Disciplina sin objetivo y objetivos sin disciplina
19 / Febrero / 2008Me he encontrado en Armas y Esperanza de Freeman Dyson esta cita de J. Robert Oppenheimer, sacada de una carta a su hermano Frank, en 1932:
Porque creo que la recompensa de la disciplina es mayor que su objetivo inmediato, no quisiera que pienses que es posible una disciplina sin objetivo: por su naturaleza, la disciplina requiere someter el alma a algún fin, tal vez menor; aunque este fin debe ser real, si la disciplina no ha de ser ficticia. Por consiguiente, pienso que todas las cosas que evocan la disciplina: el estudio y nuestros deberes hacia los hombres y la comunidad, la guerra y las estrecheces personales, y aún la necesidad de subsistencia, debemos recibirlas con profunda gratitud, pues sólo por medio de ellas podemos alcanzar el mayor despego, y sólo así podremos conocer la paz.
Se me ocurre que esto tiene aplicación a las reformas que estamos presenciando en nuestro sistema educativo. No en relación a la disciplina, de la que, por desgracia, ningún reformador habla ahora, pero sí en relación a otras cosas cuya “recompensa es mayor que su objetivo inmediato”: las capacidades, destrezas… de las que tan amigos son los pedagogos constructivistas que inspiran nuestras leyes.
Evidentemente está muy bien que nuestros alumnos aprendan a expresarse, a analizar temas complejos, a trabajar en equipo… pero ¿lo pueden hacer en el vacío? Creo que, como la disciplina (como cualquier otra virtud, como la felicidad misma), todas esas cualidades sólo pueden llegar de forma sobrevenida, como subproducto del esfuerzo de perseguir objetivos más concretos. En palabras de Jaques Barzun:
Las simples pero difíciles capacidades de prestar atención, reproducir con precisión, seguir una argumentación, detectar una ambigüedad o una falsa inferencia, poner a prueba las suposiciones reuniendo las evidencias en su contra, organizar el propio tiempo y los propios pensamientos para el estudio… todas estas capacidades no pueden enseñarse en el vacío, sino sólo a través de las dicicultades de una materia determinada; no pueden adquirirse en el curso de un año, sino gradualmente.
Ya es un tópico decir que la cultura es el poso que queda cuando se olvida todo lo que se aprendió en la universidad. Pero para que quede poso, la copa tiene que haber estado llena de vino.
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Coda: Oppenheimer tuvo que recordar que no es posible una disciplina sin objetivo; en su época, era obvio que tampoco son posibles unos objetivos sin disciplina. Hoy, tras décadas de destrucción cosntructivista de la enseñanza, debemos recalcar ambas cosas.


