Andrés Ibáñez: Cambiar el mundo

¿Dije que cada vez me gusta más Andrés Ibáñez? 🙂  (Las negritas del final son mías)

Publicado en ABCD, 5 de mayo de 2007

Fíjese que lo que resulta imposible es no cambiar el mundo. Inténtelo usted, inténtelo. Yo, por ejemplo, al escribir este artículo, estoy cambiando el mundo. Tengo una taza de té aquí a mi lado. Me la tomo. Ya no hay té en la taza. He cambiado el mundo.

Pero a lo mejor es que yo no entiendo bien en qué consiste eso de «cambiar el mundo». Vamos a ver. No seamos ceporros. No seamos literales. Yo oigo a mi alrededor que hay algunos escritores que escriben «para cambiar el mundo».

Ah, ya. Entre la línea anterior y ésta han pasado unos cuarenta minutos. He hecho un par de llamadas de teléfono. Ya, ya, ya. Me explican que «cambiar el mundo» significa luchar contra la injusticia. A uno de mis interlocutores le he preguntado que a qué injusticia se refería, ¡y me ha colgado el teléfono! A otro le he recitado aquello de Walt Whitman de «no veo ni una sola imperfección en todo el universo» y me ha dicho que yo era un fascista y un reaccionario. Le he contestado que los fascistas veían imperfecciones en todas partes y querían cambiar miles de cosas. Y luego, ingenuo de mí, me he atrevido a preguntar, ¿tiene algo que ver con el fascismo, eso de cambiar el mundo? Y otra vez me han colgado.

Menos mal que mi amiga Carmela, que estuvo en la Liga Comunista Revolucionaria hace años, me ha aclarado un poco las cosas. Resulta que «cambiar el mundo» quiere decir luchar contra la injusticia, y que los que quieren cambiar el mundo son los escritores «comprometidos». Luego me ha preguntado que si yo estaba comprometido también.

«No está bien hecho». Le he dicho que estaba casado (hacía tiempo que no hablábamos) pero al parecer no se refería a eso. Me dice que para cambiar el mundo hay que estar comprometido con una causa. Que el mundo «no está bien hecho», me ha dicho, y me lo ha repetido varias veces. Le he preguntado que si estaba deprimida, que si tenía algún problema, y me ha gritado que no entendía nada, que «cambiar el mundo» quería decir cambiar el orden existente, lograr que los pobres dejaran de ser pobres y que se terminaran las injusticias y las desigualdades.

Le he contestado, un poco atemorizado por sus estallidos de ira, que yo siempre había pensado que lograr que los pobres dejaran de ser pobres era trabajo de los políticos. En cuanto a las injusticias, yo siempre había pensado que era la ley la que se ocupaba de eso. ¿Y dónde no hay ley?, me ha preguntado furiosa mi amiga Carmela. Pues no sé, he dicho. ¿Es que no sabes que hay países donde hay esclavos?, me dice. Claro que sí, le he dicho, pero contra esos abusos hay que tomar medidas, no escribir libros «comprometidos». Claro, me dice ella, pero hay que denunciar. Pero ¿para eso no están los periódicos, le digo, que los leen millones de lectores, muchos más que los que leen una novela? Zas. También ella me ha colgado.

Duro de mollera. Yo debo de ser muy bruto, pero eso de «cambiar el mundo» no consigue entrarme en la mollera. A lo mejor lo que tendría que cambiar es precisamente mi mollera. A lo mejor «cambiar el mundo» quiere decir cambiarse a sí mismo. ¿Acaso yo no soy parte del mundo? Si me cambio a mí mismo, cambio el mundo. De vuelta del teléfono otra vez. Que no, que no lo pillo. Que eso de «cambiarse a sí mismo» es misticismo. Que lo que pasa es que yo no quiero que cambie nada.

¿Será eso cierto? Es verdad que cuando escribo lo que deseo hacer no es, en principio, «cambiar» nada, sino más bien comprender. Lograr un mirador elevado, un punto de calma, desde el que pueda ver el mundo, entender este torbellino. Ya que, ¿cómo se puede cambiar lo que no se puede comprender? Esos que quieren «cambiar el mundo» creen tener la explicación total y coherente del mundo. Pero esas explicaciones suelen ser parciales y limitadas y a menudo conducen a grandes desastres.

Hay un verso de Rilke que dice: «Aspira a la transformación». Antes de cambiar el mundo hay que comprenderlo. Nada puede cambiar si no cambia el nivel de conciencia. Aspira a la transformación. Magnífica es la lucha de los activistas, la de los que tienen el poder y pueden, verdaderamente, cambiar las cosas, y la de esos seres valerosos, médicos, misioneros, voluntarios, que entran en el infierno para ayudar a los desdichados de esta tierra. Pero el poeta a la pálida luz de su lámpara poetando y el místico encerrado en su cueva meditando no están fuera del mundo, sino que son parte del mundo y lo están transformando también.

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18 respuestas a Andrés Ibáñez: Cambiar el mundo

  1. eldoctorhache dijo:

    Es una verdad como un templo, la que escribe Ibáñez y tu amablemente reproduces. ¡Cuántos tópicos por deshacer!

  2. Sergio dijo:

    Lo que no entiendo es que primero dice que contra los abusos “hay que tomar medidas” y luego que “lo de cambiar el mundo no entra en mi mollera”.

    Eso de tomar medidas contra los abusos sin cambiar el mundo se parece demasiado al milagro de la Inmaculada Concepción.

  3. Asturchale dijo:

    >> Me explican que «cambiar el mundo» significa luchar contra la injusticia. A uno de mis interlocutores le he preguntado que a qué injusticia se refería, ¡y me ha colgado el teléfono!
    >>A otro le he recitado aquello de Walt Whitman de «no veo ni una sola imperfección en todo el universo» y me ha dicho que yo era un fascista y un reaccionario.

    Pues hombre, fascista en el terminio clásico del termino no, claro, pero un tanto repelente sí que parece el personaje, ¿No? Si no ve las injusticias será que está del lado de los favorecidos por el sistema. Ya me figuro que un columnista de ABC no tendrá que trabajar nueve horas al día por setecientos euros, ni rezar para no pisar una mina antipersona de camino al pozo cada mañana. Mejor para él, pero si encima intenta hacerse el gracioso la cosa ya empieza a pasar de castaño oscuro.

  4. pseudopodo dijo:

    Sergio, Asturchale: yo creo que Andrés Ibáñez se queja aquí (con un humor que a mí me gusta mucho) de que al escritor parece que se le tiene que exigir que tenga un “compromiso” como si tuviera una responsabilidad mayor que la de los demás, y como si realmente pudiera cambiar el mundo.

    Si a mí, por tener este blog, me exigieran ese tipo de responsabilidades, creo que diría lo mismo que él. Lo he puesto, sobre todo, porque me gusta la idea de que el mundo es complejo, es como un organismo que no sabemos como funciona, y al intentar cambiarlo podemos estropearlo…aunque sea con toda la buena intención. Por eso creo que es muy acertado lo de buscar comprender y “aspirar a la transformación”. Una de mis razones para escribir aquí es esa…

    Un saludo…

  5. Sergio dijo:

    La globalización, la deforestación, la desregulación del mercado de trabajo, la urbanización de las costas, la ilegalización de Batasuna, el matrimonio homosexual, quitar la asignatura de Religión, volver a poner la asignatura de Religión, la subida de la vivienda…

    Todas éstas son transformaciones que “han podido estropear el mundo al intentar cambiarlo”. Pero no he oído a nadie criticarlas con estos argumentos.

  6. JuanPablo dijo:

    iba a dejar un comment sobre esto último, pero mejor dejo otro 😉

    Sergio, si querés leer críticas serias sobre transformaciones que han estropeado el mundo al intentar cambiarlo, te recomiendo el libro Mathematical Biology I, JD Murray, Springer (2002), pag 101-105.

  7. pseudopodo dijo:

    Je, eso es una provocación, Juan Pablo 😀 . Menos mal que en la biblioteca de mi facultad tenían el libro… En resumen:

    En 1960 la Perca del Nilo fue introducida en el Lago Vicoria, el mayor de África. Se pensaba que estos peces, que pueden alcanzar 100 kg, serían una fuente mejor de proteínas que los peces autóctonos, más pequeños. La operación fue patrocinada por la FAO.

    En unos años, las percas habían arrasado casi todas las especies de peces pequeños en las que se basaba la economía de los pueblos pesqueros de la costa. En 1984 la productividad se había reducido en un 80% y el mercado estaba saturado de percas.

    Las percas no se podían conservar secándolas: había que ahumarlas, lo que obligaba a quemar madera y provocó la desforestación.

    Pero además los peces extintos resultó que comían unos caracoles en los que vivían unos parásitos que provocan una grave enfermedad, la esquistomiasis. Al proliferar los caracoles se disparó la población de parásitos y los casos de la enfermedad (que es mortal).

    Parece que va a tener razón Andrés Ibáñez cuando dice que “Antes de cambiar el mundo hay que comprenderlo”…

    (Juan Pablo: muy bueno el libro, no lo conocía)

  8. JuanPablo dijo:

    ahora entendés por qué no me tomé el laburo de traducirlo? era muy largo!

    Y de la página anterior: From our study of interaction models up to now we know that a system can be driven unstable if certain parameters are changed appropriately, that is, pass through bifurcation values. It should therefore be a matter of considerable scientific study before any system is altered by external manipulation. The use of models to study the effect of artificially interfering in such trophic webs is essential and can be extremely illuminating. Had this been done it is likely that the following catastrophe would have been avoided.

    Y de la anterior: L-Volterra para 3 son un desastre, ejemplo: el sistema de Lorenz! que en realidad viene de modelar el clima

    pensé de inmediato en todo esto cuando leí tu post. Fijate qué bien intencionada era la FAO, combatiendo el hambre y la pobreza en áfrica.

    Y faltó la parte de las consecuencias de la esquistomiasis: hombres y mujeres “menstrúan” (los varones sangraban por la enfermedad), lo cual explica que milenios atrás, los varones puros (mujeres sanas menstruaban de verdad, y por eso no había) fueran elegidos y educados como sacerdotes en el antiguo Egipto (en base a los promedios de edades de las momias que se encontraron)

    Así que parafraseando el comment de Sergio: La globalización, la deforestación, modificar el mercado de trabajo, la urbanización de las costas, y hasta cuestiones de Religión… todas transformaciones a causa de que estropearon el mundo al intentar cambiarlo.

  9. signor rossi dijo:

    Pseudopodo,

    me interesa muchísimo la columna de A. Ibáñez en el ABC de los sábados. ¿Sabes si pueden leerse online las publicadas recientemente? En un rapto de reciclaje/feng-shui he tirado algunos números que no debería…. me interesaba especialmen uno que se titulaba “qué pasaría si nunca pasase nada”.

    gracias de antemano. buen post.

  10. pseudopodo dijo:

    Hola, signor rossi,
    Las columnas de Andrés Ibáñez las ponen en la web de ABCD pero sólo duran una semana. No tienen archivo y cuando sale el número siguiente desaparecen, precisamente por eso he colgado aquí alguna de las que más me han gustado. Y la que dices tú me parece que es una que yo también tiré en papel y cuando fui a buscar en la web ya no estaba… 😦
    En fin, si la consigues en formato electrónico me la pasas…

  11. signor rossi dijo:

    ok, muchísimas gracias, seguiré buscando!!

  12. Juanjo dijo:

    A mí también me gustan mucho sus columnas; y entiendo perfectamente lo que dice. Para poder transformar el mundo, hacerlo mejor, tendríamos que optar por una única interpretación de éste, lo que es imposible; bastante negativa ha sido hasta ahora toda la metafísica del Uno. Creo que hay que pensar que el mundo es plural, diverso e incomprensible. Lo de cambiar el mundo me parece simplemente luchar contra la realidad.

    Hay que darse cuenta que durante las Revoluciones (en Francia, en Rusia, etc…) los hombres que más sangre hicieron correr fueron aquellos que tenían el más vivo deseo de que sus semejantes llegasen a gozar de la Edad de Oro con que ellos habían soñado, y que asimismo mayor preocupación tenían por las miserias humanas: optimistas, idealistas y sensibles, se mostraban tanto más inexorables cuanto mayor era su sed de felicidad universal.

    Mi abuelo decía una cosa: «Si no sabes cómo arreglarlo, mejor déjalo así»

    Un saludo y felicitaciones por el blog.

  13. Daniel dijo:

    Juanjo: una única (y excluyente) interpretación del mundo, desde un único (y excluyente) punto de vista, no es justa porque somos diversos, y diversos son los puntos de vista, naturalmente; no sólo no es justa sino que es destructiva. La realidad es plural, diversa e incomprensible, pero es también una. Una y múltiple. Para mí, el entendimiento (del mundo y entre nosotros) pasa por el diálogo con el respeto al otro como base.

    La pretensión de cambiar el mundo me parece muy bienintencionada pero tiene, a mi parecer, algo de ególatra. ¿Quién soy yo (desde mi superficie, desde mi ego) para decidir lo que necesita el mundo? Bastante haré con procurar estar bien atento para ver qué es lo que se pide de mí en el momento concreto en que estoy viviendo. Por otro lado: nada puedo resolver, pero nada se resolverá sin mí.

    Lo que dijo tu abuelo me recuerda algo que cita Francisco Varela, científico y hombre de gran profundidad espiritual, unas palabras de San Francisco de Asís: “Señor, dame la fuerza para cambiar las cosas que puedo cambiar. Dame la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar. Y dame la sabiduría para distinguir la diferencia.”

  14. Juanjo dijo:

    Estoy de acuerdo, Daniel; lo único de lo que no estoy seguro es de la posibilidad de entender el mundo, tendríamos que conocer la variedad indefinida de los aspectos de las cosas y de los puntos de vista.

    Me apunto las palabras de San Francisco de Asís.

  15. pseudopodo dijo:

    Juanjo, tu abuelo podría haber trabajado en un laboratorio: una de las cosas que todo (buen) físico experimental sabe se resume en que “si no está roto, no lo arregles” (if it aint broke dont fix lt). Y eso se hace así al pie de la letra. Muchos montajes experimentales de vanguardia están controlados por un ordenador que funciona en MS-DOS: funciona, luego no hay que arreglarlo.

    Daniel, había oído esa oración en alguna ocasión, pero no sabía que era de San Francisco. Yo también me lo apunto.

    Por cierto, ahora recuerdo que traté este tema más extensamente aquí.

  16. johnnylingam dijo:

    La oración (o plegaria) de la serenidad es de origen incierto. Ni siquiera el propio autor a quien se le atribuye (Reinhold Niebuhr) está seguro de que sea suya. Yo me inclino por algún estoico, pero hay teorías para todos los gustos, como se puede comprobar por este artículo de una revista de Alcohólicos Anónimos:

    Al sugerir que la oración podría haber estado apareciendo aquí y allá durante siglos, parece que el Dr. Niebuhr estaba en lo cierto. “Nadie puede decir con seguridad quién fue el primero en escribir la Oración de la Serenidad,” dijo Bill W.: “Algunos dicen que vino de los antiguos griegos; otros creen que salió de la pluma de algún poeta inglés anónimo; y otros afirman que fue escrita por un oficial de marina americano…” Otros han atribuido su origen a antiguos textos sánscritos y a los distinguidos filósofos Aristóteles, San Agustín, Santo Tomás de Aquino y Espinosa. Un compañero de A.A. encontró entre “Los seis errores del ser humano” escrito por el escritor romano Cicerón, lo siguiente: “la tendencia a preocuparse por cosas que no pueden ser cambiadas o corregidas.” De hecho, nadie ha encontrado el texto de la oración entre los escritos de estas supuestas fuentes originales.

    Lo que probablemente son muy antiguos, como la cita anterior de Cicerón, son los temas de aceptación, valor para cambiar lo que puede cambiarse, y la disposición para desprenderse de lo que está fuera de nuestra capacidad para cambiar. Con toda certeza, la búsqueda del origen de la oración ha sido como pelar una cebolla, y a veces es necesario volver a empezar desde el principio. Por ejemplo, en julio de 1964, el Grapevine recibió un recorte de un artículo publicado en el Herald Tribunede París en el que el corresponsal informó de haber visto en Koblenz, Alemania, una placa grabada con las siguientes palabras:

    “Dios concédeme el desprendimiento para aceptar las cosas que no puedo alterar; el valor para alterar las cosas que puedo alterar; y la sabiduría para distinguir una cosa de la otra.”

    Por fin aquí parecía haber un prueba concreta, con cita, autor, fecha, del origen de la Oración de la Serenidad. Pero, no. Quince años más tarde, en 1979, Peter T., de Berlín, dijo a Beth K., miembro del personal de OSG en aquel entonces, que en su primera forma la oración tuvo su origen en el filósofo romano Boecio, (480-524), autor de Los consuelos de la filosofía.

  17. pseudopodo dijo:

    …uf! Sí que tiene historia la oración… Pero al final, parece que San Francisco no está entre los posibles autores… Gracias por la información, johnny lingam.

  18. pseudopodo dijo:

    Para el Signor Rossi: No funciona la dirección de correo que pusiste, pero por si te sigue interesando, aquí tienes casi todos los publicados en ABCD, y aquí el que buscabas (“¿Qué pasaría si nunca pasara nada?”).

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