Andrés Ibáñez: Unger y la mirada

[Ibáñez habla aquí de un tema que me fascina, del que he hablado en varios sitios, sobre todo en Invisibilidad de lo inmóvil. Adrián Unger es además un misterio: no he encontrado en la web nada sobre él ni sobre su libro.]

* * *

Publicado en ABCD el 10 de noviembre de 2007

Uno de los libros más extraordinarios que conozco es Investigaciones sobre la mirada, de Adrián Unger. Las investigaciones de Unger, fisiólogo de la universidad de los franciscanos de Löwen, se mueven en un terreno intermedio entre la anatomía y la poesía, entre la especulación y la metafísica. El libro es de 1946, y de él sólo existen, que yo sepa, una traducción al francés de 1958 y otra al inglés de 1959, que es la que yo leí hace unos años y que un milagroso azar me ha devuelto al fondo de uno de esos armarios que llevamos años sin revisar y que, al ser abiertos y aireados, nos muestran de pronto delicados fragmentos intactos de nuestro distante pasado.

El libro llegó a mí de una manera bastante curiosa. Lo encontré en la biblioteca de un camping (sic) en Edimburgo, Escocia, a principios de los años 80. Nunca he sido ladrón, pero aquel libro llamó tanto mi atención que al instante decidí quedármelo. Recuerdo que la lectura del libro me impresionó mucho entonces, pero los jóvenes están acostumbrados a sentirse impresionados y están convencidos, por otra parte, de que el mundo está abarrotado de misterios. ¿Qué es un misterio más cuando todo parece un misterio, cuando el sexo, el amor, el tiempo, el espacio, la identidad, el volumen, la memoria, los insectos, las constelaciones, la realidad toda, en definitiva, parece un inconcebible misterio? Por otra parte, mi inglés no era muy bueno en esa época, y no estoy seguro de haber comprendido del todo lo que afirma este libro escandaloso. Y es que, me digo, si de verdad hubiera entendido entonces lo que descubre Unger, si de verdad lo hubiera tomado en consideración, mi vida habría sido diferente.

Lo más inquietante del libro es que es la obra de un científico. Unger comienza con un estudio puramente fisiológico de la mirada humana. Nos explica, por ejemplo, que los colores no existen, y que en realidad todo eso que consideramos «el mundo visible» no es más que una colección de radiaciones. Nos explica que cuando leemos un texto nuestra mirada no «corre» por las líneas escritas, sino que salta aquí y allá y hace pequeñas «fotografías» a izquierda y derecha.

Algo muy parecido, afirma, es lo que hacemos cuando miramos las cosas. Nuestros ojos saltan, toman una fotografía, comparan la fotografía con el archivo existente y si no hay nada distinto, o genéricamente distinto, vemos la imagen guardada en el archivo. La mirada, afirma Unger, no es continua. Al contrario de lo que suponemos, los ojos no ven casi nunca lo que tienen delante. Cuando miramos, afirma Unger, estamos casi todo el rato pensando.

Pero lo más asombroso es la forma en que Unger explica este fenómeno. Es en este punto donde comienzan verdaderamente las «Investigaciones» a que hace referencia el título. Cuando fijamos la mirada en un punto e intentamos ver de manera continuada, explica nuestro autor, comienzan a tener lugar una serie de fenómenos inesperados. Primero, nos damos cuenta de lo increíblemente difícil que resulta ver de forma continua cualquier cosa, aunque sea una simple letra mayúscula, un simple círculo, una uña. Después, y si perseveramos en este curioso ejercicio durante unos minutos, empezaremos a notar que el mundo desaparece de nuestra vista. Concentremos la mirada en una imagen, en nuestro rostro en el espejo, en un diagrama, durante varios minutos y enseguida eso que tenemos ante nuestros ojos comenzará a desaparecer y, finalmente, desaparecerá por completo.

Sólo podemos ver, afirma Unger, cuando miramos a hurtadillas y de forma discontinua. Cuando intentamos usar nuestros ojos de verdad, y mirar de verdad lo que tenemos delante, entonces eso que tenemos delante desaparece, y empezamos a ver sólo luz o, como él explica, «rayos de energía» y «resplandores».

Los escépticos recordarán que Unger no sólo es un científico sino también un religioso (franciscano), y relegarán sus curiosísimas observaciones sobre la mirada humana al territorio de la «mística». Sin embargo, la observación central de Unger tiene un carácter empírico y puede ser fácilmente contrastada con los hechos. En las últimas páginas de su libro, Unger especula que quizá nuestros ojos fueran diseñados, precisamente, para ver esas radiaciones y esas fuerzas que nos hemos acostumbrado a ignorar. No es mucho lo que he podido averiguar de su vida. No escribió ningún otro libro, y murió en 1962 en Löwen a la edad de 96 años. Llevaba diez años ciego.

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27 respuestas a Andrés Ibáñez: Unger y la mirada

  1. loiayirga dijo:

    Me ha gustado leer el artículo de Ibañez a la luz de los post que citas al comienzo. Me había pasado un poco desapercibido. También me interesó mucho el último de los ritmos circadianos. Es el mejor, es un buen colofón. Pero necesitaría mirarlo con más calma y estoy un poco liado.

  2. pseudopodo dijo:

    Gracias por tu opinión sobre el post de los ritmos circadianos (con lo que me costó escribirlo, era un poco decepcionante no tener ni un comentario).

    Por cierto, ya que eres tan fan de Andrés Ibáñez como yo, mírate el comentario anterior a este que acabo de hacer en la columna de “comentarios recientes”. Seguro que te gusta 😉

  3. loiayirga dijo:

    También hay que dar tiempo a que la gente lea. A veces, aunque pueda parecer imposible, el blogmaster escribe más rápido que los lectores.

    Decías que dosificabas pero el otro día no lo hiciste. La gente tiene pereza de comentar en entradas anteriores. Lo digo porque a mí me pasa.
    Por la importancia que damos al presente una entrada pasada resulta menos interesante que una actual. Es un error pero es así. Hace poco he leido tu cita de Eddigton y me ha parecido genial. La voy a usar con los alumnos.

    A veces conviene dejar las entradas más tiempo. Pero uno está ávido de que lo lean, de que le comenten algo. La prisa nos pierde.

  4. pseudopodo dijo:

    Es verdad. Cuando acabé de escribir lo de los ritmos circadianos estaba impaciente por ponerlo todo; por un lado, porque ya estaba escrito, y por otro, porque no quería que fuera el tema del blog durante una semana entera… Lo de ser consciente de que te leen tiene efectos curiosos y de lo más variado (y ¿sabes que pienso cuando escribo esto? Seguro que lo has adivinado: que sería un buen tema para un post… 😉 )

    P.S.: ¿No me negarás que ha sido un hallazgo encontrar los artículos de Andrés Ibáñez? La web del ABCD es un desastre. Aparte de que no se encuentran los artículos, resulta que se pueden hacer comentarios, pero nadie los hace….seguramente porque no encuentran los artículos.

  5. loiayirga dijo:

    Claro que me alegro de encontrar lo de Andrés Ibañez, yo tengo muchos artículos pendientes. Aunque estoy llegando a la conclusión que es irregular. Unas veces muy bien y otras ni fu ni fa. “No se puede ser sublime sin interrupción”

    El texto de Unger me recordó una cosa de Aristóteles aunque su parecido sea lejano.
    “De la misma manera que se comportan los ojos del murciélago respecto a la luz del mediodía, se comporta también el intelecto de nuestra alma respecto de las cosas que son las más visibles del mundo.

    Y luego S. Buenaventura comenta lo siguiente

    “Porque, habituados a las tinieblas de los entes y de las imagenes sensibles, cuando ve la luz del propio Ser supremo le parece que no ve nada no entendiendo que esta oscuridad es la iluminación suprema de nuestra mente.”

    No sé si tiene una relación quizás lejana, me no me he podido aguantar.

  6. Yo apuesto porque Ibáñez se ha inventado al tal Unger.

  7. pseudopodo dijo:

    Muy borgiano… no se me había ocurrido.

  8. Eso es porque tú nunca has publicado un artículo inventándote los datos. Yo sí.

    Es broma.

  9. loiayirga dijo:

    Topo, ¿quién te dice que alguno de los comentaristas de pseudópodo no es el propio pseudópodo para darle color al blog?

    A mí se me ha ocurrido, pero le tengo miedo a la esquizofrenia.

  10. Claro que se me había ocurrido. Lo sé de buena tinta porque yo soy Pseudópodo.

  11. JuanPablo dijo:

    Mentira! Topo Universitario soy yo!

  12. JuanPablo, Pseudópodo y Topo somos uno y trino. Y Loiayirga es nuestro profeta.

  13. pseudopodo dijo:

    J#$&%*r!

    Se va uno tres horitas y esto toma vida propia y se me llena de pseudopseudópodos!!!

    Pero bueno, menos mal que Topo (¿o no es Topo?) ha resuelto el misterio 😀

  14. JuanPablo dijo:

    confirmado: Andrés Ibañez no existe, sería un invento de Adrián Unger.

  15. No sé si alguno de vds. se llama Andrés Ibáñez ni si lo pretende, pero quiero comunicarles que a principios de los 80 trabajé como bibliotecario en un Camping cerca de Edimburgo, cuyas joyas más preciadas eran las obras completas de Adrian Unger en 7 tomos en rústica, Franciscan Press, 1942-1949, y que desde entonces el camping no ha vuelto a ser el mismo. Desolado por la pérdida (¡que ahora sé robo!) me mandé mudar a la Biblioteca del Tanatorio de Praga, donde me desempeñé como responsable de los expurgos bibliográficos. Cansado de incinerar libros desusados en el horno crematorio, pedí y conseguí el traslado a la Biblioteca del Centro de Estudios sobre el Frío en Mogadiscio, a cuya remodelación e informatización he dedicado los mejores años -profesionales- de mi vida. Recién ahora llegué a la Argentina, procedente de España y Uruguay, donde me encargaron la fundación del Acervo Bibliográfico César Gómez Rivero, célebre ladrón de libros al que D. Andrés sólo en pañales emuló, escocés.

  16. Sospecho seriamente que alguno de vds. es Unger, o Ibáñez, o Gómez Rivero. Resulta que la Universidad de Löwen (“León” en alemán) a la que presuntamente perteneciera Unger no existe. Hay en Bélgica una Universidad de Lovaina (“Löwen” en alemán), católica, franciscana, en el catálogo de cuya biblioteca no consta la obra de Adrian Unger que comenta Andrés Ibáñez “Investigaciones sobre la mirada” (¿”Regardes sur la regarde”?), pero sí hay las de un Unger, botánico del XIX, que quizá engendró al Unger que engendró al Unger que engendró al Adrián Unger que es hoy profesor de Informática en la Universidad de Buenos Aires (en una asignatura llamada “Simulación de sistemas de control”, nombre en principio enigmático pero transparente si sabemos que es ayudante del Prof. Godfrid (“Amigo de Dios” en alemán). Y hoy la Universidad de Löwen, o Louvain, o Lovaina, anuncia la aparición de un nuevo libro de uno de sus profesores: “Emotion et psychothérapie. Les émotions au coeur de la relation psychothérapeutique: Pierre Philippot y consacre un ouvrage salué par la critique”. ¿Quien es Pierre Philippot? ¿Un nuevo personaje de Unger?
    ¿Simulación de sistemas de control?

  17. A. N. Ónimo dijo:

    Guau, el 13/11 a las 14:42 se funda la Iglesia de Unger, y el 14/11 a las 12:17 emerge el primer antipapa. La Era Digital va a toda prisa. Anticipo para antes de las 16:15 de hoy la exposición de las 95 tesis, y para poco después la declaracion de independencia de la Asamblea Albionense…

  18. JuanPablo dijo:

    Bue, no sé si en España ya son las 16:15, acá todavía no, así que aprovechando el margen de horario, declaro hereje el libro de Unger y ordeno la quema de todos los ejemplares inexistentes, existentes o por in/existir, y de los servers que lo contuvieron/contengan. Y de(l posible cadaver de) Unger (si lo hubiera), así tampoco quedan rastros.

    Ahora sí, con esto queda salvada la paradoja de que no tengamos noticias del mismo, y podemos dedicarnos a teorizar sobre su inexistencia: ¿es posterior a mis medidas, o antes también inexistía?

  19. pseudopodo dijo:

    Cielos, la profecía de A.N. Ónimo se ha cumplido al minuto. Empiezo a tener vértigo, esto me da mala espina. ¿Os habéis dado cuenta de que Adrian Unger es un anagrama de Grande Ruina?

    (Pálpitos aparte: creo que el anagrama demuestra que inexistía, al menos en potencia, desde su concepción. ¿Qué mayor inexistencia que una Grande Ruina?)

  20. A. N. Ónimo dijo:

    ¿Vértigo? ¡Yo estoy ac*****do! Yo sólo quería hacer de historiador extrapolante, no de profeta… o de psicohistoriador, jeje (sonrisa maliciosa 😉

  21. pseudopodo dijo:

    Últimas noticias: no se pierdan las Regards sur Unger de Odd Librarian: con la modestia propia de su gremio no lo ha anunciado aquí, pero ¡se ha hecho con el libro!

  22. Otro acólito más para la secta: Vicente Verdú, que aunque por modestia no cita la fuente se basa en Adrian Unger para contarnos cómo se quema los párpados, digo las pupilas:
    http://www.elboomeran.com/blog-post/11/2746/vicente-verdu/la-pupila-que-quema/
    Ungerianos de todo el mundo ¡cerrad los ojos!

  23. Lo siento, esto está empezando a ser un vicio más que una religión, pero es que he ido a saludar a una compañera bibliotecaria que tenía ¡oh serendipia! este libro sobre la mesa:
    “La pasión de la mirada, de Pascal Dibie”
    http://www.librarything.com/work/4359986/details
    me lo he llevado subrepticiamente y he leído a hurtadillas lo siguiente, y perdona que me extienda: “Yo sé que la alteridad es una visión más religiosa que real, pero imagino que en el pensamiento de todo ser humano anida el deseo de reflejar en Otro un poco de nuestra imagen (…) Este libro trata de remitirnos al fundamento de nuestra mirada. Nos dice cómo los hombres han oteado el horizonte y cómo se han resistido a la idea de que pueden ser reducidos; y se refiere a veces a algunas de las malas interpretaciones y de las crueles proyecciones que nos hemos permitido, en el nombre de una sola idea del mundo”. Sólo una decepción (antes de leer el libro): en la bibliografía no cita a Adrian Unger.

  24. pseudopodo dijo:

    Lo de Verdú me parece que no es modestia sino que tiene mucha cara… seguro que dice que es intertextualidad posmoderna… De Pascal Dibie, ni idea. ¿Has sacado algo más en claro de tus ojeadas subrepticias? Si lo lees, dinos si aporta algo a la magna obra de Unger…

  25. txema dijo:

    esta editado el libro en castellano? me interesa mucho lo que pueda haber de relación con la fotografía., donde puedo conseguirlo?, gracias.

  26. pseudopodo dijo:

    Txema, me temo que no va a ser sencillo conseguirlo… Si lees con cuidado los comentarios averiguarás por qué 😉

  27. blodo dijo:

    ¿fue adrian unger el inventor del salvapantallas?

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