[Reseña] Adam Zagajewski: Dos ciudades

Adam Zagajewski: Dos Ciudades, Ed. El Acantilado, 2006

Acabo de leer “Dos ciudades” de Adam Zagajewski. No el libro completo, sino la primera parte, la que se titula, propiamente, “Dos ciudades”: Lvov y Gliwice, la capital soñada de la mítica Galicia pedida (la cuna, que ya no está en los mapas, del matemático Ulam, del escritor Lem y de muchos más) y la “fea ciudad industrial” de Silesia.

Pero este texto (no sabría si llamarlo ensayo o relato, en todo caso, autobiografía poética) es mucho más que una evocación nostálgica. La infancia, la familia, los años de formación del que sería un poeta, la sociedad de la Polonia comunista al fondo, se trenzan con una prosa límpida (¡magnífica la traducción!) que fluye sin prisas, con meandros, pero poderosa y sabiendo dónde va.

Porque, además de los recuerdos, aquí hay una tesis. Las dos ciudades no son sólo Lvov y Gliwice. Cuando el autor era un adolescente apasionado por la lectura, tiene una revelación (p75):

Descubrí (les ruego que no se rían) la existencia del universo espiritual que los grandes escritores intentan describir. Vi que además de la realidad empírica, trivial, existe el de la imaginación que, en el fondo, es el mundo palpable, visible y oliente enriquecido con innumerables huestes de sombras y espíritus.

Creo que ese descubrimiento de que la literatura no consiste simplemente en contar historias es el que yo tuve con Demian, de Herman Hesse. Pero yo iba para físico y Zagajewski para poeta, así que a él la fiebre le subió bastantes más grados:

Quedé fulminado por mi descubrimiento. Me convertí en un neófito. Empecé a dividir a la gente entre los que sabían y los que no sabían nada (…) Para comprobar si lo sabían, sometía a mis interlocutores a examen.

Casi todos suspendieron el examen, y el engreído adolescente Zagajewski los miraba con desprecio:

No lo sabían. Vivían en una realidad estrecha y horrenda, entre la oficina y el hogar, entre el tranvía y el restaurante, entre la boda y el entierro.

En definitiva: se quedaban en lo dado, en la superficie de las cosas. Pero el Zagajewski que escribe hoy ya sabe que las cosas no son tan simples:

No me daba cuenta de que una mayoría aplastante de humanos no forma parte del reino del significado profundo gracias a sus conocimientos –los que los poseen no abundan- , sino gracias a su vida, a su sustancia palpitante y resplandeciente, de manera que acusarlos de ignorantes es tonto y absurdo. En vez de interrogarlos, ponerlos a prueba y torturarlos, habría hecho mejor observándolos e intentando comprenderlos. Observándolos con ternura y perspicacia.

He aquí una segunda intuición, no tan fulgurante como la primera pero igual de profunda: no sólo hay un Reino del Significado sino que todos vivimos en él. Una intuición infrecuente entre los intelectuales que han tenido la primera y que a menudo siguen siendo unos intelectuales engreídos.

A Zagajewski esto le lleva a ver el mundo bajo una nueva luz:

Todo lo que allí [en mi ciudad] sucedía y había de duradero me mostró su otra cara. Por lo visto, los curas, los profesores y mis compañeros existían de dos maneras distintas: de una manera del todo real, enconada y turbulenta cuando luchaban y bregaban encarnizadamente por subsistir (…) y al mismo tiempo llevando una vida más propia de las figuras de un lienzo que de los hombres de carne y hueso que eran, una vida fastuosísima, cuyo único objetivo –si aún procede hablar de objetivos- era lucirse, exhibirse y expresarse, (…) magnates que hacían caso omiso del tiempo, del siglo y del régimen, como si el mero hecho de existir los arrancara una afirmación festiva e incondicional de la vida e hiciera que su gris vestimenta de la posguerra adquiriera un lustre propio de las sedas de Tiziano (p79)

En definitiva, Lvov y Gliwice ya no son dos ciudades separadas geográficamente, sino que son la misma vista de dos maneras, existiendo en dos planos diferentes:

O sea, que yo también empecé a recorrer las dos ciudades, imitando a la generación de mi abuelo, que en cualquier rincón esperaba encontrar los muros sagrados de Lvov.

La Lvov soñada de la Galicia perdida, esa Jerusalén Celeste, está entre nosotros. Para quien, como Zagajewski, tenga la mirada educada de un poeta.

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2 respuestas a [Reseña] Adam Zagajewski: Dos ciudades

  1. patricia arellano dijo:

    me parecio un libro bellisimo , lleno de encanto y noltalgia por una ciudad lvov , refleja la sensibilidad del poeta y ensayista por todo ese mundo de su niñez u juventud

  2. pseudopodo dijo:

    Bellísimo, sí; pero no sólo por la nostalgia… lo que más me ha gustado es la tesis; el descubrimiento de que “no sólo hay un Reino del Significado sino que todos vivimos en él”.

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