En defensa del prejuicio: de Burke a Scruton

Tengo que confesar que no sabía casi nada de Edmund Burke (reconozco que lo confundía con Peter Burke y hasta con Jacob Burckhardt…) Pero un artículo de Roger Scruton me lo ha descubierto.

Scruton es uno de los filósofos británicos actuales más conocidos y polémicos. Yo, sin saberlo, leí su Filosofía para personas inteligentes y su Cultura para personas inteligentes. Los dos me gustaron, sobre todo el primero. No sabía tampoco que Scruton lleva a gala ser políticamente conservador (lo cual no es ajeno en modo alguno a que resulte tan polémico). En Why I became a conservative explica como su experiencia en mayo del 68 y su lectura de Burke fueron cruciales en su “conversión”.

Hay un punto que me ha resultado especialmente interesante de las ideas de Burke expuestas por Scruton: su provocativa defensa del prejuicio.

Los “prejuicios” a los que se refiere Burke son las ideas y creencias que surgen espontáneamente en los individuos de una sociedad, en respuesta a sus experiencias vitales, sin que esos individuos les hayan dado una justificación racional. Así lo cuenta Scruton (la traducción es mía):

Burke me convenció de que nuestras creencias más necesarias pueden estar injustificadas y ser injustificables desde nuestra propia perspectiva, y que un intento de justificarlas llevará meramente a su pérdida.
Reemplazándolas con los sistemas abstractos racionales de los filósofos, podemos creernos más racionales y mejor equipados para la vida en el mundo moderno. Pero de hecho estamos peor equipados, y nuestras creencias están mucho menos justificadas, precisamente porque las hemos justificado nosotros.
La auténtica justificación de un prejuicio es la que lo justifica como prejuicio, en lugar de como una conclusión racional a un argumento. En otras palabras, es una justificación que no puede ser llevada a cabo desde nuestra perspectiva, sino sólo desde fuera, como u antroplólogo podría justificar las costumbres y rituales de una tribu extraña.

Esto enlaza con algo que llevo tiempo dando vueltas. Una sociedad es en algunos aspectos similar a un organismo. Cada célula o cada individuo tiene una doble función: mantenerse a si mismo y mantener a la sociedad. Pero si una célula pensara seguramente no encontraría muy atractivos sus deberes para con el cuerpo, y vería mucho más racional hacer las cosas de acuerdo con su propia escala de valores. Esta célula ilustrada, liberada de la tradición y los prejuicios, es lo que en medicina se llama célula cancerosa.

Lo que no sabe la célula cancerosa es que no está siendo más inteligente que las demás sino menos. Porque en última instancia, la célula debe trabajar para el resto del cuerpo incluso por su propio interés. La supervivencia del cuerpo es necesaria para la supervivencia de las células. Cuando el cáncer acaba matando al cuerpo, también mueren las células cancerosas.

Naturalmente la metáfora sociedad=organismo no es perfecta, pero es afortunada también en otro sentido. Las sociedades, igual que los organismos, son fruto de una larga evolución. Pueden sufrir mutaciones, pero la mayoría de las mutaciones son dañinas, y las sociedades que las ensayaron acabaron pereciendo. De modo que es esperable que la mayoría de las instituciones sociales, que podemos ver como prejuicios, tengan en realidad una función. Lo contrario no tiene lógica desde el punto de vista evolutivo. Esto es, a mi juicio, un poderoso argumento en la línea de Burke. No es sin embargo un argumento para el inmovilismo: lo cierto es que puede haber rasgos biológicos no funcionales, como el apéndice, y puede haber rasgos culturales equivalentes. Pero habría que ser muy prudentes antes de extirparlos, porque realmente no sabemos como funciona la sociedad, igual que las células no saben como funciona el cuerpo…

Scruton continúa con un ejemplo muy ilustrativo: los prejuicios que rodean las relaciones sexuales.

Estos prejuicios varían de unas sociedades a otras, pero hasta hace poco tenían un rasgo común, que es que la gente distinguía conductas apropiadas e inapropiadas, aborrecía la exhibición sexual explícita y exigía recato en las mujeres y caballerosidad en los hombres en las negociaciones que preceden a la unión sexual. Hay muy buenas razones antropológicas para esto, en términos de la estabilidad a largo plazo de las relaciones sexuales, y del compromiso que es necesario para que los niños se integren en la sociedad.
Pero estas no son las razones que motivan el comportamiento tradicional de hombres y mujeres. Su conducta es movida por profundos prejuicios, en los que la indignación, la vergüenza y el honor son los fundamentos últimos.
El liberador sexual no tiene dificultad para mostrar que esos motivos son irracionales, en el sentido de que la persona que se guía por esos motivos no tiene una justificación razonada para ellos. Y puede proponer la liberación sexual como una alternativa racional, un código de conducta que es racional desde el punto de vista de primera persona, ya que deriva un código completo de práctica de un objetivo transparentemente razonable, que es el placer sexual.
Esta sustitución del prejuicio por la razón ha ocurrido ya. Y el resultado es exactamente el que Burke habría anticipado. No meramente una ruptura de la confiaza entre sexos, sino una vacilación en el proceso reproductivo (un compromiso vacilante y débil de los padres, no meramente de uno con el otro sino también con su descendencia). Al mismo tiempo, los sentimientos individuales, que eran apuntalados y colmados por los prejuicios tradicionales, quedan expuestos y desprotegidos por el esqueleto de la racionalidad.
De aquí la extraordinaria situación en América, donde los pleitos han reemplazado a la cortesía, las acusaciones post-coitales de “date-rape” [violación por un conocido] suplantan al recato pre-coital, y donde las insinuaciones de los poco atractivos son rutinariamente penalizadas como “acoso sexual”.
Esto es un ejemplo de lo que ocurre cuando el prejuicio es barrido en el nombre de la razón, sin contemplar la auténtica función social que sólo el prejuicio puede cumplir. Y verdaderamente fue en parte reflexionando sobre el desastre de la liberación sexual, y sobre el mundo sin alegría que ha producido a nuestro alrededor, como llegué a ver la verdad de la paradójica defensa del prejuicio de Burke.

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9 respuestas a En defensa del prejuicio: de Burke a Scruton

  1. Estoy de acuerdo en que hay ‘razones que la razón no entiende’. La cultura es la respuesta adaptativa al medio y es la manifestación de años de acumulación de ‘inteligencia social’. Lo que justifica ciertas pautas culturales puede no ser comprensible de un modo simple o directo, pero eso no le quita valor adaptativo a esa conducta.

    Ahora bien, creo que el conservadurismo lleva dentro de sí mismo el germen del ‘totalitarismo de baja intensidad’. Como tú mismo haces, la analogía del cáncer es muy sencilla de hacer. ¿Y qué hace el cuerpo frente a las células cancerosas? Intentar eliminarlas.

    El consevador verá al que rompe la homogeneidad cultural como un desestabilizador peligroso. Invocará el derecho a la legítima defensa de la comunidad para intentar devolverlo al redil o expulsarlo definitivamente.

  2. pseudopodo dijo:

    Muy acertada la observación, Topo (por cierto, es un placer tenerte en este blog 🙂 )…Se me ocurren dos respuestas, una rápida y otra lenta.

    La rápida: que aunque el conservadurismo pueda llevar ese germen, lo cierto es que de facto han sido los revolucionarios los autores de los mayores totalitarismos: ahí están Hitler, Mao, Stalin o Pol Pot, que todos querían construir la nueva sociedad…Si la alternativa conservadora sólo va a producir un totalitarismo “de baja intensidad” yo diría que bienvenida sea…

    De todos modos, no me quedaba muy satisfecho con esta respuesta (aunque supongo que podría valer si estuviéramos en un debate en la tele…) De modo que pensando, pensando… (malo, malo…) he dado en lo siguiente.

    A ver si me explico. Este tema es muy escurridizo porque descansa sobre una paradoja: lo más racional, por lo menos en algunos casos, es ser irracional. La justificación es que, como tú dices, entonces estamos dejando actuar a la, “inteligencia social” que es mas sabia que nosotros mismos.

    Pero la paradoja es más profunda todavía. Tú pintas a un conservador intentando eliminar a los que se salen de la norma. Pero esto puede hacerlo por dos motivos. Puede ser por el simple prejuicio (y entonces según Burke está aplicando la “inteligencia social”). O puede ser porque se ha hecho la reflexión que yo hacía en el post. Entonces ya no actúa por prejuicio: se trata de una acción justificada racionalmente…con lo cual ya no podemos decir que esté usando la inteligencia social.

    Tenemos pues una paradoja a otro nivel, una metaparadoja: si actuar irracionalmente es lo más racional (paradoja original), entonces concluiremos que tenemos que actuar irracionalmente. Pero desde el mismo momento en que eso es la conclusión de un razonamiento, deja de ser una acción irracional. Esta es la metaparadoja.

    (Esto me recuerda a la paradoja “¡Sé espontáneo!”: si eres espontáneo porque yo te lo mando es que no estás siendo espontáneo. Si eres irrracional porque lo has decidido racionalmente no estás siendo racional.)

    En fin, no sé si todo este embrollo es relevante en la vida real. Admito encantado opiniones…

  3. Lo racional es hacer algo aparentemente irracional en un subconjunto de las conductas. No veo diferencia alguna que estas irracionalidades se hagan por aquiescencia deliberada o no deliberada.

    El conservadurismo es totalitaria de dos modos distintos: porque no acepta a los que tienen pautas culturales más avanzadas (avanzadas en el tiempo; pautas que con el tiempo llegarán a ser mayoritarias) y porque no acepta a quienes tienen opciones que son, de un modo sostenido en el tiempo, minoritarias. Pueden ser minoritarias tanto por la baja cantidad de gente que las practica como por el bajo peso de esas personas en configurar la identidad de la comunidad.

    ¿No era una reacción conservadora el echar a los cristianos a los leones? ¿No es una actitud conservadora el ningunear a los homosexuales? ¿La relegación del castellano en cataluña no es un acto conservador?

    Está claro que, puestos a elegir, la mejor es la ideología que pasa por encima de la menor cantidad de gente. Pero triste consuelo es ese.

  4. pseudopodo dijo:

    Puede que tengas razón en que no hay diferencia en los efectos de la conducta irracional “deliberada” y “no deliberada”. Yo tengo la impresión de que sí, pero reconozco que no tengo argumentos convincentes, más allá de que una “metaparadoja” como la que apuntaba arriba no puede quedarse sin efectos. En fin, seguiré pensando sobre esto.

    Lo que Burke y Scruton comparan son dos actitudes básicas ante la sociedad: la actitud “conservadora” y la actitud “revolucionaria” (pero como ya no quedan por aquí revolucionarios a la antigua, la podemos llamar “progresista”). La primera respeta los usos y costumbres a pesar de que puedan parecer irracionales porque confía en “la inteligencia social”, la segunda sólo admite la inteligencia individual, la razón.

    Estoy de acuerdo en que el conservadurismo puede ir acompañado de los efectos colaterales que describes (intolerancia hacia las minorías, etc). Pero la otra actitud ¿es menos propensa a esos efectos? No creo, porque yo no veo ninguna ligazón lógica entre la actitud básica de “sólo admitir razón como guía” y la tolerancia. La razón no dicta la tolerancia, como no puede dictar ningún principio moral, porque la razón sólo sirve para establecer los medios, no los fines últimos (cuando dicen que el terrorismo es “irracional”, por ejemplo, están diciendo una tontería: el terrorismo es racionalísimo, hace un uso óptimo de los recursos y es enormemente eficaz. El terrorismo lo que es es inmoral).

    ¿De donde sale la moral entonces? Pues precisamente de esa tradición irracional…, y de “genios morales” como Jesucristo, Buda o Confucio. Que no creo que se consideraran ni progresistas ni conservadores.

  5. Admito, sin problemas, que no hay conexión entre recurso a la inteligencia propia como criterio de definición moral y tolerancia. Es, incluso, probable que cuanto más listo se crea uno, menos dado sea a aceptar que haya otros modos de organizarse la vida.

    Lo que me sorprende (me resulta paradójico) es que invoques a los “genios morales” y defiendas, al mismo tiempo, el conservadurismo. ¿Los “genios morales” (de existir) no son profudamente rompedores y, por tanto, subversivos desde el punto de vista conservador?

    Desde mi punto de vista, tanto revolucionarios como conservadores incurren en el mismo error: sienten la necesidad de definir el modo como la sociedad se va a ordenar, interpretan la sociedad como el resultado de una negociación/imposición colectiva. Ambas posturas acaban transformando la moral en legalidad. En ambos casos, se consideran autorizados para marcar a los demás si su conducta es o no aceptable. ¿Que eres hombre y vas vestido con falda? Puesto que a mí no me cuadra, puedo censurarte, no sólo moralmente sino también legalmente.

    Creo que la solución a este problema surje fácilmente si uno acepta que moral y leyes no son coincidentes. Las leyes deben castigar la violación de derechos: derechos a la vida y la propiedad. La moral define el modo de querer vivir. Así, el riesgo de imposición se anula y se facilita el cambio social.

  6. pseudopodo dijo:

    Claro que los “genios morales” fueron subversivos (quizá con la excepción de Confucio) y la prueba es como acabaron la mayoría. Pero es que no defiendo un conservadurismo químicamente puro; sólo me parece más sensato reconocer que hay una “inteligencia social” y ser humildes, en lugar de venir con ocurrencias que parecen muy racionales pero que suelen acabar en un desastre, sangriento o no.

    Pero no todas las “ocurrencias morales” tienen que ser un desastre. Si llamo genios a Jesucristo o Buda o Sócrates es porque las suyas eran realmente acertadas, a diferencia de las de Marx o Nietzsche o Michael Foucault.

    Me parece sugerente lo que dices sobre la distinción entre moralidad y legalidad. Yo creo que es muy necesaria ante todo por una cuestión de prudencia: puede haber cuestiones acerca de cuya moralidad estemos equivocados y si reconocemos esto convendremos que es mejor no legislar demasiado extensivamente, sino limitarnos a garantizar los derechos básicos. También porque así permitimos el máximo grado de libertad, lo que muy deseable. Pero también (y esto es lo que me parece sugerente en tu comentario, porque no se me había ocurrido) porque puede servir de antídoto a una sociedad demasiado rígida. Una sociedad esencialmente conservadora pero con pocas leyes y clara distinción moralidad/legalidad me parece un buen compromiso. Inglaterra quizá haya sido un buen ejemplo.

    De todos modos, la distinción entre moralidad y legalidad, aunque muy interesante como principio, se encuentra en seguida con dificultades, porque hay que establecer los derechos fundamentales que se va a proteger con las leyes, y eso vuelve a ser una cuestión moral… pero quizá ese tema ya nos lleve muy lejos (por lo menos por hoy).

  7. Caesitar dijo:

    La verdad es que el topo universitario te ha dejado con el culo al aire. Tanta pedantería para que en un mismo post conjugues sin sentido las frases de Burke y postular que existen “genios morales”.

  8. Isenez dijo:

    Seguro que tú puedes alardear de inteligencia, caesitar. Sobre todo por esa tendencia tuya, propia de un troll, de recurrir a los ataques ad-hominem.

  9. MadHatter dijo:

    Sencillamente delicioso. No conocía a Scruton, realmente siquiera conocía a ningún pensador serio que defendiera el modelo conservador de tradición. Bella sorpresa y profunda herida. Como corolario he de confesar que esperaba encontrarme con un argumento similar al de Ortega y Gasset: sin prejuicios no hay juicios, mas Ortega habla más bien de pre-juicios, aunque la diferencia sea casi nimia. Pero piénselo, para discernir debe uno elegir, para elegir entre cientos de libros cual leer, dado que como decía Heidegger la muerte es la posibilidad de la posibilidad, sólo resta rechazar los restantes bajo pre-juicios, pues no hubo tiempo para juicios.

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