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Antología de bodrios (XIII): El aura de los toreros

14 / Mayo / 2008

El bodrio de hoy se comenta solo. No podía dar crédito a mis ojos cuando me encontré hoy con esto en el respetabilísimo decano de la prensa madrileña (he marcado en color alguna frase especialmente afortunada):

El aura de los toreros

El acervo popular proclama que el torero, hecho de otra pasta, parece pertenecer a otra galaxia. Poseedor de un gran espíritu de sacrificio e incalculable valor, se juega la vida para conquistar la gloria. Ahora, y por primera vez, un estudio sobre su aura desvela que la energía espiritual es más importante que la física para llegar a figura. Así lo demuestra el análisis de Konstantin Korotkov, profesor de Física de la Universidad de San Petersburgo. Atraído por las cualidades de «estas personas tan especiales, con enorme predisposición anímica al éxito», constata que, a mayor energía espiritual antes de afrontar un reto, más opciones de triunfo. «La energía espiritual se transforma en física en el momento de competir en el ruedo», subraya. El científico mide las energías con la cámara Korotkov, creada en 1994: «Los dedos de las manos (que contienen la información holográfica) se colocan en la máquina para averiguar el campo electromagnético y la energía física y emocional que desprende el cuerpo», indica.
Después de muchos años de investigación con deportistas de élite y participantes en Juegos Olímpicos, se ha adentrado en el mundo del toro con su estudio sobre el aura -«muy usado en medicina en Estados Unidos, Alemania o Inglaterra»-. El pasado lunes puso en marcha el proyecto con el novillero Rubén Pinar, antes y después de su actuación en San Isidro. Balance: «Su energía espiritual es fortísima y, además, echa por tierra la teoría de que tras una competición se esté más agotado. Al acabar la corrida tenía más energía y gozaba a la par de un estado de euforia y tranquilidad. Esto confirma que su energía no sólo proviene de la alimentación y los entrenamientos, sino que es clave su estado interior». En opinión de los matadores, la parte psíquica es la más compleja de trabajar y controlar.
Los resultados están interrelacionados con las creencias, aspecto que se acentúa más en el torero, «pues posee una fe y una energía emocional superior a la del deportista». En el caso de Pinar, tan marcada estaba su zona espiritual que Korotkov le preguntó: «¿Crees en Dios?». «Sí», respondió. «Parecía que estaba conectado con el cielo, pero esa característica fue absorbida luego por la energía corporal. Es importante tener una creencia, porque te proyecta y eleva hacia arriba, como le ocurrió a Rubén, que a punto estuvo de abrir la Puerta Grande».
Korotkov continuó ayer su estudio con Diego Urdiales -de quien destacó su concentración y energía positiva- y proseguirá hoy con Luis Francisco Esplá y mañana con El Cid hasta completar un exhaustivo muestreo, ayudado del ganadero Victorino Martín, quien alaba el trabajo de «este prestigioso y reconocido físico». A pesar de que el tema «parapsicológico» puede conllevar cierta polémica y de las supersticiones en el planeta táurico, asegura que los toreros, rodeados de un halo especial, han acogido «muy bien este serio estudio». Ahora, conocer si uno tiene cualidades para ser figura está al alcance de los dedos de la mano.
* * *

Para saber más sobre Korotkov: su web y una entrevista en Discovery Salud. No lo he podido encontrar en la web de la Universidad Estatal de San Petersburgo, pero puede que se deba a que mi ruso no es precisamente fluido (o más bien no es). Lo que sí he encontrado son algunos papers en Google Scholar. Todos, ay, del Journal of Alternative and Complementary Medicine:

  1. Altered States of Consciousness: Review of Experimental Data Obtained with a Multiple Techniques Approach
  2. Bioelectrographic Correlates of the Direct Vision Phenomenon
  3. Gas Discharge Visualization Evaluation of Ultramolecular Doses of Homeopathic Medicines Under Blinded, Controlled Conditions
  4. Assessing Biophysical Energy Transfer Mechanisms in Living Systems: The Basis of Life Processes

El tema que más me ha impresionado es el de [2]: “A method for training children and adults to perceive visual information without using the eyes has been developed. A study was conducted to investigate the correlation of this perceptual capacity, known as direct vision (DV), with bioelectrographic measurements“. Y en el plano teórico, el objetivo de [4]: “To explain the energetic physiologic basis for acupuncture electroconductance effects and for gas discharge visualization (GDV) assessment methods, using a quantum biophysical model of entropy and information flows“.

Linking_not_thinking_01 (enseñanza)

26 / Noviembre / 2007

Inauguro una serie (que será esporádica) de posts para recoger enlaces que me han gustado y que dan que pensar. Como yo no puedo pensarlo todo (soy un hombre muy ocupado, que diría Loiayirga) los dejo para quien los pueda aprovechar… empezando por mí mismo, más adelante.

Para que esto no sea un batiburrillo, intentaré reunir enlaces con un hilo conductor. Hoy la cosa va de enseñanza.

Podemos empezar por la explicación, en 12 puntos, de por qué la educación va como va (por gentileza de Topo Universitario). Es una síntesis magnífica y creo que sólo descuida un aspecto: la nula valoración social que tiene el estudio. Pero eso lo explica muy bien Cayetano López en ¿Le importa a alguien nuestro nivel educativo?, publicado hoy en El País.

Capítulo aparte merece la secta pedagógica. En Antes de las cenizas vienen publicando unos certeros análisis de los dogmas de la pedagogía oficial. De momento van cinco entregas: los padres, la democracia, saber vs. comunicar, cooperar vs. competir, y legalismo.

Claro que si de demoler a la secta se refiere, el referente obligado es el Panfleto antipedagógico [pdf] de Ricardo Moreno Castillo (escribí sobre él en la prehistoria de este blog). Ahí se pueden leer cosas como esta:

La vida nos pone ante alternativas muy difíciles que no se van a resolver ignorándolas. Y esto es lo que se ha hecho en nuestro sistema educativo: ignorar que la calidad de la enseñanza y la ausencia de disciplina son incompatibles entre sí. Tenemos que optar por una de ellas o por la otra, y se pueden escuchar razones en ambos sentidos, pero lo no se puede es disfrutar de las dos. Si somos comprensivos con los violadores porque un mal paso lo da cualquiera, retrocederá la seguridad pública y quedará en entredicho la libertad sexual. Empeñarse en tener las dos cosas no es dar una solución política, es creer en la magia. Y la magia, que tan bien funciona en la literatura fantástica, aplicada a la política da malísimos resultados.

Quien prefiera la literatura fantástica se puede solazar con las declaraciones de nuestra ministra. En dos días, ha explicado que los estudios internacionales sobre la enseñanza en España “son injustos con España” (¡no nos ajuntan!) y que se opone a prohibir los móviles en clase, porque “personalmente no es partidaria de prohibir nada“…

En Francia, donde nació el apolillado prohibido prohibir que todavía enarbola nuestra ministra, están ya en otra cosa: contra la pedagogía lúdica. Aquí no caerá esa breva en unos cuantos años.

Andrés Ibáñez: Unger y la mirada

11 / Noviembre / 2007

[Ibáñez habla aquí de un tema que me fascina, del que he hablado en varios sitios, sobre todo en Invisibilidad de lo inmóvil. Adrián Unger es además un misterio: no he encontrado en la web nada sobre él ni sobre su libro.]

* * *

Publicado en ABCD el 10 de noviembre de 2007

Uno de los libros más extraordinarios que conozco es Investigaciones sobre la mirada, de Adrián Unger. Las investigaciones de Unger, fisiólogo de la universidad de los franciscanos de Löwen, se mueven en un terreno intermedio entre la anatomía y la poesía, entre la especulación y la metafísica. El libro es de 1946, y de él sólo existen, que yo sepa, una traducción al francés de 1958 y otra al inglés de 1959, que es la que yo leí hace unos años y que un milagroso azar me ha devuelto al fondo de uno de esos armarios que llevamos años sin revisar y que, al ser abiertos y aireados, nos muestran de pronto delicados fragmentos intactos de nuestro distante pasado.

El libro llegó a mí de una manera bastante curiosa. Lo encontré en la biblioteca de un camping (sic) en Edimburgo, Escocia, a principios de los años 80. Nunca he sido ladrón, pero aquel libro llamó tanto mi atención que al instante decidí quedármelo. Recuerdo que la lectura del libro me impresionó mucho entonces, pero los jóvenes están acostumbrados a sentirse impresionados y están convencidos, por otra parte, de que el mundo está abarrotado de misterios. ¿Qué es un misterio más cuando todo parece un misterio, cuando el sexo, el amor, el tiempo, el espacio, la identidad, el volumen, la memoria, los insectos, las constelaciones, la realidad toda, en definitiva, parece un inconcebible misterio? Por otra parte, mi inglés no era muy bueno en esa época, y no estoy seguro de haber comprendido del todo lo que afirma este libro escandaloso. Y es que, me digo, si de verdad hubiera entendido entonces lo que descubre Unger, si de verdad lo hubiera tomado en consideración, mi vida habría sido diferente.

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Andrés Ibáñez: Vamos a ver una cosa

12 / Septiembre / 2007

No es ningún secreto que me gusta la columna de Andrés Ibáñez en ABCD (aquí he colgado unas cuantas). Este mes de agosto publicó una que no puedo resistirme a reproducir. Quien lo lea sabrá por qué (gracias, loiayirga).

***

Vamos a ver una cosa
Por Andrés Ibáñez.
(publicado en ABCD las artes y las letras, 25 de agosto de 2007)

Carlos Martínez Alonso, director del CSIC, expone en un diario madrileño las siguientes opiniones: «mi percepción es que las humanidades están en el pasado… los libros te dicen poco? yo los contemplo como un fósil o como un hueso, pero nunca como parte de lo que altera lo que te rodea?» Declara además: «un libro está superado desde el momento en que nace; tiene una vida que termina justamente cuando el libro se hace».

¿Qué decir a todo esto? ¿Qué resulta más irritante? ¿La ignorancia, la arrogancia, el paternalismo?

Últimamente este tipo de ataques asesinos hechos con una gran sonrisa de cordialidad parecen estar a la orden del día. Los científicos afirman con total tranquilidad que los que no son científicos son tontos, y pretenden hacerlo además con buen rollo, como diciendo, «venga, si en el fondo estás deseando admitir que tengo razón.» Es lo mismo que le dice Martínez Alonso (es verdaderamente increíble) a la escritora Irene Zoe Alameda: «A ver si estás de acuerdo: en el caso de la ciencia, existe la realidad. Vosotros no tenéis realidad.» La tendencia de las humanidades en estos casos es casi pedir perdón, o bien afirmar que es cierto, que las humanidades no sirven para mucho (ya que una de las características del humanismo es, precisamente, intentar verse a sí mismo desde los ojos de otro), o bien buscar argumentos para defenderse, argumentos que acaban resultando pobres, sentimentales y poco convincentes.

Lo que NO suelen hacer los «humanistas» o escritores aludidos es, por lo general, contraatacar, es decir, decir qué es lo que piensan ellos de los científicos. Y eso es lo que yo me propongo hacer en esta ocasión.

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Antología de Bodrios (X): ABC y Francisco Umbral

5 / Septiembre / 2007

El pasado 28 de agosto fallecían Francisco Umbral y Antonio Puerta. El primero era uno de los escritores y columnistas más destacados de España, poseedor de todos los principales premios literarios, incluido el Cervantes. El segundo era un prometedor futbolista del Sevilla F.C., que tres días antes había sufrido una parada cardiaca durante un partido.

He aquí la portada del ABC del día siguiente, 29 de agosto de 2007 (les ruego miren con atención):

abc_minisuav.jpg

Efectivamente: por mucha atención que pongan no habrán visto la noticia del fallecimiento de Umbral. El ABC no es un diario deportivo, ni se trata de “prensa popular” (por lo demás, Umbral era una figura muy popular -de las que parodian los humoristas, vaya-). Al contrario, seguramente ningún diario de España tiene mayor tradición literaria, ni se enorgullece más de ella.

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Acreditación del profesorado universitario, por Francisco Sosa Wagner

16 / Julio / 2007

(de El Mundo Digital)

Se ha puesto en circulación el borrador del decreto que regulará las «pruebas de acreditación» para la selección del profesorado universitario. Se le esperaba, o más bien se le temía, desde que fue anunciado en la Ley de Universidades recientemente aprobada (12 de abril).

Para abrir boca conviene saber que, por primera vez en la Historia de España, se suprimen las pruebas públicas para ingresar en los escalafones de catedráticos y profesores, con la excepción de la que se anuncia en los concursos internos de las universidades para las personas que ya se encuentren «acreditadas». ¿Quiénes son estos? ¿Qué significa esta nueva palabreja? Básicamente sustituye a la de «habilitados», es decir, aquellos docentes que habían superado unos exámenes ante comisiones de siete miembros, especialistas designados por sorteo entre los catedráticos o, en su caso, profesores titulares de cada materia.

Una de las pintorescas razones dadas para cambiar el sistema es su coste pues, al parecer, resulta gravoso al erario público organizar tales comisiones con su cortejo de dietas y viáticos. Este modo de razonar olvida que hay muchas cosas caras en la universidad: ejemplo, mantener cargos y más cargos a dedo. Es evidente que no se trata de un argumento serio porque seleccionar a un profesor ni es gratis ni debe acomodarse a las épocas estacionales de las rebajas comerciales. (more…)

Savater sobre Dawkins & co.

5 / Julio / 2007

Interesantes las opiniones de un ateo sensato como Savater sobre los dawkinsianos (artículo completo en El País)

En los últimos tiempos han proliferado los libros en torno al fenómeno religioso o, más bien, contra la religión: Daniel Dennett, Richard Dawkins, Michel Onfray, Sam Harris, André Comte-Sponville, Christopher Hitchens… En ese catálogo, los autores anglosajones destacan por su agresividad y también por un cierto candor misionero en su refutación de las viejas creencias. Incluso dedican numerosas páginas a demoler las pruebas tradicionales de la existencia de Dios (que no han mejorado desde Tomás de Aquino), empeño que a estas alturas del siglo XXI, y con Hume, Kant y Freud a nuestras espaldas, resulta casi conmovedor de puro antiguo, como bordar fundas para almohadas o algo así. Al parecer dan por descontado que aportando razones lograrán librar a los ilusos de convicciones que, ay, ninguno de ellos ha adquirido por vía racional. Dicho sea en su descargo, los autores citados son más bien científicos (o partidarios de subordinar la filosofía a la ciencia, como antaño fue “criada de la teología”), o sea, expertos en el manejo de los números y en la experimentación con los hechos, pero deficientes en la comprensión de los símbolos.

También hace simpática su irritación la obstinación oscurantista con que los creyentes norteamericanos se emperran en convertir la Biblia en un tratado de geología o de paleontología inspirado por la divinidad. Que hoy todavía, cuando tanto ha llovido ya desde el Diluvio, en el país científicamente más desarrollado del mundo, el llamado “diseño inteligente” tenga el triple de aceptación popular entre la población que lo enseñado por la biología actual sobre la evolución de las especies es como para impacientar a cualquiera. Sobre todo cuando este abuso de piedad tiene efectos prácticos peligrosos, pues uno de cada tres norteamericanos piensa que no es urgente tomar ninguna medida contra el cambio climático porque en esas cosas hay que fiarse de la voluntad de Dios…

Como en Europa tal uso fundamentalista de la religión no es corriente, el acercamiento que incluso los más críticos tenemos al fenómeno de la creencia religiosa suele ser más matizado. A mi libro La vida eterna algunos le han reprochado un planteamiento demasiado comprensivo de la fe (otros muchos lo han censurado por lo contrario, desde luego). Una reseña acaba con gracia lamentando que “a este paso, acabar con la religión nos va a costar Dios y ayuda”. La verdad es que no considero tal liquidación un objetivo deseable (además de que lo tengo por imposible). Me parece que la religión es un tipo especial de género literario, como la filosofía, y combatirla como una plaga más sin atender los anhelos que expresa es empobrecedor no sólo para la imaginación, sino hasta para la razón humana. Temo que tan crédulos son quienes utilizan la Biblia para combatir a Darwin como los que dan por sentado que una dosis adecuada de neurociencia disipará todas las brumas teológicas. Además, he vivido lo suficiente para no pretender privar a nadie de ningún consuelo que pueda hallar frente a la desbandada del tiempo y el dolor, aunque yo no lo comparta. El único consejo adecuado que se me ocurre para los que padecen exceso de celo religioso es el que, inútilmente, ya formuló hace mucho Santayana: “Las doctrinas religiosas harían bien en retirar sus pretensiones a intervenir en cuestiones de hecho. Esta pretensión no es sólo la fuente de los conflictos de la religión con la ciencia y de las vanas y agrias controversias entre sectas; es también la causa de la impunidad y la incoherencia de la religión en el alma, cuando busca sus sanciones en la esfera de la realidad y olvida que su función propia es expresar el ideal”.

***

Me da la impresión de que Savater modera mucho su crítica para no deslucir su fama de comecuras (la prueba: la siguiente mitad del artículo, completamente inconexa, está dedicada, como para contrapesar, a vituperar a los obispos por su oposición a la Educación para la Ciudadanía). Gente filosóficamente más simple, como Arcadi Espada, no le perdona su sutileza.

[Comentario off-topic: sorprende que Savater siga fiel a El País después de ser víctima de la censura...]

Phrónesis

17 / Mayo / 2007

Tenemos mucho que (re)aprender de Aristóteles. Por ejemplo, que la sensatez es un prerrequisito para la ética. Que la sensatez nace de la experiencia, no de la ciencia. Y que estamos hablando de virtudes, no de normas abstractas.

(Resumo del magnífico libro sobre Aristoteles de Jesús Mosterín…)

En el alma humana hay una parte apetitiva o volitiva –el ethos o carácter- y otra parte pensante o cognitiva –la diánoia o razón-. Las virtudes éticas o morales, las virtudes del ethos, son hábitos de decidir lo mejor –el término medio óptimo- en cada caso. Pero el conocimiento de lo mejor es ajeno al ethos y procede de la diánoia.

Dentro de la dianoia o parte pensante del alma distingue Aristóteles tres tipos de funciones: contemplativas (científicas), prácticas y productivas. A estos tres tipos de funciones corresponden tres tipos de virtudes (aretés).

Desde el punto de vista ético, las más importantes de estas virtudes son las prácticas. A la virtud o areté práctica por excelencia llama Aristóteles phrónesis (prudencia o sensatez). Es el hábito de encontrar el término medio óptimo en cada caso y determinar el curso de acción correcto: el hábito de dar en el clavo. Pero no en parcelas especializadas, sino en la vida: “Parece propio del hombre prudente el poder discurrir bien sobre lo que es bueno y conveniente para el mismo, no en un sentido parcial, por ejemplo, para su salud o fuerza, sino para vivir bien en general”.

Nuestro ethos, nuestro carácter, nuestros deseos, han de dejarse controlar y dirigir por la razón práctica: la prudencia marca el rumbo a las virtudes éticas.

La prudencia no es una ciencia. La ciencia trata de lo universal, mientras que la prudencia siempre lo es de lo particular. No es el resultado de abstracciones científicas, que pueden ser captadas fácilmente por jóvenes inteligentes, sino el resultado de larga experiencia de lo particular. Por eso los jóvenes, que carecen de experiencia, necesitan seguir el consejo de algún varón prudente y experimentado. Y por eso no sirven para la política, que es una variedad de la prudencia. “Los jóvenes pueden ser geómetras y matemáticos, y sabios en cosas de ese tipo, y, en cambio, parece que no pueden ser prudentes. La causa de ello es que la prudencia tiene por objeto también lo particular, con lo que uno llega a familiarizarse por la experiencia, y el joven no tiene experiencia, porque hace falta tiempo para adquirirla”.

Andrés Ibáñez: Cambiar el mundo

8 / Mayo / 2007

¿Dije que cada vez me gusta más Andrés Ibáñez? :-)  (Las negritas del final son mías)

Publicado en ABCD, 5 de mayo de 2007

Fíjese que lo que resulta imposible es no cambiar el mundo. Inténtelo usted, inténtelo. Yo, por ejemplo, al escribir este artículo, estoy cambiando el mundo. Tengo una taza de té aquí a mi lado. Me la tomo. Ya no hay té en la taza. He cambiado el mundo.

Pero a lo mejor es que yo no entiendo bien en qué consiste eso de «cambiar el mundo». Vamos a ver. No seamos ceporros. No seamos literales. Yo oigo a mi alrededor que hay algunos escritores que escriben «para cambiar el mundo».

Ah, ya. Entre la línea anterior y ésta han pasado unos cuarenta minutos. He hecho un par de llamadas de teléfono. Ya, ya, ya. Me explican que «cambiar el mundo» significa luchar contra la injusticia. A uno de mis interlocutores le he preguntado que a qué injusticia se refería, ¡y me ha colgado el teléfono! A otro le he recitado aquello de Walt Whitman de «no veo ni una sola imperfección en todo el universo» y me ha dicho que yo era un fascista y un reaccionario. Le he contestado que los fascistas veían imperfecciones en todas partes y querían cambiar miles de cosas. Y luego, ingenuo de mí, me he atrevido a preguntar, ¿tiene algo que ver con el fascismo, eso de cambiar el mundo? Y otra vez me han colgado.

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Andrés Ibáñez: Estoy harto

28 / Abril / 2007

Cada vez me gusta más Andrés Ibáñez…

[Publicado en ABCD de las artes y las letras, 28-04-2007]

Creo que si oigo otra conferencia más, si leo un artículo más, si participo en otro debate más sobre el tema de la literatura «plana» y «fácil» contra la literatura «exigente» y «difícil» me voy a poner a gritar. No, estoy gritando ya. ¡Estoy harto, harto, hartooooooooooooooooo!

Ya se imaginarán ustedes que esto viene a cuento del discurso de Antonio Gamoneda al recibir el Premio Cervantes. Aprovecho la ocasión para darle la enhorabuena al poeta, pero ¿otra vez con lo mismo? ¿Es que no podemos hablar de otra cosa? ¿Es que no podemos pasar al siguiente punto del orden del día? Y es que cuando se habla de literatura, de poesía, del arte de la novela, se pueden tratar temas verdaderamente interesantes. Ahí están las cartas de Keats, o las de Rilke, o los ensayos de Bajtin, o los de Blanchot, o los de Lezama, o tantos otros textos que reflexionan sobre el hecho literario, desde los sublimes, como el de Heidegger hablando de Trakl, hasta los transparentes como el de Gao Xingjiang hablando sobre la forma en que él entiende el «compromiso». Porque la discusión intelectual está muy bien, pero esta discusión absurda que enfrenta continuamente a unos poetas con otros, a unos novelistas con otros y a unos críticos con otros, tiene poco de intelectual, es de bajo vuelo, se basa en presupuestos falsos y, me parece, no lleva a ningún sitio.

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