Archivos de la categoría ‘Filosofía’

Un diálogo galileano: sobre pavos, tizas y hechos

29 / Abril / 2008

[Personajes:

Salviati (científico)
Sagredo (lego inteligente)
Simplicio (lego que hace honor a su nombre).

Aparecidos por primera vez en el Diálogo sobre los dos principales sistemas del mundo, de Galileo Galilei (1632)]

* * *

Simplicio: ¡Qué alegría volveros a encontrar después de tanto tiempo, maese Salviati! Y veo que venís acompañado de nuestro amigo Sagredo.

Salviati: Así es, maese Simplicio. Precisamente charlábamos sobre los grandes progresos que la ciencia ha realizado desde nuestras últimas discusiones, más de trescientos cincuenta años ha.

Simplicio: Maravillosos progresos, en efecto. Y todo gracias al método científico. Yo, debo reconocerlo, no lo entendía en aquella época; pero en estos años he aprendido a apreciarlo como se merece.

Salviati: Gran novedad es esa. ¿Habéis dejado entonces de ser peripatético?

Simplicio: Así es. Algunas grandes cosas hizo Aristóteles, pero todas sin excepción han sido superadas hoy en día por la ciencia. Y no podía ser de otro modo, pues toda la ciencia se basa en la observación y la recopilación de hechos, y en estos siglos desde nuestra última conversación se han observado más hechos que los que nunca pudo observar el estagirita.

Salviati: ¡Cuanto me sorprende oiros hablar así!

Simplicio: No soy hombre que se obstine en los prejuicios. Estos siglos he meditado sobre los trabajos del académico Galileo, que vos me disteis a conocer en nuestras pasadas conversaciones, y he tenido ocasión de observar los muchos bienes y riquezas que su ciencia nueva ha traído a la humanidad. He llegado así a convencerme de que su método es el único camino al conocimiento, y que fuera de él no hay más que sombras, quimeras y palabras vanas. La observación, amigo, la observación detenida, desapasionada, sin prejuicios, es el origen único de todo conocimiento cierto. ¡Hechos! ¡Dadme hechos y experimentos y yo os daré teorías! Y esas teorías serán fiables, ¡científicas!, pues se deducirán de los hechos objetivos.

Sagredo: Amigo Simplicio, tenía entendido que la deducción sólo se daba en matemáticas y en lógica formal. ¿Quizá vuesa merced quiere decir que las teorías se “inducirán” de los hechos?

Simplicio: Bueno, lo mismo da. Antes daba yo gran importancia a las palabras; pero soy un hombre nuevo y sólo los hechos me importan. No merece la pena discutir por palabras: el caso es que la teoría será buena si se infiere de los hechos.

Salviati: En este caso, sin embargo, la precisión es importante. Porque si la deducción es segura, no ocurre lo mismo con la inducción. En realidad, de los hechos no puede inferirse nada.

Simplicio: ¿He oído bien? ¿Queréis decir que si el sol sale hoy, mañana y pasado, no demuestra eso que saldrá al día siguiente?

Salviati: Lo que quiero decir es que esos hechos por sí mismos no constituyen una prueba de nada. Y además, que creer tal cosa tiene su peligro.

Simplicio: ¿Cómo que peligro?¿No es acaso la observación del pasado la más segura guía para el futuro?

Salviati: No necesariamente. ¿Conocéis la historia del pavo inductivista?

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Julián Marías: Una vida presente

16 / Marzo / 2008

Sólo vi una vez a Julián Marías, en la Feria del Libro de Madrid. Estaba en una caseta, mano sobre mano, con un aspecto algo desamparado, sin que nadie se acercara a pedirle una firma. Yo había leído un libro suyo, “La felicidad humana”, y había algún otro que me interesaba, pero siempre he sido muy vergonzoso para estas cosas. Nuestras miradas se cruzaron un segundo y me fui.

Me arrepentí luego. Don Julián tenía más de ochenta años y me dije que no habría muchas más ocasiones de verle; que cuando volviera a la Feria, me acercaría con un libro y hablaría con él. No hubo ya ocasión.

Cuando leí las necrológicas, en diciembre de 2005, aumentó mi interés por él. Supe que estuvo preso tras la Guerra Civil, y que cuando salió fue ninguneado vergonzosamente (su tesis doctoral debe ser la única que fue calificada con suspenso en la historia de la universidad española). Y la marginación continuó hasta su muerte, pues nunca fue querido por los hunos (que no le perdonaban que fuera demócrata y leal a la República) ni por los hotros (que le despreciaban por su liberalismo político y su catolicismo).

Tuve curiosidad por sus memorias, “Una vida presente”, sobre todo por el primer tomo, el que trataba la infancia y juventud (siempre lo más interesante en unas memorias) y la época de la República y la Guerra Civil. Estaba agotado. Y no se reeditó tras su muerte: muy significativo del interés que despertó.

Hace cosa de dos meses lo encontré en una librería de viejo, por cinco euros, y lo he leído con creciente interés. Tiene un estilo austero, nada “literario”. Me dio la impresión de que estaba escrito de corrido, y así resultó ser: cerca del final, Marías dice que nunca hace borradores (llama la atención que el libro se comenzó el 14 de julio de 1988 y se acabó el 26 de agosto de 1988: casi 400 páginas en poco más de un mes).

Pero al ir avanzando en su lectura, uno se va dando cuenta de que, a pesar de la ausencia de énfasis, estamos ante un hombre admirable que cuenta una historia admirable: la de alguien que nunca formó parte de ninguna capilla o secta cultural o política, que lo pagó caro, pero que fue capaz de vivir con dignidad en un ambiente indigno.

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La red de Hempel

6 / Febrero / 2008

[viene de aquí]

La crítica más contundente de la concepción de la ciencia como cartografía de la realidad la hizo Ernst Mach:

Lo que nos representamos como ‘detrás de las apariencias’ existe sólo en nuestro entendimiento y tiene para nosotros sólo el valor de una técnica memorística o una fórmula, cuya forma, al ser arbitraria e irrelevante, varía fácilmente según el punto de vista de nuestra cultura.

Mach enmendó la plana al propio Newton: para él, el tiempo absoluto y el espacio absoluto newtonianos pertenecían a la despreciable especie de las “hypotheses”. Y tenía razón, como demostró Einstein (que reconoció su deuda con Mach diciendo que le hizo quebrar su fe dogmática en la mecánica newtoniana).

Si no es sostenible la imagen ingenua de la ciencia como cartografía, ¿qué relación tienen sus teorías con la realidad?¿Nos dicen algo sobre cómo es el mundo? Para Mach, no:

La ciencia puede considerarse un problema de mínimos, que consiste en presentar del modo más completo los hechos con el menor gasto posible de pensamiento.

Que la ciencia sea poco más que un truco mnemotécnico es difícil de aceptar. Aunque no sea un mapa fiel de la realidad, pensamos que debería tener al menos una correspondencia, algún tipo de isomorfismo. Pierre Duhem articuló esta idea, moderando las radicales tesis de Mach en una descripción de la estructura de las teorías científicas que ha sido muy influyente.

Para Duhem, una teoría científica tiene dos elementos: un sistema axiomático y unas reglas de correspondencia, que ponen en relación al primero con el mundo real. Las leyes abarcadas por la teoría son deducibles como proposiciones del sistema axiomático, y se traducen a magnitudes medibles mediante las reglas de correspondencia (aunque no tiene por qué haber correspondencia experimental para todo). El sistema axiomático sería el contenido sintáctico de la teoría; las reglas de correspondencia son el diccionario que proporciona el contenido semántico. Existe también lo que yo llamo un contenido imaginativo, un modelo, que a menudo es muy importante para el científico, pero que no forma parte de la estructura lógica de la teoría, porque no juega ningún papel en la deducción formal de resultados ni en su verificación experimental: son las hypotheses de Newton.
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Hypotheses non fingo

5 / Febrero / 2008

La ciencia no es una acumulación informe de conocimientos, sino que tiene una estructura. Están, para empezar, las leyes, que son la expresión de regularidades encontradas en la observación cuidadosa o en la experimentación. Pero un montón inconexo de leyes, por muy grande que sea, todavía no es ciencia (es, a lo sumo, historia natural). Hace falta una teoría que las estructure y dé cuenta de ellas. Por ejemplo, antes de Newton se conocían las tres leyes de Kepler, las leyes del péndulo y los planos inclinados encontradas por Galileo, etc. Pero sólo con los Principia tuvimos una ciencia madura de la mecánica y la gravitación. La teoría de Newton ponía en relación todos los resultados conocidos previamente y hasta entonces inconexos: todos podían deducirse de unos principios sencillos. Ahora nos explicábamos por qué las órbitas de los planetas tenían que ser elipses o por qué la velocidad de caída libre de todos los cuerpos es la misma.

El éxito de Newton fue tan completo que casi nadie albergó dudas sobre la realidad de su teoría: si explicaba las leyes con esa eficacia sólo podía ser porque estaba describiendo la realidad subyacente a los hechos: la teoría de Newton era la verdad sobre el mundo.

Un éxito comparable tuvo Maxwell con las leyes de la electricidad y el magnetismo. Y, aunque no tan contundente, también lo tuvo la larga serie de químicos y físicos que contribuyeron a la teoría atómica. A finales del S. XIX, era un lugar común que, igual que los exploradores estaban acabando la cartografía de la Tierra, los científicos estaban completando el mapa de la realidad.

Se ha contado muchas veces la humillación de aquellos pretenciosos barbudos victorianos. En 1894, Albert Michelson afirmaba en un discurso que

La mayor parte de los grandes principios que sustentan la física están ya firmemente establecidos… un físico eminente ha observado que las verdades futuras de la ciencia física habrá que buscarlas en la sexta cifra decimal.

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Sobre los conflictos entre teorías y entre religiones

25 / Enero / 2008

Las teorías científicas tienen dos dimensiones: una imaginativa y otra operativa. Por ejemplo: en la dimensión imaginativa, la gravitación de Newton es una visión del mundo como un espacio euclídeo vacío, poblado de partículas que se ejercen fuerzas a distancia. Pero desde un punto de vista pragmático (es decir, en la dimensión operativa) la gravitación de Newton es un procedimiento para calcular las trayectorias de los planetas, el movimiento de los engranajes o el resultado de los choques.

Sólo esta dimensión operativa está sujeta a verificación (o mejor, dicho, a falsación). Sin embargo, podría haber otras teorías, totalmente diferentes en la dimensión imaginativa, que dieran predicciones indistinguibles. En estas condiciones, el científico opta por la teoría que le resulta preferible por criterios de simplicidad o belleza, o por simple conservadurismo (¿por qué adoptar una teoría que no aporta nada nuevo en la práctica?)

Esta cuestión es pasada por alto invariablemente en las exposiciones populares de la ciencia. Un divulgador del siglo XIX, por ejemplo, presentaría la teoría newtoniana como la verdad sobre el mundo, y lo que contaría a sus lectores es la dimensión imaginativa: un espacio euclídeo vacío, etc. No sabría que los mismos resultados operativos se obtienen con una teoría que concibe el mundo como algo totalmente opuesto: un espacio curvado cuatridimensional, no vacío sino lleno de un campo de densidad de energía. Y de haber conocido tal teoría, la habría descartado por su ridícula complicación.

Pero en 1916, Einstein propuso justamente una teoría como esa: la Relatividad General. Y se las arregló para encontrar algunas diferencias en el plano operativo: unas minúsculas discrepancias entre sus predicciones y las de Newton. Las predicciones de Einstein se confirmaron, y los divulgadores de hoy presentan el esquema imaginativo de Einstein como la verdad sobre el mundo. Pero, una vez más, habrá seguramente muchas teorías alternativas, opuestas en lo imaginativo pero coincidentes en lo operativo, al menos dentro de la capacidad de los experimentos actuales (un ejemplo son las supercuerdas).

¿Cómo es el mundo realmente? No lo sabemos. Sabemos que no puede ser como dijo Newton porque sus predicciones, aunque increíblemente buenas, fallan en algunos casos. Pero no tiene por qué ser como dijo Einstein, porque hay muchas otras teorías alternativas no falsadas, como las supercuerdas. Ahora bien, sería ridículo esgrimir esta discrepancia entre teorías para demostrar que, ya que son tan distintas, son incompatibles, necesariamente falsas, y tomaduras de pelo. Al contrario, las dos son aproximaciones, excepcionalmente meritorias, a una realidad que seguramente no conoceremos nunca.

Creo que esto puede arrojar cierta luz sobre una cuestión en apariencia muy alejada: el conflicto entre religiones. A menudo se utiliza como un argumento contra la religión el que existan muchas religiones con concepciones totalmente diferentes: no pueden ser verdad todas a la vez, y por lo tanto, seguramente serán todas falsas (Dawkins hace constantemente este razonamiento). Y sin embargo, cristianismo e hinduismo, por poner dos religiones bien diferentes, no son seguramente más opuestas que la gravitación de Newton y la Relatividad General de Einstein en su dimensión imaginativa.

De modo que la discrepancia entre religiones suele magnificarse porque en este ámbito de discusión solemos ver sólo la dimensión imaginativa. Pero teorías científicas imaginativamente incompatibles confluyen en gran medida en la dimensión operativa. ¿Hay algo análogo para las religiones a esa dimensión operativa? Parece que sí: la dimensión moral. Igual que, pragmáticamente, la ciencia es un protocolo para hacer predicciones cuantitativas, la religión es, pragmáticamente, una prescripción para obrar bien y dar sentido a la vida. Y en vez de validarse por la exactitud de las predicciones, se valida por la bondad de la vida que promulga. Visto así, la discrepancia entre las distintas religiones, ¿no es igual de poco preocupante que la discrepancia entre las teorías de Newton y Einstein?

El hombre en la campana de cristal

6 / Enero / 2008

Este post es mi regalo de Reyes: el texto que más me ha impresionado de lo que he leído en el 2007. Disfrútenlo despacio (además, se ahorrarán los 11 euros que cuesta el libro de donde lo he sacado, porque estos párrafos valen por el libro entero).

¿Qué quién es el autor? Bueno, eso queda para ustedes… ;-)

Si se compara con luz blanca el ideal puro espiritual (religioso), los ideales de las diversas culturas pueden compararse con las luces de colores que surgen cuando la luz pura aparece a través de cristales de colores.

Imagínate un hombre que desde su nacimiento vive siempre en una estancia en la que la luz entra sólo a través de cristales rojos. Éste quizá no se pueda imaginar que exista otra luz que la suya (la roja); considerará la cualidad roja como esencial a la luz, en cierto sentido no notará en absoluto la rojez de la luz que le rodea. En otras palabras: considerará su luz como la luz y no como un tipo especial de turbiedad de la única luz (pues eso es en realidad). Este hombre se mueve de acá para allá por su estancia, examina los objetos, los juzga, etcétera. Pero dado que su espacio no es el espacio, sino sólo una parte –delimitada por el cristal rojo- del espacio, sólo con que se mueva lo suficiente chocará inevitablemente con el límite de ese espacio.

Entonces podrán suceder varias cosas: uno se dará cuenta de la limitación, pero no puede romper el cristal y acabará resignándose. Dirá: “¡Así que mi luz no era realmente la luz! La luz sólo la podemos vislumbrar, y hemos de contentarnos con la nuestra, enturbiada”. Entonces, este hombre se llenará de humor o de melancolía, o de ambas cosas alternativamente. Pues el humor y la melancolía son los estados del ser humano resignado. Por eso el hombre no los conoce antes de que haya llegado al límite de su espacio, a pesar de que pueda seguir estando alegre y triste (pero alegría y tristeza no son humor y melancolía).

Otro hombre chocará con la limitación del espacio, pero no comprende del todo que se trata de la limitación, y acepta el asunto como si hubiera chocado con un cuerpo dentro del espacio. Para éste propiamente no cambia nada, sigue viviendo como antes.
Finalmente, un tercero dice: tengo que atravesarlo e introducirme en el espacio y la luz. Rompe el cristal y sale de su limitación a la libertad de lo abierto.

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Más extraño de lo que podemos imaginar

10 / Diciembre / 2007

Me ha encantado encontrarme por casualidad (aquí) este párrafo, con una cita célebre en su contexto:

Nuestra única esperanza de comprender el universo es la de que lo consideremos desde todos los puntos de vista que podamos. Ésta es una de las razones por la que los datos de la conciencia mística pueden complementar de una forma útil los de la mente en su estado normal. Ahora bien, mi propia conjetura es que el universo no sólo es más extraño de lo que imaginamos, sino más extraño de lo que podemos imaginar. He leído y escuchado muchos intentos de dar una explicación sistemática de él, desde el materialismo y la teosofía hasta el sistema cristiano o el de Kant, y siempre me han parecido que eran demasiado simples. Sospecho que existen más cosas en el cielo y en la Tierra de las que sueña, o puede soñar, cualquier filosofía. Ésa es la razón de que yo no tenga ninguna filosofía, y ha de ser mi excusa para soñar.
J.B.S. Haldane, Possible Worlds and other papers (1927).

J.B.S Haldane, FRS (1892-1964) fue uno de esos personajes excéntricos, geniales -y llenos de siglas- que sólo se pueden dar en Gran Bretaña, y por los que algunos somos anglófilos impenitentes. Esto es lo que escribió de él James Newman en The world of mathematics (1956):

J.B.S. Haldane es prodigioso. En mente y cuerpo su capacidad va más allá de lo que pueda imaginarse fácilmente. Por mor de una identificación conveniente, podríamos llamarle genetista; en su rama de conocimiento es una de las primeras figuras (su puesto es Profesor de Biometría en el University College de Londres). Ha hecho contribuciones, muchas de gran valor, a la biología, fisiología, medicina preventiva, botánica, hematología, teoría estadísistica, prevención de muertes en ataques aéreos y de los efectos de varios gases y otros agentes físico-químicos en el cuerpo humano… frecuentemente en el suyo. Se ha sometido a altas presiones, frío intenso, envenenamiento, inoculación de enfermedades, fiebres, parálisis temporales y otras incomodidades -realmente, ha hecho casi todo menos poner el cuello en las vías del tren- todo en nombre de la ciencia.

Newman no exageraba. Es verdad que Haldane tenía un valor temerario (que demostró en la Primera Guerra Mundial) y una indiferencia insólita por los sufrimientos físicos. Cuando en sus experimentos con cámaras hiperbáricas se perforó los tímpanos, su comentario fue que “el tímpano generalmente cicatriza, y si queda un agujero, uno se queda algo sordo, pero puede echar el humo del tabaco por los oídos, y eso es un logro social”. También es cierto que fue un científico de primerísima fila: el creador, con Wright y Fisher, de la genética de poblaciones, la ciencia que puso sobre un fundamento matemático a la teoría de la evolución. Y, aunque no lo decía Newman, hay que añadir que fue un magnífico escritor de divulgación.

Quizá no es sorprendente que un hombre así, “larger than life”, que dicen en los USA, tuviera ese concepto fascinante del mundo: “más extraño de lo que podemos imaginar”…

* * *

Coda 1: Y, se me ocurre ahora, no es tampoco sorprendente que un hombre pequeño (que basa su fama en divulgar y poner nombres felices a las ideas de otros), tenga una visión proporcionalmente pequeña: me refiero al mundo insondablemente aburrido de los replicantes mecánicos de Dawkins.

Coda 2: Me ha sorprendido que la cita muestra a un Haldane que simpatiza con el misticismo y desconfía de toda filosofía cerrada, porque tenía entendido que fue comunista. He encontrado que se convirtió al marxismo diez años después de escribir lo de arriba. Que un hombre como él sucumbiera a esa ideología (y nunca llegara a criticar abiertamente a Stalin… ¡ni a Lysenko!) da mucho que pensar.

Copleston en el quiosco (casi)

24 / Noviembre / 2007

El Mundo lleva varias semanas anunciando una colección de Grandes Pensadores que arranca hoy con un tomo dedicado a Sócrates y Platón, por sólo 1 euro (los siguientes valdrán 12,90). Como suele pasar en estas colecciones de quiosco, no había manera de saber quien es el autor (pero sí el dibujante de las portadas… así está el mundo/El Mundo). Ya tengo el tomo y el autor es nada menos que Frederick Copleston… El texto está sacado del primer tomo de su justamente célebre Historia de la Filosofía, publicada en español por Ariel.

Eso sí, no todo va a ser bueno: el texto tiene unas cuantas mutilaciones: cada vez que el buen Frederick (S. J.) pone una palabra en griego ¡zas! desaparece en la edición de El Mundo. Y alguna sección entera, como la que trata sobre de la física de Platón, también ha volado.

Aún así, está casi todo, y hay que agradecer que trae el texto completo de El Banquete, Fedón, y los libros 7 y 9 de la República, todo en tapa dura con cuadernillos cosidos. Eso sí: seguimos sin saber si los siguientes tomos estarán sacados del Copleston. Yo creo que mejor me compro los tomos que me faltan en la edición original: no quiero quedarme sin las letras griegas y sin (¡precisamente!) la física…

Un caballo es un caballo es un caballo

15 / Noviembre / 2007

caballo.

(Del lat. caballus, caballo de carga; cf. gr. καβάλλης, galo caballos, búlgaro ant. kobyla).

1. m. Mamífero del orden de los Perisodáctilos, solípedo, de cuello y cola poblados de cerdas largas y abundantes, que se domestica fácilmente.

(según el Diccionario de la Real Academia Española)

 

caballo.

Lo que es un caballo, resulta obvio para todo el mundo.

(según la Nowe Ateny albo Akademia wszelkiej scyencyi pełna, na różne tytuły, jak na classes podzielona, mądrym dla memoryału, idiotom dla nauki, politykom dla praktyki, melancholikom dla rozrywki erygowania)

***

La Nowe Ateny, etc, etc… fue la primera enciclopedia polaca, editada en Lwów en 1745-46 por Benedykt Chmielowski). En polaco, la definición es aún mejor: Koń jaki jest, każdy widzi. La Nowe Ateny tenía curiosas ilustraciones, pero por desgracia no hay ninguna de un caballo…

(Encontré la definición aquí)

No se puede no hacer nada

18 / Octubre / 2007

La semana pasada mi hijo, de 7 años, me contó su primer descubrimiento filosófico. La conversación fue justo a la hora de acostarse.

- ¿Sabes, papá, que no se puede no hacer nada?
- ¿Cómo que no? ¿Qué quieres decir?
- Bueno, yo ahora, tú dirías que no estoy haciendo nada, ¿no?
- Sí, no estás haciendo nada.
- ¡Pues no, porque estoy sentado en la cama! ¿ves? Estoy haciendo algo: estar sentado en la cama? ¡Siempre haces algo!

Pensé en la no-acción del Zen, pensé en el wu-wei del Tao, pensé en Watzlawick y su aforismo: “no se puede no comunicar”. Pero sólo dije:

-Bueeeno, hijo…, que es muy tarde y hay que dormir.