Andrés Ibáñez: Carta a un religioso

(publicado en ABCD las artes y las letras, 11 de marzo de 2006)

Si crees en Dios tal y como dices que crees, si crees en un Dios infinito, omnipotente, sustrato de todo lo que existe, ¿cómo puedes entonces creer que haya algo que no sea Dios o que haya seres humanos que crean en «otros» dioses o en un Dios «falso»? Si crees en un Dios que es único, ¿cómo puedes no darte cuenta de que todos los que creen en Dios creen en el mismo Dios que tú, aunque lo llamen con otro nombre y lo representen de otra forma?

Si Dios es como tú dices creer que es, entonces, ¿para qué necesita una religión? ¿Para qué necesita normas? ¿Para qué necesita prelados? El mundo entero debería ser su templo. Cada hombre debería ser su templo. Si Dios es como tú dices creer que es, entonces debería ser un Dios de los seres humanos, no un Dios de los cristianos, de los musulmanes, de los hinduístas o de los judíos. Ningún ser humano puede ser más que un ser humano, ni tampoco puede ser menos. Si Dios es una realidad, si no es sólo una idea o un bello pensamiento, y si es la Realidad última, la posibilidad última de lo Real, aquello que es lo Real en sí mismo, entonces, ¿cómo podría nada quedar fuera de esa realidad? ¿Por qué razón debería hacer falta cumplir ciertos preceptos, aprender ciertas normas, decir ciertas palabras para congraciarse o entrar en contacto con Dios, si Dios es lo Real? ¿Acaso no es Dios lo que es Real en nosotros? Y si no crees que Dios sea eso, entonces, ¿en qué Dios crees?

normas y leyes. ¿Crees en un Dios compuesto de normas y leyes? Entonces se parece mucho a la naturaleza. ¿Crees en un Dios con forma? Entonces parece una creación humana. Si Dios es lo que yo creo que tú crees que es, entonces debería estar más allá de la forma, porque la forma es el reinado de la percepción humana, las categorías del pensamiento, la articulación del lenguaje. La prohibición del islam de representar a Dios, la prohibición de los ídolos de la Biblia, la costumbre del hinduismo a representar a Dios con las más variadas imágenes, hombres, mujeres, animales o símbolos, todo apunta en la misma dirección: que Dios tiene todas las formas porque no tiene ninguna. Por esa misma razón está por encima de la religión y de las religiones, ya que la religión es pura forma: leyes, preceptos inamovibles, prohibiciones, lenguaje fijado.

Decir que Dios «es amor» no es decir nada, porque de Dios no se puede decir nada. Lo que se puede decir corresponde al lenguaje, a la forma y a la mente, y Dios está más allá de la mente. Ponerse a diferenciar luego distintas formas de amor es entrar todavía más en el terreno de la forma. «Eros», «ágape», «caritas», son sólo palabras.

el miedo al cuerpo. Dios no puede «ser amor» a no ser que entendamos que el amor lo permea todo y lo une y lo explica todo. Claro que el cuerpo o la sensualidad pueden ser un obstáculo. En la vida humana todo puede ser un obstáculo: también el miedo al cuerpo, también el celibato enfermizo, también la «pureza». No hay nada que sea en sí mismo un obstáculo para el amor o para la realización de Dios o que no pueda serlo. Tú diferencias entre el amor sensual y el amor que no lo es. Pero ¿cómo un ser humano podría tener un amor que no esté ligado, de algún modo, a los sentidos? ¿Y cómo podría un amor estar definido sólo por los sentidos? Amar eróticamente a una mujer o a un hombre no es amar a un cuerpo físico, una suma de huesos y músculos, sino amar a una persona, y una persona es un misterio que se hunde y se hunde sin cesar en el gran abismo de Dios. Ese límite que intentas en vano establecer entre el «cuerpo» y el «espíritu», no existe. Jamás lograrás explicar satisfactoriamente por qué el cuerpo es malo, por qué la homosexualidad es pecaminosa, por qué es preferible morir antes de practicar el sexo fuera del matrimonio. Un Dios que «creyera» ese tipo de cosas sería un Dios maligno, limitado y mezquino, y yo no lo querría cerca de mí.

Si Dios es amor, entonces no puede estar en las palabras, ni en una cierta palabra, ni en una distinción entre palabras. Ha de estar, más bien, en el amor de las palabras, en esos vínculos que las unen entre sí y que son el fundamento del lenguaje de la poesía. La mente ve diferencias, pero el corazón sólo ve semejanzas.

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2 respuestas a Andrés Ibáñez: Carta a un religioso

  1. Miguel dijo:

    no tengo palabras para describir tu escrito, soy AA y sabes creo que si: todo lo que esta al rededor, todo lo que nos rosa, todo lo que vemos absolutamente todo es algo que DIOS nos da y sabes no se si la flor se mueve por el viento por l infinita bondad de DIOS pero se que existe y es duelno y amo de este universo.

  2. Silencio, ¡carajo! dijo:

    Mijo, deja de hacérteme el duro y si de verdad buscas respuestas -y no solamente hacerte el bárbaro-, busca en los grandes que han sentado las bases de las religiones. La religión es necesaria para gente que no se puede explicar las verdades superiores, como tú. ¿Y cómo carajo esperas que se exprese una realidad supraracional sin analogía? A Dios se le atribuyen las virtudes para poder expresar Su plenitud y la variedad de denominaciones tienen el fin de la contemplación de su perfección. Ninguna religión o tradición es mejor que otra sino que han habido diferentes para los diferentes seres humanos. Cada una se adapta a formas de pensamiento distintas y el que está bajo una, si es una persona normal que aún no se haya puesto por encima de las diferencias, ha de tener plena confianza en quienes le guían e ignorar las otras religiones ya que se confundiría. ¡Aj!, eso del celibato “enfermizo” dan ganas de borrar el artículo de mierda éste. ¿¡Qué sabes tú!? Cuando una persona es incapaz de expresar el amor a través de la contemplación y necesita obligatoriamente realizar el acto en carne no sabe amar verdaderamente. Si tú necesitas ver un milagro para creer en él no tienes fe alguna. La homosexualidad llevada a la práctica es una abominación, pero ella en sí es una anomalía como muchas que nos intentan destruir. Yo no soy mojonero, ¡es así! Es un acto ateo el tener relaciones sexuales con fines que no sean de procreación pues éste no es algo a lo que se ha de dedicar la vida, sino al amar a Dios. El acto no tiene nada de malo si es para lograr las necesidades biológicas pero si se hace por vicio y placeres sin finalidad clara y coherente alguna (que es lo mismo que vicio) es un pecado. Los homosexuales tienen un gran reto en la vida y están destinados por su Creador al celibato, en el cual no pecarán. Pero, bueno, con gente como tú los homosexuales ahora pueden destruir el sagrado sacramento del casamiento -diseñado únicamente para una pareja según el orden decido de la creación- y las vidas y proyecciones del mundo de centenares, si no miles, de niños aún ignorantes de la Verdad. ¡Carajo! Si uno no sabe, ¡se calla! Así no infesta mentes aún abiertas y moldeables y no vira al revés el orden establecido por los que sí conocen. Este articulito es una gran basura y da pena. ¡¿Cómo osas ofender tan profundamente algo que desconoces tanto?! Si no das para más que sembrar boniatos vete y vive tu mojón solito…

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