Archivos de la categoría ‘Sociedad’

Paradigmas (I): Juzgar es difícil

26 / Mayo / 2008

Hay que reconocer que juzgar es difícil. Para hacerlo bien tendríamos que tener todos los elementos, todas las facetas del problema a la vista. Eso, estrictamente, sólo es posible en un sistema formal como la lógica o las matemáticas, donde tenemos problemas “cerrados”. Pero en cuanto salimos al mundo real, deja de estar claro qué elementos “entran” y cuales “no entran” en el problema: en realidad, todo está conectado con todo, de modo que todos los problemas son abiertos, tienen un contorno difuso.

¿Qué hacemos entonces? No podemos suspender el juicio indefinidamente, de modo que recurrimos a un paradigma: un marco conceptual que nos dice qué es relevante y qué no lo es. El paradigma convierte el problema abierto en un problema cerrado.

Por ejemplo: si nuestro problema es elegir con qué material hacemos una pared en una casa, el paradigma de la física clásica nos dice que lo relevante es la resistencia estructural del material, su conductividad térmica y su calor específico. Podemos prescindir de su precio, de su textura, de si según cierta religión es “impuro” o “puro”, de si es de fabricación nacional o importado… Obviamente todos esos factores “irrelevantes” pueden no serlo: el precio casi nunca lo será (y habrá que introducir un paradigma adicional para juzgar: el económico), pero los otros factores también pueden ser importantes en ocasiones.

Cuando tenemos que resolver un problema o hacer un juicio, solemos pensar que basta con dos cosas: conocer los hechos y tener claro cuales son nuestros fines, lo que consideramos bueno y malo. Pero no es así, porque los “hechos” son siempre demasiados, y para separar el trigo de la paja hace falta el paradigma.

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La Universidad: de Berlín a Bolonia, marcha atrás

23 / Mayo / 2008

Otro artículo sobre Bolonia que dice las cosas claras y que complementa al de Julio Carabaña que enlacé hace algunos días. Esta vez es Emilio Lamo de Espinosa, uno de nuestros sociólogos más prestigiosos (al menos para mí) y que lo sabe todo sobre la Universidad. Publicado en ABC el 19 de mayo, me ha llegado a través de Madri+d. Un resumen en una frase: estamos transformando toda la enseñanza universitaria en formación profesional post-secundaria.

* * *

La Universidad, entre Berlín y Bolonia

por Emilio Lamo de Espinosa
(Catedrático de Sociología. UCM)

«En la organización de instituciones de enseñanza superior todo depende de aferrarse al principio de que el conocimiento es algo no enteramente descubierto y siempre enteramente por descubrir, y que debe ser incesantemente perseguido». Así afirmaba el memorando «Sobre la organización interna y externa de instituciones de enseñanza superior en Berlín» que Wilhelm von Humboldt redactó en 1810 y que sirvió de base para la fundación de la Universidad de Berlín. Un evento que con seguridad conmemoraremos en dos años, pues lo merece. Lo que todavía no sabemos es si celebraremos el triunfo de aquel proyecto o su definitivo fracaso.

Efectivamente, la fundación de la Universidad de Berlín es tenida como el punto de partida, no sólo de la moderna Universidad, sino también de la ciencia. Pues al argumentar que se enseña lo que se investiga, y viceversa, Humboldt le otorgó cobijo institucional a la ciencia cuyo desarrollo había sido por completo ajeno a la Universidad, realizando el sueño de una Casa de Salomón del visionario Bacon. Y de paso, por supuesto, revitalizó una viejísima institución (de las más longevas, según demostró hace años Clark Kerr) por entonces ya caduca, tanto que los Ilustrados la habían condenado. La fusión de la ciencia y la Universidad que allí se fraguó dio lugar a la figura del asalariado a quien se paga para que investigue, del trabajador de la ciencia, por mucho que entonces estuviera encubierto bajo el manto del funcionario prusiano, del Herr Professor. Era el germen de la producción industrial de la ciencia, y con ello el germen de la moderna sociedad del conocimiento.

Berlín fue la semilla que incentivó el sistema universitario alemán que, para finales del siglo XIX, era ya la meca del mundo intelectual adonde acudían los jóvenes estudiosos ya fuera de Estados Unidos, del Japón que se occidentalizaba, o becados por la española Junta para la Ampliación de Estudios. Y cuando Estados Unidos se lanza a ampliar su sistema universitario tras la desmovilización de la Gran Guerra (qué hacer con los soldados tras la paz es siempre mal problema), es el modelo alemán el que aplica y generaliza. En la segunda posguerra no será el modelo, sino a los mismos científicos a los que dará cobijo. Si hoy Estados Unidos tiene a diecisiete de las veinte mejores universidades del mundo y un 80 por ciento de los premios Nobel se debe a ello.

Pero hay instituciones que mueren de éxito y la Universidad puede ser una de ellas. Por supuesto para Humboldt sólo una minoría podía acudir a la Universidad; se estima que no más de un 1 por ciento. Y todavía cuando Ortega se pregunta en 1930 por las misiones de la Universidad su elitismo está fuera de discusión. Formar profesionales, generar ciencia y producir alta cultura, pues tales son las citadas misiones, es tarea de minorías. Lógico. En 1900 había 29.000 estudiantes universitarios. Para los años treinta la cifra había ascendido a algo más de 100.000. Pero cuando en 1983 elaboramos la Ley de Reforma Universitaria la cifra ya se ha disparado a 700.000, y hoy hay más de sesenta mil sólo en los postgrados, y en el grado hay millón y medio. Entre medias ha tenido lugar un evento crucial: la democratización de la Universidad. Y con él, el cambio de la cantidad en calidad. (más…)

Antología de bodrios (XIII): El aura de los toreros

14 / Mayo / 2008

El bodrio de hoy se comenta solo. No podía dar crédito a mis ojos cuando me encontré hoy con esto en el respetabilísimo decano de la prensa madrileña (he marcado en color alguna frase especialmente afortunada):

El aura de los toreros

El acervo popular proclama que el torero, hecho de otra pasta, parece pertenecer a otra galaxia. Poseedor de un gran espíritu de sacrificio e incalculable valor, se juega la vida para conquistar la gloria. Ahora, y por primera vez, un estudio sobre su aura desvela que la energía espiritual es más importante que la física para llegar a figura. Así lo demuestra el análisis de Konstantin Korotkov, profesor de Física de la Universidad de San Petersburgo. Atraído por las cualidades de «estas personas tan especiales, con enorme predisposición anímica al éxito», constata que, a mayor energía espiritual antes de afrontar un reto, más opciones de triunfo. «La energía espiritual se transforma en física en el momento de competir en el ruedo», subraya. El científico mide las energías con la cámara Korotkov, creada en 1994: «Los dedos de las manos (que contienen la información holográfica) se colocan en la máquina para averiguar el campo electromagnético y la energía física y emocional que desprende el cuerpo», indica.
Después de muchos años de investigación con deportistas de élite y participantes en Juegos Olímpicos, se ha adentrado en el mundo del toro con su estudio sobre el aura -«muy usado en medicina en Estados Unidos, Alemania o Inglaterra»-. El pasado lunes puso en marcha el proyecto con el novillero Rubén Pinar, antes y después de su actuación en San Isidro. Balance: «Su energía espiritual es fortísima y, además, echa por tierra la teoría de que tras una competición se esté más agotado. Al acabar la corrida tenía más energía y gozaba a la par de un estado de euforia y tranquilidad. Esto confirma que su energía no sólo proviene de la alimentación y los entrenamientos, sino que es clave su estado interior». En opinión de los matadores, la parte psíquica es la más compleja de trabajar y controlar.
Los resultados están interrelacionados con las creencias, aspecto que se acentúa más en el torero, «pues posee una fe y una energía emocional superior a la del deportista». En el caso de Pinar, tan marcada estaba su zona espiritual que Korotkov le preguntó: «¿Crees en Dios?». «Sí», respondió. «Parecía que estaba conectado con el cielo, pero esa característica fue absorbida luego por la energía corporal. Es importante tener una creencia, porque te proyecta y eleva hacia arriba, como le ocurrió a Rubén, que a punto estuvo de abrir la Puerta Grande».
Korotkov continuó ayer su estudio con Diego Urdiales -de quien destacó su concentración y energía positiva- y proseguirá hoy con Luis Francisco Esplá y mañana con El Cid hasta completar un exhaustivo muestreo, ayudado del ganadero Victorino Martín, quien alaba el trabajo de «este prestigioso y reconocido físico». A pesar de que el tema «parapsicológico» puede conllevar cierta polémica y de las supersticiones en el planeta táurico, asegura que los toreros, rodeados de un halo especial, han acogido «muy bien este serio estudio». Ahora, conocer si uno tiene cualidades para ser figura está al alcance de los dedos de la mano.
* * *

Para saber más sobre Korotkov: su web y una entrevista en Discovery Salud. No lo he podido encontrar en la web de la Universidad Estatal de San Petersburgo, pero puede que se deba a que mi ruso no es precisamente fluido (o más bien no es). Lo que sí he encontrado son algunos papers en Google Scholar. Todos, ay, del Journal of Alternative and Complementary Medicine:

  1. Altered States of Consciousness: Review of Experimental Data Obtained with a Multiple Techniques Approach
  2. Bioelectrographic Correlates of the Direct Vision Phenomenon
  3. Gas Discharge Visualization Evaluation of Ultramolecular Doses of Homeopathic Medicines Under Blinded, Controlled Conditions
  4. Assessing Biophysical Energy Transfer Mechanisms in Living Systems: The Basis of Life Processes

El tema que más me ha impresionado es el de [2]: “A method for training children and adults to perceive visual information without using the eyes has been developed. A study was conducted to investigate the correlation of this perceptual capacity, known as direct vision (DV), with bioelectrographic measurements“. Y en el plano teórico, el objetivo de [4]: “To explain the energetic physiologic basis for acupuncture electroconductance effects and for gas discharge visualization (GDV) assessment methods, using a quantum biophysical model of entropy and information flows“.

Deconstruyendo Bolonia

9 / Mayo / 2008

Ahora que parece que empiezan las protestas de los estudiantes, he pasado un rato buscando en la web páginas contra “lo de Bolonia”, sin encontrar gran cosa. Me sorprende tan poca movilización en este mundo supuestamente 2.0.

Pero he encontrado una joya: un artículo de Julio Carabaña, catedrático de Sociología de la Educación de la Universidad Complutense. Una joya porque explica qué es realmente Bolonia. No sé cuantas docenas de artículos habré leido sobre esto, ni a cuantas reuniones he tenido que asistir sobre lo que Bolonia exige y cómo tenemos que adaptarnos, ni cuantas veces hemos especulado en conversaciones de café sobre de dónde sale todo esto y para qué puede servir. Tiempo perdido: con haber leído, en media hora, este artículo habría estado infinitamente mejor informado.

Quien no quiera dedicarle ni siquiera media hora, puede leer en dos minutos sus conclusiones:

  1. La única cuestión sustantiva es la de las competencias profesionales que se concedan a los estudios cortos y a los largos.
  2. El programa de Bolonia no conduce ni siquiera lógicamente a los objetivos que dice pretender (es decir, facilitar la circulación de titulados y estudiantes, y más en particular, llegar a un sistema de títulos fácilmente comparables y reconocibles).
  3. En cualquier caso nuestra ordenación universitaria actual estaba ya tan adaptada al Espacio Europeo de Educación Superior como la de cualquier otro país.

En este último punto el autor es contundente:

Resultado en parte de la inercia de la tradición y en parte de los impulsos de reforma y renovación, nuestro sistema universitario está actualmente formado por primeros ciclos de tres años, segundos ciclos de dos años y títulos integrados de cuatro o cinco años muchos de ellos con dos ciclos. Esta estructura cumple ya con el programa de Bolonia mucho más que la adoptada en Alemania en 1998, que se limita a establecer títulos cortos sin prácticamente estructura cíclica. Podríamos incluso describir los acuerdos de Bolonia diciendo que consisten en que todos los países europeos adopten el modelo español de ordenación universitaria. Quizás sea esto un poco exagerado, pero no es mala manera de decir que podíamos habernos quedado quietos.

¿Pero qué hay de la otra faceta, la renovación pedagógica, el convertir al alumno en el protagonista de su aprendizaje y todo eso? Pues puro humo:

Fuera de algunas observaciones sobre el ‘aprendizaje a lo largo de la vida’ (anglicismo que sustituye al galicismo ‘formación permanente’ usual hasta ahora) no he encontrado mención a la didáctica en los documentos de Bolonia.

(Del mismo autor, Topo Universitario comentó un interesante artículo -aunque en mi opinión algo más discutible- sobre los informes PISA)

Antología de bodrios (XII): Una nota necrológica

16 / Abril / 2008

Con ocasión del reciente fallecimiento de Arthur C. Clarke se han publicado muchas necrológicas, unas más afortunadas y otras menos. Al segundo grupo pertenece la que le dedicó Miguel Ángel Sabadell en su columna de ciencia del diario gratuito 20minutos el pasado 26 de marzo. No la he encontrado en la web, así que la copio aquí:

Arthur C.Clarke, in memóriam

Hace justo una semana murió en Sri Lanka quien, en palabras del director de cine Stanley Kubrick, fue el ideólogo de la «proverbial buena película de ciencia ficción». Su muerte, a los 90 años de edad, ha traído a mi memoria la muerte de ese animal mediático que fue Diana de Gales. Medio mundo lloró a moco tendido la pérdida de esa niña-luego-mujer de papá que casó con el eterno heredero a la corona del Reino Unido y que tras su divorcio consiguió lo que ni Ivana Trump haciendo lo propio hubiera soñado. Seguramente que ni uno solo de esos cientos de millones de llorosos y desconsolados ha derramado una gota por sir Clarke, al que le deben infinitamente más. Sin él, el famoso Meteosat o los satélites de comunicaciones dormirían el sueño de los justos. En1945 señaló que los satélites de telecomunicaciones deberían colocarse en órbita geoestacionaria (a unos 36.000 km por encima del ecuador).

Tuve la suerte de entrevistarle en 2004 en su casa de Colombo, situada justo al lado de un colegio católico, algo que sir Clarke me recordó con su habitual socarronería. No era para menos: para él la religión era un virus de la mente. Atado a una silla de ruedas durante décadas debido a un síndrome pospolio, vivía en la casa de la familia de quien aseguraría fue su gran amor, el cingalés Leslie Ekanayake, muerto en un accidente de buceo (una de las pasiones de sir Clarke) y a quien escribió una hermosa dedicatoria en su novela Las fuentes del paraíso.

De los dos días de entrevista, grabada por mi buen amigo Fernando Guerra para un documental nunca emitido, pude comprobar su humanidad, optimismo, humor y fina ironía. Hoy sólo me queda por recordar una frase del protagonista de la soberbia obra de Ibsen Un enemigo del pueblo: “La mayoría siempre se equivoca”. Diana (¿quién demonios sabe su apellido?) y Sir Clarke están muertos, pero sólo uno merece la pena ser recordado.

Puedo pasar por alto que Ekanayake “muriera en un accidente de buceo” (fue de moto). Puedo admitir que se destaque la tontería de “la religión como virus de la mente”. Puedo disculpar que saquen a Clake del armario postmortem (cuando él nunca lo hizo en vida, y así lo han respetado todos los medios).

Hasta estoy dispuesto a tolerar que al fallecido se le llame cuatro veces Sir Clarke. Lo que no puedo perdonar a Don Sabadell es que diga que de no ser por Clarke “el famoso Meteosat o los satélites de comunicaciones dormirían el sueño de los justos”. Porque eso implica, claro está, que de no ser por Colón todavía no se habría descubierto América. Y hasta me hace dudar: si Magallanes no hubiera existido, ¿la Tierra sería redonda? (más…)

La uniformidad y el gas ideal

10 / Abril / 2008

En el post anterior criticaba la “superstición de la uniformidad”, y terminaba diciendo que “puede ocurrir que unas reglas del juego perfectamente justas e igualitarias produzcan un resultado muy alejado de la uniformidad, incluso cuando todos los jugadores sean idénticos”.

Probablemente el ejemplo más sencillo de este caso es el de las moléculas de un gas ideal. No puede haber sociedad más igualitaria: todas son idénticas y todas se tratan con todas (su trato consiste en chocar elásticamente, pero no se puede pedir mucho refinamiento a una molécula). Parece que, dadas estas condiciones, todas deberían tener la misma energía. Pero no es así: en realidad, podemos encontrar moléculas con cualquier valor de energía.

La energía tiene una distribución estadística que fue encontrada por primera vez por J.C. Maxwell. Esta es su gráfica:

En el eje horizontal figura la energía, en unidades adecuadas; en el eje vertical, representamos un valor f(E) que mide la probabilidad de tener esa energía. Los valores muy altos de energía son muy improbables, pero la probabilidad no llega a ser nunca estrictamente cero.

Vamos a considerar moléculas “ricas” al 20% que tiene más energía (son las que están por encima del “nivel de riqueza” Nr marcado en la gráfica) y moléculas pobres al 20% menos energético (por debajo del “nivel de pobreza” Np). Aquí no se cumple el principio de Pareto, porque resulta que el 20% de moléculas ricas posee el 46% (y no el 80%) de la energía total, pero no deja de ser un reparto claramente desigual (quizá parece más desigual si lo presentamos diciendo que el 20% de moléculas pobres posee sólo el 3,7% de la energía total). (más…)

Pareto y la superstición de la uniformidad

9 / Abril / 2008

Vilfredo Pareto fue un ingeniero italiano, notable, además de por su sonoro nombre, por introducir varios conceptos matemáticos en la economía. Sin embargo, es recordado sobre todo por el Principio de Pareto, que ha logrado entrar en el selecto club de las leyes pop (como la ley de Murphy o el Principio de Peter).

En esencia, el Principio de Pareto dice que la mayoría de los resultados (o de los recursos) los produce (o los posee) una minoría. “Mayoría” suele traducirse por “80%” y “minoría” por “20%”.

Pareto encontró este resultado estudiando la distribución de la riqueza en varios países. Pero se ha aplicado en muchos otros casos: se dice que el 80% de las consultas al médico las genera el 20% de la población; que el 80% de la producción de una empresa se debe al 20% de los trabajadores; que el 80% de los accidentes de tráfico los causa un 20% de los conductores; que un 80% de la contaminación producida por los vehículos la emite un 20% de éstos, etc, etc.

La mayoría de las veces no hay datos reales que respalden esos números… pero era de esperar: ya hemos dicho que se trata de cultura pop. Lógicamente, entonces, el principio tiene mucho predicamento en el mundo del management: Se acepta como un artículo de fe, por ejemplo, que el 20% de nuestras actividades nos proporciona el 80% de los resultados. La clave para un mayor rendimiento sería centrarse en esas actividades productivas.

Hace poco leí un artículo que cuestionaba esta idea. Puede que esa proporción sea cierta, decía, pero esto no sirve de mucho si no podemos identificar de antemano el 20% “útil”. Y, aunque pudiéramos, a lo mejor resultaba que el 80% “inútil” era en realidad necesario para sustentar al otro 20% (igual que dedicar tiempo al sueño -o tener fincas en barbecho- no disminuye la productividad sino que la aumenta).

Esto me interesó porque enlaza con algo que llevo pensando hace tiempo. Cuando se citan instancias del principio de Pareto se presentan casi invariablemente como algo malo: si el 80% de la riqueza está en manos del 20% de la población, eso sólo puede significar que la sociedad es injusta; si el 80% de la producción la genera el 20% de los trabajadores, es que hay mucho vago en la empresa, y así. Pero en realidad no sabemos cual es el grado justo de desigualdad. Lo que ocurre es que asumimos que el estado natural y deseable de las cosas es un estado de reparto igualitario, y que por tanto las desviaciones respecto de esa igualdad son perversas y deben ser corregidas.

Esto es lo que llamo la superstición de la uniformidad, y cada vez está más extendida: si en una facultad hay una asignatura con muchos suspensos se abre una investigación al profesor; en un hospital, se exige la destitución del jefe del servicio con mayor tasa de mortalidad, etc.

Es una superstición porque puede ocurrir que unas reglas del juego perfectamente justas e igualitarias produzcan un resultado muy alejado de la uniformidad. La razón más obvia es que a menudo los jugadores tendrán cualidades diversas. Pero la razón más interesante es otra. Porque, incluso cuando todos los participantes sean idénticos, el resultado no será uniforme.

Lo veremos en el próximo post.

Julián Marías: Una vida presente

16 / Marzo / 2008

Sólo vi una vez a Julián Marías, en la Feria del Libro de Madrid. Estaba en una caseta, mano sobre mano, con un aspecto algo desamparado, sin que nadie se acercara a pedirle una firma. Yo había leído un libro suyo, “La felicidad humana”, y había algún otro que me interesaba, pero siempre he sido muy vergonzoso para estas cosas. Nuestras miradas se cruzaron un segundo y me fui.

Me arrepentí luego. Don Julián tenía más de ochenta años y me dije que no habría muchas más ocasiones de verle; que cuando volviera a la Feria, me acercaría con un libro y hablaría con él. No hubo ya ocasión.

Cuando leí las necrológicas, en diciembre de 2005, aumentó mi interés por él. Supe que estuvo preso tras la Guerra Civil, y que cuando salió fue ninguneado vergonzosamente (su tesis doctoral debe ser la única que fue calificada con suspenso en la historia de la universidad española). Y la marginación continuó hasta su muerte, pues nunca fue querido por los hunos (que no le perdonaban que fuera demócrata y leal a la República) ni por los hotros (que le despreciaban por su liberalismo político y su catolicismo).

Tuve curiosidad por sus memorias, “Una vida presente”, sobre todo por el primer tomo, el que trataba la infancia y juventud (siempre lo más interesante en unas memorias) y la época de la República y la Guerra Civil. Estaba agotado. Y no se reeditó tras su muerte: muy significativo del interés que despertó.

Hace cosa de dos meses lo encontré en una librería de viejo, por cinco euros, y lo he leído con creciente interés. Tiene un estilo austero, nada “literario”. Me dio la impresión de que estaba escrito de corrido, y así resultó ser: cerca del final, Marías dice que nunca hace borradores (llama la atención que el libro se comenzó el 14 de julio de 1988 y se acabó el 26 de agosto de 1988: casi 400 páginas en poco más de un mes).

Pero al ir avanzando en su lectura, uno se va dando cuenta de que, a pesar de la ausencia de énfasis, estamos ante un hombre admirable que cuenta una historia admirable: la de alguien que nunca formó parte de ninguna capilla o secta cultural o política, que lo pagó caro, pero que fue capaz de vivir con dignidad en un ambiente indigno.

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¿Ley de potencias en las elecciones?

12 / Marzo / 2008

(Vaya: anoche no me dio tiempo a acabarlo y hoy veo que se me han adelantado los de Microsiervos. Pero ya que lo tengo hecho, por lo menos voy a poner las gráficas…)

Cuando vi la web del Ministerio del Interior con los datos del escrutinio de las elecciones, se me ocurrió (¡como es lógico!) ver si siguen una ley de potencias. Y esto es lo que sale:

eleccio2.jpg

Con esta perspectiva, se ve que los dos grandes partidos no han modificado nada sus resultados, y son puntos anómalos en la distribución. Fijándonos en los demás, podría haber un tramo, entre los 10^4 y los 10^6 votos, en los que las gráficas son casi rectas y tendríamos una ley de potencias. Pero la pendiente está, a ojo, en torno a -0.5, lo que daría un exponente en torno a 1.5, que para una ley de potencias sería raro, raro.

Lo curioso es que la cola de la distribución de 2008 se ajusta estupendamente por una exponencial. Esto es lo que sale una gráfica semilogarítmica:

eleccio3.jpg

Los datos de 2008 dibujan una recta casi perfecta. No se si esto es casualidad (la verdad es que no parece que pase para los datos de 2004) pero es un resultado curioso.

Cuando los políticos nos trataban de usted

7 / Marzo / 2008

¿Se acuerdan?

Vote centro

En 1982 la propuesta estrella de Felipe González fue que iba a crear ochocientos mil puestos de trabajo. Fue tan sonada que todavía nos acordamos. Todo el mundo tomó nota y González fue criticado sin misericordia cuando después el paro aumentó en lugar de disminuir (algún humorista se choteó diciendo que la promesa era “ochocientos o mil”, y sólo entre amiguetes ya habían colocado a más).

¡Cómo ha cambiado el aprecio por la verdad! En el debate electoral del lunes, oí a Zapatero prometer dos millones de puestos de trabajo: de pasada, sin mover un músculo. Y Rajoy ni se molestó en preguntarle cómo iba a operar semejante multiplicación de panes y peces. Pero es que además nadie parece haber tomado nota, hasta el punto de que empezaba a dudar de si había oído bien y lo he buscado en Google: efectivamente, ya antes de empezar la campaña Zapatero lo había prometido.

Lo peor es que he encontrado que ¡Rajoy también ha prometido dos millones de puestos de trabajo! (bueno, un pelín más, que no se diga: dos millones doscientos mil).

Gane quien gane, no se crearán esos puestos de trabajo. ¿Pedirá cuentas alguien al presidente del gobierno, como se las pedían a Felipe González? No. Ni siquiera recordaremos las promesas: no las recordamos ni ahora. Lo que dicen los políticos lo calificamos automáticamente como stercore tauri.

Esto es preocupante porque vacía al discurso de contenido. Y si el contenido no tiene importancia, el debate es sólo una performance que tiene como excusa los temas que se tratan, pero en el que el objetivo es escenificar las virtudes propias: honradez, humanidad, solvencia, fiabilidad (y, sobre todo, humildaz: “yo soy más humilde que tú”) y los vicios ajenos: incompetencia, mendacidad, aventurerismo, dureza de corazón… Me recuerda la idea que exponía Robert Hughes en La cultura de la queja: la falta de una cultura crítica nos hace incapaces de apreciar los argumentos. No hay apelaciones a la razón, sólo a las emociones, a identificarse con el candidato que “es de los míos”, y por eso no hay que pedirle cuentas.

En fin. Iba a seguir pero me da una pereza invencible la política. Qué tiempos, cuando nos trataban como a adultos: de usted.