Álvaro Delgado-Gal sobre Dawkins

La furia de nuestros abuelos


Por Álvaro Delgado-Gal, ABCD, 24 de febrero 2006

El libro de Richard Dawkins contra Dios -The God Delusion- ha provocado un rechazo que roza la unanimidad. El público culto, con independencia de sus ideas religiosas, ha estimado que se trata de una obra precaria y pueril. Han abundado en ese dictamen plumas tan diversas como Eagleton -un rojo de toda la vida-, Thomas Nagel -filósofo y ateo-, o el cortés pero contundente crítico de la New York Review of Books H. Allen- Orr. Dawkins saltó a la fama, allá por los setenta, con un libro de divulgación formidablemente bueno: El gen egoísta. Sabe sobre evolución lo que no está escrito, y maneja el inglés con una precisión y elegancia admirables. Pero no entiende de todo, y en particular, entiende poco de Dios, o para ser más exactos, de lo que los hombres han pensado sobre Dios. Se puede ser listísimo y también un poco zote. Ha sentado ejemplo, en tiempos modernos, Bertrand Russell, magnífico cuando habla de lógica pero asombrosamente superficial en sus incursiones en ética y política. El argumento más contundente a favor de la democracia es, de hecho, de índole negativa: la experiencia demuestra que los sabios, extraídos de su hábitat, pueden ser igual de bobos, o más, que los cabezas rapadas del graderío sur del Bernabéu. ¿Se imaginan un triunvirato constituido por Russell, Sartre y Heidegger? Sería una pesadilla. La estadística, misteriosamente, corrige los gigantescos desequilibrios que acusa cada hombre, cogido por separado.

El dios relojero. Volviendo a lo nuestro. Dawkins impugna, con argumentos plausibles pero muy conocidos, la idea del Dios relojero, añade otros para defender la tesis de que es casi seguro que Dios no existe, y se desparrama luego en diatribas vulgares contra la religión, sobre todo la cristiana, que es la que tiene más a mano. Todo esto es muy aburrido. Quizá suene escandaloso en los EE.UU., lo cual aloja un porcentaje de fundamentalistas cristianos considerable. Para un español contemporáneo, sin embargo, se trata, lo repito, de un asunto muy aburrido. Si acaso, la acosada es la Iglesia. Los lugares comunes más asfixiantes, y por lo mismo, más necesitados de crítica por estos pagos, vienen del laicismo. Otro gallo hubiera cantado en los años cuarenta. Pero nos hemos metido en el tercer milenio, y las cosas han dejado de ser lo que eran.

Dawkins peca, para empezar, de ucrónico. Ello le impide apreciar que ciencia y religión pueden embestirse, pero también ser complementarias. La religión es un obstáculo para la ciencia en Arkansas, donde muchos siguen confundiendo las dataciones bíblicas con una crónica de sucesos. Ahora bien, la idea abstracta de Dios no estorbó en absoluto a Einstein. Para un físico en busca de una explicación simple y compendiosa del universo, la noción de que éste ha sido decretado por un Dios inteligente y amante de las matemáticas puede resultar, más que un impedimento, un estímulo poderoso. Un físico que haya absorbido el escepticismo epistemológico de los posmodernos, es probable que abandone la física. No lo hará nunca un deísta.

La ciencia moderna. Es incluso posible, o más que meramente posible, que la ciencia moderna haya brotado de una previa racionalización de Dios. Es decir, de la teología natural. Les pondré un ejemplo. En Las euménides, de Esquilo, se desarrolla un curioso diálogo entre Apolo y una de las furias infernales. Las furias quieren castigar el asesinato de Clitemnestra por Orestes. Apolo, valedor de Orestes, alega que Clitemnestra ha asesinado a Agamenón, y que Orestes estaba obligado a vengar a su padre incluso si ello suponía ultimar a su madre. La furia replica a Apolo, en un tono casi de chanza, que su propio padre, esto es, Zeus, había tenido el desparpajo de confinar a Cronos, su progenitor, en las profundidades del Tártaro. El mensaje es: «Menos humos, Apolo, que en todos sitios cuecen habas».

El politeísmo, con sus dioses caprichosos y en ocasiones delincuentes, escandalizó profundamente a los racionalistas griegos. La causa residía no en que esos dioses fueran inexplicables o inmortales, sino en que eran demasiado humanos. La invocación de cosmologías que no implicaran a ningún dios integró siempre una posibilidad latente. En esa estela se situaron los epicúreos, o más tarde, Spinoza. Pero la tradición más influyente arranca de Sócrates, pasa por Platón, y se dilata en filosofías que no impugnan a Dios sino que intentan hacerlo compatible con el orden y la moral. Se trata de un dato histórico, no de una especulación. Las comparsas carnavaleras del politeísmo antiguo son reemplazadas por un Dios singular y predecible, y ciencia y religión entran en un proceso de fecundación imperfecta aunque incesante. El pensamiento abstracto también poliniza al cristianismo, ininteligible si ignoramos su helenización a lo largo de los primeros siglos de esta era.

Occidente ha sido religioso hasta hace casi nada, y quizá lo siga siendo sin saberlo. Profundizar en este análisis resulta mucho más interesante que repetir los gestos y osadías de nuestros abuelos, cuando tronaban contra la clerigalla en los ateneos del pueblo de entreguerras.

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6 respuestas a Álvaro Delgado-Gal sobre Dawkins

  1. Joaquín dijo:

    El teólogo Alvin Plantinga, catedrático de la Universidad de Notre Dame (Indiana), acaba de publicar la entrada “Religion and Science” en la enciclopedia de filosofía de la Universidad de Stanford, en internet:

    http://plato.stanford.edu/entries/religion-science/

  2. pseudopodo dijo:

    ¡Gracias! Tiene muy buena pinta.

  3. Rawandi dijo:

    Me sorprende que el señor Delgado-Gal haya escrito un artículo tan rematadamente malo. Para empezar, resulta delirante su comparación entre un demócrata como Russell y dos totalitarios como Sartre y Heidegger.

    Tampoco se sostiene su afirmación de que la Iglesia católica española esté siendo “acosada”, cuando en realidad sigue conservando en democracia muchos de los privilegios que le concedió el franquismo.

    Einstein no era creyente, como sugiere capciosamente el artículo, sino un espinozista incrédulo. Einsteín, al igual que Spinoza, llamaba “Dios” a la naturaleza.

    ¿Es creyente el señor Delgado-Gal? ¿O quizá es uno de esos agnósticos que trabaja para la Iglesia, como Federico Jiménez Losasntos? Eso explicaría los errores y la desinformación que impregnan su artículo.

  4. pseudopodo dijo:

    Me parece que criticas el artículo basándote en detalles anecdóticos: (1) que si Russell/Sartre/Heidegger, (2) que si la Iglesia no está acosada, (3) que si Einstein no era creyente…todo eso es inesencial a la tesis del artículo, y más todavía lo es si Delgado-Gal es creyente o no. Eso es puro argumento ad hominen (¿acaso la validez de la tesis depende de la religión del que la propone?).

    Resulta que estoy de acuerdo con lo que dice Delgado-Gal sobre (1), (2) y (3), pero como son puntos inesenciales no voy a perder el tiempo defendiendolos. Eso sí, me permito recomedarte esta página con las opiniones de Einstein sobre la religión; ahí encontrarás su célebre frase: “science without religion is lame, religion without science is blind”. Y verás que dice cosas muy similares a las que dice Delgado-Gal. Que además de filósofo es físico de formación. Y sabe de lo que habla.

  5. Carlos Y. dijo:

    Sensacional blog. Coincido a grandes rasgos con la opinión vertida en gran parte de los posts. Especialmente interesante me resulta la conclusión de este último post. En efecto, el ateísmo es hoy en día:

    1.Un club de moda (pronúnciese a la inglesa, porque realmente recoge mejor el sentido de lo que quiero transmitir), algo que está ‘in’, que te convierte automáticamente en alguien socialmente aceptable y cultural/ moralmente superior. Puro esnobismo religioso.

    2. Una creencia. Por todas partes escucho o leo aquello de “CREO en el ateísmo” (sic). En todo caso Vd. razonará la inexistencia de Dios o se mostrará escéptico respecto a la misma. Puede incluso creer que Dios no existe, pero no puede creer en la doctrina que afirma que Dios no existe. A dicha doctrina uno se adscribe, en todo caso, de manera racional.

  6. Confusio dijo:

    Se acusa a Dawkins de hacer un ad hominem a la Iglesia a base de acusaciones trasnochadas (lo daremos por cierto, no he leído el libro). Delgado-Gal y otros lamentan esos ataques cuando precisamente están bajando del Gurugú las huestes agarenas a implantar su sharia, como ya han hecho en Reino Unido, y ven en la Iglesia un bastión de la civilización occidental que no conviene que sea socavado. Sin embargo, me cuesta imaginarme a la iglesia a nuestro lado en la defensa de las libertades. Debería cambiar profundamente su discurso y su misma estructura. Ayudaría, por ejemplo, que la Iglesia no prendiera decidir cómo debemos morir o quiénes somos adecuados para ser padres, o que no se empecinara en que todos los embarazos no deseados acaben en hijos no deseados; siempre con esa pretensión universal implícita en su nombre, católica, que finalmente se traduce en totalitaria. Quizá las acusaciones trasnochadas sean simplemente ciertas y continúen vigentes porque se dirigen contra una institución con estructura de monarquía absoluta que, sin embargo, pretende fiscalizar la calidad de la democracia.

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