La concepción védica fundamental

Cuenta Freman Dyson en su autobiografía como cuando era un adolescente estaba preocupado por la inminencia de la guerra y por el problema filosófico de la injusticia. Un día encontró la solución:

En un destello interno cegador vi la respuesta a mi problema -el problema de la guerra y el de la injusticia-. La respuesta, sorprendentemente, era simple. La llamé Unidad Cósmica, y su teoría era: sólo existe uno de nosotros. Todos somos la misma persona. Yo soy usted y soy Winston Churchill y Hitler y Gandhi y todos los demás. No existe el problema de la injusticia porque los sufrimientos de usted son también los míos. No existirá el problema de la guerra tan pronto como entienda que al matarme a mí sólo se estará matando usted mismo.

Me pasé varios días comprobando la metafísica de la Unidad Cósmica. Cuanto más lo pensaba, más me convencía de que era verdad. Lógicamente era incontrovertible. Por primera vez, proporcionaba una base firme a la ética. Ofrecía a la humanidad el cambio radical de actitud y de mentalidad que era nuestra única esperanza de lograr la paz en una época desesperadamente peligrosa. Sólo quedaba un pequeño problema. Tenía que hallar el camino para convertir al mundo a mi manera de pensar.

El joven Dyson se lanza a convertir a sus compañeros de colegio pero con poco éxito: hace dos prosélitos y los demás le empiezan a rehuir como a un chiflado. Al cabo de unos meses abandona el intento, aunque acaba confesando su filosofía a su madre.

Obviamente estaba muy contenta de ver que había descubierto la existencia de otras cosas que las ecuaciones diferenciales. Me sonrió y dijo bien poco. Al terminar mi exposición, le pregunté cual era su opinión al respecto. Me contestó lentamente: “Sí, hace mucho que vengo pensando en algo similar”.

 Seguramente Dyson habría encontrado más consuelo aún si hubiera sabido que uno de los mayores físicos del siglo XX, Erwin Schrödinger, también llevaba mucho tiempo pensando en algo similar. En 1925, poco antes de descubrir la mecánica ondulatoria, escribía:

Por muy incomprensible que parezca al intelecto común, tú -e igualmente cada ser consciente tomado por separado- eres todo en todo. Por ello tu vida, la que tú vives, no es un fragmento del acontecer mundial, sino, en cierto sentido, la totalidad. Sin embargo, esta totalidad está compuesta de tal forma que no se puede abarcar con una mirada. Como se sabe, es esto lo que los brahmanes expresan con la sagrada, mística y sin embargo sencilla fórmula: tat twan asi [esto eres tú]. O también con palabras como: yo estoy en el este y en el oeste, estoy abajo y arriba, yo soy la totalidad del mundo.

En efecto, el joven Dyson había redescubierto la concepción védica fundamental. Más tarde la abandonó, pero no así Schrödinger. Su profético libro ¿Qué es la vida?, de 1943 (en el que postulaba que el código genético debía residir en un “cristal aperiódico”, adelantándose así en diez años a la esencia del descubrimiento de Watson y Crick) terminaba con un epílogo filosófico titulado “Sobre el determinismo y el libre albedrío”. Aquí llegaba de nuevo a la concepción védica fundamental como medio de resolver la contradicción entre dos premisas:

I- Mi cuerpo funciona como un mecanismo puro que sigue las leyes de la Naturaleza.
II- Sin embargo, mediante experiencia directa incontroveritible, sé que estoy dirigiendo sus movimientos, cuyos efectos preveo y cuyas consecuencias pueden ser fatales y de máxima importancia, caso en el cual me siento y me hago enteramente responsable de ellas.

La única conclusión posible de estos dos hechos, dice Schrödinger, es

…que yo -es decir, yo en el sentido más amplio de la palabra, o sea, toda mente consciente que alguna vez haya dicho o sentido “Yo”- soy la persona, si es que existe alguna, que controla “el movimiento de los átomos”, de acuerdo con las leyes de la naturaleza.

Es decir, de nuevo, la identificación ATHMAN = BRAHMAN (el yo personal equivale al eterno Yo omnipresente que lo abarca todo).

Esta idea se encuentra con el obstáculo de que no es nada evidente. ¿Acaso no hay un montón de “yoes”?¿No es mi yo distinto del yo del vecino? Schrödinger defiende su postura argumentando que tal pluralidad es ilusoria: la conciencia nunca ha sido experimentada en plural, sino sólo en singular. No obstante…

Cada individuo tiene “ la indiscutible impresión de que la suma total de su propia experiencia y memoria forma una unidad, muy distinta de la de toda otra persona. Nos referimos a ella con la palabra ‘yo’ . ¿Qué es ese yo? Analizándolo minuciosamente, se verá que no es más que una colección de datos aislados (experiencias y recuerdos), o sea, el marco en el cual están recogidos. En una introspección detenida, se encontrará que lo que en realidad se quiere decir con ‘Yo’ es ese material de fondo sobre el cual están coleccionados.

He leído este tipo de argumentos, más pormenorizados, en otros autores como Alan Watts. En su día me resultaban atractivos, pero hoy veo que, quince años después, sigo creyendo en el yo. Y va a ser difícil extirpar esa creencia, que parece la roca más firme de toda nuestra experiencia (por algo la eligió Descartes para fundar su filosofía).

Hay también un motivo por el que me resulta sospechosa la concepción védica fundamental: resuelve demasiadas cosas. ¿Cómo explicar las injusticias del mundo y lograr la paz perpetua? Con la concepción védica fundamental, descubrió Dyson. ¿Como conciliar el determinismo y el libre albedrío? Con la concepción védica fundamental, descubrió Schrödinger. Tal concepción parece una versión filosófica de los “terribles simplificadores” que ponían los pelos de punta a Jakob Burckhardt. Y tiene una afinidad interesante con el terrible simplificador filosófico por antonomasia: el solipsismo. Pero este post ya es muy largo; seguiré en otra ocasión.

 ***

NOTA: ¿Por qué me ha dado por escribir sobre esto? Me puse a buscar la cita de Schrödinger tras leer el principio de la crítica de arte de mi antología de bodrios. El autor, naturalmente, no se molestaba en dar la referencia. Finalmente la encontré aquí y me leí el apéndice de Qué es la vida, que había leído hace muchos años. Y pensé en que un texto tan interesante de alguien como Schrödinger debería servir para algo más que para un bodrio…

Esta entrada fue publicada en Citas, filosofía, Ideas & Thoughts. Guarda el enlace permanente.

7 respuestas a La concepción védica fundamental

  1. javier dijo:

    Estimado Pseudopodo otra vez…
    Vaya, me ha costado encontrar “la referencia” en el artículo que mencionas (a todo esto, ¿qué referencia es la que “no me molesté en dar”? No queda claro). En una de las notas al pie del artículo que mencionas se dice: “Erwin Schrödinger, en “Sobre el determinismo y el libre albedrío” , sostiene que cada
    individuo tiene “ la indiscutible impresión de que la suma total de su propia experiencia y memoria forma una unidad, muy distinta de la de toda otra persona. Nos referimos a ella
    con la palabra ‘yo’: “Analizándolo minuciosamente, se verá que no es más que una colección de datos aislados (experiencias y recuerdos), o sea, el marco en el CUAL están recogidos. En una introspección detenida, se encontrará que lo que en realidad se quiere decir con ‘Yo’ es ese material de fondo sobre el cual están coleccionados”. Esta es, más o menos, la cita que yo saqué del Schrödinger (y no de otro sitio, aunque no soy un entusiasta de las bibliografías primarias y aún menos cuando se trata, por ejemplo, de genética o de mecánica cuántica. Este es un caso especial: el libro me gustó tanto que se lo he recomendado a muchas personas y regalado a varias, incluidos mis sobrinos y un cura).
    ¿Cuál es el problema? Que aunque el sabio parece querer salvar a toda costa las ideas de Dios y del Yo o la conciencia, yo tuve la impresión cuando leí el libro de que no se mostraba convincente y de que lo hacía por razones que pudieran ser evidentes (no es tanto cometer sacrilegio cuanto ser excesivamente revolucionario, por ejemplo). El párrafo en cuestión lo ilustra bien, a mi entender. Y, además, en ningún momento aclara él -como tú perfectamente recoges en tu texto: “Yo soy la persona, si es que existe alguna…”- si existe una conciencia “directora” o esta es sólo una ilusión y los pensamientos son de hecho sólo el producto de procesos orgánicos. Sería, en definitiva, el cuerpo quien los produce y, por tanto, no existiría un Yo propiamente dicho (puesto que “yo” no tomaría las decisiones). La “experiencia incontrovertible del Yo” puede ser un espejismo o un autoengaño: es imposible demostrar ni lo uno, ni lo otro.
    ¿Y qué es el cuerpo? El capítulo final del libro de Schrödinger, a la luz de lo que dice en el libro propiamente dicho (porque él es físico y no filósofo), es perturbador: si desde la física estadística explica con tanta elegancia cómo surgen el orden y la vida en la naturaleza merced a la mera acumulación de elementos, ¿cómo no vamos al menos a preguntarnos si no seremos nosotros, como todo organismo vivo, un mero agitarse automático -que no desordenado- de la materia? Basta contemplar a cámara rápida, como se hizo ejemplarmente, por ejemplo, en la famosa trilogía de Reggio que se inicia con Koyaaniskatsi, el movimiento perfectamente pautado de la gente en las grandes ciudades, para sentir una cierta inquietud. Desde luego, se trata de una percepción -y una formulación- del fenómeno desde su estética (o sea, desde la emoción que produce), como no puede ser de otro modo, puesto que no soy ni físico ni neurobiólogo (ni G. Reggio tampoco, creo).
    Pero, si no te importa, mantén la sensatez: “Pensar es pensar mediante conceptos, o bien mediante funciones, o bien mediante sensaciones (…). Lo que define al pensamiento, las tres grandes formas del pensamiento, el arte, la ciencia y la filosofía (…). La filosofía, el arte, la ciencia no son los objetos mentales de un cerebro objetivado, sino los tres aspectos bajo los cuales el cerebro se vuelve sujeto”, etc.. En otras palabras: el conocimiento del mundo no discurre exclusivamente por cauces científicos (aunque el triunfo de la tecnología sea ahora indiscutible). Es una pena que precisamente sea un amante de la ciencia quien deba decirle esto a un científico: odio el desprecio que sienten por la ciencia las personas de letras; pero a lo mejor algunos científicos pecáis de lo mismo. Por cierto -qué casualidad-, justo antes de la última cita, se lee: “El cerebro es el que piensa y no el hombre, siendo el hombre únicamente una cristalización cerebral”. Con lo cual ahora tienes que mantener que Deleuze y Guattari (“¿Qué es la filosofía?”. Anagrama, Barcelona, 1993) son también unos “pedantes”, y esto desde un anonimato que impide conocer con qué autoridad exactamente. Mal asunto.
    Está claro que, al empezar el artículo diciendo aquello de “demostró la plena inoperancia de la conciencia” -creo recordar- exageré algo: es una suerte de recurso estilístico; mis artículos suelen tener cierto tono ácido o provocador (pero no figuran en la sección de ciencia sino en la dedicada a la creación artística).
    En resumen: no es imposible pensar que los seres humanos, al igual que las partículas que describe Schrödinger, sólo creamos orden -un orden que tal vez no sea específicamente humano- cuando nos juntamos muchos (y durante muchos siglos). Ese es el paralelismo que a mí me interesa establecer (o sobre el que me gustaría discutir), entre otras cosas porque arroja otra luz sobre nuestra idea de la vida, de la natalidad (importante fuerza la del sexo, ciertamente, que tampoco es incompatible con la existencia de un automatismo) y de nuestro estar en el mundo.
    Pero la mejor prueba de que lo sugerido por Schrödinger resulta inquietante y en modo alguno está resuelto -olvidemos el asunto de los Vedas: cualquiera tiene un mal día- es que incluso una brevísima observación al respecto en un corto artículo sobre Tàpies te haya sugerido todo un texto. No ocultaré que eso es lo que realmente me importa (y no tanto que figure en la sección de bodrios) y me alegra.
    Un saludo
    Javier

  2. pseudopodo dijo:

    Hola, Javier,

    La referencia “que no te molestaste en dar” era la fuente de la cita de Schrödinger. No recuerdo que hubiera cita al pie en la edición de papel; de todos modos no la conservo. En la versión que tomé de la web de ABCD no estaba la referencia…quizá la pusiste y la quitaron.

    Pasando ya a la sustancia, creo que tu interpretación es ésta (corrígeme si me equivoco): que el análisis de Schrödinger apunta a “la plena inoperancia de la conciencia”, en un mundo que sería un mero agitarse automático, aunque él, por razones quizá espúreas, prefirió salvar la existencia de Dios y del Yo.

    No creo que sea así. He leído unas cuantas cosas de Schrödinger y parece un sincero convencido de la concepción védica: existen Atman (el Yo) y Brahman (Dios) sólo que Atman = Brahman. Y, precisamente, como intento explicar en el post del que cuelgan estos comentarios, llegó a esa conclusión para poder conciliar las dos premisas que le parecían irrefutables: el determinismo del mundo físico, del que forma parte mi cuerpo, y el libre albedrío de mi conciencia.

    Es interesante que en este análisis de Schrödinger no juega ningún papel la mecánica cuántica (MQ) de la que fue uno de los creadores. La MQ tiene aspectos indeterministas a los que se agarran (nos agarramos) los que creemos en la realidad del libre albedrío. Pero él habla de un mundo físico determinista (la cuestión del indeterminismo de la MQ es complicada y me llevaría demasiado lejos, basta señalar que la ecuación de Schrödinger para la evolución de la función de onda es determinista; lo que no es determinista es la medición que hacemos de dicha función; en ese momento se produce el llamado colapso de la función de onda). Pero esto es una digresión.

    La solución de los materialistas convencionales (tipo Dawkins o Dennet) es mucho más aburrida que la de Schrödinger: la conciencia no es más que un subproducto, un epifenómeno del movimiento automático, colectivo, de las partículas.

    En mi opinión esto es el polo opuesto del solipsismo: si éste dice que “sólo existo yo, el mundo externo es una ilusión”, el materialismo convencional dice “sólo existe el mundo externo, el yo es una ilusión”. Y creo que está tan equivocado como el solipsismo. La concepción védica de Schrödinger, con ser atractiva, tampoco me convence, como explico en el post. Pero lo que no creo es que él llegara a esa solución por miedo al sacrilegio o a ser excesivamente revolucionario. Precisamente declararse hinduista era mucho más sacrílego entre la comunidad científica de mediados del S. XX que declararse materialista.

    Continuando con tu comentario, no entiendo muy bien a dónde vas a parar a partir del párrafo que empieza con “pero si no te importa, mantén la sensatez” (Las citas son de Deleuze & Gattari, supongo) ¿Quieres decir que mi oposición al materialismo peca de desprecio a la ciencia?

    En el penúltimo párrafo apuntas a algo sugerente, aunque en otro plano: ¿qué ocurre con nuestros movimientos colectivos, con la “figura” que dibujamos nosotros como átomos? ¿Generamos algún orden, tiene un sentido superior esa figura? Hay algunos rompecabezas de la inteligencia artificial que van en esa línea. Por ejemplo: supongamos que la conciencia fuera un algoritmo que es ejecutado por el cerebro, como lo puede ejecutar un ordenador. ¿Un ordenador que ejecutara ese algoritmo sería consciente? Parece que sí. Pero un algoritmo, cualquiera, podría ser ejecutado por un millón de chinos convenientemente adiestrados. A una velocidad muchísimo más lenta, sin duda, pero en cualquier caso, el mismo algoritmo. ¿El millón de chinos tendría conciencia? Y en caso afirmativo: ¿qué clase de conciencia desencarnada, fantasmal, sería esa?

    Bueno, Javier, gracias por bajar a la arena y discutir “en buena lid” a pesar de la nada amable calificación de “bodrio” que endosé a tu crítica. Reconozco que en este comentario te explicas mucho mejor. Pero entonces ¿Por qué escribir algo tan ininteligible como esa crítica? (Si quieres seguimos la discusión en los comentarios al post del bodrio…)

  3. Maximiliano Diaz dijo:

    Hola,
    sólo un breve comentario:
    También David Hume llegó a la misma conclusión que Schrödinger y es la misma filosofía del budismo acerca de la inexistencia del “yo” (ANATMAN)
    Pero NADIE trata el tema tan magistralmente como Jiddu Krishnamurti

  4. Pingback: ¿Dónde están los pensamientos? ¿Dónde está el “yo”? « Apuntes y digresiones

  5. Luis dijo:

    En la analogía del globo sobre la expansión del universo vemos que las dos dimensiones de esa superficie se expanden en las 3 dimensiones del volumen del globo. Si lo extrapolamos a nuestro universo ello significaría que existe una dimensión más de la que intuitivamente no somos conscientes.Por ello pienso que al igual de que es evidente de que nada puede existir en dos dimensiones, lo mismo debe suceder con las tres (obviando el tiempo). Así la materia sería un espejo tridimensional, donde la consciencia global podría verse reflejada para autoconocerse.
    Debemos de despertar de ese espejismo, la muerte es sólo la ruptura del espejo.

  6. pseudópodo dijo:

    Luis, es una anología evocadora y hermosa. No sabemos lo que es la muerte. Ojalá fuera sólo la ruptura del espejo.

    De todos modos, no pienses que la expansión (de una superficie por ejemplo) implica estar inmersos en una dimensión superior (el espacio, para el caso de la superficie). Imagina una fotocopia ampliada: se expande de modo que todas las distrancias se multiplican por el mismo factor mayor que uno, pero se mantiene bidimensional…

    • Luis dijo:

      Pero la fotocopia solo hace referencia a la superficie del globo, y la energía oscura o fuerza de expansión que provoca el estiramiento de esa superficie proviene del interior del mismo espacio, luego tenemos sus 3 dimensiones externas, que son las percibidas, y la interna, donde reside la energía oscura.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s