Disciplina sin objetivo y objetivos sin disciplina

Me he encontrado en Armas y Esperanza de Freeman Dyson esta cita de J. Robert Oppenheimer, sacada de una carta a su hermano Frank, en 1932:

Porque creo que la recompensa de la disciplina es mayor que su objetivo inmediato, no quisiera que pienses que es posible una disciplina sin objetivo: por su naturaleza, la disciplina requiere someter el alma a algún fin, tal vez menor; aunque este fin debe ser real, si la disciplina no ha de ser ficticia. Por consiguiente, pienso que todas las cosas que evocan la disciplina: el estudio y nuestros deberes hacia los hombres y la comunidad, la guerra y las estrecheces personales, y aún la necesidad de subsistencia, debemos recibirlas con profunda gratitud, pues sólo por medio de ellas podemos alcanzar el mayor despego, y sólo así podremos conocer la paz.

Se me ocurre que esto tiene aplicación a las reformas que estamos presenciando en nuestro sistema educativo. No en relación a la disciplina, de la que, por desgracia, ningún reformador habla ahora, pero sí en relación a otras cosas cuya “recompensa es mayor que su objetivo inmediato”: las capacidades, destrezas… de las que tan amigos son los pedagogos constructivistas que inspiran nuestras leyes.

Evidentemente está muy bien que nuestros alumnos aprendan a expresarse, a analizar temas complejos, a trabajar en equipo… pero ¿lo pueden hacer en el vacío? Creo que, como la disciplina (como cualquier otra virtud, como la felicidad misma), todas esas cualidades sólo pueden llegar de forma sobrevenida, como subproducto del esfuerzo de perseguir objetivos más concretos. En palabras de Jaques Barzun:

Las simples pero difíciles capacidades de prestar atención, reproducir con precisión, seguir una argumentación, detectar una ambigüedad o una falsa inferencia, poner a prueba las suposiciones reuniendo las evidencias en su contra, organizar el propio tiempo y los propios pensamientos para el estudio… todas estas capacidades no pueden enseñarse en el vacío, sino sólo a través de las dicicultades de una materia determinada; no pueden adquirirse en el curso de un año, sino gradualmente.

Ya es un tópico decir que la cultura es el poso que queda cuando se olvida todo lo que se aprendió en la universidad. Pero para que quede poso, la copa tiene que haber estado llena de vino.

* * *

Coda: Oppenheimer tuvo que recordar que no es posible una disciplina sin objetivo; en su época, era obvio que tampoco son posibles unos objetivos sin disciplina. Hoy, tras décadas de destrucción cosntructivista de la enseñanza, debemos recalcar ambas cosas.

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14 respuestas a Disciplina sin objetivo y objetivos sin disciplina

  1. clodoveo11 dijo:

    El gran problema es convencer a los alumnos de que su disciplina tiene un objetivo, porque a la postre no lo perciben. Ejemplo personal: mi sobrina de 13 años tiene una capacidad de retención fabulosa y una memoria excepcional, pero ello se conjuga con una desmotivación absoluta, una tele-adicción sangrante, ninguna capacidad de sacrificio y una nula curiosidad por las materias de estudio. Resultado: ley del mínimo esfuerzo y calificaciones oscilantes entre el 5, 6 o cates. Como aprueba con lo que oye en clase, le basta. Pero lo que es peor: nos basta a todos. A los familiares, porque aprueba y descansamos de darle la tabarra para que estudie y de soportar sus suspensos (ella ni los sufre ni padece, por cierto). A los profesores, porque el resultadismo es lo que les prima y sólo te avisan si suspende (como si el sacar un 5 pelado no fuera tan preocupante como sacar un 4,5, pero… el resultado manda). A la sociedad, porque fomenta el pasar como sea sin preocuparle la formación sólida para el futuro.

    Quiero decir con esto que hemos hecho una sociedad en la que los alumnos no hallan estímulo: en la que no se ven las virtudes positivas del esfuerzo, el orden y estructuración de ideas y actitudes, la consecución de objetivos a través del trabajo, etc. Si lo que aprenden es que con poco que hagan consiguen tirar para adelante, que el más pillo y listo está más valorado que el inteligente, que los sinvergüenzas son más simpáticos que los honrados (hasta el Solitario cae bien), etc, hemos ya creado los monstruos nosotros mismos; monstruos que nos sucederán al mando de tal sociedad.

    Perdonad por el rollo. Un saludo.

  2. Javier dijo:

    Ante la elección de disciplina y objetivos (entendiendo cada uno sin el otro), optar por la disciplina es paternalismo y por eso es razonable que se aplique en la educación ante la falta de posibilidades de encontrar ambos. (Ya nos gustaría tener grandes maestros a mano para todos nuestros infantes.)

    Optar por los objetivos es aparentemente más sano, porque los niños parecen más felices, pero contiene la crueldad de no prepararlos para el futuro. El estado en España (especialmente el “estado educativo” que es de la progresía militante) es paternalista con los adultos. Por ello le conviene no emplear la disciplina con los niños: ya la emplea con los adultos. Para ello cuenta con la complicidad de la tentación nacional: la desidia (en este caso de muchos padres y maestros). No confundir tentación con pecado. El pecado nacional es la envidia. No confundir, -lo hace mucha gente hoy en día- envidia con codicia, que nunca ha sido uno de los siete.

  3. pseudopodo dijo:

    De rollo nada, Clodoveo, es un análisis muy oportuno…y estoy totalmente de acuerdo (además, tengo un hijo de siete años y no me extrañaría que dentro de seis se pareciera a tu sobrina).

    Yo creo que nos hemos pasado de listos cuestionando los contenidos de la educación tradicional. En esa educación se estudiaba latín, una historia llena de fechas y batallas, una química en la que había que saber formular los alquenos y los alquinos… y empezamos a decir que para qué demonios hacía falta todo eso, que dominar esos contenidos era un objetivo inútil y sin valor.

    La crítica tenía mucha razón, pero las cosas son más complicadas de lo que parecen. Para empezar, los contenidos como tales podían no ser muy útiles en la práctica, pero estimulaban el trabajo, servían como material sobre el que ejercitar las famosas capacidades y destrezas, y la disciplina misma. De ese modo indirecto, tenían mucho valor.

    Al bajar del pedestal el conocimiento y juzgarlo no como un valor en sí sino por su utilidad, se le perdió el respeto. Y ese respeto era necesario para que los contenidos sirvieran como objetivo. Cuando ya no se percibía que fuera importante (no útil, pero sí importante) saber latín, el latín dejó de ser un buen material sobre el que ejercitar destrezas, etc.: no motivaba. Otros contenidos podían haberlo sustituido, pero una vez perdido el respeto a unos contenidos se pierde a todos…

    Seguramente hay otros factores que han influido más (y en un lugar muy destacado la actitud social de no valorar el esfuerzo y despreciar el talento de la que hablas y que verdaderamente es una plaga en España). Pero a lo mejor si hubiésemos mantenido ese respeto supersticioso por los viejos contenidos y las viejas formas nos habría ido mejor…

  4. pseudopodo dijo:

    Javier, yo creo que, al menos en España, nos faltan las dos cosas, objetivos y disciplina.

    En realidad, la cuestión quizá es más clara si la planteamos en general, no como “disciplina” vs. “objetivos” sino como “capacidades” vs. “contenidos” (el actual desprecio por la disciplina, totalmente irracional, nos distrae del hecho obvio de que la disciplina es una de esas capacidades que tanto molan a los pedagogos, en realidad, la más importante de las capacidades).

    Planteado así, lo esencial es que no se pueden desarrollar las capacidades en el vacío, son como formas que tienen que tener algún contenido. Justo de eso es de lo que advierten Oppenheimer y Barzun. De modo que los contenidos pasan a ser importantes. Y para que funcionen bien, para que cumplan su cometido, deben parecer importantes al alumno, éste debe no debe pensar que estudia latín como podría estudiar ajedrez, porque entonces no tendrá la actitud correcta. Debe pensar que el latín es importante.

    …Bueno, creo que me podría explicar más pero me tengo que ir a ver la cara a unos alumnos. Voy a enseñarles algo muy importante (me lo tengo que creer yo también…)

  5. clodoveo11 dijo:

    El problema ya no sólo era de inutilidad de contenidos, sino de la catastrófica manera de impartirlos, en base a una memorística cruda que les robaba cualquier “pasión” que pudiese estimular su conocimiento. Por ejemplo: las “odiosas” matemáticas que nos enseñaron, impartidas por profesores que las maltrataban sin revelarnos la belleza intrínseca de la simetría, las formas, la lógica oculta bajo sus ecuaciones, etc. Yo aprendí y conocí las matemáticas autodidácticamente, a los trentaytantos años, después de haberlas sufrido en mi edad escolar, y las aprendí cuando supe para qué servían, las cosas que pueden revelarnos sobre la naturaleza y la belleza y racionalidad que narran sus operaciones. Con lecturas como Paul Davies, o Hawking, o Dawkins, o Penrose, gente que las amaba y transmitía ese “fulgor”, esa pasión por una materia que siempre la recordaba con antipatía y aridez.
    Quiero decir con esto que una materia puede ser “inútil” y nada conectada con las necesidades operativas del ser humano en su quehacer social: sería más práctico que en la escuela nos hubieran enseñado a saber cómo cambiar bombillas, hacer huevos fritos, conocer las señales de tráfico o cómo hacer la declaración de la Renta (otra cosa sería cómo afectaría eso a los gremios que viven de nuestro desconocimiento en muchos aspectos de la vida diaria, pero ese es otro tema). Pero aun enseñando cosas admitidas como no prácticas (reconozco que a los 12 años te la trae tan floja saber desatascar un lavabo como las raíces cuadradas) lo que hace falta es enseñar a pensar, a deducir lógicamente, a razonar, a argumentar, a ver la belleza intrínseca en la explicación y porqué de las cosas; y para eso o te apasiona la cosa, o eres un “animal” enseñante que domina la materia, vibras con ella y gozas transmitiendo su maravilla, o estás muerto. Y creo que nuestros profesores de hace 30 o 40 años estaban muertos y transmitían materias muertas. Por eso les perdimos el respeto a ellos y sus materias. Y con otros “maestros”, encontrados en el transcurso el quehacer vital, volvimos a valorarlas y respetarlas.

  6. pseudopodo dijo:

    Es verdad que se enseñaba fatal, pero yo no lo diría en pasado…¿crees que ha mejorado la cosa?. Quizá superficialmente, en el sentido de hacer “ciencia divertida” y cosas así, pero para enseñar bien, como tú señalas, lo importante es que el profesor ame lo que enseña, lo viva. ¿Pasa eso ahora más que antes? Lo dudo. ¿Están menos muertos los maestros de ahora? Teniendo en cuenta el mal ambiente, lo poco que compensa hacerlo bien, lo quemados que están muchos, lo dudo.

    Sobre el otro problema, que lo que se enseñaba era inútil…al final reconoces que eso no es tan importante: “a los 12 años te la trae tan floja saber desatascar un lavabo como las raíces cuadradas”. Completamente de acuerdo. Creo que a esas edades valoras, mucho más que la utilidad, que lo que estudies sea importante. Por eso digo que la reverencia supersticiosa ante el conocimiento académico, el no cuestionarse que algo como el latín sea útil o no, tiene su lado bueno: está bien que tenga la aureola de importante.

    Lo que es una catástrofe es la actitud que decías en el primer comentario: “que el más pillo y listo está más valorado que el inteligente, que los sinvergüenzas son más simpáticos que los honrados”… etc. Esto da que pensar, porque hace treinta años no era así. ¿Por qué hemos cambiado? Yo, medio en broma, digo que ha sido por las TV privadas.. pero sólo medio en broma…

  7. Javier dijo:

    Clodoveo, totalmente de acuerdo contigo, pero me voy a permitir hacerte una crítica. Introducción: cada vez que leo sobre los problemas de la enseñanza, busco el primer párrafo donde se habla de cómo se enseñan las matemáticas y cómo se descubre su belleza oculta. Paparruchas. Me explico.

    El gusto por las matemáticas es un gusto adquirido y muy pocos niños van a encontrar ninguna belleza en ellas. A casi nadie le gusta de primeras la arquitectura contemporánea, la música de un cuarteto de cuerda, el café con poco azúcar, etc. Son resultados de la “educación” del gusto. La belleza de las matemáticas es un argumento muy de matemático amateur y digo amateur en el mal sentido de la palabra. Las matemáticas están donde están por su potencia para enseñarnos a pensar y porque el 90% de la ciencia se expresa en términos matemáticos.

    Ahora bien, ¿se enseñan las matemáticas mal? Boy, you’re right! Y la razón es bastante simple (y no sé si lleva camino de cambiar). Las matemáticas universitarias han conocido un desarrollo muy tardío en España. Cuando la física y la química ya estaban a nivel considerable, las matemáticas seguían siendo un divertimento para listos. De allí pasamos a tener universidades más bourbakistas que las francesas y allí seguimos.

    En mis años, la mayoría de los alumnos salían de la carrera con una increíble sensación de no saber nada, sin confianza en sí mismos (te matan la intuición en un curso de topología cualquiera) y sin el menor contacto con el mercado laboral. ¿Solución? Programador de bajo nivel (un trabajo que resulta muy fácil después de haber hecho semejante carrera) o el “feliz” monasterio de la enseñanza secundaria. Luego el monasterio de los institutos es como los de los benedictinos: tiene sus pegas y trae muchas frustraciones.

    Muchos de los que enseñan caben en una de dos categorías no necesariamente disjuntas: (a) sienten un profundo asco por las matemáticas, asco que no reconocen ni ante sí mismos, pero que se observa en un simple detalle ¡jamás leen un libro de matemáticas! (b) tienen una visión totalmente axiomática de las matemáticas, ajeno a cualquier concepto serio de utilidad, desligado de las demás ciencias y con sólo una vaga idea de que se dice que son bellas, luego deben de serlo.

    [Espero que no lea y me reconozca ninguno de mis profesores ni alguno de mis compañeros]. Vaya rollo. Es uno de mis temas favoritos.

  8. clodoveo11 dijo:

    Pseudópodo: Obviamente, y por lo que oigo por ahí, no parece haber mejorado la cosa. Lo cual es todavía más sangrante tratándose de profesores jóvenes y tras la mala experiencia recibida, que debería haber servido de escarmiento para hacer las cosas mejor. ¿Qué ha pasado? Además de la perniciosa influencia de teles privadas, públicas y hasta de pago, no puedo sustraerme a la sensación (y alguien pensará que ya estamos con la política, pero es que es así) de que determinadas ideologías “deshumanizantes” con vara alta a la hora de componer los programas educativos han resultado devastadoras. Y pongo “deshumanizantes” entre comillas porque lo que no han hecho en absoluto tales ideologías es valorizar al ser humano y a sus potencialidades, sino sumirlo en la mediocridad de una colectividad absurdamente ensalzada y nivelada por lo bajo. Cada cual que la etiquete políticamente como quiera, pero quiérase o no ha sido la culpable de la infravaloración del individuo como agente individual transformador de sí mismo y de su destino.
    Un apuntillo: también es cierto que la importancia de algo debe relacionarse con la utilidad. El latín cayó porque perdió tal aureola de importancia, que era ficticia: si el latín es importante es porque contiene claves y reglas lingüísticas de suma importancia para comprender las lenguas que hablamos y su estructura, no por la reverencialidad tradicional que lo revestían y que cayó al percatarnos de la desnudez del emperador.

  9. Agus dijo:

    Quosque tandem…?

    Qué brillantes comentarios suscitados por una reflexión brillante.

    Solo apostillar que el latín es importante como lo es cualquier lengua en la que se haya transmitido tan y tan fundamental cultura, este muerta o no. Si consideramos la cultura como una gran conversación (en este blog se habló de ello en esos términos), qué mejor que conocer la lengua en la que se expresa nuestro interlocutor.

    Confieso que me puse a aprender inglés con pasión cuando comprendí que es una lengua de cultura, y eso me permite conocer de primera mano lo que tienen que transmitirme quienes escriben en inglés, desde Dickens a la revista Newsweek. A mí lo de venderlo como un instrumento para conseguir mejor trabajo y así ganar más y así… no me convence, aunque entiendo que haya a quien sí.

    De todas maneras, se haga divertido o no lo que se enseña, hay que ser menos roussouniano y reconocer -como por aquí se decía- que con 12 años a uno “se la traen floja” muchas cosas. Es decir, que al final, por muy Dumbledore de la vida que sea un profe, hace falta un poquito de vara de avellano y de lista de reyes godos por pelotas, que tampoco indigesta la cosa. Digo yo.

    (A mí el uniforme me tocaba las narices muchísimo, pero me parece una herramienta utilísima).

  10. Agus dijo:

    Es “quousque tandem” y no “quosque”. Eso pasa por ir de listillo.

  11. clodoveo11 dijo:

    Javier: acepto el mote de amateur en el sentido lato y malo del término. ¡Pero precisamente por su potencia cognitiva y porque nos descifra casi toda la ciencia son bellas! La belleza no es algo que hala, se vea y admire sin más: algo es bello porque es simple, porque es lógico, porque lleva a una consecuencia inevitable. Y como nos enseñaban las mates absolutamente desconectadas de la realidad, como engendros caídos del cielo (o más bien del infierno) sin relación alguna con nada salvo su propia arbitrariedad, aprendimos a odiarlas inmisericordemente.
    Acepto asimismo que hace falta un trabajo para llegar al gusto matemático, y que no son fáciles per se. Pero si la base fomenta la belleza de las mismas, ilustra sobre su conexión con lo real, con las obras de ingeniería, con los movimientos de los planetas, con las espirales del caracol, por lo menos habrá una sensación de valía, de no caminar por un desierto árido sin recompensa. Digo yo.
    Es curioso lo que cuentas de las matracas a nivel universitario. Aunque todavía me parece mas alucinante que gente que las odia decida hacer la carrera. Menudo síndrome de Estocolmo, oye…

  12. pseudopodo dijo:

    ¿Qué hace falta para enseñar bien? Está la actitud (y la aptitud) de profesores y alumnos y están los contenidos. Los dos elementos tienen que ser adecuados y son importantes, pero creo que lo primero (aptitudes/actitudes) es bastante mas importante que lo segundo.

    Y parte del problema es que se ha intentado trabajar sobre lo segundo: que los contenidos sean prácticos, con conexión con la realidad, etc… cosas que son realmente lo menos importante para los alumnos (fijaos lo práctico y real que es aprenderse todos los avatares de los Pokemon… y se los aprenden por gusto). Luego está que los contenidos sean amenos; es algo más importante, pero a la larga la amenidad depende de que entiendas las cosas y hay cosas como las matemáticas que sólo se entienden con esfuerzo. O sea, como dice Agus, que hay cosas que tienen que hacerse por pelotas…

    Bueno, hay un tercer elemento que son los métodos pedagógicos, que también se ha intentado cambiar, pero precisamente eso está destinado a fracasar si los profesores no tienen las aptitudes y las actitudes correctas. A lo que hay que añadir que vaya cagada de métodos, con perdón, hemos soportado… (recomiendo leer esto como ejemplo de los efectos del bourbakismo). Pero bueno, eso es un tema eterno..

    Resumiendo, yo creo que la clave está en las actitudes (que se valore estudiar, que sea importante, que se admire al que saca buenas notas y es brillante: que es lo que pasa en Corea y justo lo contrario de lo que pasa en España) y luego en las aptitudes. Como no podemos quedarnos sólo con los alumnos brillantes, las aptitudes corren de cuenta del profesor.

    Y ahí coincido con Javier en que estamos bastante mal. Pero en física también. Seguramente es cierto lo que dices de las facultades de Matemáticas pero creo que es un efecto de segundo orden comparado con otro: que la mayoría de los profesores de ciencias en secundaria no imparten su especialidad: los de matemáticas son físicos o químicos, los de física son químicos, geólogos… y muchos, la verdad, es que simplemente no saben….

  13. Javier dijo:

    Clodoveo, el odio práctico (no es algo que sientan visceralmente) a las matemáticas lo produce la carrera de matemáticas. La mayoría de mis compañeros empezaron la carrera con bastante ilusión. Unos años depués se encontraron con un título en las manos y una inseguridad apabullante. ¿Qué hago yo con este título? (¿Cómo me escondo de la vida? es mi interpretación personal de esa pregunta).

    No sé bien qué porcentaje de no-matemáticos hay enseñando matemáticas en secundaria, pero te aseguro Pseudópodo que hay centenares de matemáticos dando clases en secundaria. Yo diría que la mitad de mi promoción, que era bastante amplia, está en institutos, no siempre para bien.

    Ya que ha surgido el tema coreano, este año comparto oficina con un colega de ese país, y por lo que he indagado, una gran parte del secreto de su sistema educativo es la disciplina. La otra parte es la competitividad casi atroz para nuestros esquemas mentales. Su sistema universitario es nacional (es un país muy pequeño en extensión) y no se basa en preferencias regionales. Tal cual me contó, la mitad mejor de la clase accede a las universidades de primera fila y la mitad peor, a las malas, con un corte tremendamente preciso. Para poder estar a nivel muchos estudiantes toman clases particulares (no para no ir mal, sino para ir bien), lo cual tiene el beneficio de generar un mercado de trabajo para estudiantes universitarios.

  14. pseudopodo dijo:

    Javier, lo que decía sobre los profesores de secundaria se basa también en mis compañeros de promoción: de los que están en institutos, la gran mayoría está dando clases de matemáticas, porque las oposiciones de física y química tenían demasiados temas de química. Pero por el mismo argumento, lo lógico es que los matemáticos den clase de matemáticas y no de otra cosa, eso es cierto.

    Interesante lo de Corea. Aquí todavía hay un mercado de clases particulares (academias) para las ingenierías, que son carreras difíciles, pero con la reforma boloñesa sospecho que van a perder mucho: a lo mejor me equivoco, pero creo que las Escuelas se van a parecer a academias, y con la bajada de nivel que se avecina, no va a hacer falta preparación adicional.

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