Hubo un tiempo, no muy lejano, en que la gente iba a misa los domingos. Las cosas han cambiado, pero no porque el domingo haya dejado de ser el día del Señor. Lo que ocurre es que el Señor ha cambiado. El adoctrinamiento no viene hoy del púlpito, sino del periódico del domingo. Y sobre todo, del suplemento de colorines.
Dentro de algunos siglos, estoy seguro, los historiadores estudiarán estos suplementos con pasión para entender la mentalidad de nuestra época. No hay una ventana mejor a la manera de ver el mundo, los valores, prejuicios y contradicciones de nuestra sociedad.
Por ejemplo, nuestro bodrio de hoy: el artículo de portada del El País Semanal (EPS) de hace una semana. Se titula Sexo: por puro placer. Además de la portada, doce páginas. Comienza así:
Vacíe su mente. Olvide su forma, sus aristas. Como el agua. A partir de esta línea sea sexo. Sólo sexo. Sin hipocresías, sin limitaciones. Sólo sexo. El sexo puede fluir o puede estallar en su cabeza. Lo que no puede evitar es que esté ahí. Es usted un animal, amigo o amiga mía. Enfréntese a estas líneas como tal. Deje a un lado cualquier tipo de prejuicio, inclinación política o moral. Sea sexo, amigo mío. Sólo sexo.
¿Doce páginas de esta literatura? No, tranquilos: el género no tolera artículos de más de cuatro páginas, y en eso se queda el artículo si quitamos las fotos de actos sexuales. Que son, claro, “artísticas” (se nota porque están en blanco y negro) . Lo que dice en resumen es que estamos viviendo una segunda revolución sexual gracias a Internet. Y que todo es fantástico. Un ejemplo de testimonio personal (el género demanda mucho testimonio personal):
Antonio tiene 37 años. Es soltero, heterosexual y sin pareja. “Es una cosa de no creerlo. Si estoy aburrido un viernes por la noche y me apetece echar un polvo, sólo tengo que encender el ordenador. Probablemente una hora después esté acostándome con una chica bastante cercana a mis gustos”, asegura.
Y digo yo: ¿dónde está la novedad?¿No era la prostitución “la profesión más antigua del mundo”? No se crean. La idea es que esto es sexo 2.0 y “no hay ánimo de lucro, sólo sexo libre y consentido”:
Más de un millón de españoles visitan cada mes páginas de Internet enfocadas a las relaciones sexuales esporádicas. La edad más habitual del usuario se sitúa entre 25 y 45 años, y en una proporción de 10 hombres por cada mujer. El perfil: cualquiera. Profesionales, acaudalados, funcionarios, asalariados mileuristas, amas de casa. La cama empieza a no entender de clases.
No merece la pena resumir el artículo, que por otra parte se lee en cinco minutos aquí. Lo que he citado es suficiente para apreciar el tono de arrobado entusiasmo con el que más que informarnos, se nos anuncia la buena nueva de un mundo en el que el ejecutivo yacerá con la mileurista, el negro y el rumano copularán juntos, de los móviles se forjarán consoladores y de las bombas pastillas de viagra.
Pero no me resisto a transcribir el final, que es antológico:
Tal vez le interese una aventura sencilla, aséptica y de nueva generación. Es la última moda. El toothing. Se trata de utilizar el dispositivo de bluetooth del teléfono móvil para ponerse en contacto con personas que no conoce. Esta práctica se ha extendido en Londres, sobre todo en medios de transporte donde la corta distancia ayuda. Usted puede recibir un mensaje más que picante de alguien. Eso no quiere decir que vaya a irse a la cama con un desconocido o desconocida. Pero ¿a quién no le pica el gusanillo de la aventura, de identificar a ese o esa amante furtivo?, ¿a quién no le gusta que le suban la autoestima? Por un momento sea sexo. Conecte su teléfono.
Increíble pero cierto: el redactor de El País no sabe que eso del toothing es un bulo (uno de esos hoax que proliferan en internet). Una broma que se le ocurrió hace tres años un periodista y en la que picaron muchos medios, entre otros El Mundo, siempre dispuesto a dar pábulo a cualquier tontería morbosa. Basta poner “toothing” en Google para encontrarse con esta referencia (que lo explicaba ya en abril del 2005) y con el correspondiente artículo de la Wikipedia.
¿Cómo es posible que el periodista haya picado el anzuelo, casi dos años después de que se destapara el pastel y sin que nadie en la redacción del periódico lo haya advertido? Yo creo que por la misma razón por la que se pica siempre en todos los timos: porque se quiere creer.
En otro post volveré a esto, porque este bodrio da para mucho…
(Más bodrios, aquí…)