalcar ambas cosas.

Qué hace un físico con las estadísticas del blog (y 2)

16 / Febrero / 2008

Acabé el post anterior diciendo que hay un modelo que describe muy bien las estadísticas del blog. A la vista de la gráfica de visitas frente a antigüedad esto parece difícil: ¿cómo reproducir esa nube de puntos tan irregular?

La clave está en simplificar nuestro enfoque y olvidarnos de la variable tiempo, es decir, del eje horizontal. Lo único que quedan entonces son puntos agrupados más o menos densamente a distintas alturas del eje vertical. Y lo que vamos a estudiar es esa densidad, es decir, la distribución estadística de la variable “número de visitas”.

Antes de poner los datos, es instructivo pensar en lo que debería salir. Parece razonable que hubiera un número típico de visitas y que fueran raros los puntos con mucha más o con muchas menos.

Esto ocurre en infinidad de situaciones: la magnitud tiene una escala característica y cuanto más nos alejamos de ella, más difícil es encontrar casos. Por ejemplo, la altura media de un grupo de personas puede ser 1,65. Entonces habrá menos gente que mida 1,50 o 1,80, menos aún que mida 1,35 o 1,90, etc. En un histograma, esto da el clásico perfil en forma de campana que todo el mundo conoce.

Bien, pues aquí está el histograma del número de visitas (hemos hecho “cajas” de 50: la primera barra es el número de posts que tienen entre 0 y 50 visitas, etc; he cortado la gráfica en 1800 porque aunque hay valores mayores son muy escasos):
histpost.jpg

La mayoría de los posts tienen pocas visitas, y tener más y más visitas es más y más improbable. No hay un máximo central: no hay escala característica. Esto es sorprendente y aparentemente muy poco “físico”. De hecho, los primeros ejemplos de este tipo de distribución que se encontraron parecían más bien folklóricos: la famosa ley de Zipf, por ejemplo, que se refiere a la distribución de palabras en un texto. La analogía es: palabras = posts, veces que aparece una palabra = visitas a un post. La mayoría de las palabras aparecen muy raras veces, y hay muy pocas palabras que sean muy frecuentes.
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Qué hace un físico con las estadísticas del blog (1)

14 / Febrero / 2008

¿Qué hace la gente con las estadísticas de su blog? Todo depende del carácter y la formación de cada uno. Casi todos curiosean; algunos, con el ego típico del gremio, las publican ;-) ; y luego estamos los físicos, que queremos entenderlas. Voy a explicar cómo.

Para entender cualquier cosa (por ejemplo: ¿qué es lo que hace que unos posts tengan más éxito que los otros?) siempre empezamos haciendo una gráfica:
posts3.jpg

Aquí cada punto es un post y hemos representado su número de visitas en función de su antigüedad (la llamaremos A). Obtenemos una bonita nube (en forma de pez, diría yo), en la que ya se ve alguna cosa interesante.
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Grandes éxitos

12 / Febrero / 2008

Hasta hace poco, no había manera en WordPress -o yo no la conocía- de saber cuales son los post más vistos del blog (los que aparecen enlazados en la columna de la derecha se refieren sólo a los dos o tres últimos días). Ahora hay una opción de resumen de estadísticas que da justo esa información y otras cuantas. Así que (¡tachán!) aquí está el ranking de los 15 primeros:

[01] 100% estadounidense 6,376  
[02] Los 10 mejores libros de ciencia 2,841  
[03] Los 10 libros para leer antes de los 18 2,825  
[04] Los apellidos por provincias: proximidades genealógicas 2,258  
[05] Los nombres y apellidos españoles 2,046  
[06] Fútbol: 69 veces más importante que las letras 2,015  
[07] El cuarto invento del reverendo Farish 1,600  
[08] Video: La caída del puente de Tacoma 1,515  
[09] Una demostración de la invisibilidad de lo inmóvil 1,506  
[10] El reto de los hijos difíciles, por Juan Jesús Aznárez 1,265  
[11] Oración por la dignidad del hombre de Pico della Mirandola
1,126  
[12] Las tres clases de vida según Aristóteles 1,065  
[13] Antología de bodrios (V): Sexo, mentiras y bluetooth 1,000  
[14] Autorreferencia 969  
[15] El espejismo de Dios 923  

Y ¿por qué han tenido estos post más éxito que otros? (more…)

La red de Hempel

6 / Febrero / 2008

[viene de aquí]

La crítica más contundente de la concepción de la ciencia como cartografía de la realidad la hizo Ernst Mach:

Lo que nos representamos como ‘detrás de las apariencias’ existe sólo en nuestro entendimiento y tiene para nosotros sólo el valor de una técnica memorística o una fórmula, cuya forma, al ser arbitraria e irrelevante, varía fácilmente según el punto de vista de nuestra cultura.

Mach enmendó la plana al propio Newton: para él, el tiempo absoluto y el espacio absoluto newtonianos pertenecían a la despreciable especie de las “hypotheses”. Y tenía razón, como demostró Einstein (que reconoció su deuda con Mach diciendo que le hizo quebrar su fe dogmática en la mecánica newtoniana).

Si no es sostenible la imagen ingenua de la ciencia como cartografía, ¿qué relación tienen sus teorías con la realidad?¿Nos dicen algo sobre cómo es el mundo? Para Mach, no:

La ciencia puede considerarse un problema de mínimos, que consiste en presentar del modo más completo los hechos con el menor gasto posible de pensamiento.

Que la ciencia sea poco más que un truco mnemotécnico es difícil de aceptar. Aunque no sea un mapa fiel de la realidad, pensamos que debería tener al menos una correspondencia, algún tipo de isomorfismo. Pierre Duhem articuló esta idea, moderando las radicales tesis de Mach en una descripción de la estructura de las teorías científicas que ha sido muy influyente.

Para Duhem, una teoría científica tiene dos elementos: un sistema axiomático y unas reglas de correspondencia, que ponen en relación al primero con el mundo real. Las leyes abarcadas por la teoría son deducibles como proposiciones del sistema axiomático, y se traducen a magnitudes medibles mediante las reglas de correspondencia (aunque no tiene por qué haber correspondencia experimental para todo). El sistema axiomático sería el contenido sintáctico de la teoría; las reglas de correspondencia son el diccionario que proporciona el contenido semántico. Existe también lo que yo llamo un contenido imaginativo, un modelo, que a menudo es muy importante para el científico, pero que no forma parte de la estructura lógica de la teoría, porque no juega ningún papel en la deducción formal de resultados ni en su verificación experimental: son las hypotheses de Newton.
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Hypotheses non fingo

5 / Febrero / 2008

La ciencia no es una acumulación informe de conocimientos, sino que tiene una estructura. Están, para empezar, las leyes, que son la expresión de regularidades encontradas en la observación cuidadosa o en la experimentación. Pero un montón inconexo de leyes, por muy grande que sea, todavía no es ciencia (es, a lo sumo, historia natural). Hace falta una teoría que las estructure y dé cuenta de ellas. Por ejemplo, antes de Newton se conocían las tres leyes de Kepler, las leyes del péndulo y los planos inclinados encontradas por Galileo, etc. Pero sólo con los Principia tuvimos una ciencia madura de la mecánica y la gravitación. La teoría de Newton ponía en relación todos los resultados conocidos previamente y hasta entonces inconexos: todos podían deducirse de unos principios sencillos. Ahora nos explicábamos por qué las órbitas de los planetas tenían que ser elipses o por qué la velocidad de caída libre de todos los cuerpos es la misma.

El éxito de Newton fue tan completo que casi nadie albergó dudas sobre la realidad de su teoría: si explicaba las leyes con esa eficacia sólo podía ser porque estaba describiendo la realidad subyacente a los hechos: la teoría de Newton era la verdad sobre el mundo.

Un éxito comparable tuvo Maxwell con las leyes de la electricidad y el magnetismo. Y, aunque no tan contundente, también lo tuvo la larga serie de químicos y físicos que contribuyeron a la teoría atómica. A finales del S. XIX, era un lugar común que, igual que los exploradores estaban acabando la cartografía de la Tierra, los científicos estaban completando el mapa de la realidad.

Se ha contado muchas veces la humillación de aquellos pretenciosos barbudos victorianos. En 1894, Albert Michelson afirmaba en un discurso que

La mayor parte de los grandes principios que sustentan la física están ya firmemente establecidos… un físico eminente ha observado que las verdades futuras de la ciencia física habrá que buscarlas en la sexta cifra decimal.

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