[Reseña] Malcolm Gladwell: La frontera del éxito

Empecé a leer este libro poco convencido. Sabía que fue un best seller en Estados Unidos, donde apareció en el año 2000 con el título de The tipping point, y tenía una ligera idea de qué iba. Me imaginaba que iba a decir que una causa pequeña puede tener un gran efecto, y a dar instrucciones para usar tal “descubrimiento” en provecho propio, para alcanzar el éxito. O sea, uno más del género de autoayuda para managers…

El arranque del libro no hace mucho para desmentirlo. Pero poco a poco la idea va tomando cuerpo y resulta ser más sustanciosa de lo que parecía. Gladwell, además, la sabe presentar con eficacia, usando muchos ejemplos variados, interesantes y bien contados, a menudo largos pero que siempre ilustran la tesis principal: así, hasta el lector más reticente acaba por rendirse (yo me rendí en el capítulo 3, cuando Gladwell cuenta la historia de Barrio Sésamo…)

Pero una cosa es la retórica y otra la sustancia. ¿Cual es la tesis del libro? ¿Es correcta? ¿Es tan relevante como dicen los comentarios de la solapa, donde hasta Bill Clinton opina?

Solemos pensar que debe haber una proporcionalidad entre las causas y las consecuencias. Un problema grave (pongamos, la inseguridad ciudadana) debe tener soluciones costosas y complejas (más policías, reformar el código penal, educar mejor a los adolescentes…) Es cierto que no siempre ocurre así: a menudo hay modas que surgen como de la nada, sin causa aparente. Gladwell cuenta, por ejemplo, como en los años 90 los zapatos Hush Puppies pasaron casi de la noche a la mañana de estar totalmente pasados de moda a ser lo más cool, y sus ventas anuales subieron de treinta mil pares a dos millones, sin que mediara ninguna campaña de publicidad. Pero parece que estos fenómenos no pasan de anécdotas limitadas a temas insustanciales.

La tesis del libro es que esta desproporción entre causa y efecto, lejos de ser la excepción, es la norma. Esto, en realidad, es algo bien conocido en física: la mayoría de los sistemas reales son no lineales y tienen una dinámica caótica: pequeñas diferencias en las condiciones iniciales o de contorno pueden tener consecuencias dramáticas (es el famoso efecto mariposa). Si esto ocurre en un sistema tan sencillo como un péndulo doble ¿cómo no va a ocurrir en la sociedad?


El sociólogo Mark Granovetter (varios de sus papers aquí) escribió en 1978 un trabajo pionero titulado Threshold models of collective behavior en el que discutía este tipo de efectos. Por ejemplo, ¿de que depende que estallen unos disturbios? Cada individuo, antes de liarse a romper cristales, generalmente se fija en lo que hacen los demás. Hay gente (los instigadores) que se amotinarán pase lo que pase. El resto sólo lo hará si hay un cierto número de gente que ya lo ha hecho. Los más agresivos no necesitarán que ese número sea grande; los más pacíficos sólo se amotinarán cuando casi todo el mundo lo ha hecho ya. Granovetter encontró que dado un grupo de gente, para cada distribución estadística de “agresividades” hay un número umbral de instigadores: con uno menos no pasa nada, con uno más, estallan los disturbios. Ese umbral sería el tipping point, algo semejante a una transición de fase en física: una diferencia de una décima de grado hace que el agua se congele o no se congele.

Hay que aclarar que Gladwell no presenta así las cosas. No alude a la física y sólo nombra a Granovetter de pasada. Su libro está escrito en una vena popular -para mi gusto demasiado, porque muchas de sus afirmaciones quedan muy pobremente argumentadas, cuando casi siempre tienen una sólida base teórica-. Pero probablemente gracias a eso fue un best seller…

Un par de ejemplos vienen al caso. En vez de plantear la cuestión general (que la dinámica social es no lineal y por eso no puede esperarse proporcionalidad entre causas y efectos), Gladwell plantea el caso más restringido de una epidemia como si fuera típico del cambio social. Dedica mucho tiempo a explicar que para que se supere el “tipping point” hay tres factores clave: las personas, el “agente infeccioso” y el entorno. Las personas se rigen por la “ley de los especiales”: sólo importan unas pocas personas especiales; de tres tipos: las que tienen más contactos sociales (“conectores”), los enterados que conocen mejor la novedad (“mavens“) y los que tienen más dotes para propagarla (“vendedores natos”). Todo esto lo explica entrevistándose con un ejemplar característico de cada tipo; esto puede ser ameno para muchos lectores (a mí me aburre) pero como argumento no vale nada. Sin embargo, la idea tiene bases sólidas, precisamente en otros trabajos de Granovetter, en la ciencia emergente de las redes (explicada en muy recomendable Linked), y en los estudios de Everett Rogers sobre la difusión de innovaciones. Pero esto no se cuenta en el libro.

Algo similar ocurre con las explicaciones sobre el papel del entorno. Para convencernos de su importancia, Gladwell se extiende sobre el caso del metro de Nueva York, donde la criminalidad se atajó con medidas basadas en mejorar el ambiente (evitar las pintadas, no permitir que se colara la gente…) en vez de seguir estrategias aparentemente más resolutivas y serias. Es la teoría de las “arreglar las ventanas rotas“, y es muy interesante, pero su valor probatorio es discutible. Sin embargo, lo que importa aquí no es de esa teoría en concreto, sino la cuestión más general de que el ambiente determina nuestros actos en mayor medida que nuestra personalidad. Y eso es uno de los resultados mejor establecidos de la psicología social (igual que nuestra negativa a creer tal cosa, que constituye el error fundamental de atribución). En honor a la verdad, aquí Gladwell sí explica más los fundamentos, pero los supedita a la historia del Metro.

En resumen, “La frontera del éxito” cuenta cosas importantes (y seguramente novedosas para casi todo el mundo) y bien fundadas. Pero el libro no permite apreciar esto último, porque el autor ha buscado ante todo la amenidad, descuidando la solidez de la argumentación. Aún así, no es un libro de autoayuda para mánagers. Merece la pena (y el capítulo sobre Barrio Sésamo es espléndido).

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2 respuestas a [Reseña] Malcolm Gladwell: La frontera del éxito

  1. qbit dijo:

    Interesante.

    Qué intriga con el capítulo de Barrio Sésamo. Dos veces lo has mencionado, y dos veces no has soltado palabra sobre ello.

  2. pseudopodo dijo:

    🙂 Bueno, en realidad habla de Barrio Sésamo cuando discute el “agente infeccioso”, lo que llama el “gancho”.

    La idea es que también aquí lo que engancha a la gente, lo que capta su atención, puede ser algo aparentemente trivial. Pone varios ejemplos curiosos y luego se explaya contando la historia de Barrio Sésamo. Entre otras cosas, cuenta que, siguiendo los consejos de los pedagogos para que los niños no confundieran la fantasía con la realidad, en el programa no se mezclaban los muñecos con los personajes reales. Pero cuando hicieron estudios con niños observándolos mientras veían el programa, se dieron cuenta de que cuando no había muñecos la atención de los niños caía en picado. En unos pocos días (faltaban semanas para el lanzamiento) tuvieron que inventarse a la gallina caponata, Oscar el gruñón, etc, y ponerlos a vivir en la Calle Sésamo… Según Gladwell, ese detalle fue el que salvó al programa…

    La verdad es que la historia no tiene que ver mucho con el argumento del libro, pero bien pensado, que sea lo que me enganchó no deja de darle la razón a Gladwell…

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