La futilidad del intelectual

Un párrafo devastador de Byan Appleyard en “Understanding the present”, que vale por todo un libro:

(p107) El intelectual es alguien que no puede aceptar la plana simplicidad de la visión burguesa del mundo, con su progreso fácil y su ciencia que todo lo conquista. De modo que se busca sus sistemas de mostrar que el mundo es más elaborado, más fino y más inclusivo que cualquier cosa que pueda haber en los sueños de Homais [el farmacéutico de Madame Bovary]. Pero el esfuerzo parece fútil, primero porque sus sistemas son invenciones, ficciones, obras de arte. No tienen nada que se parangone con las simples certezas burguesas. Y en segundo lugar, incluso si alcanzaran una certeza comparable, permanecerían el un ámbito marginal del intelectual: en la pequeña “café-society” que ha caracterizado la vida intelectual moderna. Cada camarilla intelectual, cada grupo de artistas, cada moda de buen gusto es una continuada expresión de la esterilidad del papel que el intelectual ha elegido para sí mismo.

Porque la verdad es que lo que la búsqueda del intelectual realmente necesita es una religión, y sin embargo está en la naturaleza fundamental del la intelectualidad que esa es la única cosa que el intelectual no puede tener. No puede abrazar la vieja fe, ni puede inventar una nueva. Todas sus ideas están condenadas a pasar su tiempo en los márgenes de una cultura que ha elegido su propia fe, su propia metafísica [el materialismo burgués] y que no quiere nada de sus refinamientos.

(La traducción es mía, no hay que yo sepa edición española).

Addendum (12-11-2006): Más adelante (p231) vemos que esto está inspirado por una idea de Max Weber:

La necesidad de los intelectuales literarios, académicos o de la café-society de incluir sentimientos religiosos en el inventario de sus fuentes de impresiones y sensaciones, y entre los temas de discusión, nunca ha dado origen a una nueva religión. Ni puede generarse un renacimiento religioso por la necesidad de los autores de componer libros, o por la mucho más efectiva necesidad de los editores de venderlos. No importa cuanto pueda simularse la apariencia de un extendido interés religioso, ninguna nueva religión ha resultado nunca de las necesidades de los intelectuales ni de su cháchara. (Max Weber, Sociología de la Religión)

“Toda la historia que he descrito puede verse como una especie de nota al pie a la intuición de Weber”, dice Appleyard.

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