Lovejoy cap. 6: La cadena del Ser en el pensamiento del S. XVIII, y el lugar y papel del hombre en la Naturaleza

[p183] Es sorprendente que fuera en el S. XVIII cuando la concepción del universo como una Cadena del Ser y los principios de plenitud, continuidad y gradación que subyacen alcanzaron su máxima difusión y aceptación.
[p184] No se debió, claro, a una influencia directa de la filosofía griega o escolástica, sino a la de los dos filósofos de finales del SXVII que tuvieron más influencia: Leibniz, como hemos visto, y también Locke.
En este capítulo estudiaremos como afectaban estas ideas a la concepción del hombre.

[A] La cadena del ser y el lugar del hombre en la naturaleza

[p186] Cuatro consecuencias que reducían la importancia del hombre

(1) Una idea muchas veces repetida desde la Edad Media a la Ilustración: “tout est créé pour l’homme”. Contra esto (y contra los argumentos teleológicos en general) va el principio de plenitud, pues según él, cada eslabón en la cadena no existe para los demás sino por sí mismo. Descartes fue el principal oponente de esta teleología en el SXVII, aunque también se opusieron todos los filósofos importantes de este siglo (Bolingbroke: los seres sensibles son como los dramatis personae, y el mundo no ha sido creado para los actores, sino para la obra)
(2) [p189] Era costumbre decir que el hombre era un eslabón intermedio de la cadena: hay más distancia hacia arriba que hacia abajo, pero somos intermedios en el sentido de punto de transición entre los seres meramente sintientes y los intelectuales.[p192] Los eslabones superiores en el SXVIII empezaron a concebirse de manera naturalista: no como ángeles sino como extraterrestres (Kant pensaba que cuanto más lejanos del Sol los extraterrestres, maás sutil su inteligencia).
(3) [p195] Esta continuidad como motivo de igualdad era algo en lo que la teología tradicional siempre había insistido, pero es curioso que no se hubiera sacado la conclusión de que el hombre es sólo infinitesimalmente superior a la siguiente especie no humana. Esto se empezó a hacer en el SXVIII. Al cerrar el cisma entre el hombre el resto de los animales, se preparó el camino para considerarlos consanguíneos: el evolucionismo.
(4) [p198] La definición del hombre como eslabón intermedio (en el que acaba la serie animal y empieza la intelectual) daba a la visión del hombre como criatura en conflicto consigo misma una mayor agudeza y un aire de necesidad metafísica, aunque el origen de esta visión estaba en el dualismo platónico, la oposición paulina entre “carne” y “espíritu”, y la experiencia moral de muchas generaciones.

[B] [p200] Algunas consecuencias políticas

(1) Una primera consecuencia moral: ética del punto medio (Pope, Rousseau): la tarea del hombre es estar en su puesto; tratar de imitar las excelencias de los seres superiores es tan inmoral como hundirse en los niveles inferiores => una especie de racionalismo antiintelectualista [p202] Esta concepción lleva a un rechazo de los ideales moreales más exigentes (eg.: estoicismo) y sobre todo del “otromundismo” característico de la tradición cristiana y platónica (aunque curiosamente el principio de plenitud es precisamente una consecuencia del platonismo)
(2) Esta “mediocridad” del hombre implicó para algunos un pesimismo político: somos incapaces de gobernarnos bien (citas de Soame Jenyns) => no merece la pena embarcarse en reformas sociales.
[p205] Ante esto, crítica: el hombre puede alcanzar una perfección relativa, adecuada a su naturaleza.
En realidad, lo que ocurre es que el hombre puede ver más allá de sí mismo y de ahí viene su insatisfacción. Pero esta insatisfacción debería ser algo requerido por su posición en la escala, y si es algo necesario ¿no apunta a que quizás no estamos condenados a permanecer en el mismo sitio, sino llamados a ascender por la escala?
(3) Otro modo en el que la cadena del Ser desalentaba los movimientos igualitarios: el universo es el mejor de los sistemas, y en él se alcanza la máxima variedad mediante la desigualdad. Así, en la sociedad humana cada uno debe cumplir su papel y no aspirar a salirse de él (Pope, Leibniz). Pero a la vez cada criatura es un fin en sí misma, no está hecha para servir a otra.

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