Pensar como un científico (III): Teorías y Panotios

En el primer capítulo de esta serie argumentaba (en contra del dogma de la divulgación) que saber de ciencia no es especialmente necesario para vivir en esta sociedad. Y defendía que la cultura científica no consistía en conocer un conjunto de resultados, sino en adquirir una cierta manera de mirar el mundo.

Pero esta definición vale, palabra por palabra, para la cultura literaria, histórica, artística, filosófica… ¿Qué es lo característico de esa mirada científica?

En el segundo capítulo explicaba que el verdadero científico, a diferencia de muchos divulgadores, no cae en la concepción mágica del lenguaje: no confunde la palabra con la cosa, el nombre con la explicación (no dice que “los cuerpos caen por la gravitación universal”). Pero esto es una caracterización en negativo, y tampoco es exclusiva de la ciencia.

¿Entonces? He aquí un primer intento de definición:

“Lo caracterísico de la ciencia es que sigue un método empírico, es decir, que recopila hechos mediante una observación y experimentación cuidadosas, y deriva posteriormente leyes y teorías de estos hechos mediante un procedimiento lógico riguroso”

Podemos bautizar a esta concepción -que se remonta, por lo menos, a Francis Bacon- como empirismo ingenuo. Casi todo el mundo está de acuerdo con esto, incluidos muchos científicos. Pero el empirismo ingenuo tiene el inconveniente de que es.., eso, demasiado ingenuo.

La ciencia no sale de manera natural de los hechos. Veamos un ejemplo, sacado de las observaciones de Nigel Barley entre los dowayos, un pueblo primitivo del norte de Camerún:

La mayoría de los remedios dowayos se basan en las tres plantas mágicas que se suponen efectivas contra todo tipo de infortunio, desde el adulterio hasta el dolor de cabeza. Cada una la dividen en varias especies, que el lego no puede distinguir mediante una inspección meramente física. Los dowayos hablaban siempre como si fueran unos positivistas a ultranza que no creyeran nada si no contaban con pruebas sensoriales directas. “¿En que se distingue un tipo de zepto [una de las plantas mágicas], por ejemplo, de otro? –preguntaba yo- ¿Cómo se sabe si este es de los que ponen fin al adulterio o de los que curan el dolor de cabeza” Se me quedaban mirando perplejos ante tamaña estupidez. “Probándolos –respondían-. ¿De qué otra manera?”.

Esta actitud tan “científica” no impedía a los dowayos creer en piedras que provocan la lluvia y hombres que se transforman en leopardos.

Y no es que los dowayos fueran especialmente lerdos, porque algo similar nos ha pasado en occidente. Durante 1500 años, los europeos más cultos creyeron en la existencia de los panotios y de los esciópodos. Los panotios tenían unas orejas tan grandes que les servían de abrigo; los esciópodos, un único pie de tales dimensiones que lo usaban como sombrilla (imágenes de la Crónica de Nuremberg (1493) de Hartmann Schedel).

Estos monstruos (y muchos más, como los cíclopes, los blemios o los cinocéfalos) estaban descritos en la Historia Natural de Plinio el Viejo, uno de los best-sellers de la antigüedad.

A nosotros nos parece ridículo que alguien pueda creer en hombres con un sólo pie o con orejas gigantes. Sin embargo, no nos habría extrañado tanto encontrarnos con hombres con seis dedos o con labios gigantes, que eran igual de monstruosos para Plinio.

La razón está en que tenemos una cierta teoría del cuerpo humano, que permite dedos supernumerarios y labios deformados pero no pies gigantes ni orejas-manta.

Aquí empezamos a ver cómo la teoría se interpone entre nosotros y los hechos: nos dice qué podemos esperar y qué no, lo que es sorprendente y lo que es trivial, por lo que merece la pena esforzarse y por lo que no.

Como nuestra teoría no admite panotios ni esciópodos, nos parecen directamente ridículos. Para Colón, sin embargo, la teoría vigente era la de Plinio, y en consecuencia, dedicó mucho tiempo a buscar monstruos en el Nuevo Mundo. También Hernán Cortés, a quien el gobernador de Cuba encargó expresamente que buscara los panotios y los cinocéfalos (no los encontró, pero en 1522 envió a Carlos V unos huesos fósiles que él creía esqueletos de gigantes).

La teoría tiene, por tanto, una función orientadora y valorativa. Esto puede ser importante, puede condicionar los hechos que buscamos y cómo los valoramos, pero seguramente no es decisivo, dirá el lector: al fin y al cabo, Colón no encontró los monstruos que buscaba.

No tan deprisa. Para empezar, resulta que desmentir una teoría es muy difícil. Cortés no encontró los panotios, pero con eso no demostró que no existieran (y durante todo el S. XVI, los mapas continuaron dibujando monstruos en América). Así que nunca estamos seguros de que nuestras teorías estén libres de panotios (el éter y el calórico fueron dos notables panotios, y quien sabe si el bosón de Higgs no lo será).

Pero hay más. Lo que vemos está muy condicionado por lo que esperamos ver. La función orientadora de la teoría puede imponerse hasta el punto de que no veamos lo que con otra teoría nos saltaría a la vista. Es muy difícil ver lo que creemos que no existe, y hablo de ver en el sentido literal de la palabra. Si nos dicen que esto es un cuadro abstracto, seguramente no veremos más que manchas:

ilusdalm.jpg

(Quien sólo vea manchas, que mire aquí para que le proporcionen otra teoría).

Con esto sólo estamos empezando a vislumbrar el poder de la teoría. En realidad, no hay hechos desnudos, independientes de una teoría: todas nuestras percepciones, hasta las más elementales, están cargadas de teoría (recordemos las inferencias inconscientes de Helmholtz). Pero eso habrá que dejarlo para otra ocasión.

 

NOTA: La definición del ciencia del empirismo ingenuo está sacada, más o menos, de “¿Qué es esa cosa llamada ciencia?, de Alan Chalmers (Ed. Siglo XXI). Los panotios y compañía los encontré en Lo que vio Colón en 1492, de I. Bernard Cohen, en Investigación y Ciencia, febrero 1993.

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7 respuestas a Pensar como un científico (III): Teorías y Panotios

  1. JavierAteo dijo:

    Sería estupendo… si no fuera debido a que la propia teoría científica como tal hoy entendida no tomase en consideración el método científico. Esto es, estimado boglero: si no se aplicara el método científico.

    Pero se aplica y por eso la primera ley de la termodinámica acredita que no hay un dios creador.

    Con independencia de que durante miles de años millones de seres humanos así lo creyeran y crean.

    Claro que tu eres libre de ser creyente en dioses y en humanoides de un gigantesco pié para darse sombra.

    Es lo que tiene la libertad. Si no cuentas con la teoría, claro.

  2. pseudopodo dijo:

    Después de leer esto: “la primera ley de la termodinámica acredita que no hay un dios creador”, la verdad es que no tengo nada que añadir. 🙄

  3. qbit dijo:

    Tengo curiosidad por saber qué acredita la segunda ley de la termodinámica. 🙂

  4. Isenez dijo:

    Ya está el pesado del ateo de menéame con su apostolado antirreligioso. Resulta curioso que esgrima la primera ley de la termodinámica para refutar la existencia de Dios cuando hay quienes esgrimen la segunda ley para probar esta existencia.

    Pero a lo que voy, no le basta con dar el sermón en meneame.net sino que se atreve a sentar cátedra en física… ¡en el blog de un físico!

    En fin. La fauna de meneame.net cada vez más pedante. Qué le vamos a hacer. 🙄

  5. bloodykefka dijo:

    Grandes los dowayos, muy grandes.

    Respecto a lo de la teoría, bueno siempre se dice que todo aquello que choque con nuestra educación nos parece ridículo, como me decía Aloe respecto a las religiones orientales… el problema es creo que directamente para que nos parezcan ridículas hemos de tener algun tipo de noción al respecto, para poder plantearse siquiera si es ridículo o no. ¿Cómo se puede considerar algo ridículo si ni siquiera se ha planteado que es de una manera sería?

    Por tanto yo discrepo un poco con eso. Es cierto que nuestra explicación del mundo hace tender a pensar en otras cosas, pero cuando te viene algo desconocido o de lo que simplemente conoces el nombre, no tendras opinión al respecto, o si la tienes, posiblemente sea en relación a las creencias que tienes.

    Luego están la gente como yo, que simplemente reconoce que no tiene suficientes elementos como para poder tener una opinión al respecto.

  6. bloodykefka dijo:

    Por cierto se me olvidaba, grande la trilogía, al Tweeter.

  7. Octavius dijo:

    No soy físico, ni teólogo, sólo soy un neófito de la divulgación de la ciencia.
    Si nos basamos en título, excelente.
    Gracias por compartir los comentarios, tanto del que publica como los de los lectores.
    No es la definición la que interesa, sino para que sirve la polémica y que beneficio conlleva.

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