Charles Taylor, premio Templeton

No hay duda de que el Nobel es el premio más importante. Pero su importancia no se debe tanto a su importe monetario como al prestigio y a la repercusión mediática. No es que sea poco dinero: al cambio actual, un Nobel son más de un millón de euros (1,073 M€ para ser exactos). Pero, si es por dinero, hay un premio que le supera: el Premio Templeton, dotado con 1,170 M€. Además le superará siempre, porque su importe se ajusta precisamente para eso. Hoy por hoy es mayor premio anual dado a un individuo por méritos intelectuales. ¿Y han oído ustedes hablar de él? Probablemente no.

El premio debe su nombre a Sir John Templeton, un mago de las finanzas norteamericano que hoy es ciudadano británico y a sus 93 años vive retirado en las Bahamas. Se concede desde 1972 y premiaba originalmente el “progreso en religión” aunque desde 2002 se trata de algo más farragoso: “progreso hacia la investigación o descubrimientos sobre las realidades espirituales”. Lo han recibido religiosos como la Madre Teresa de Calcuta, el hermano Roger de Taizé o Chiara Lubich, pero también científicos como Freeman Dyson, Paul Davies o Charles Townes.

El caso es que hace quince días fue concedido el galardón de este año y, por lo que veo en Google News, ni un sólo medio de información general en español lo ha mencionado. No deja de ser curioso: la dotación es impresionante, el plantel de galardonados también lo es, y el ceremonial no desmerece (es entregado por el Príncipe Felipe de Inglaterra en el palacio de Buckingham). Toda la prensa de los EEUU y Gran Bretaña lo destaca (por ejemplo: New York Times (1, 2 y 3), Usa Today, The Independent, The Guardian, International Herald Tribune…). Pero en español, sólo tres menciones en medios católicos de internet.

En fin, no sé bien a qué puede deberse este silencio. La fundación Templeton ha sido criticada por personajes como el biólogo y ateo profesional Richard Dawkins o el escritor científico John Horgan. Pero eso, en todo caso, serviría para dar más relevancia al premio, por la polémica que le rodea. Me temo que se trata simplemente de provincianismo.

Pero es una pena, porque el premiado, Charles Taylor, parece uno de los filósofos vivos más interesantes. No sabía mucho de él, salvo que se le vincula al comunitarismo y a las ideas de Alasdair MacIntyre, y que es el autor de “Fuentes del yo: la construcción de la identidad moderna” un libro célebre que hace poco hojeé en una librería sin atreverme a comprarlo (era demasiado “tocho” y tengo muchos libros a medio leer)…

Me entero ahora de que Taylor es un experto en Hegel y Wittgenstein, es católico y ha sido candidato al parlamento en Canadá varias veces. Y de que ha criticado “la remarcable sordera de muchos filósofos, científicos sociales e historiadores a la dimensión espiritual” (¡habría que añadir la sordera de los periodistas españoles!) . Para Taylor, esa sordera es peligrosa porque no permite entender las auténticas raíces de la violencia: los occidentales seculares queremos dar explicaciones sociológicas y económicas a lo que en realidad nace de necesidades espirituales, de una perversión de nuestra aspiración a encontrar significado y propósito en la vida.

Habrá que seguir la pista a Taylor. Si vuelvo a encontrarme con Fuentes del yo, creo que me lo compraré.

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