Cuando los políticos nos trataban de usted

¿Se acuerdan?

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En 1982 la propuesta estrella de Felipe González fue que iba a crear ochocientos mil puestos de trabajo. Fue tan sonada que todavía nos acordamos. Todo el mundo tomó nota y González fue criticado sin misericordia cuando después el paro aumentó en lugar de disminuir (algún humorista se choteó diciendo que la promesa era “ochocientos o mil”, y sólo entre amiguetes ya habían colocado a más).

¡Cómo ha cambiado el aprecio por la verdad! En el debate electoral del lunes, oí a Zapatero prometer dos millones de puestos de trabajo: de pasada, sin mover un músculo. Y Rajoy ni se molestó en preguntarle cómo iba a operar semejante multiplicación de panes y peces. Pero es que además nadie parece haber tomado nota, hasta el punto de que empezaba a dudar de si había oído bien y lo he buscado en Google: efectivamente, ya antes de empezar la campaña Zapatero lo había prometido.

Lo peor es que he encontrado que ¡Rajoy también ha prometido dos millones de puestos de trabajo! (bueno, un pelín más, que no se diga: dos millones doscientos mil).

Gane quien gane, no se crearán esos puestos de trabajo. ¿Pedirá cuentas alguien al presidente del gobierno, como se las pedían a Felipe González? No. Ni siquiera recordaremos las promesas: no las recordamos ni ahora. Lo que dicen los políticos lo calificamos automáticamente como stercore tauri.

Esto es preocupante porque vacía al discurso de contenido. Y si el contenido no tiene importancia, el debate es sólo una performance que tiene como excusa los temas que se tratan, pero en el que el objetivo es escenificar las virtudes propias: honradez, humanidad, solvencia, fiabilidad (y, sobre todo, humildaz: “yo soy más humilde que tú”) y los vicios ajenos: incompetencia, mendacidad, aventurerismo, dureza de corazón… Me recuerda la idea que exponía Robert Hughes en La cultura de la queja: la falta de una cultura crítica nos hace incapaces de apreciar los argumentos. No hay apelaciones a la razón, sólo a las emociones, a identificarse con el candidato que “es de los míos”, y por eso no hay que pedirle cuentas.

En fin. Iba a seguir pero me da una pereza invencible la política. Qué tiempos, cuando nos trataban como a adultos: de usted.

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5 respuestas a Cuando los políticos nos trataban de usted

  1. Pingback: Jornada de reflexión: lecturas recomendadas « Público

  2. clodoveo11 dijo:

    Y todavía es peor cuando la inmensa mayoría de votantes del domingo votarán a X “para que no gane Y” y viceversa, en lugar de votar a X o Y porque se lo merezcan. Atapuerca forever…

  3. Daniel dijo:

    Pasa algo parecido a lo que ocurre con la publicidad, me temo:

    «Efectivamente, la publicidad más actual utiliza como recurso predominante el de la persuasión emocional, basada en la identificación del consumidor potencial con un esterotipo que se considera prestigioso o deseable dentro de un determinado grupo, y con la recompensa psicológica que se deriva de verse incluido en él. Tanto el enfoque como las estrategias utilizadas son claramente de tipo subjetivo. Conviene recalcar que la naturaleza subjetiva de este tipo de persuasión está anclada en estereotipos sociales, es decir, en conjuntos de representaciones ampliamente compartidas y valoradas positivamente por los miembros de una determinada cultura. Los estudios de mercado se dirigen, precisamente, a conocer cuáles son estas representaciones y cuáles son los comportamientos que se asocian con ellas. […] Desde sus inicios hasta hace aproximadamente 30 o 40 años, la publicidad trataba de destacar las propiedades positivas del producto que se anunciaba: apostaba, en cierto sentido, por la persuasión racional, ofreciendo razones objetivas para comprar el producto o utilizar el servicio anunciado.» (Mª Victoria Escandell Vidal, La comunicación, Gredos, Madrid, 2005).

  4. Juanjo dijo:

    Si hoy alguien te trata de usted casi con toda probabilidad está enfadadísimo y lo hace para insultarte, ¿no te has fijado?

  5. roke dijo:

    Dentro de las diversas técnicas que se utilizan en biología molecular encuentras algunas que son cualitativas, otras cuantitativas, otras semicuantitativas, etc…
    Parece que en política se ha instaurado el todo vale, sin ningún criterio ni descriptor ni rubor prometen cualidades mejores simplemente porque se califican como tales, aprovechando para calificar al contrario de mentiroso e incapaz, se asignan cualidades y todo es relativo. No existe rigor ni se busca, se habla de números grandilocuentes y luego encuentran la manera de tergivesarlos o cambian la manera de valorarlos.
    Empezamos a cansarnos de tanta exageración y tenta grandilocuencia, habrá que decirlo por todos lados…
    UNos 2.000.000 de contrataciones de las que se supone que 50.000 seran investigadores…me da la risa la desvergúenza…

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