Una glosa a C.S. Lewis

Leo esta cita de C.S. Lewis en Otra tuerca de vuelta:

“Cuando haya aprendido a amar a Dios más que a lo que más quiera en la tierra, amaré lo que me resulta más querido mejor que lo he hecho hasta ahora. En la medida en que aprenda a amar lo que más quiero en esta tierra a expensas de Dios y en lugar de Dios, me estaré moviendo hacia ese estado en que ni siquiera podré amar lo que más amo en la tierra. Cuando las primeras cosas se ponen lo primero, las segundas no quedan suprimidas sino aumentadas”

En una carta de C.S.Lewis a la sra. Jacob; 3 de julio de 1941.

Una de las virtudes de Lewis es que no es un clérigo ni un teólogo. Escribe de religión con la misma claridad que cuando hace crítica literaria. Y aún así, creo que poca gente entenderá hoy lo que se dice aquí.

En primer lugar, porque lo que está diciendo es paradójico. Y en segundo lugar, porque los conceptos y las referencias que harían inteligible esta paradoja han desaparecido del discurso, no tienen ya vigencia pública. Incluso Lewis, con su cristalina claridad, necesita una exégesis.

Por ejemplo, la propia idea, esencial en el texto, de “amar a Dios”. Este “amor” no puede ser el mismo del que se habla hoy, ese sentimiento que llena páginas y páginas en las revistas del corazón…Quizá podemos entenderlo si pensamos que Dios es Padre y entendemos el amor a Dios como el amor a un padre. Este amor, entonces, incluye respeto y obediencia (conceptos que también están desapareciendo de nuestro lenguaje, pero que el lector, si no es un adolescente, aún entenderá). La traducción más sencilla de “amar a Dios” sería pues “hacer su voluntad”, es decir, cumplir sus mandamientos y aceptar nuestra suerte.

“Amar a Dios” supone, entonces, renunciar a que las cosas salgan como nosotros queremos.” Esto nos pone en camino de entender la paradoja. Para Lewis, el amor a Dios no va en detrimento del amor a las cosas, sino al contrario. Sin embargo, el amor a las cosas va en detrimento de sí mismo. Este comportamiento opuesto no es tan extraño cuando caemos en la cuenta de el concepto de “amor” referido a Dios es bastante distinto de lo que se entiende por “amor” en el “¡Hola!”…

[Pero ¿por qué esta renuncia que es el amor a Dios nos iba a permitir amar mejor? Creo que tengo una respuesta, pero habrá que dejarla para otro post…]

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