Archivos de la categoría ‘Citas’

Intelectuales antioccidentales (1)

26 / Febrero / 2008

En Traición a Occidente, Jacques Ellul analiza la actitud antioccidental que, ya en 1974, estaba muy extendida entre los intelectuales. Resumo su argumento, con frases entresacadas del libro (en cursiva las mías).

* * *

Occidente tiene mala reputación hoy y todos intentan huir de este barco que zozobra. Occidente es portador de todos los pecados. Ha invadido el mundo. Ha subyugado a pueblos que no pedían más que vivir en paz. Estos pueblos eran dichosos, fecundos, prolíficos, bien alimentados, no conocían el mal, ni la guerra, ni la esclavitud; poseían seguridad y filosofía… Y después llegó el Occidente con su cortejo de catástrofes.

El hombre occidental comienza a estar ahora convencido de todo esto, y al menos en la izquierda, al menos entre los intelectuales, de esta “concienciación” nace un gran sentido de culpa, un remordimiento terrible.

Asumo el mal que se ha hecho, rechazo que no se haya hecho más que mal. Sé que nuestra civilización está edificada sobre la sangre y el robo, pero toda civilización se ha levantado así. Frente al discurso pseudorrevolucionario, a la caminata especular junto a los guerrilleros, al desprecio por la “cultura blanca”, al deseo exasperado por destruir todo lo que fue nuestra grandeza, afirmo el valor de occidente a pesar de todo.

[A continuación, Ellul entresaca algunos casos de la historia de los pueblos no occidentales: el imperialismo otomano y de los kmer; las espantosas invasiones de Gengis Khan, que “probablemente mató en su reinado a sesenta millones de personas”; la invasión de dos tercios del continente negro por los bantúes, y de los aztecas a los reinos vecinos; el colonialismo chino en Manchuria, Mongolia, Sinkiang y el Tíbet... Me ha llamado la atención lo que dice sobre el esclavismo de los árabes:] (more…)

Disciplina sin objetivo y objetivos sin disciplina

19 / Febrero / 2008

Me he encontrado en Armas y Esperanza de Freeman Dyson esta cita de J. Robert Oppenheimer, sacada de una carta a su hermano Frank, en 1932:

Porque creo que la recompensa de la disciplina es mayor que su objetivo inmediato, no quisiera que pienses que es posible una disciplina sin objetivo: por su naturaleza, la disciplina requiere someter el alma a algún fin, tal vez menor; aunque este fin debe ser real, si la disciplina no ha de ser ficticia. Por consiguiente, pienso que todas las cosas que evocan la disciplina: el estudio y nuestros deberes hacia los hombres y la comunidad, la guerra y las estrecheces personales, y aún la necesidad de subsistencia, debemos recibirlas con profunda gratitud, pues sólo por medio de ellas podemos alcanzar el mayor despego, y sólo así podremos conocer la paz.

Se me ocurre que esto tiene aplicación a las reformas que estamos presenciando en nuestro sistema educativo. No en relación a la disciplina, de la que, por desgracia, ningún reformador habla ahora, pero sí en relación a otras cosas cuya “recompensa es mayor que su objetivo inmediato”: las capacidades, destrezas… de las que tan amigos son los pedagogos constructivistas que inspiran nuestras leyes.

Evidentemente está muy bien que nuestros alumnos aprendan a expresarse, a analizar temas complejos, a trabajar en equipo… pero ¿lo pueden hacer en el vacío? Creo que, como la disciplina (como cualquier otra virtud, como la felicidad misma), todas esas cualidades sólo pueden llegar de forma sobrevenida, como subproducto del esfuerzo de perseguir objetivos más concretos. En palabras de Jaques Barzun:

Las simples pero difíciles capacidades de prestar atención, reproducir con precisión, seguir una argumentación, detectar una ambigüedad o una falsa inferencia, poner a prueba las suposiciones reuniendo las evidencias en su contra, organizar el propio tiempo y los propios pensamientos para el estudio… todas estas capacidades no pueden enseñarse en el vacío, sino sólo a través de las dicicultades de una materia determinada; no pueden adquirirse en el curso de un año, sino gradualmente.

Ya es un tópico decir que la cultura es el poso que queda cuando se olvida todo lo que se aprendió en la universidad. Pero para que quede poso, la copa tiene que haber estado llena de vino.

* * *

Coda: Oppenheimer tuvo que recordar que no es posible una disciplina sin objetivo; en su época, era obvio que tampoco son posibles unos objetivos sin disciplina. Hoy, tras décadas de destrucción cosntructivista de la enseñanza, debemos recalcar ambas cosas.

Sobre los conflictos entre teorías y entre religiones

25 / Enero / 2008

Las teorías científicas tienen dos dimensiones: una imaginativa y otra operativa. Por ejemplo: en la dimensión imaginativa, la gravitación de Newton es una visión del mundo como un espacio euclídeo vacío, poblado de partículas que se ejercen fuerzas a distancia. Pero desde un punto de vista pragmático (es decir, en la dimensión operativa) la gravitación de Newton es un procedimiento para calcular las trayectorias de los planetas, el movimiento de los engranajes o el resultado de los choques.

Sólo esta dimensión operativa está sujeta a verificación (o mejor, dicho, a falsación). Sin embargo, podría haber otras teorías, totalmente diferentes en la dimensión imaginativa, que dieran predicciones indistinguibles. En estas condiciones, el científico opta por la teoría que le resulta preferible por criterios de simplicidad o belleza, o por simple conservadurismo (¿por qué adoptar una teoría que no aporta nada nuevo en la práctica?)

Esta cuestión es pasada por alto invariablemente en las exposiciones populares de la ciencia. Un divulgador del siglo XIX, por ejemplo, presentaría la teoría newtoniana como la verdad sobre el mundo, y lo que contaría a sus lectores es la dimensión imaginativa: un espacio euclídeo vacío, etc. No sabría que los mismos resultados operativos se obtienen con una teoría que concibe el mundo como algo totalmente opuesto: un espacio curvado cuatridimensional, no vacío sino lleno de un campo de densidad de energía. Y de haber conocido tal teoría, la habría descartado por su ridícula complicación.

Pero en 1916, Einstein propuso justamente una teoría como esa: la Relatividad General. Y se las arregló para encontrar algunas diferencias en el plano operativo: unas minúsculas discrepancias entre sus predicciones y las de Newton. Las predicciones de Einstein se confirmaron, y los divulgadores de hoy presentan el esquema imaginativo de Einstein como la verdad sobre el mundo. Pero, una vez más, habrá seguramente muchas teorías alternativas, opuestas en lo imaginativo pero coincidentes en lo operativo, al menos dentro de la capacidad de los experimentos actuales (un ejemplo son las supercuerdas).

¿Cómo es el mundo realmente? No lo sabemos. Sabemos que no puede ser como dijo Newton porque sus predicciones, aunque increíblemente buenas, fallan en algunos casos. Pero no tiene por qué ser como dijo Einstein, porque hay muchas otras teorías alternativas no falsadas, como las supercuerdas. Ahora bien, sería ridículo esgrimir esta discrepancia entre teorías para demostrar que, ya que son tan distintas, son incompatibles, necesariamente falsas, y tomaduras de pelo. Al contrario, las dos son aproximaciones, excepcionalmente meritorias, a una realidad que seguramente no conoceremos nunca.

Creo que esto puede arrojar cierta luz sobre una cuestión en apariencia muy alejada: el conflicto entre religiones. A menudo se utiliza como un argumento contra la religión el que existan muchas religiones con concepciones totalmente diferentes: no pueden ser verdad todas a la vez, y por lo tanto, seguramente serán todas falsas (Dawkins hace constantemente este razonamiento). Y sin embargo, cristianismo e hinduismo, por poner dos religiones bien diferentes, no son seguramente más opuestas que la gravitación de Newton y la Relatividad General de Einstein en su dimensión imaginativa.

De modo que la discrepancia entre religiones suele magnificarse porque en este ámbito de discusión solemos ver sólo la dimensión imaginativa. Pero teorías científicas imaginativamente incompatibles confluyen en gran medida en la dimensión operativa. ¿Hay algo análogo para las religiones a esa dimensión operativa? Parece que sí: la dimensión moral. Igual que, pragmáticamente, la ciencia es un protocolo para hacer predicciones cuantitativas, la religión es, pragmáticamente, una prescripción para obrar bien y dar sentido a la vida. Y en vez de validarse por la exactitud de las predicciones, se valida por la bondad de la vida que promulga. Visto así, la discrepancia entre las distintas religiones, ¿no es igual de poco preocupante que la discrepancia entre las teorías de Newton y Einstein?

Citas de Knuth

13 / Enero / 2008

Donald E. Knuth es una leyenda entre los informáticos, pero muchos que no lo somos lo veneramos también por haber creado TeX, el programa gratuito que permite escribir ecuaciones en un PC con una calidad tipográfica profesional. Todo físico o matemático serio usa TeX (normalmente, en versión LaTeX). TeX fue una solución tan perfecta al problema de escribir textos matemáticos que no ha sido desplazado en más de 20 años.

Knuth sigue en activo (hace poco caí por su web, que tiene muchas curiosidades) y acaba de cumplir 70 años. Via La Singularidad Desnuda me he encontrado con este post que, entre otras cosas interesantes, recopila algunas citas suyas. Hay dos que no podían dejar de llamarme la atención (la traducción es mía):

[Sobre la física y su divulgación] Hace algunos años, abrí por casualidad el famoso libro de Paul Dirac sobre Mecánica Cuántica, y me sorprendió encontrar no sólo que Dirac era un escritor extraordinariamente bueno, sino que su libro no era totalmente imposible de entender. La mayor sorpresa, sin embargo –fue realmente un shock- fue aprender que las cosas de las que habla en ese libro son totalmente diferentes de todo lo que había leído en Scientific American o en cualquier otra exposición divulgativa del tema. Parece ser que cuando los físicos hablan entre sí, hablan de transformaciones lineales de espacios de Hilbert generalizados sobre los números complejos; las cantidades observables son los autovalores y las autofunciones de los operadores lineales hermíticos. Pero cuando los físicos hablan para el público general, no se atreven a mencionar tales cosas esotéricas, así que hablan de partículas, y espines, y cosas así, que no llegan a ser ni la mitad de la historia. No me extraña que nunca fuera capaz de entender realmente esos artículos de divulgación.

[Sobre el libre albedrío y el problema del mal] Puedo diseñar un programa que nunca “se cuelgue” si no le doy ninguna opción al usuario. Y si le permito elegir sólo entre un pequeño número de opciones, limitadas a un menú, puedo estar seguro de que nada anómalo ocurrirá, porque cada opción puede ser prevista por anticipado y sus efectos pueden ser verificados. Pero si doy al usuario la posibilidad de escribir programas que se combinen con mi propio programa, puede armarse una de mil demonios.

El hombre en la campana de cristal

6 / Enero / 2008

Este post es mi regalo de Reyes: el texto que más me ha impresionado de lo que he leído en el 2007. Disfrútenlo despacio (además, se ahorrarán los 11 euros que cuesta el libro de donde lo he sacado, porque estos párrafos valen por el libro entero).

¿Qué quién es el autor? Bueno, eso queda para ustedes… ;-)

Si se compara con luz blanca el ideal puro espiritual (religioso), los ideales de las diversas culturas pueden compararse con las luces de colores que surgen cuando la luz pura aparece a través de cristales de colores.

Imagínate un hombre que desde su nacimiento vive siempre en una estancia en la que la luz entra sólo a través de cristales rojos. Éste quizá no se pueda imaginar que exista otra luz que la suya (la roja); considerará la cualidad roja como esencial a la luz, en cierto sentido no notará en absoluto la rojez de la luz que le rodea. En otras palabras: considerará su luz como la luz y no como un tipo especial de turbiedad de la única luz (pues eso es en realidad). Este hombre se mueve de acá para allá por su estancia, examina los objetos, los juzga, etcétera. Pero dado que su espacio no es el espacio, sino sólo una parte –delimitada por el cristal rojo- del espacio, sólo con que se mueva lo suficiente chocará inevitablemente con el límite de ese espacio.

Entonces podrán suceder varias cosas: uno se dará cuenta de la limitación, pero no puede romper el cristal y acabará resignándose. Dirá: “¡Así que mi luz no era realmente la luz! La luz sólo la podemos vislumbrar, y hemos de contentarnos con la nuestra, enturbiada”. Entonces, este hombre se llenará de humor o de melancolía, o de ambas cosas alternativamente. Pues el humor y la melancolía son los estados del ser humano resignado. Por eso el hombre no los conoce antes de que haya llegado al límite de su espacio, a pesar de que pueda seguir estando alegre y triste (pero alegría y tristeza no son humor y melancolía).

Otro hombre chocará con la limitación del espacio, pero no comprende del todo que se trata de la limitación, y acepta el asunto como si hubiera chocado con un cuerpo dentro del espacio. Para éste propiamente no cambia nada, sigue viviendo como antes.
Finalmente, un tercero dice: tengo que atravesarlo e introducirme en el espacio y la luz. Rompe el cristal y sale de su limitación a la libertad de lo abierto.

(more…)

La cultura de la queja

26 / Diciembre / 2007

En La cultura de la queja (publicado en los EEUU en 1993), el crítico Robert Hughes se pregunta:

¿Tienen derecho las universidades a bajar los niveles de admisión y de enseñanza para situarlos a la altura de los “desaventajados”, a costa de la educación de los alumnos más capaces? Si usted cree que las universidades deben ser un campo de entrenamiento para elites, entonces la respuesta es no. Pero la corriente de opinión preponderante, entre los maestros que llegaron a adultos en los sesenta y más tarde, es casi automáticamente antielitista. “La ideología dominante” escribió el educador Daniel J. Singal, “sostiene que es mucho mejor renunciar a la excelencia antes de correr el riesgo de lastimar la autoestima de cualquier estudiante. En lugar de estimular a los niños a que se superen, los maestros invierten sus energías en conseguir que los niños más lentos en aprender no se consideren a sí mismos fracasados… a menudo uno percibe un prejuicio virtual contra los estudiantes más brillantes”.

(he retocado la traducción). De este modo, el nivel de los alumnos que entran a la universidad en los EEUU ha ido descendiendo paulatinamente en las últimas décadas. Y esto es lo que ocurre con esos alumnos:

Una vez que ingresan, la enseñanza que reciben (cuando los profesores no están luchando para que consigan el nivel de lectura y comprensión que deberían haber tenido en el bachillerato) es rebajada para adecuarla a su poca capacidad para leer textos, seleccionar la información y analizar ideas. Por lo tanto, se convierte en un remedo empobrecido de la educación intensiva que se ofrecía antes a los estudiantes: adecuada a su experiencia limitada de la vida y de las ideas, como si esto fuera una especie de absoluto educativo (cuando es, desde luego, lo que la auténtica enseñanza busca desarrollar), plagada de cursos de estudios sociales que sólo enseñan superficialidades y que están pensados, hasta donde se puede, para evitar preguntas difíciles de contexto histórico; una enseñanza, en fin, escasa en el análisis y el estudio crítico, pero abundante en las actitudes y los sentimientos.

Hughes ve el auge de lo “políticamente correcto” como uno de los primeros síntomas de las consecuencias de largo alcance de esta enseñanza empobrecida:

(more…)

Más extraño de lo que podemos imaginar

10 / Diciembre / 2007

Me ha encantado encontrarme por casualidad (aquí) este párrafo, con una cita célebre en su contexto:

Nuestra única esperanza de comprender el universo es la de que lo consideremos desde todos los puntos de vista que podamos. Ésta es una de las razones por la que los datos de la conciencia mística pueden complementar de una forma útil los de la mente en su estado normal. Ahora bien, mi propia conjetura es que el universo no sólo es más extraño de lo que imaginamos, sino más extraño de lo que podemos imaginar. He leído y escuchado muchos intentos de dar una explicación sistemática de él, desde el materialismo y la teosofía hasta el sistema cristiano o el de Kant, y siempre me han parecido que eran demasiado simples. Sospecho que existen más cosas en el cielo y en la Tierra de las que sueña, o puede soñar, cualquier filosofía. Ésa es la razón de que yo no tenga ninguna filosofía, y ha de ser mi excusa para soñar.
J.B.S. Haldane, Possible Worlds and other papers (1927).

J.B.S Haldane, FRS (1892-1964) fue uno de esos personajes excéntricos, geniales -y llenos de siglas- que sólo se pueden dar en Gran Bretaña, y por los que algunos somos anglófilos impenitentes. Esto es lo que escribió de él James Newman en The world of mathematics (1956):

J.B.S. Haldane es prodigioso. En mente y cuerpo su capacidad va más allá de lo que pueda imaginarse fácilmente. Por mor de una identificación conveniente, podríamos llamarle genetista; en su rama de conocimiento es una de las primeras figuras (su puesto es Profesor de Biometría en el University College de Londres). Ha hecho contribuciones, muchas de gran valor, a la biología, fisiología, medicina preventiva, botánica, hematología, teoría estadísistica, prevención de muertes en ataques aéreos y de los efectos de varios gases y otros agentes físico-químicos en el cuerpo humano… frecuentemente en el suyo. Se ha sometido a altas presiones, frío intenso, envenenamiento, inoculación de enfermedades, fiebres, parálisis temporales y otras incomodidades -realmente, ha hecho casi todo menos poner el cuello en las vías del tren- todo en nombre de la ciencia.

Newman no exageraba. Es verdad que Haldane tenía un valor temerario (que demostró en la Primera Guerra Mundial) y una indiferencia insólita por los sufrimientos físicos. Cuando en sus experimentos con cámaras hiperbáricas se perforó los tímpanos, su comentario fue que “el tímpano generalmente cicatriza, y si queda un agujero, uno se queda algo sordo, pero puede echar el humo del tabaco por los oídos, y eso es un logro social”. También es cierto que fue un científico de primerísima fila: el creador, con Wright y Fisher, de la genética de poblaciones, la ciencia que puso sobre un fundamento matemático a la teoría de la evolución. Y, aunque no lo decía Newman, hay que añadir que fue un magnífico escritor de divulgación.

Quizá no es sorprendente que un hombre así, “larger than life”, que dicen en los USA, tuviera ese concepto fascinante del mundo: “más extraño de lo que podemos imaginar”…

* * *

Coda 1: Y, se me ocurre ahora, no es tampoco sorprendente que un hombre pequeño (que basa su fama en divulgar y poner nombres felices a las ideas de otros), tenga una visión proporcionalmente pequeña: me refiero al mundo insondablemente aburrido de los replicantes mecánicos de Dawkins.

Coda 2: Me ha sorprendido que la cita muestra a un Haldane que simpatiza con el misticismo y desconfía de toda filosofía cerrada, porque tenía entendido que fue comunista. He encontrado que se convirtió al marxismo diez años después de escribir lo de arriba. Que un hombre como él sucumbiera a esa ideología (y nunca llegara a criticar abiertamente a Stalin… ¡ni a Lysenko!) da mucho que pensar.

Un caballo es un caballo es un caballo

15 / Noviembre / 2007

caballo.

(Del lat. caballus, caballo de carga; cf. gr. καβάλλης, galo caballos, búlgaro ant. kobyla).

1. m. Mamífero del orden de los Perisodáctilos, solípedo, de cuello y cola poblados de cerdas largas y abundantes, que se domestica fácilmente.

(según el Diccionario de la Real Academia Española)

 

caballo.

Lo que es un caballo, resulta obvio para todo el mundo.

(según la Nowe Ateny albo Akademia wszelkiej scyencyi pełna, na różne tytuły, jak na classes podzielona, mądrym dla memoryału, idiotom dla nauki, politykom dla praktyki, melancholikom dla rozrywki erygowania)

***

La Nowe Ateny, etc, etc… fue la primera enciclopedia polaca, editada en Lwów en 1745-46 por Benedykt Chmielowski). En polaco, la definición es aún mejor: Koń jaki jest, każdy widzi. La Nowe Ateny tenía curiosas ilustraciones, pero por desgracia no hay ninguna de un caballo…

(Encontré la definición aquí)

Científicos locos

8 / Octubre / 2007

La figura del científico loco tiene ya una larga tradición: el Dr. Frankenstein, el Dr. Jekyll o el Dr. Strangelove han encarnado el ángulo inquietante de la ciencia, un ángulo que fue iluminado por primera vez por el precursor de todos estos doctores: el Dr. Fausto.

Sería cómodo descartar toda esta tradición como una mera fantasía literaria, como un simple mito. Pero cuando una historia alcanza la categoría de mito ya no es nunca un simple mito: de alguna manera, es algo que ha entroncado con nuestras preocupaciones más íntimas, se ha convertido en un núcleo de significado, un núcleo que condensa intuiciones colectivas que sin ese mito permanecerían más difusas y por eso menos comunicables.

Creo que el mito del científico loco expresa la intuición de que la ciencia está profanando el mundo, un mundo que en la antigüedad estaba lleno de dioses (como dijo Tales, que es, paradójicamente, el abuelo de la ciencia). En cambio, para la ciencia, como para el personaje de Wordsworth,

Un narciso en la ribera del río
era para él un narciso amarillo.
Y no era nada más.

No hay dríades ni náyades: un árbol es un árbol, un río es un río. Este desencantamiento del mundo fue percibido primero por los hombres de sensibilidad más sutil: los artistas como Goethe o Blake. Fue analizado más tarde por los intelectuales más perspicaces, como Max Weber. Y llegó al gran público con los científicos locos de Hollywood.

Que la ciencia desencante necesariamente el mundo es un asunto muy discutible (escribí algo aquí). Yo diría, parafraseando a Pasteur, que “un poco de ciencia desencanta el mundo; mucha ciencia lo vuelve a encantar”. Pero esto nos alejaría de nuestro tema. El caso es que percibimos instintivamente que para la ciencia el mundo no es sagrado, y eso tiene una carga emocional: nos da miedo, es una profanación. Y pensamos oscuramente que, como en las tragedias griegas, algo malo nos tiene que ocurrir en castigo a nuestra hybris.

Ahora bien, saliendo de las oscuras intuiciones a la clara luz de los hechos, ¿tiene este miedo alguna base?¿Hay algo de cierto en el estereotipo del científico loco? Algo hay, por desgracia. No en vano Kubrick se inspiró en un personaje real, Edward Teller, para su Dr. Strangelove. La película es de 1964: era la época de la guerra fría y las armas nucleares eran la principal amenaza para la humanidad. Teller, el físico padre de la bomba H, era un buen modelo.

En 2007, el principal peligro es seguramente la biotecnología. Mi propuesta para nuevo modelo de científico loco es Craig Venter, que el sábado anunció la creación de un cromosoma artificial, obtenido ensamblando genes individuales (con unas gotas de sensacionalismo -añadidas por el propio Venter, que se basta solo- esto se ha convertido en la creación de vida artificial).

(more…)

Todo escolar sabe… (I)

1 / Octubre / 2007

En 1978 Gregory Bateson sabía que su muerte estaba próxima. Tenía 74 años y su vida había sido intensa. Hijo de William Bateson (que redescubrió a Mendel y acuñó la palabra “genética”), se formó como naturalista en Cambridge y fue antropólogo en Nueva Guinea, donde conoció a la que fue su esposa: Margaret Mead. Tras la Segunda Guerra Mundial, se afincó en los Estados Unidos, donde se interesó por la Teoría de la comunicación y la Cibérnética, y formuló su célebre teoría del doble vínculo de la esquizofrenia (que está en el origen de la “escuela de Palo Alto” de Watzlawick y compañía). En los años 60 vivió en Hawai, estudiando la comunicación entre los delfines.

Bateson no fundó una escuela, escribió poco, y sólo tuvo una cátedra al final de su vida. A diferencia de Margaret Mead, se mantuvo siempre apartado de los focos. Pero en los años 70, se había convertido en una celebridad entre los iniciados, sobre todo para el movimiento New Age, que le consideraba uno de sus gurús.

Por esa época, Bateson había empezado a escribir un libro que iba a exponer ordenadamente su pensamiento, hasta entonces disperso en unas cuantas publicaciones inconexas. Lo tituló La idea evolutiva, y se proponía reexaminar la evolución biológica a la luz de la Cibernética y la Teoría de la Información. Pero al empezar a escribir, se topó con una dificultad: los conceptos que manejaba, los útiles básicos para pensar sobre el mundo natural (y sobre nosotros mismo, que somos parte de él) no forman parte del curriculum académico. No podía contar con que el lector los conociera.

Se me hizo monstruosamente evidente que en este país [USA], en Inglaterra, y, supongo, en todo el mundo occidental, la instrucción escolar se cuidaba tanto de eludir todos los problemas decisivos, que tendría que escribir un segundo libro para explicar ideas a mi juicio elementales, relacionadas con la evolución y con casi cualquier otro pensamiento biológico o social -con la vida cotidiana y el desayuno que ingerimos-. La educación oficial no le decía a la gente nada acerca de todo lo había en las playas y en los bosques de secuoyas, en los desiertos y en las llanuras. Ni siquiera personas crecidas y con hijos podían dar cuenta razonable de conceptos como entropía, sacramento, sintaxis, número, cantidad, pauta, relación lineal, nombre, clase, relevancia, energía, redundancia, fuerza, probabilidad, partes, todo, información, tautología, homología, masa newtoniana y misa cristiana [newtonian mass and christian mass], explicación, descripción, regla de las dimensiones, tipo lógico, metáfora, topología, etc. ¿Qué son las mariposas?¿Qué son las estrellas de mar?¿Qué son la belleza y la fealdad?

Bateson tuvo que empezar a escribir otro libro para explicar todo esto; un libro que tituló, con ironía, Todo escolar sabe.

La tarea iba creciendo y su salud era ya débil. Cuando en 1978 le diagnosticaron un cáncer de pulmón inoperable, llamó en su ayuda a su hija Mary Catherine. Con su colaboración finalmente los dos libros se fundieron en uno sólo: Espíritu y Naturaleza (del que está sacada la cita de arriba).

Compré este libro recién llegado a Madrid, en una de mis primeras Ferias del Libro (había leído a Fritjof Capra, el de “El tao de la física”, que mencionaba a Bateson como a un gurú -naturalmente-). Lo empecé, pero no era una lectura fácil. Ahora, llevado por mi renovado interés por Watzlawick, lo he acabado, por fin (¡nada menos que 18 años después!).

Me ha llamado la atención que muchas cosas que entonces me resultaban difíciles ahora no lo son, porque he leído, pensado y a veces escrito sobre ellas (otras, sobre todo las más técnicas de biología, sigo sin entenderlas). Quizá estos años me ha estado influyendo subterráneamente lo que entonces leí; quizá otros autores que he leído estaban influidos por Bateson o quizá mis inquietudes eran naturalmente afines a las suyas. El caso es que me ha sorprendido hasta que punto durante estos años he ido dando vueltas a los temas de este libro, sin saberlo…

[Aquí, un extracto muy amplio del primer capítulo del libro]

(Continuará…)