Napoleón, científico

Entre 1799 y 1805 Pierre Simon Laplace (1749-1827) publicó los cuatro tomos de su Traité de Mécanique céleste. Fue un logro extraordinario: al traducir los Principia al lenguaje del cálculo diferencial, aumentaba enormemente la potencia y versatilidad de la teoría de Newton, y conseguía resolver muchas cuestiones que hasta entoces estaban abiertas. Entre ellas había una fundamental: la estabilidad del sistema solar.

Según la gravitación universal de Newton, el sistema solar funciona como un reloj mecánico: una vez puesto en unas condiciones iniciales, sus movimientos se siguen necesariamente con precisión. Sin embargo, los cálculos eran endiabladamente complicados y no parecía claro que los planetas no acabaran saliéndose de sus órbitas. De hecho, Newton estaba convencido de que Dios necesitaba trabajar de relojero, haciendo de vez en cuando algún ajuste para evitar la catástrofe.

En su tratado, Laplace consiguió prescindir de esa hipótesis[1]. Así lo dijo, según la leyenda mil veces repetida, en la conversación que tuvo con Napoleón cuando le entregó de un ejemplar del Traité:

Napoleón: “Habéis escrito un libro sobre el sistema del Universo, sin haber mencionado ni una sola vez a su Creador”.
Laplace:Sire, no he necesitado esa hipótesis”.

Esta historia[2] dice mucho de Laplace, pero también (y nunca se menciona esto) de Napoleón. El Traité de Laplace era lo más avanzado de la física de la época. Estaba al alcance de muy pocos comprenderlo. Napoleón discutiendo su sistema con Laplace sería, en nuestro siglo, algo así como George Bush hablando de supercuerdas con Edward Witten.

El interés por la ciencia de Napoleón no era anecdótico. Había sido alumno de Laplace en la escuela de cadetes, y era un excelente matemático aficionado (hay incluso un teorema de Napoleón, aunque parece que en realidad es de Mascheroni). No me voy a extender sobre las aficiones aficiones científicas de Napoleón (hay más en Historias de la Ciencia), pero sí quiero contar una anécdota que he encontrado en el delicioso librito de I.B. Cohen El triunfo de los números.

En su campaña de Egipto, Napoleón se hizo acompañar de 167 científicos y eruditos: matemáticos, astrónomos, arqueólogos, naturalistas, arquitectos, dibujantes… Entre los científicos, algunos tan notables como Gaspard Monge o Joseph Fourier.

Tras la célebre Batalla de las pirámides, algunos oficiales visitaron la Gran Pirámide e incluso subieron a su cima (la cima desde la que la que cuarenta siglos los contemplaban). Napoleón prefirió descansar a la sombra, pero no estuvo inactivo:

Cuando los oficiales bajaron y se reunieron con él, les explicó que había estado calculando la cantidad de piedra que formaba la pirámide. Había suficiente, dijo, para construir un muro de piedra de 3 metros de alto y 0,3 metros de grosor alrededor de toda Francia.

El grupo debió de quedarse perplejo, porque el matemático Monge, que estaba entre ellos, hizo su propia estimación, que confirmó la de Napoleón.

¿Cómo hizo la estimación Napoleón? Así lo explica Cohen:

El volumen de una pirámide es igual a un tercio del producto de la base por la altura. La base de la gran pirámide es un cuadrado que mide 229 m de lado, de modo que cubre un área de 52.441 m2. La altura es de 146 m. Por lo tanto, el volumen es de (52.441 x 146)/3 = 2.552.000 m3. Si se supone que la pirámide es sólida (es decir, que no hay una cantidad significativa de huecos vacíos o cámaras), entonces es fácil calcular qué longitud tendría un muro construido con toda esa masa de piedra que midiera 3 m de alto y 30 cm (0,3 m) de grosor, según especificó Napoleón.

Si se picara toda la piedra de la pirámide para construir un muro de 3 m de altura y 0,3 m de grosor, se obtendría una tapia de 2.836.000 m, es decir, 2836 km de longitud. La razón es que 2.836.000 x 3 x 0,30 = 2.552.000 m3, o sea, el volumen total de la pirámide.

Francia tiene forma aproximada de rectángulo, casi de cuadrado, ya que es algo más larga de norte a sur (unos 770 km, medida desde Montpellier hasta Reims), que de este a oeste (unos 700 km, medida desde Nantes hasta Besançon). Por tanto, su perímetro asciende a unos (2 x 770) + (2 x 700) km = 2940 km.

Lo que evidencia el talento científico de Napoleón no es que fuera capaz de hacer estas cuentas, que son al fin y al cabo triviales, sino que se planteara este tipo de problemas. El gusto por estimar los órdenes de magnitud de las cosas y la habilidad para hacerlo es uno de los rasgos más característicos de los científicos. Y es un gusto, además, muy útil y que se puede educar. Pero eso daría para varios posts…

NOTAS:

[1] En efecto, Laplace estaba convencido de que había demostrado que el sistema solar era estable sin necesidad de ajustes externos, pero no es tan sencillo: su demostración es válida para un modelo simplificado, pero no si se tienen en cuenta todos los efectos. El problema sigue abierto (ver también este pdf).

[2] Rara es la frase célebre que no sea apócrifa, al menos en parte. Parece que este caso no es una excepción. Cito al siempre erudito Stephen Jay Gould:

La verdadera pulla, bien documentada en una carta que se conserva, es ligeramente aguda, pero completamente insípida comparada con la leyenda, y la hizo el general y no el científico. Laplace había conocido por vez primera a Napoleón en 1785, cuando examinó de matemáticas al futuro emperador, entonces un cadete de artillería, en la École Militaire, en París. En octubre de 1799, tres semanas antes del golpe de Estado que llevó a Napoleón al poder, Laplace sí que le regaló los dos primeros (y pesados) volúmenes de su obra a su antiguo estudiante. Napoleón sopesó los libros y prometió leerlos “en los seis primeros meses que tenga libres”. Después invitó a Laplace a cenar al día siguiente, “si no tenéis nada mejor que hacer”.
(de “El mecánico celestial y el naturalista terrenal”, ensayo nº 3 de “Un dinosaurio en un pajar”, citado aquí).

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14 respuestas a Napoleón, científico

  1. josele dijo:

    Curioso que estemos a puntito de celebrar que echamos a los gabachos de España… esos que según tengo entendido pero no confirmado, se dedicaban a crear liceos por donde iban, exportando cierta revolución… o esa era su intención… ¿no? Esta parte se la saltaron en el cole.

    Pero nada raro, si lo más granado de la nobleza se puso de acuerdo, dejando de lado sus cuitas menudas, para eliminar a Napo. Esto no se lo saltaron en el cole, porque Waterloo merece ser recordada. ¿No?

    Un saludo

  2. Athini dijo:

    En el número 162 de la revista “Historia y Vida” (página 42; era septiembre de 1981: la dirigía entonces Nestor Luján), se recoge un breve articulito donde se da cuenta de cómo Napoleón, que ante todo era un maestro de la propaganda, adornó su propia biografía atribuyéndose ‘a posteriosi’ el discurso antes de la Batalla de las Pirámides con la célebre frase: “Desde los alto de estas pirámides cuarenta siglos os contemplan”.

  3. Athini dijo:

    [corrigendum: obviamente no es ‘a posteriosi’, sino ‘a posteriori’: lapsus calami]

  4. clodoveo11 dijo:

    Lo malo es que el hecho de tener curiosidad científica e incluso brillantez para el dominio de la razón o la lógica no previene contra la estupidez o la perversidad. Y Napoleón fue un ejemplo de ello. Quizá en la historia hubiese sido preferible un menor desarrollo científico (y eso que tampoco ha habido tanto, por lo menos hasta el XIX-XX) a cambio de una más extendida (sobre todo entre las élites gobernantes) moralidad y justicia: seguiríamos técnicamente en la Edad Media, pero humanamente habríamos evitado incontables sufrimientos provocados por nosotros mismos. Y por ello hubiésemos sido algo más felices.

  5. roke dijo:

    Josele,”Esta parte se la saltaron en el cole.” pues sí, curioso, aunque me llama más la atención que se saltaran la parte da varios siglos de cultura musulmana en la península ibérica.
    Clodoveo, ya, seguro que, como a mí, también te gusta Radi Nedelchev.

  6. serenus dijo:

    Más peligroso es lo que no se saltan en el cole.

  7. clodoveo11 dijo:

    Pues no es que Nedelchev me motive especialmente, Roke, aunque si lo dice por lo de la ingenuidad “naif” le diré que mi comentario expresa un deseo y no una constatación, deseo obviamente utópico pero no por ello menos deseable. Sigue sin decirme nada bueno respecto a su labor que un gobernante (y los ha habido muchos) sea especialmente sensible a las artes, las ciencias o los bonsais si después y en el desempeño de su cargo hacia sus súbditos y los que no lo son es un cabrón con pintas. Y reclamarles rectitud en sus labores de gobierno puede tener su punto de ingenuo, pero fundamentalmente es de justicia hacerlo.

  8. Pingback: meneame.net

  9. Javier dijo:

    Hay una sencilla (aunque no necesariamente cierta) ecuación que dice “Napoleón + Holocausto = Hitler” y que, admitida con todos los peros del mundo, pone sobre el tapete que los franceses deberían ser un poquito más cuidadosos con la adoración a este líder nacional. Que Napoleón entendiera de ciencia o dijera que lo hacía nos puede parecer sorprendente, pero no es tanto una cuestión de cuándo (hace dos siglos) como de dónde: en Francia las élites políticas siempre han recibido una educación muy esmerada en las grandes escuelas. Ello no les libera de ser tan cretinos como el que más.

    Respecto de los deseos de Clodoveo, que él mismo admite como utópicos, pues pasa lo de siempre: que las cosas vayan bien a piñón fijo está reñido con la libertad de el individuo, que tiene todo el derecho del mundo a dejarse deslumbrar por un ser estúpido o, aún peor, malvado. La eliminación de la libertad ya se ha intentado: el hecho de que no funcionara ni en Alemania (RDA) hace pensar que nunca funcionará un sistema donde el deseo del bien común se imponga sobre el individual.

    Frenar el desarrollo a cambio (si esto es posible) de aumentar la moralidad, o de intentarlo al menos, deriva casi sin remedio en uno de múltiples regímenes teo- o aristocráticos que no hacen a la gente más feliz y desde luego la hacen menos libre. Y aquí estoy dando por entendido que más libre no implica más feliz, pero que es más importante ser más libre que más feliz. (Al que le rechine esto, que haga un examen de conciencia para pensar en qué prefiere para sí mismo.)

  10. pseudopodo dijo:

    Vaya, Athini, también la frase de los cuarenta siglos es apócrifa. ¿Quedará alguna que no lo sea?

    Sobre lo bueno o lo malo que fue Napoleón, que plantean Josele & Clodoveo… es verdad que era el representante del “progreso”, que modernizó enormemente la educación (Javier, no sé si las élites francesas “siempre” han tenido una educación muy esmerada… yo pensaba que, precisamente, eso tuvo su origen en Napoleón; por lo que he visto, la primera Gran Escuela, la Politécnica, la crearon en la revolución el mismísimo Monge y Carnot –padre-)…, en fin, es cierto que Napoleón era la ilustración en armas, pero yo dudo mucho que sea posible, o por lo menos recomendable, ilustrar a la gente a la fuerza. Salvando las distancias, y ya que mencionaba a Bush en el post, a mi me recuerda al empeño de democratizar Irak a tiros…

    De todos modos, lo que me llamó la atención en esta historia es que revela una manera de pensar que creo que no abunda, ni siquiera en personas con formación técnica, y mucho menos en los políticos o emperadores, creo yo…

    Sobre el dilema entre desarrollo y moralidad, me temo que son ortogonales… no hay correlación, y por tanto no se gana nada en uno por el hecho de restringir el otro. Lo que sí pienso es que la capacidad técnica, sin un desarrollo moral, es más peligrosa: matar a palos al enemigo no hace mucho daño, con bombas atómicas es otra cosa.

    Lo que me sorprende, Clodoveo, es que seas tú el que pone aquí reparos al progreso, porque en otras ocasiones te has mostrado como un optimista (irredento, en mi opinión 😉 ) En este caso, casi coincidimos, pero por razones distintas, me parece.

  11. clodoveo11 dijo:

    No he expresado exactamente reparos al progreso, Pseudópodo: mi comentario anterior era un ejercicio elucubratorio sin más (ahora lo llaman “hacerse una paja mental”) con el que divagaba acerca de que si la rectitud y justicia de los gobernantes hubiese sido mayor a lo largo de la historia hubiesen sido mayores aun cuando el desarrollo científico hubiese sido menor, seguro que seríamos más atrasados pero más felices, puesto que la maldad y ambición de los gobernantes ha causado muchísimos males al mundo. De ahí el ejemplo de Napoleón: si en vez de divagar sobre las medidas de las pirámides hubiese reparado en las barbaridades que hacían sus soldados, el mundo sería un lugar mejor.

    Todo, por supuesto, es una teorización elucubratoria. O hacerse la picha un lío… 🙂

  12. Athini dijo:

    Como muchos sabéis, Napoleón tenía un ejemplar de “El Príncipe” de Maquiavelo en el que había escrito muchísimas anotaciones. Precisamente la edición de “El Principe” de la benemérita Austral recoge en un apéndice esas notas napoleónicas. Napoleón, como un adolescente pretencioso, parece querer demostrarse a sí mismo todo lo malo que está dispuesto a ser. Obviamente, si deja allí escritas estas anotaciones, forzosamente esperaba que, tarde o temprano, el mundo las conociera: un exhibicionista diferido, alguien dispuesto a interpretar ante la historia el papel de malo malísimo.

  13. kabish dijo:

    Hola, comento sólo para decir que acabo de descubrir este blog y es realmente excelente. Enhorabuena.

  14. instan dijo:

    Es muy significativo el papel de la Escuela Politénica creada tras la Revolución Francesa. Surgió como una escuela de ingeniería, centrada en las aplicaciones militares, pero de ellas surgieron algunos de los mejores teóricos de las matemáticas y la física de la primera mitad del siglo XIX en Francia, como Cauchy.

    Esta anécdota de Napoleón no es más que una muestra de que en la modernidad el conocimiento de las ciencias era una parte importante en la vida de un político, intelectual o cualquier otra profesión de influencia social no vinculada estrictamente a la ciencia. Qué pena que en esta era posmoderna se promueva precisamente lo contrario.

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