Archivo de 7/03/08

Cuando los políticos nos trataban de usted

7 / Marzo / 2008

¿Se acuerdan?

Vote centro

En 1982 la propuesta estrella de Felipe González fue que iba a crear ochocientos mil puestos de trabajo. Fue tan sonada que todavía nos acordamos. Todo el mundo tomó nota y González fue criticado sin misericordia cuando después el paro aumentó en lugar de disminuir (algún humorista se choteó diciendo que la promesa era “ochocientos o mil”, y sólo entre amiguetes ya habían colocado a más).

¡Cómo ha cambiado el aprecio por la verdad! En el debate electoral del lunes, oí a Zapatero prometer dos millones de puestos de trabajo: de pasada, sin mover un músculo. Y Rajoy ni se molestó en preguntarle cómo iba a operar semejante multiplicación de panes y peces. Pero es que además nadie parece haber tomado nota, hasta el punto de que empezaba a dudar de si había oído bien y lo he buscado en Google: efectivamente, ya antes de empezar la campaña Zapatero lo había prometido.

Lo peor es que he encontrado que ¡Rajoy también ha prometido dos millones de puestos de trabajo! (bueno, un pelín más, que no se diga: dos millones doscientos mil).

Gane quien gane, no se crearán esos puestos de trabajo. ¿Pedirá cuentas alguien al presidente del gobierno, como se las pedían a Felipe González? No. Ni siquiera recordaremos las promesas: no las recordamos ni ahora. Lo que dicen los políticos lo calificamos automáticamente como stercore tauri.

Esto es preocupante porque vacía al discurso de contenido. Y si el contenido no tiene importancia, el debate es sólo una performance que tiene como excusa los temas que se tratan, pero en el que el objetivo es escenificar las virtudes propias: honradez, humanidad, solvencia, fiabilidad (y, sobre todo, humildaz: “yo soy más humilde que tú”) y los vicios ajenos: incompetencia, mendacidad, aventurerismo, dureza de corazón… Me recuerda la idea que exponía Robert Hughes en La cultura de la queja: la falta de una cultura crítica nos hace incapaces de apreciar los argumentos. No hay apelaciones a la razón, sólo a las emociones, a identificarse con el candidato que “es de los míos”, y por eso no hay que pedirle cuentas.

En fin. Iba a seguir pero me da una pereza invencible la política. Qué tiempos, cuando nos trataban como a adultos: de usted.