De la biología a la ética y de MacIntyre a Sabato, con Dios al fondo.

 

(Repasando “Tras la virtud de A. MacIntyre)

Hay muchos autores que afirman que el fundamento de la ética es nuestra necesidad biológica de solidaridad. Somos miembros de una especie social, tenemos forzosamente que convivir, y la reciprocidad facilita esa convivencia. No es una idea nada sorprendente, de hecho es la única base sólida que podemos encontrar si partimos de una postura puramente naturalista. Con este enfoque, Axelrod y otros han conseguido demostrar que la evolución puede dar lugar a comportamientos cooperativos.

Tenemos pues una hipótesis plausible sobre el origen evolutivo de la moral. Pero esta idea encierra una paradoja destructiva, porque una vez aceptamos esa verdad, no tenemos ningún motivo para seguir actuando moralmente.

En efecto, yo como individuo no tengo ninguna obligación, absolutamente ninguna, de guiarme por lo que vaya a ser bueno para la especie. Con esta visión, las normas morales sólo son un truco que usan nuestros genes para manipularnos, y en el momento en que me doy cuenta de esto, ya no les debo ninguna lealtad.

La única manera de seguir teniendo un motivo para obrar moralmente sería, pues, atribuir a la moralidad otra legitimidad que no sea el bien colectivo de la especie. La tesis de MacIntyre en Tras la virtud es que ni el utilitarismo, ni la filosofía moral analítica, ni sus predecesores Hume, Diderot o Kant nos proporcionan ninguna legitimidad válida. Sólo atribuir una finalidad al hombre puede hacerlo. Porque si el hombre tiene una finalidad, un telos, como decía Aristóteles, entonces, los juicios sobre la bondad son juicios funcionales, y pueden ser verdaderos o falsos. Y, de paso, se acaba toda la confusión de criterios morales en que vivimos.

Pero si es verdad que el auténtico fundamento de la ética es biológico, debemos abandonar la idea de encontrar ese telos: desde Darwin, la teleología está proscrita en biología. En definitiva, la postura naturalista nos lleva a que sólo podemos actuar moralmente si vivimos engañados. En el momento en que tomamos conciencia sobre el auténtico fundamento de la moral, la moral se autodestruye.

Y sin embargo, nos negamos a creer esto. Nos negamos a creer que nuestra conciencia, que nos capacita para la ética, haga precisamente ésta imposible. No puede ser que la evolución haya producido tal incongruencia. Si pensamos que la conciencia no puede ser un mero accidente evolutivo, un epifenómeno, la espuma de las olas que no juega ningún papel en el mar, entonces tiene que haber una coherencia, un sentido.

Dicho de otro modo: puede que todo, incluso nuestra moral, sea producto de la evolución, y que la evolución sea ciega, mero azar y necesidad. Si nos damos cuenta de esto, y lo aceptamos como verdadero, como un hecho, no nos queda ningún argumento a cada uno de nosotros, como individuo, para actuar moralmente. Si a pesar de eso seguimos actuando moralmente, ¿cómo interpretar este nuevo hecho? Podemos decir que este hecho es irrelevante: lo hacemos por sentimentalismo, porque irracionalmente preferimos apegarnos a las normas que aprendimos en la infancia…O podemos considerar que este hecho es importante y significativo. ¿Y que significado le atribuimos? Es difícil decirlo, pero creo que podría ser algo a lo que apunta Ernesto Sabato en “Hombres y engranajes”.

Creo que el enigma empieza a ser menos enigmático si invertimos la cuestión: no preguntar cómo es posible que se luche cuando el mundo no parece tener sentido y cuando la muerte paree ser el final total de la vida; sino, al revés, sospechar que el mundo debe tener sentido, puesto que luchamos, puesto que a pesar de toda la sinrazón seguimos actuando y viviendo, construyendo puentes y obras de arte.

Puesto que, a pesar de no tengamos ningún argumento para actuar moralmente, añadiría yo, seguimos haciéndolo…Sabato continúa:

¿No será acaso que nuestro instinto es más penetrante que nuestra razón, esa razón que nos descorazona constantemente y que tiende a volvernos escépticos? Los escépticos no luchan y en rigor deberían matarse o dejarse morir en medio de una absoluta indiferencia. Y sin embargo la enorme mayoría de los seres humanos no se dejan morir ni se matan y siguen trabajando enérgicamente como hormigas que por delante tuvieran la eternidad.

Desde que leí, hace muchos años, este párrafo, pienso que es una peculiar demostración de la existencia de Dios. Una demostración que, no sabría explicar bien por qué, tiene para mí un fuerte aroma a argumento ontológico (según Kant, “el único argumento que tiene la posibilidad de producir una metafísica válida”)

*****

Un par de enlaces que parecen interesantes relacionados con esto: Aesthetic Arguments for the Existence of God y Tit For Tat

 

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4 respuestas a De la biología a la ética y de MacIntyre a Sabato, con Dios al fondo.

  1. Daniel dijo:

    Un post muy interesante, que creo que conecta con cosas en las que he estado pensando últimamente. La idea de que el fundamento de la ética es una necesidad biológica de solidaridad me recuerda a los argumentos de Humberto Maturana, no sé si lo conoces. Un libro suyo que creo que está bien para conocer su teoría es “Amor y juego. Fundamentos olvidados de lo humano”, aunque en España es difícil de encontrar.

    Este tema, “con Dios al fondo”, también me recuerda una cita de Juan XXIII, Pacem in Terris: “Dios ha imprimido en el corazón humano una ley que nuestra conciencia nos exige obedecer”.

    Precisamente, para Maturana, esa ley impresa en nuestra conciencia es el amor, que cuando se da en un espacio adecuado de convivencia hace crecer al ser humano.

    Un placer leerte.

    Saludos.

  2. pseudopodo dijo:

    Hola, Daniel,

    No he leído a Maturana, pero sí que había oído (o más bien leído 🙂 hablar de él; me sonaba como biólogo, pero lo que cuentas se sale del enfoque puramente biológico.

    La verdad es que esto lo hace interesante, porque precisamente en el post lo que quería explicar es una insuficiencia que me parece que tienen esos enfoques: que el hecho de que la conducta recíproca o incluso altruista pueda tener una explicación evolutiva (porque esas conductas contribuyen al éxito de la especie) no significa en absoluto que nosotros tengamos que seguir esas conductas. Si ese descubrimiento tiene alguna repercusión sobre nuestra conducta va a ser, me temo, más bien en detrimento de la moral…

    De todas maneras creo que esto se merecería otro post…

    Por cierto, bienvenido a este blog: para mí también es un placer leerte.

  3. Henry dijo:

    asinus asimum fricat!!

  4. Luciano dijo:

    Se me debe estar escapando algo porque no me termina de convencer eso de que una vez que hemos descubierto que la moral es un producto de la evolución ya no tenemos motivo para seguir actuando moralmente.
    ¿Acaso no podemos suponer, racionalmente, que siguiendo esos instintos altruistas (en vez de rechazándolos) seremos más felices? Quiero decir: si la evolución ha probado que un comportamiento ético es beneficioso para la especie y además nos hace sentir bien… ¿no es suficiente motivo para seguir actuando de esa manera?
    Claro que si se trata de “legitimar” el comportamiento moral, ahí ya me pierdo y reconozco que tengo que leer mucho antes de seguir discutiendo. Tal vez dentro de unos diez años vuelvo 😉

    P.D.: He descubierto tu blog hace unos días y me encanta. Me sorprende también la calidad de algunos de los comentaristas habituales.

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