Clifford, James, Dawkins y Gould

Leyendo La voluntad de creer, de William James, me encuentro a veces diciendo “esto parece escrito por Stephen Jay Gould“. Puede parecer un poco improcedente tener como referencia de estilo literario a un paleontólogo, pero quienes hayan leído a Gould lo entenderán. Y al fin y al cabo, William James era un psicólogo.

El parentesco no es forzado: tanto uno como otro se salían del corsé de las especializaciones. Eran sabios, y su erudición traslucía en su vituosismo literario. Hay que decir que a William James le venía de familia: era hermano de Henry, el autor de Retrato de una dama y Otra vuelta de tuerca, aunque hay quien dice que William era el auténtico escritor y Henry el psicólogo.

Lo cierto es que esta afinidad me ha sugerido otra que debería haber sido más evidente. James escribió La voluntad de creer para defender el derecho de una persona racional a tener creencias religiosas. Era en parte una réplica al ensayo de William K. Clifford La ética de la creencia, que postulaba lo contrario.

James tenía una ventaja en el duelo: cuando escribió su ensayo en 1890, su oponente, el brillante matemático, deportista y aventurero Clifford, llevaba once años muerto. Había contraído la tuberculosis en una expedición a Sicilia para estudiar un eclipse, cuando tenía veinticinco años. Un año después era nombrado catedrático de matemáticas aplicadas; nueve años después moría.

Pero si James ganó el debate (y esa es la opinión general) fue por la sutileza y profundidad de su argumentación, que supera el esquematismo de Clifford, anclado en un concepto victoriano de ciencia como única verdad. Y esto nos lleva al paralelismo del que iba a hablar. Tenemos hoy a un Clifford redivivo: Richard Dawkins.

A decir verdad, Dawkins no es ni matemático ni deportista ni aventurero, pero es también un brillante polemista y un académico de Oxbridge. Y cien años después del duelo en el que James derrotó a un Clifford difunto, tenemos a Dawkins dispuesto a revertir el resultado.

En su libro “Ciencia versus Religión: un falso conflicto” Gould, que personalmente era agnóstico, proponía “una resolución benditamente simple y enteramente convencional al supuesto conflicto entre la ciencia y la religión”. Lo llamó principio NOMA (Non-overlappling magisteria):

El magisterio de la ciencia cubre el reino empírico: de qué está hecho el universo (hechos) y porqué funciona de esta manera (teorías). El magisterio de la religión se extiende sobre las cuestiones del significado último y del valor moral. Estos dos magisterios no se solapan, y tampoco abarcan todos los ámbitos (considérese el magisterio del arte y del significado de la belleza).

Este libro es de 1999. Por aquel entonces Dawkins acababa de publicar Destejiendo el arcoiris, una defensa de la ciencia frente a las seudociencias y frente a los que la acusan de “desencantar el mundo” . Había polemizado en varias ocasiones con Gould en relación con su visión de la evolución (aunque es evidente que la antipatía iba más allá de lo meramente científico) y había manifestado en varias ocasiones su hostilidad hacia la religión, pero aún no había empezado la cruzada de The God delusion (2006), un libro que no está planteado abiertamente como réplica al de Gould, pero que de hecho lo es.

Supongo que es casualidad, pero da la impresión de que Dawkins ha esperado a que Gould falleciera para vengar al fantasma de Clifford, ganando la batalla a un contrincante ya muerto. El libro de Dawkins ha tenido muchas críticas, pero ya nunca leeremos la más sutil y mejor escrita: la de Gould.

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8 respuestas a Clifford, James, Dawkins y Gould

  1. ¿Cómo valoras el que la religión, con el paso de los siglos, haya pasado de ser verdad necesaria a tener que defender su derecho a existir como creencia sensata?

  2. pseudopodo dijo:

    Yo creo que el punto de inflexión ha sido la teoría de la evolución. Antes de Darwin no había ninguna explicación verosímil de la complejidad y del propósito que muestran los seres vivos, aparte de que hubieran sido diseñados por Dios.

    Después de Darwin tenemos una explicación mecánica, que no involucra un diseñador. Eso hace que no sea imprescindible un dios, al menos en relación a ese tipo de motivos. Pero esto no bastaría para declarar la religión insensata: podríamos considerarla respetable, como hace Gould con su principio NOMA. Hace falta otro ingrediente que es el cientifismo, la creencia en que las únicas explicaciones válidas son las científicas y que si algo no se puede explicar científicamente es que no hay nada que explicar.

    La diferencia entre los Clifford/Dawkins y los James/Gould está ahí. Creo que el mundo de los primeros es más estrecho, es un mundo chato en el que en realidad no cabe nada del mundo humano, porque el mundo de la ciencia es un mundo de cosas.

    De todos modos, la cuestión tiene otro aspecto, y no se si vas por ahí: yo creo que es bueno que la religión no sea una creencia obligatoria y esté sometida a la discusión y a la crítica. Aunque me temo que, sometida a esa crítica, lleva las de perder, como le pasa a “los prejuicios” sobre los que escribía en el post de Burke y Scruton…

  3. .Marfil. dijo:

    Un interesante fragmento de Barzún en Del amanecer a la decandencia, sobre este debate:

    “Lo que nos hace difícil aprehender la cualidad de las creencias religiosas del s.XVI es que han ocurrido muchas cosas desde entonces que han apartado al espíritu y al corazón humanos de la aspiración a salvar nuestras almas. Ha cambiado el significado de la fe, su cantidad originaria se ha fragmentado, su cualidad se ha diluido. La gente habla alegremente de preferencias religiosas ajenas o propias, como si fuera algo parecido al gusto en comida o en deportes.”

    Creo que historicamente en Occidente este punto se debe tal y como enfatiza Barzún, en el hecho de la reforma y contrarreforma. La importancia de la reforma radica en la contrarreforma, es decir la convivencia de dos elementos mutuamente excluyentes y en constante pugna por el poder, la vida, y el derecho de poseer la verdad religiosa. Al no imponerse ni el protestantismo ni el catolicismo, llega por agotamiento la fundamentación de la tolerancia y relativización religiosa. Es considerado un avance, y en gran medida lo sería si se tuviera consciencia de lo que implica reconocer que nuestras creencias no son infalibles; pero lo que ha sucedido socialmente es que se ha perdido la noción de lo que realmente representa creer, se han confundido los términos legales con los éticos, el derecho social de creer, y el deber moral de creer.

    “De cualquier manera que la Deidad se haga conocer por ti y aunque… Ella se revele a ti, eres tú… quien debe juzgar si puedes creer en ella y adorarla”. (Kant).

    Creo que en parte la Religión lleva las de perder en un análisis crítico, terminando en el agnosticismo y es no creer en nada a menos que algo lo acredite fuertemente. Creo también que la idea de no interferencia de los magisterios es sólo una solución de compromiso, la misma que se consiguió durante las luchas religiosas en Europa, pero no es un últimas una verdadera conciliación del hecho básico de que cada vez más nos hayamos ante la disyuntiva de tener que tomar decisiones que implican que religión y ciencia no son compatibles. A esto sumemosle que religión y religionES tampoco, porque ¿cuál de todas ellas es la verdadera al menos como religión?

  4. David dijo:

    Ninguna religión es verdadera. En el momento en que descubres que el vecino tiene otra religión, la conclusión más lógica es que las dos son falsas. Pero esa conclusión produce desasosiego. Necesitamos creer en algo que nos tranquilice, por lo que decidimos que la nuestra en la buena y que el otro es el que está equivocado. Eso nos reconforta.

  5. Alonso dijo:

    “En el momento en que descubres que el vecino tiene otra religión, la conclusión más lógica es que las dos son falsas”
    Si esto es una conclusión lógica, no quiero saber que es un absurdo…

  6. David dijo:

    Más que lógica, me parece la conclusión más verosímil. Disculpe mi imprecisión. Todas las religiones parecen tan ciertas o falsas como el pastafarismo.

  7. Alonso dijo:

    Bueno así pensará usted.
    Yo, en cambio, no comparía una parodia con un fenómeno cultural tan complejo.

  8. Yamil dijo:

    Creo que William James debió haber aprendido más matemáticas. No leí el debate de Clifford contra James, pero si el de Russell contra James, y Russell, y no solo Russell, también el lógico, semiótico y filósofo Charles Sanders Peirce, lo demolieron completamente en sus fundamentos y contradicciones.

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