El hombre en la campana de cristal

Este post es mi regalo de Reyes: el texto que más me ha impresionado de lo que he leído en el 2007. Disfrútenlo despacio (además, se ahorrarán los 11 euros que cuesta el libro de donde lo he sacado, porque estos párrafos valen por el libro entero).

¿Qué quién es el autor? Bueno, eso queda para ustedes… 😉

Si se compara con luz blanca el ideal puro espiritual (religioso), los ideales de las diversas culturas pueden compararse con las luces de colores que surgen cuando la luz pura aparece a través de cristales de colores.

Imagínate un hombre que desde su nacimiento vive siempre en una estancia en la que la luz entra sólo a través de cristales rojos. Éste quizá no se pueda imaginar que exista otra luz que la suya (la roja); considerará la cualidad roja como esencial a la luz, en cierto sentido no notará en absoluto la rojez de la luz que le rodea. En otras palabras: considerará su luz como la luz y no como un tipo especial de turbiedad de la única luz (pues eso es en realidad). Este hombre se mueve de acá para allá por su estancia, examina los objetos, los juzga, etcétera. Pero dado que su espacio no es el espacio, sino sólo una parte –delimitada por el cristal rojo- del espacio, sólo con que se mueva lo suficiente chocará inevitablemente con el límite de ese espacio.

Entonces podrán suceder varias cosas: uno se dará cuenta de la limitación, pero no puede romper el cristal y acabará resignándose. Dirá: “¡Así que mi luz no era realmente la luz! La luz sólo la podemos vislumbrar, y hemos de contentarnos con la nuestra, enturbiada”. Entonces, este hombre se llenará de humor o de melancolía, o de ambas cosas alternativamente. Pues el humor y la melancolía son los estados del ser humano resignado. Por eso el hombre no los conoce antes de que haya llegado al límite de su espacio, a pesar de que pueda seguir estando alegre y triste (pero alegría y tristeza no son humor y melancolía).

Otro hombre chocará con la limitación del espacio, pero no comprende del todo que se trata de la limitación, y acepta el asunto como si hubiera chocado con un cuerpo dentro del espacio. Para éste propiamente no cambia nada, sigue viviendo como antes.
Finalmente, un tercero dice: tengo que atravesarlo e introducirme en el espacio y la luz. Rompe el cristal y sale de su limitación a la libertad de lo abierto.

La aplicación es: el hombre en la campana de cristal roja es la humanidad dentro de una cultura determinada, por ejemplo, dentro de la occidental, que comenzó aproximadamente con la migración de los pueblos y alcanzó una de sus cumbres –creo que la última- en el siglo XVIII. La luz es el ideal, y la luz turbia el ideal de la cultura. Éste se considerará el ideal mientras la humanidad no haya llegado todavía al límite de esa cultura. Pero tarde o temprano llegará a ese límite, pues toda cultura es sólo una parte limitada del espacio.

Con el comienzo del siglo XIX (del espiritual) la humanidad topó con el límite de la cultura occidental. Y entonces se presenta la acritud: la melancolía y el humor (pues ambos son acres). Y entonces, claro está, puede decirse: todo ser humano importante de ese tiempo (del siglo XIX) es o un humorista o un melancólico (o ambas cosas), y con mayor intensidad cuanto más importante sea; o rompe la limitación y se hace religioso [y entonces también puede suceder, ciertamente, que uno introduzca la cabeza en lo abierto, pero, deslumbrado por la luz, retroceda y, con mala conciencia, siga viviendo en la campana de cristal].

Se puede decir, pues: el ser humano importante siempre tiene que habérselas de algún modo con la luz (esto le hace importante), si vive en medio de la cultura tiene que habérselas con la luz coloreada, si llega al límite de la cultura ha de enfrentarse a ella y, entonces, es ese enfrentamiento, su tipo y su intensidad, lo que nos interesa de el, lo que nos conmueve de su obra.

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10 respuestas a El hombre en la campana de cristal

  1. Candelero dijo:

    Hermoso.

    No sé quién es el autor, pero el texto me recuerda a este otro de Frithjof Schuon:

    “Las religiones son como lámparas de vidrio coloreado; ahora bien, una lámpara ilumina un lugar oscuro porque es luminosa y no porque sea roja o azul o amarilla o verde. Por una parte el color transmite la luz, pero por otra parte lafalsifica; si bien es cierto que sin determinadaloreada no se vería nada, también es cierto que la visibilidad no se identifica con ningún color. De esto todo esoterismo, por definición, debería tener conciencia, al menos en principio y en la medida en que su conocimiento de los hechos se lo permita”.

    Y a este otro:

    “Si está permitido poner un ejemplo de orden sensible para ilustrar la diferencia entre los conocimientos metafísico y teológico, podemos decir que el primero, que llamaremos “esotérico” cuando se manifieste mediante un simbolismo religioso, tiene conciencia de la esencia incolora de la luz y de su carácter de pura luminosidad; tal creencia religiosa, por el contrario, admitirá que la luz es roja y no verde, mientras que otra creencia afirmará lo contrario. Las dos tendrán razón en tanto ambas distinguen la luz de la oscuridad, pero no la tendrán en tanto la identifican con tal o cual color. (…) de la misma manera que todo color, por su negación de la oscuridad y su afirmación de la luz, permite encontrar el rayo que la hace visible y remontar este rayo hasta su fuente luminosa, de la misma manera toda forma, todo símbolo, toda religión, todo dogma, por su negación del error y afirmación de la Verdad, permite remontar el rayo de la Revelación, que no es otro que el del Intelecto, hasta su Manantial divino.” (De la unidad trascendente de las religiones).

  2. pseudopodo dijo:

    ¿Sabes una cosa? (cómo diría mi hijo 🙂 ) Cuando escribí este post pensé: seguro que a Daniel (Candelero) le gustará.

    Son muy evocadores los textos de Schuon (no conocía al autor), y es verdad que recuerdan a éste. Pero creo que hay alguna diferencia importante: Schuon pinta la religión como una lámpara con un vidrio de determinado color (uno distinto para cada religión concreta), una lámpara que nos alumbra desde fuera.

    En este texto, XXXX (no digo todavía el nombre del autor, a ver si alguien lo acierta) compara el vidrio coloreado con la cultura: cada cultura da así una versión enturbiada de la luz verdadera, la luz trascendente, y es además una campana que nos encierra, pero con cuyos límites podemos topar.

    La religión también aparece, pero no como la luz propiamente: se habla de hombre religioso como aquel que encuentra el límite y en lugar de aceptarlo como algo que está ahí o no reconocerlo como tal límite, rompe la limitación y sale al exterior.

    Me gusta la idea de la cultura como una campana que nos encierra, como una luz que, por bañarlo todo, no reconocemos como tal, y me atrae también la idea de que la cultura -aunque ahora más en el sentido de “alta cultura” que en el antropológico de “usos y costumbres”- es en cierto modo un sucedáneo o versión enturbiada o una nostalgia de un absoluto, de la luz ideal de que se habla aquí… (Ortega y Steiner han dicho cosas parecidas).

    En fin, habría muchas más cosas que decir, a ver si tengo un rato otro día.

  3. pseudopodo dijo:

    Para que os animéis con la adivinanza: el autor es un destacadísimo filósofo del siglo XX. El estilo poco pulido se debe a que es un fragmento de una carta…

  4. Agus A-G dijo:

    Nu sep. Dinos ya el XXXX.

  5. pseudopodo dijo:

    Tá bien…
    esperaba que hubiera quinielas para aburrir, pero os veo un poco vagos el nuevo año… todavía no lo diré, pero doy una pista que lo pone fácil: es uno de mis héroes

  6. loiayirga dijo:

    En fin, al final con una pequeña ayuda de pseudópodo en otro blog me animaré a probar.

    Puede ser Wittgenstein. Creo que lo que dice coincide con su pensamiento. Sobre todo su segunda época. Aunque me parece raro que sea de él. Creo que el texto sería más conocido.

    Mi cuñado ha escrito sobre él en “Éticas contemporaneas” en Tecnos y me parece que me habría hablado de este texto.

    Puedes ver lo que escribió en Alfa y Omega
    http://www.arvo.net/pdf/Wittgenstein%20Dios%20sentido%20de%20la%20vida(1).htm

    ¿Me he ganado el quesito?

  7. pseudopodo dijo:

    Y el quesito es para… ¡¡Loiayirga!!
    ¡enhorabuena!

    Si lo hubieras dicho antes de la última pista te había dado el queso entero, porque no era fácil.

    Cuando tenga un rato (no sé si hoy) explico de dónde ha salido el texto y te comento el que tu enlazas, que parece interesante.

  8. pseudopodo dijo:

    Dale la enhorabuena a tu cuñado, Loiayirga [inciso: últimamente no hago más que darte enhorabuenas para tu familia 😉 ] Había leído algo sobre la religiosidad de Wittgenstein pero no algo tan claro. Es curioso que no suela hablarse sobre este tema (y sí en cambio sobre su presunta homosexualidad). Digo curioso, pero la verdad es que no me sorprende nada.

    El texto que pongo aquí me llamó la atención precisamente porque presentaba con mucha claridad (y con fuerza poética) la visión de la religión de W. No es raro que sea poco conocido porque es un fragmento de una carta que escribió en 1925, probablemente a su hermana Hermine, y no fue publicado hasta el 2004. Lo ha publicado en español, junto con otro fragmento breve, la editorial PreTextos en 2006 (con el título de Luz y Sombra).

    ¿Por qué me ha impresionado este texto? Para empezar, por la fuerza del comienzo, que recuerda al mito de la caverna. Y luego, como comentaba a Candelero, porque me fascina la idea de no ser capaces de ver algo –la luz roja- precisamente porque es un invariante de nuestro espacio y lo llena todo: es la idea de la invisibilidad de lo inmóvil y del 99% común, pero también es una idea clave de la antropología: nuestra cultura, su peculiaridad, es algo invisible para nosotros.

    Aquí la cultura se presenta con una imagen magnífica: es como una cúpula por la que nos entra luz pero que a la vez nos encierra. Mientras somos pequeños no llegamos al límites de esa campana, pero al crecer y aumentar el alcance de nuestras exploraciones acabamos topando con ellos. Aquí, la ilustración, la mayoría de edad de la humanidad, nos llevó al límite de esa campana. Y ante el encuentro con ese límite aparecen las tres posibilidades que W dice. Sólo una, romper la campana y salir a la luz pura, es la actitud audaz que nos lleva a ver la verdad, a aprender lo que realmente es nuestra campana: no la fuente de la luz, sino un filtro que tamiza y condiciona la verdadera luz, que viene de fuera de nosotros. El hombre religioso es para W el que es capaz de romper la campana para ver esto.

    Y para acabar (y para que no se me olvide) destaco esta cita de W del artículo de tu cuñado:

    Bueno y malo dependen, de algún modo, del sentido de la vida. Podemos llamar Dios al sentido de la vida, esto es, al sentido del mundo. Y conectar con ella la comparación de Dios con un padre. Pensar en el sentido de la vida es orar. Creer en Dios quiere decir comprender el sentido de la vida. Creer en Dios quiere decir ver que con los hechos del mundo no basta. Creer en Dios quiere decir ver que la vida tiene un sentido. Sea como fuere, de alguna manera y en cualquier caso somos dependientes, y aquello de lo que dependemos podemos llamarlo Dios…

  9. josele dijo:

    el que busca halla, decía mi abuelo, en paz descanse…

    Ya sé que habeis cerrado el bar, pero me tomo la libertad de pedir un pase de puerta, visto que algunos seguís dentro. Conste que soy un cabecicubo.

    ¿Tedacuen, Pseudopodo, que este post y el de los 44 comentarios donde cerraste el bar, dicen, exactamente, lo mismo?

    “la religión es, pragmáticamente, una prescripción para obrar bien y dar sentido a la vida. Y en vez de validarse por la exactitud de las predicciones, se valida por la bondad de la vida que promulga.”

    Claro, estabas ahí, ¿no? por eso el post de los 44… Y al final, el lío con el código…

    Bueno que se me va; tras las citas pongo el link.

    “De Dios se dice que no existe1. Ahora bien, ¿qué quiere decirse cuando
    se dice de algo que no existe? ¿No es éste, en sí mismo, un enunciado
    paradójico? Pues en él se dice que algo es nada –Dios es nada. Ahora
    bien, si es algo, ¿cómo va a ser nada? ¿En qué quedamos entonces, es
    algo o nada? Algo no es nada. Algo es algo. Sólo nada es nada.”

    algo más adelante:

    “El motivo de esta reflexión no es otro que presentarles el primer principio
    de la Teoría del Texto, que dice así: todo aquello para lo que hay un
    nombre es algo y, por tanto, existe. Existe, cuando menos, como el efecto
    mismo que la palabra que lo nombra produce en lo real.”

    Bueno, ahí queda un poquito del original, un artículo de González Requena, (ver http://www.tramayfondo.com/revista-historico.html#revista19)

    Mi interés se centraba en dejar caer la pregunta, al estilo de Principia Mathematica, de ¿y si despejamos el

    ” la religión (…) se valida por la bondad de la vida que promulga.”

    por ” la religión (…) se valida por la [viabili]dad de la vida que promulga.”

    En ese despeje, ya no hay salida posible a interpretaciones sobre bien, verdad (tema del último congreso de Trama y Fondo en la UPV), bondad…

    La disquisición se acaba con que (me cito):

    “Que Nietzsche dijera “Dios ha muerto” es una licencia que le permitió el lenguaje, y demuestra la paranoia del Nietzsche investido del Zaratustra que genera al superhombre, porque es evidente que Dios no muere ni puede morir: para eso es Dios.

    Y de hecho ni siquiera Nietzsche (ni su superhombre) niega que Dios exista, porque enuncia que “Dios ha muerto”; pero si Dios ha muerto, no puede existir, porque, siendo Dios, si existe, no puede morir; una de las categorías de Dios es ser inmortal; y además, una vez que se introduce a Dios en la historia, existe, y existe para siempre. Al no negar su existencia –del texto se desprende que no, que existe mucho (permítaseme la licencia), e incluso le ubica (en una tumba)-, da por hecho su existencia, y al decir que el inmortal por excelencia ha muerto, es que o se está riendo del lector, o, lo más probable, según demostró su devenir, está paranoico.

    Lúcida coherencia en la paranoia; como es materialista, sabe que Dios existe, y sabiendo que si dice que Dios ha sido muerto, tendría que decir quién le mató (y, como buen cristiano, ¡qué hacer con la culpa, a quién culpar!). Pero como sabe que Dios es todopoderoso y no puede ser muerto, dice que ha muerto así sin más, evitando recordar que sigue existiendo y que sigue siendo inmortal y todopoderoso.” (ver http://www.tramayfondo.com/revista-historico.html#revista21)

    Pero no me quiero alargar, que igual se me enfada alguien por haber venido a estas horas (haberme avisado, que estaba yo leyendo a Pániker justo cuando ls de los 44, y en precisamente un momento de esos cumbre).

    Bueno Pseudópodo, y apañeros bareros; si conceptos metafísicos hipotéticamente idealistas tienen efectos perceptibles y medibles en el mundo físico, dejan de ser metafísicos y, si ponemos a Wittgenstein frente a Peirce, y sabiendo que la semántica devuelve meras tautologías (al lado dejamos la sintáctica), en la pragmatica nos quedaría… que quizá

    ¿Y si resulta que la religión es tan validable, falsable, mensurable… como la física?

    ¿Y si, de hecho, estamos hablando de distintas caras de la misma moneda? ¿Y si Isaac Luria -y los Ithihasa Puranas védicos- distantes 3500 años, dicen lo mismo hacia lo que apunta la paradoja EPR (http://es.wikipedia.org/wiki/Paradoja_EPR)?

    Cuando quiero profundizar sobre ciencia y religion, leo en http://es.wikipedia.org/wiki/Criterio_de_demarcaci%C3%B3n y no llego mas alla de los apuntes sobre Falsacionismo.

    No puedo. Y me quedo con la ecuación pendiente de verificación; ¿podría despejarse la Y como viabilidad? ¿posibilidad de ser, seguir siendo? Porque sólo lo viable puede “ser” bueno, sólo lo viable puede “ser” verdadero, solo lo viable puede, en fin, “ser” (x).

    Jo…

    Abrazos

    Josele

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