El masculino genérico y la conducción por la derecha

El masculino genérico que tanto molesta a algunas feministas (ver post anterior) siempre es justificado en virtud de la norma de economía que todo lenguaje debe respetar. Es cierto, pero quizá no se suele apreciar un matiz importante de la cuestión.

Elegir el masculino para hacer la referencia genérica a un colectivo es un convenio. Podríamos decir que por eso no es algo sagrado, por eso podemos no seguirlo y hablar de otra manera “que haga visibles a las mujeres”, como gustan de decir esas feministas. Lo que no se suele apreciar es que los convenios no son menos respetables por ser convenios. Hay muchas situaciones en las que no hay ninguna razón especial para hacer una determinada elección entre dos opciones, pero sí hay todas las razones del mundo para hacer una elección. La que sea, pero una elección concreta.

El caso más obvio es el del tráfico. Da igual conducir por la derecha o por la izquierda, pero hay que conducir por un lado. Que sea un convenio no hace menos insensata la postura del que decide conducir unas veces por un lado y otras por otro. Ni justifica al español que se empeñe en conducir por la derecha en Inglaterra.

Algo parecido ocurre con el lenguaje. Se basa en una serie de convenios y empeñarse en cambiarlos o simplemente en no someterse a ellos hace que no funcione bien. No hay colisiones tan graves como las de tráfico, pero haberlas haylas. Por ejemplo, cuando el lehendakari pespuntea sus discursos de escupitajos al repetir eso de “los vascos y las vascas” crea inevitablemente una ambiguedad cada vez que no repite el doble género: si dice “los presos de ETA” ¿se refiere sólo a los del sexo masculino?

Que los convenios puedan ser vistos como injustos por algún grupo social no es motivo suficiente para cambiarlos. En primer lugar, ¿quién nos garantiza que la nueva norma no es vista como injusta por algún grupo social? Por ejemplo, escribir de izquierda a derecha es más práctico para los diestros que hacerlo en sentido contrario. Si los gobiernos árabes impusieran que se cambiara el sentido su escritura, los zurdos tendrían todo el derecho del mundo a protestar.

Pero es que, además, las cosas simplemente no funcionan así. Los convenios en los que se basan las lenguas no fueron tomados por ningún comité ni impuestos por ningún gobierno. Se tomaron solos. Pensar que la Real Academia puede hacer algo al respecto es de un infantilismo que da vergüenza ajena.

Hace tiempo oí una conferencia del director de Scientific American, creo que era John Rennie. En el coloquio que siguió se planteó la cuestión de la preminencia del inglés en la comunicación científica: otro ejemplo de convenio que se ha ido tomando solo (y que, desde luego, perjudica claramente a mucha gente). Alguien sugirió que sería mejor que se impusiera un lenguaje internacional, como el esperanto, o como en tiempos fue el latín. Rennie contestó: “We already have an international language: let’s call it english“. Tenía razón. No será el lenguaje internacional ideal, privilegia a ciertos hablantes para los que es la lengua materna… pero es lo que tenemos.

Algo similar ocurre con la propuestas de crear un nuevo lenguaje no sexista. Ya tenemos uno, imperfecto, pero es el que tenemos: let’s call it spanish.

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10 respuestas a El masculino genérico y la conducción por la derecha

  1. Athini dijo:

    Me alegra mucho (aunque, al mismo tiempo, me produce ciertos celos) descubrir que alguien utiliza exactamente el mismo ejemplo que yo uso cuando se trata de esta cuestión: el de la relación del género gramatical con la existencia de muchas otras convenciones más o menos inevitables. En cualquier caso, ¿favorece a los varones el que el “género marcado” sea el masculino? Si efectivamente el género masculino marcado hiciera “más visibles” a los varones (cosa que habría que discutir largamente), habría entonces que recordar que la “visibilidad” no siempre es buena: en la naturaleza tenemos muy buenos ejemplos de lo útil que es el saber mimetizarse con el entorno para pasar desapercibidos. Desde luego, el género masculino no marcado hace que en español la policía siempre busque a “un sospechoso” (y no empiece nunca por buscar “a una sospechosa”), y que un crimen cometido por un varón y tres mujeres sea un crimen cometido por “cuatro asesinos” de género gramatical masculino.

    Todo intento de relacionar la distribución de géneros gramaticales con la ideología tropieza radicalmente con los datos positivos. En latín y en griego (como en casi todas las lenguas indoeuropeas antiguas), los géneros gramaticales eran tres (femenino/masculino/neutro) y el menos marcado de los tres géneros era el neutro. Creo que nadie en su sano juicio deduciría de aquí que estas lenguas daban una preeminencia especial a las “cosas” inanimadas sobre las personas. Desde hace más de un siglo, por otra parte, los lingüistas saben que existen lenguas en los que el género masculino es el marcado y el femenino el no marcado, pese a tratarse de sociedades tan patriarcales y machistas como la que más.

    Lo único razonable, en fin, es ser conscientes de que las convenciones son sólo eso, convenciones. Si se acepta que el español tiene género gramatical, no hay más remedio que aceptar que el que uno sea el marcado y el otro el no marcado, porque todo mecanismo lingüístico (fonético, morfológico, sintáctico o semántico) se basa siempre en pares de oposiciones marcado/no marcado. Si se considera que tal situación es intolerable y se considera que merece la pena obligar a la lengua (por las buenas o por las malas) a que cambie, entonces lo que habría que intentar lograr sería que el español fuera una lengua sin género gramatical. La mayor parte de las lenguas del mundo, por cierto, no tienen género gramatical (el inglés mismo, sin ir más lejos, es prácticamente una lengua sin género gramatical). Pero cuando se llega a esta afirmación, entonces no queda más remedio que explicar en detalle qué es el género gramatical (y lo poco que tiene que ver con el sexo de los referentes), y cuál es la función lingüística del género gramatical. Hay, en fin, que ponerse a explicar gramática, cosa muy árida. Y este es el problema: que es muy fácil proyectar sobre el lenguaje nuestros prejuicios, y es muy difícil estudiar lingüística histórico-comparada.

    Todas las cuestiones complejas tienen una solución clara, sencilla y absolutamente falsa.

  2. pseudopodo dijo:

    Magnífica explicación la que das, Athini. Muchas gracias por añadirla a la mía y complementarla así. Una pena que seguro que nadie nos hará caso 😉

  3. loiayirga dijo:

    En el caso del lehndakari lo tiene más fácil. En lugar de decir “que decidan los vascos y las vascas” sería suficiente con decir “que decida ´to´ la vasca”. Aunque esta palabra no sé si escribe con uve o con be.

  4. Pingback: Perdonen que no me levante » Blog Archive » Lau Teilatu

  5. Lino dijo:

    Pues yo si que les hago caso, y les felicito. Enhorabuena.

  6. marina dijo:

    gracias pero si me ayudaron a esta tarea

  7. marina dijo:

    mañana me ayudan ahaser otra tarea mia rescocamen a el mecciller y los felicito mucho de ayudar y ayudamen siepre mucho para mi tradajo

  8. marina dijo:

    le saluda con los que tradajan

  9. sabiomartillero dijo:

    Gran artículo. Ya está bien de los mensajes político-mediáticos para llamar la atención y que parezca que se hace en lugar de hacer.
    La igualdad está en las acciones y las actitudes, no en las palabras.
    Enhorabuena.
    Si os apetece, también he escrito sobre eso.
    http://elsabiomartillero.blogspot.com/2010/04/las-diferencias-de-la-igualdad.html

  10. Isa dijo:

    Yo soy mujer y nunca me he sentido discriminada porque se use el masculino como genero neutro. Me sentido discriminada cuando veo que nos pagan menos que a un hombre, cuando veo que tenemos la obligación de conciliar la vida laboral con la familiar y los hombres no, cuando un hombre que asciende es porque vale y una mujer porque se ha tirado al jefe o es por discriminación positiva… Esas cosas si me tocan las narices, pero ¿qué para referirse al alumnado digan los alumnos? Por favor… Hay cosas más serias de las que preocuparse.

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