Sabios despistados

Como casi todos los tópicos, el del sabio despistado tiene mucho de verdad. He aquí dos historias que me he encontrado estos días.

Norbert Wiener (1894-1964), el padre de la cibernética y uno de los más importantes matemáticos del siglo XX, era bastante despistado. En cierta ocasión en la que estaban pintando su casa, los Wiener alquilaron por unos días un apartamento. La mañana en la que iban a llegar los pintores, la mujer de Wiener le recordó:

– Norbert, no olvides que esta noche tienes que ir al apartamento.

– Si, cariño.

Naturalmente, a Wiener se le olvidó, pero al llegar a casa y ver a los pintores recordó que tenía que ir al apartamento. Increíblemente, hasta recordó la calle y la manzana donde estaba. Aparcó el coche allí pero se dio cuenta de que no recordaba la dirección. Se dio una vuelta pero no sirvió: no caía en cual era el edificio. Desesperado, se acercó a una niña que jugaba en la acera:

-Niña, ¿no sabrás donde viven los Wiener?

– ¡Sí, papá!

(encontrado en Scribd)

Pero todavía ha habido alguien más despistado que Wiener…

Sir Neville Mott (1905-1996) fue premio Nobel de Física en 1977 y en la época en que ocurre esta historia ocupaba la cátedra Cavendish de física en Cambridge. Antes, había trabajado muchos años en la Universidad de Bristol.

Tras visitar Londres un día, Mott tomó el tren en la estación de Paddington en dirección a Bristol. Poco antes de llegar allí, se acordó de que ya no era catedrático de física en Bristol sino en Cambridge. Así que se montó en el siguiente tren de vuelta a Londres, y allí tomó el primer tren para Cambridge. Justo antes de llegar, recordó había viajado a Londres en coche. Así que tomó el siguiente tren a Londres, recogió el coche, y se volvió a Cambridge…para darse cuenta, poco antes de llegar allí, de que por la mañana había ido a Londres con su mujer… 🙂

(vía Stuart Savory)

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5 respuestas a Sabios despistados

  1. Felipe dijo:

    En el famoso fragmento de la República de Platón, después de explicar el mito de la caverna, Sócrates explica a su interlocutor qué ocurriría si al sabio, que ha salido de la caverna y ha contemplado las ideas puras, la realidad misma, lo obligan a volver a convivir con sus antiguos compañeros:

    “- Ahora fíjate en esto -dije-: si, vuelto el tal allá abajo, ocupase de nuevo el mismo asiento, ¿no crees que se le llenarían los ojos de tinieblas como a quien deja súbitamente la luz del sol?
    – Ciertamente -dijo.
    – Y, si tuviese que competir de nuevo con los que habían permanecido constantemente encadenados, opinando acerca de las sombras aquellas que, por no habérsele asentado todavía los ojos, ve con dificultad -y no sería muy corto el tiempo que necesitara para acostumbrarse-, ¿no daría que reír y no se diría de él que, por haber subido arriba, ha vuelto con los ojos estropeados, y que no vale la pena ni aun de intentar una semejante ascensión? ¿Y no matarían, si encontraban manera de echarle mano y materle, a quien intentara desatarles y hacerles subir?
    – Claro que sí -dijo.”

    PLATÓN: La República, Libro VII

  2. pseudopodo dijo:

    🙂 Ya lo dijo Whitehead: no hacemos más que notas al pie de Platón.

  3. Pingback: meneame.net

  4. Misósofos dijo:

    Buenísimas esas historias. Me han encantado…

  5. Misósofos dijo:

    Felipe, me ha encantado esa anotación tuya. Tal vez sea cierto eso de que aquellos que se ocupan del mundo de los eidos, no tienen tiempo para este otro terrenal…

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