Archivos de la categoría ‘Tecnología’

Antología de bodrios (XI): La nanotecnología da el braguetazo

20 / Enero / 2008

Pido perdón por el título, pero no he podido resistirme: ¿cómo calificar la noticia de que en Braga (Portugal) se va a abrir un macro centro hispano-luso de nanotecnología en el que trabajarán nada menos que 200 investigadores? A unos cuantos físicos y químicos les ha tocado la lotería: el centro costará 113 millones de euros y tendrá un presupuesto anual de 30 millones.

Ayer me reí un buen rato leyendo la noticia en El Mundo (como ocurre a menudo en este diario, la versión online es bastante distinta –y menos disparatada- de la del periódico en papel). La información, sobre la XXIII Cumbre Hispano-Lusa, llevaba este titular a 4 columnas: “Zapatero y Sócrates crearán un laboratorio que les llevará al ‘liderazgo’ en nanotecnología”. Y en la entradilla: “Invertirán 113 millones en un centro de investigación sobre esta ciencia desconocida”.

¡La nanotecnología es una ciencia desconocida! Lo será para el autor de la noticia: no hay más que meter “Nanotechnology” en Google para encontrar casi 12 millones de resultados: más que los que salen con “Zapatero” y “Sócrates” juntos (8 y 1,1 millones respectivamente, con la inestimable ayuda del maestro de la mayéutica en el segundo caso).

Pero el periodista insiste: en el cuerpo de la noticia leemos que los científicos “trabajarán sobre una desconocida ciencia que investiga la materia en sus bases [sic] más pequeñas”. Eso de las “bases” nos lo aclara en la siguiente frase: “A escala de micrómetros, es decir, los átomos y las moléculas”. Hombre, no. Si fuera a escala de micrómetros (10-6 m) sería microtecnología. Si se llama nanotecnología es porque aquí se trata de manipular la materia a escala de nanómetros, que es mil veces más pequeña (10-9 m). Esta escala sí se corresponde con la de los átomos y las moléculas (por ejemplo, el parámetro de red del silicio es de 0.54 nm), mientras que la de los micrómetros es la escala típica de las células.
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El cuarto invento del reverendo Farish

5 / Diciembre / 2007

¿Puede haber algo más básico en la enseñanza que hacer exámenes y ponerles notas? Nos parece algo tan natural que seguramente nunca nos hemos preguntado quién fue su inventor. Y sin embargo, no es en absoluto natural. Como explica Neil Postman en Tecnópolis, las notas fueron inventadas hace poco más de docientos años:

La primera calificación de los exámenes de los estudiantes tuvo lugar en la Universidad de Cambridge en 1792, por indicación de un tutor llamado William Farish. Nadie tiene muchos datos sobre Farish, apenas algunos han oído hablar de él. Y, con todo, su idea de que se deba asignar un valor cuantitativo a los pensamientos humanos fue un paso adelante fundamental en la construcción de un concepto matemático de la realidad.

Farish es, efectivamente, un personaje más bien oscuro. Al parecer, fue el inventor de la perspectiva isométrica, de un antecedente del mecano, y de un tabique móvil desplazado por poleas (que, cuenta Postman, destruyó en una noche de frío (?)). No he podido encontrar más sobre él. Las notas serían el cuarto invento de este excéntrico reverendo inglés. Y este invento sí que fue realmente trascendente:

Si se puede otorgar un número a la calidad de un pensamiento, entonces se puede otorgar un número a la calidad de la misericordia, el amor, el odio, la belleza, la creatividad, la inteligencia, incluso hasta la misma cordura. Cuando Galileo afirmó que el lenguaje de la naturaleza se escribe en términos matemáticos, no pretendía incluir el sentimiento humano ni el talento ni la intuición. Pero la mayoría de nosotros estamos ahora inclinados a hacer esas inclusiones. A nuestros psicólogos, sociólogos y educadores les es muy difícil realizar su trabajo sin números. Están convencidos de que sin números no pueden adquirir ni expresar el auténtico conocimiento.

Naturalmente, este mundo numérico no tiene su origen sólo en el invento de Farish. Pero quizá en pocos campos como el de la enseñanza la idea de cuantificación ha tenido más arraigo y nos ha resultado más natural.

NOTA: Tras copiar las citas de Postman, me las he encontrado aquí, con un enlace además al texto original en inglés del primer capítulo de Tecnópolis, un libro extraordinario del que debería volver a hablar….

El futuro no nos necesita

22 / Octubre / 2007

Hace poco censuraba la “candidez” de José Antonio Marina ante las consecuencias de la ingeniería genética. Es quizá disculpable: Marina es un filósofo, no un experto en la dinámica de la tecnología. No es tan fácil encontrar voces autorizadas en este campo.

Por un lado, muchos presuntos expertos en tecnología son en realidad tecnófilos enamorados de los gadgets. Y aquí de lo que se trata no es de las aplicaciones directas de tal o cual invento, sino de cómo altera nuestro ecosistema social. Esto es mucho más difícil de evaluar, porque es un efecto sistémico. Cuando se inventó el motor de explosión, no era difícil predecir el automóvil. Pero ¿quién iba a imaginar el carnet de conducir, las ciudades-dormitorio o la crisis del petróleo?

Para contrarrestar a los tecnófilos enganchados a sus juguetitos, tenemos a una horda de ludditas, vestidos hoy de ecologistas o de new-age, que ven en la tecnología una fuerza deshumanizadora y se oponen por sistema, con un discurso emotivo pero a menudo irracional.

Hacer predicciones es muy difícil, especialmente cuando se trata del futuro (como dijo Niels Bohr). Pero si queremos tener alguna posibilidad de acertar, necesitamos consultar a otro tipo de gente: expertos en tecnología que comprendan que lo esencial no son los chismes, sino el sistema que forman con nosotros, o ecólogos que entiendan la tecnología. No debe haber muchos, pero se me ocurren Lewis Mumford, Freeman Dyson, James Lovelock… y acabo de descubrir uno nuevo: Bill Joy.

Nacido en 1954, Joy es uno de los niños prodigio de la primera generación del boom de la informática (como Bill Gates y Steve Jobs, que nacieron un año después). Creador de una difundida versión de UNIX, co-fundador de Sun Microsystems y uno de los padres del Java, nada hacía pensar que Joy fuera otra cosa que un geek crecidito.

Pero en el año 2000, salió del armario con un largo artículo en la revista Wired titulado Why the future doesn’t need us, en el que denunciaba los riesgos de las tecnologías más prometedoras del nuevo siglo: la ingeniería genética, la nanotecnología y la robótica (para abreviar, las tecnologías GNR).

El análisis de Joy me parece muy lúcido porque se centra en un punto clave, un punto que casi nadie comprende. José Antonio Marina decía que “todas las técnicas nuevas -desde la metalurgia a la energía nuclear- pueden utilizarse bien o mal. Y ésta [la ingeniería genética] también”. Tranquilizador, pero falso. Las tecnologías GNR son muy distintas a tecnologías anteriores. Y lo son porque son auto-replicantes. A diferencia de una espada o una bomba atómica, una bacteria se reproduce a sí misma. Y eso lo cambia todo radicalmente. Quien no lo entienda, debería repasar qué es una progresión geométrica y qué es una explosión.

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Científicos locos

8 / Octubre / 2007

La figura del científico loco tiene ya una larga tradición: el Dr. Frankenstein, el Dr. Jekyll o el Dr. Strangelove han encarnado el ángulo inquietante de la ciencia, un ángulo que fue iluminado por primera vez por el precursor de todos estos doctores: el Dr. Fausto.

Sería cómodo descartar toda esta tradición como una mera fantasía literaria, como un simple mito. Pero cuando una historia alcanza la categoría de mito ya no es nunca un simple mito: de alguna manera, es algo que ha entroncado con nuestras preocupaciones más íntimas, se ha convertido en un núcleo de significado, un núcleo que condensa intuiciones colectivas que sin ese mito permanecerían más difusas y por eso menos comunicables.

Creo que el mito del científico loco expresa la intuición de que la ciencia está profanando el mundo, un mundo que en la antigüedad estaba lleno de dioses (como dijo Tales, que es, paradójicamente, el abuelo de la ciencia). En cambio, para la ciencia, como para el personaje de Wordsworth,

Un narciso en la ribera del río
era para él un narciso amarillo.
Y no era nada más.

No hay dríades ni náyades: un árbol es un árbol, un río es un río. Este desencantamiento del mundo fue percibido primero por los hombres de sensibilidad más sutil: los artistas como Goethe o Blake. Fue analizado más tarde por los intelectuales más perspicaces, como Max Weber. Y llegó al gran público con los científicos locos de Hollywood.

Que la ciencia desencante necesariamente el mundo es un asunto muy discutible (escribí algo aquí). Yo diría, parafraseando a Pasteur, que “un poco de ciencia desencanta el mundo; mucha ciencia lo vuelve a encantar”. Pero esto nos alejaría de nuestro tema. El caso es que percibimos instintivamente que para la ciencia el mundo no es sagrado, y eso tiene una carga emocional: nos da miedo, es una profanación. Y pensamos oscuramente que, como en las tragedias griegas, algo malo nos tiene que ocurrir en castigo a nuestra hybris.

Ahora bien, saliendo de las oscuras intuiciones a la clara luz de los hechos, ¿tiene este miedo alguna base?¿Hay algo de cierto en el estereotipo del científico loco? Algo hay, por desgracia. No en vano Kubrick se inspiró en un personaje real, Edward Teller, para su Dr. Strangelove. La película es de 1964: era la época de la guerra fría y las armas nucleares eran la principal amenaza para la humanidad. Teller, el físico padre de la bomba H, era un buen modelo.

En 2007, el principal peligro es seguramente la biotecnología. Mi propuesta para nuevo modelo de científico loco es Craig Venter, que el sábado anunció la creación de un cromosoma artificial, obtenido ensamblando genes individuales (con unas gotas de sensacionalismo -añadidas por el propio Venter, que se basta solo- esto se ha convertido en la creación de vida artificial).

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El turco mecánico de Amazon

8 / Octubre / 2006

La inteligencia artificial ha sido un éxito relativo (o un relativo fracaso, según como nos guste ver la botella). Una causa de ese fracaso es que muchas fáciles para los humanos han resultado ser muy difíciles para los ordenadores. Ejemplos típicos son reconocer rostros, traducir, transcribir una entrevista…

¿Qué hacer? Podemos decir: “trabajaré mas duro”, como el caballo Boxer, o podemos dar un paso atrás: si son tareas tan fáciles para los humanos, ¿por qué no hacer que las hagan los humanos, al fin y al cabo?

Aquí entra el Turco Mecánico: un dispositivo que imitaba la inteligencia artificial con inteligencia natural…la única que había en el S XVIII. Esa es la idea que han tenido en Amazon: hacer inteligencia artificial artificial. He aquí lo que es el Mechanical Turk, explicado por Wired y por la Wikipedia. Según Wired,

Amazon Mechanical Turk is a Web-based marketplace that helps companies find people to perform tasks computers are generally lousy at – identifying items in a photograph, skimming real estate documents to find identifying information, writing short product descriptions, transcribing podcasts. Amazon calls the tasks HITs (human intelligence tasks); they’re designed to require very little time, and consequently they offer very little compensation – most from a few cents to a few dollars.

Parece que la idea tuvo un gran éxito cuando se lanzó pero ahora está renqueando (no es extraño con las miserias que pagan…). Pero la cuestión no es si esta iniciativa en concreto (que al fin y al cabo es una versión beta) triunfa o no, sino lo que representa.

Poco a poco Internet va mostrando su potencial, de modos que, como siempre, nadie había previsto. Aquí hora estamos en un debate sobre como encontrar y utilizar el talento: The Economist le dedica su portada esta semana. Precisamente ahí es donde me he enterado de la exitencia del Turco, que no es un elemento aislado sino una aplicación dentro de lo que ya se llama crowdsourcing. Una vez más, según Wired:

Remember outsourcing? Sending jobs to India and China is so 2003. The new pool of cheap labor: everyday people using their spare cycles to create content, solve problems, even do corporate R & D

Una de las iniciativas más interesantes parece la de InnoCentive, que está en cierto modo en el extremo opuesto del espectro que el Turco: aquí se busca a gente cualificada (pero no necesariamente con título) que resuelva problemas de I+D a las empresas…

Lo cual de mucho, mucho que pensar: ¿qué va a ocurrir con el modelo actual de i+d?¿Y con la universidad?¿y con la seguridad social, los impuestos, las jubilaciones? Al final, ¿será todo esto bueno o malo?

¿Cómo ha cambiado Internet tu vida?

24 / Octubre / 2005

(del 20minutos)
DÍA DE INTERNET
¿Cómo ha cambiado Internet tu vida?
V.R. y M.T.. 21.10.2005 - 16:56h
Multitud de actos e iniciativas conmemorarán por primera vez el próximo 25 de octubre la irrupción de Internet en nuestras vidas. Siendo sinceros, muchos de nosotros ya no sabríamos vivir sin la Red.
Continúan artículo y comentarios (more…)

Wired 8.04: Why the future doesn’t need us.

17 / Octubre / 2005

Why the future doesn't need us.

Issue 8.04 - Apr 2000

Our most powerful 21st-century technologies - robotics, genetic engineering, and nanotech - are threatening to make humans an endangered species.

By Bill Joy

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Me he encontrado la referencia a este artículo, que citaba Martin Rees en "Nuestra hora final", en esta interesante web que se llama naturalSCIENCE