El caso de las ratas manipuladas

[Una fábula con moralejas]

Las experiencias de la infancia temprana pueden tener efectos que duran toda la vida. Entender cómo y por qué ocurre esto es crucial para valorar, por ejemplo, la importancia de los malos tratos a los niños, y, en general, para guiarnos en la compleja cuestión de cómo educar.

No es sencillo, ni generalmente ético, hacer experimentos con niños. Afortunadamente, podemos hacerlos con animales… pero las cosas a veces no son lo que parecen. Un caso instructivo es el de la manipulación temprana (early handling), que Patrick Bateson y Paul Martin cuentan en el capítulo 3 de Design for a Life.

Se sabe que, simplemente por manipular las ratas de laboratorio cuando son crías de unas pocas semanas, se modifica su comportamiento en la edad adulta. Las ratas que de pequeñas fueron manipuladas un rato a diario por una persona, cuando son adultas reaccionan mejor ante el estrés. Se ha comprobado que su glándula pituitaria libera rápidamente la hormona ACTH, que a su vez dispara la acción de las suprarrenales. Las ratas a las que no se manipuló cuando eran crías tienen el sistema hormonal peor ajustado. Tardan más en liberar hormonas y una vez liberadas, estas permanecen mucho más tiempo en sangre: son lentas ante el peligro y el susto les dura mucho más. Cuando llegan a viejas, tienen mayor degeneración hormonal y menos capacidad de aprender, seguramente por haber estado expuestas durante periodos prolongados a las hormonas del estrés.

Interesante, pero ¿por qué ocurre esto?¿Que lección práctica podemos sacar?

Lo más natural es pensar que el contacto físico tiene efectos benéficos: a las ratas les viene bien que las toquen y a nuestros hijos también les vendrán bien los abrazos. O quizá, sacar a la cría un rato de la jaula es un tipo de estimulación precoz: a las ratas les viene bien asomarse al mundo y a nuestros hijos les vendrá bien ir al parque y a los museos.

Pero quizá hemos ido demasiado deprisa en nuestras conclusiones. Cuando se estudió con más detenimiento, se entendió lo que estaba pasando realmente.

La manipulación por un humano aterrorizaba a las crías de rata, que lanzaban chillidos de auxilio a sus madres. Sólo que eran chillidos ultrasónicos: no era tan fácil advertirlo. Esto vuelve patas arriba nuestra interpretación: quizá lo bueno es que los niños no vivan en un ambiente muelle y sin problemas… A la vista de estos resultados, algunos investigadores defendieron que cierto grado de estrés en la infancia preparaba para el estrés de la edad adulta: la mano dura es mejor que los abrazos.

De todos modos, ¿no estaremos precipitándonos de nuevo? Un examen más cuidadoso reveló que cuando las crías asustadas eran devueltas a la jaula su madre dedicaba mucho tiempo a consolarlas, lamiéndolas y atusándolas: las crías manipuladas recibían, en promedio, estas atenciones el doble de tiempo que las no manipuladas. Y esta atención materna es la que resulta ser crucial para el buen desarrollo del sistema hormonal: volvemos a recomendar los abrazos a los hijos.

La historia tiene una moraleja bastante evidente: cuando se trata del cuidado de los hijos, parece mejor fiarnos del viejo sentido común que de las “evidencias” científicas…

Pero dije que la fábula tenía moralejas. Dejo la segunda para un próximo post.

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2 respuestas a El caso de las ratas manipuladas

  1. Entonces, si es bueno para las ratas crías el que su madre las ‘mime’, ¿por qué no ha surgido, vía evolución, un mecanismo de ‘maximización de mimos’? ¿Por qué, si la madre podía dedicarle más atención a la cría, no lo hacía ya de natural, sin necesidad de chillidos ultrasónicos?

    Desde mi punto de vista, y sin haber leído ni un solo artículo al respecto, porque la madre ya dedica tanta atención a la cría como puede, teniendo en cuenta que tiene que combinar la crianza de múltiples hijos y otras necesidades vitales. La madre ya da, de natural, tanto como puede.

    Estos experimentos, si algo ilustran, no es sobre el modo de criar a los hijos, sino, más bien, sobre el modo que tienen los hijos de manipular a los padres. Si un hijo quiere más atención de los padres (recurso valioso), lo que tiene que hacer es quitárselo a sus hermanos y, para ello, parece que es bueno pasarlo un poco mal.

    ¿Tú lo ves de otro modo?

  2. pseudopodo dijo:

    Tampoco yo he leído mucho sobre esto, pero supongo que el ambiente de pocos estímulos amodorra tanto a las crías tanto como a las madres. Seguramente en el estado natural las crías sí que demandan mimos y las madres se los dan, como dices, tantos como pueden.

    Me ha hecho gracia el giro que das a la interpretación del experimento (un giro más) con eso de que lo que ilustran el modo en que los hijos pueden manipular a los padres… pero creo que es verdad, y de hecho los hijos “problemáticos” muchas veces lo que están haciendo es llamar la atención.

    De todos modos no creo que sea la única lección; otra también es que nuestros mecanismos conductuales están bien ajustados, pero para el ambiente natural en el que evolucionaron. Para la rata que vive en un laboratorio puede que no sean los más adecuados, y lo mismo pasará con nosotros y nuestros hijos en la sociedad actual (urbana y occidental) que es muy distinta de la sociedad tribal “originaria”

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