La Universidad: de Berlín a Bolonia, marcha atrás

Otro artículo sobre Bolonia que dice las cosas claras y que complementa al de Julio Carabaña que enlacé hace algunos días. Esta vez es Emilio Lamo de Espinosa, uno de nuestros sociólogos más prestigiosos (al menos para mí) y que lo sabe todo sobre la Universidad. Publicado en ABC el 19 de mayo, me ha llegado a través de Madri+d. Un resumen en una frase: estamos transformando toda la enseñanza universitaria en formación profesional post-secundaria.

* * *

La Universidad, entre Berlín y Bolonia

por Emilio Lamo de Espinosa
(Catedrático de Sociología. UCM)

«En la organización de instituciones de enseñanza superior todo depende de aferrarse al principio de que el conocimiento es algo no enteramente descubierto y siempre enteramente por descubrir, y que debe ser incesantemente perseguido». Así afirmaba el memorando «Sobre la organización interna y externa de instituciones de enseñanza superior en Berlín» que Wilhelm von Humboldt redactó en 1810 y que sirvió de base para la fundación de la Universidad de Berlín. Un evento que con seguridad conmemoraremos en dos años, pues lo merece. Lo que todavía no sabemos es si celebraremos el triunfo de aquel proyecto o su definitivo fracaso.

Efectivamente, la fundación de la Universidad de Berlín es tenida como el punto de partida, no sólo de la moderna Universidad, sino también de la ciencia. Pues al argumentar que se enseña lo que se investiga, y viceversa, Humboldt le otorgó cobijo institucional a la ciencia cuyo desarrollo había sido por completo ajeno a la Universidad, realizando el sueño de una Casa de Salomón del visionario Bacon. Y de paso, por supuesto, revitalizó una viejísima institución (de las más longevas, según demostró hace años Clark Kerr) por entonces ya caduca, tanto que los Ilustrados la habían condenado. La fusión de la ciencia y la Universidad que allí se fraguó dio lugar a la figura del asalariado a quien se paga para que investigue, del trabajador de la ciencia, por mucho que entonces estuviera encubierto bajo el manto del funcionario prusiano, del Herr Professor. Era el germen de la producción industrial de la ciencia, y con ello el germen de la moderna sociedad del conocimiento.

Berlín fue la semilla que incentivó el sistema universitario alemán que, para finales del siglo XIX, era ya la meca del mundo intelectual adonde acudían los jóvenes estudiosos ya fuera de Estados Unidos, del Japón que se occidentalizaba, o becados por la española Junta para la Ampliación de Estudios. Y cuando Estados Unidos se lanza a ampliar su sistema universitario tras la desmovilización de la Gran Guerra (qué hacer con los soldados tras la paz es siempre mal problema), es el modelo alemán el que aplica y generaliza. En la segunda posguerra no será el modelo, sino a los mismos científicos a los que dará cobijo. Si hoy Estados Unidos tiene a diecisiete de las veinte mejores universidades del mundo y un 80 por ciento de los premios Nobel se debe a ello.

Pero hay instituciones que mueren de éxito y la Universidad puede ser una de ellas. Por supuesto para Humboldt sólo una minoría podía acudir a la Universidad; se estima que no más de un 1 por ciento. Y todavía cuando Ortega se pregunta en 1930 por las misiones de la Universidad su elitismo está fuera de discusión. Formar profesionales, generar ciencia y producir alta cultura, pues tales son las citadas misiones, es tarea de minorías. Lógico. En 1900 había 29.000 estudiantes universitarios. Para los años treinta la cifra había ascendido a algo más de 100.000. Pero cuando en 1983 elaboramos la Ley de Reforma Universitaria la cifra ya se ha disparado a 700.000, y hoy hay más de sesenta mil sólo en los postgrados, y en el grado hay millón y medio. Entre medias ha tenido lugar un evento crucial: la democratización de la Universidad. Y con él, el cambio de la cantidad en calidad.

Pues era evidente que una institución que proporcionaba poderosas oportunidades de movilidad ascendente tendría amplia demanda. Y la tuvo, por supuesto, imposible de frustrar en sociedades democráticas. El descubrimiento del «capital humano» legitimó esa demanda. Y los gobiernos de todo el mundo incentivaron el acceso a la Universidad. Incluso el franquismo lo hizo con la Ley General de Educación de 1970. Y poco a poco la tasa de escolarización fue creciendo, y creciendo, y creciendo. Hoy supera en muchos sitios el 70 por ciento (el 90 por ciento en Japón), y en no pocos países el objetivo es universalizar la Universidad (así lo dijo Clinton en su segundo mandato). Pues bien, el resultado es Bolonia. Es decir, bajo el argumento de construir un espacio europeo de educación superior, lo que hay de verdad es la transformación de la Universidad en sistema general de enseñanza post-secundaria.

Efectivamente, es más que discutible la necesidad (e incluso la conveniencia) de homogeneizar la Universidad europea. Europa, desde luego, tiene otras prioridades, y es una ingenuidad creer que así se va a incentivar la movilidad, ya sea de profesores, de estudiantes o (menos aun) de titulados. Las lenguas y el Estado de Bienestar inhiben más de lo que Bolonia puede hacer. Por lo demás, la competencia entre sistemas distintos puede ser buena.

Pero Bolonia es el destino inevitable. Cuando las tasas de escolarización post-secundaria se aproximan al cien por cien, a la universalización, no hay alternativa: la Universidad se transforma en el sistema de formación de los profesionales que la vida social demanda. La enseñanza superior es ya, en la moderna sociedad del conocimiento, el equivalente a lo que fue bachillerato en la sociedad industrial. Por lo demás, en España el Ministerio de Educación pudo, malamente, aguantar presiones para multiplicar las Universidades. Pero llegaron las transferencias y las Comunidades Autónomas no resistieron ni quince minutos, y hoy cada ciudad tiene su Universidad, como hace décadas ocurría con los Institutos de Bachillerato. La Universidad es la máquina de formar profesionales. No puede no serlo. Y de ahí se deduce todo lo demás: la enseñanza se reduce a tres o, como mucho, cuatro años, el grado se profesionaliza y el postgrado se transforma en maestría. ¿Y el profesorado? Aunque no se entere, él también se transforma en docente, en enseñante. Y así, si la Ley General de Educación de 1970 transformó toda la enseñanza post-secundaria en enseñanza universitaria, hoy le damos la vuelta al argumento y estamos transformando toda la enseñanza universitaria en formación profesional post-secundaria. Bolonia, repito, es el destino inevitable. Qué le vamos a hacer.

Pues sí, algo podemos y debemos hacer. Re-inventar la Universidad. Bolonia, que es inevitable para la enseñanza post-secundaria, está siendo letal para las viejas funciones de la Universidad: investigación y creación de cultura. Que la vieja Universidad se transforme en sistema de formación profesional terciario puede ser inevitable e incluso bueno. Pero también debe serlo el dar cobijo a la investigación, al pensamiento crítico, a la reflexión, a la creación, a la excelencia, a dos de las tres misiones de la Universidad, hoy arrinconadas por la tercera. Nuestra Universidad nunca ha llegado a destacar por su calidad investigadora pero a lo largo de las dos últimas décadas empezaba a despuntar, y son muchos los indicadores objetivos que lo muestran. Si no hay alternativa a Bolonia llevemos Berlín y Humboldt al post-grado pues tampoco hay alternativa y no podemos volver al que inventen ellos.

Y es ahora cuando el Gobierno decide separar la Universidad del Ministerio de Educación y fusionarlo con Investigación. Dudo que hayan meditado mucho la medida pero, como todo, ofrece una oportunidad. Pues es urgente aclarar definitivamente el futuro de los programas de doctorado, potenciarlos con financiación competitiva, aclarar el destino de Departamentos y, sobre todo, Institutos de Investigación, utilizar los mejores investigadores acreditados con sexenios de investigación. Los profesores necesitamos urgentemente que se nos aclare el futuro de la vieja Universidad de excelencia, no que se nos ofrezcan planes de jubilación anticipada para sustituirnos por baratos obreros de la enseñanza.

Bolonia puede ser vital para la enseñanza pero letal para la investigación. Caminar desde Berlín a Bolonia es dar marcha atrás.

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14 respuestas a La Universidad: de Berlín a Bolonia, marcha atrás

  1. Pingback: Gestionando el conocimiento

  2. eulez dijo:

    Hombre, pues yo con esto no estoy de acuerdo:

    Los profesores necesitamos urgentemente que se nos aclare el futuro de la vieja Universidad de excelencia, no que se nos ofrezcan planes de jubilación anticipada para sustituirnos por baratos obreros de la enseñanza.

    ¿Los jóvenes somos “baratos obreros d ela enseñanza”? ¿Los que necesitamos acreditarnos y publicar? Lo primero es jubilar a un montón de gente, y luego ya veremos.

  3. pseudopodo dijo:

    Pues todavía me queda mucho para jubilarme, supongo que por eso no me había fijado en esa frase…

    Pero no es que el autor proponga tratar a los jóvenes como obreros de la enseñanza, precisamente lo critica. Yo no había oído que haya la intención de hacer planes anticipados de jubilación. Pero tampoco creo que sea una solución. Entre otras cosas, la piramide de población del profesorado tiene la base muy ancha, no se ganan tantos puestos de trabajo jubilando a los más viejos.

  4. eulez dijo:

    Sí que hay planes de prejubilación en muchas universidades, de eso estoy seguro (y no lo estoy de casi nada). La pirámide en muchas universidades es un desastre, si las jubilaciones no se hacen de forma escalonada, algunas universidades van a tener que sacar plazas a destajo dentro de unos 5 años…

  5. josele dijo:

    Buenas

    Ya dije lo que tenía que decir sobre el objetivo de los cambios en la enseñanza en un par de posts anteriores (en noticias sobre esto).

    Pero en estos dias, explicando a Ford en clase, vimos cómo este sentó las bases para una cadena de montaje; sustituibilidad.

    Sustituibilidad de las materias primas; de 3 a 4 entran esparragos y enlatamos esparragos: de 4 a 6 tomates, etc.

    Sustituibilidad del capital; las máquinas tienen de 3 a 4 el programa de enlatar esparragos, de 4 a 6 tomates, etc…

    Fijaros en Honda, que fabrican desde pianos hasta motosierras y coches…

    Solo falta la sustituibilidad del trabajador; como le especializamos, hay que mandarle al cole. Si el que apretaba tornillos ahora no hace falta, que se especialice como ingeniero industrial. Pero que no se me crea insustituible, que sale caro.

    ¿Os acordais de los controladores aereos? Despues de la ultima huelga, hala, programa de formacion becado para tropecientos, y menos aires de grandeza.

    Dice Lamo de Espinosa que “Bolonia, que es inevitable para la enseñanza post-secundaria, está siendo letal para las viejas funciones de la Universidad: investigación y creación de cultura.”

    Pero insisto en la idea; la investigación y la cultura siempre han sido para por segun so sobre y tras la elite. Estamos mal acostumbrados en estos ultimos 30 años.

    Ademas nos hemos creido que porque podamos acceder a la Universidad vamos a ser más cultos. Y luego los alumnos y los padres se enfadan si suspendes por una falta de ortografia (o 5 en un examen).

    Pero si el propio manual de la asignatura los tiene. Pero si el periodista en la radio, periodico y telediario las tiene.

    Las universidades de la elite seguiran produciendo directivos; las de por aqui, seguiran produciendo trabajadores sustituibles.

    El problema es más de fondo; se llama Cuenta de Resultados, y tiene forma de ecuacion:

    f($) = $M+$K+$T

    despejadla los que sabeis de matematicas a ver que pasa (igual esta mal expresada, pero por ahi va)

    un saludo

  6. loiayirga dijo:

    Le hago llegar el artículo a un compañero que trabaja como profesor asociado (inglés) en la universidad.

    Me responde lo siguiente que copio y pego:

    Muy interesante el artículo. Yo creo que las afirmaciones
    “La enseñanza superior es ya, en la moderna sociedad del conocimiento, el equivalente a lo que fue bachillerato en la sociedad industrial.”
    “Estamos transformando toda la enseñanza universitaria en formación profesional post-secundaria.”
    no son ni optimistas ni pesimistas en sí mismas. Pueden ser muy buenos síntomas de que hemos progresado desde principios del siglo XX. O pueden contener cierta nostalgia aristocrática: ahora todo el mundo tiene coche. Eso indica que hemos avanzado, pero también que hay más atascos y contaminación. Y que no todos los coches son Hispano-Suiza ni Rolls-Royce, claro.
    Yo me temo que Bolonia va a tener un efecto negativo en España por el desconcierto que va a crear y porque el nuevo sistema de créditos, pensado para que los alumnos sean más autónomos y activos en su aprendizaje, aquí terminará siendo un coladero.
    Me llama la atención el punto que da pie al debate:
    Los profesores necesitamos urgentemente que se nos aclare el futuro de la vieja Universidad de excelencia, no que se nos ofrezcan planes de jubilación anticipada para sustituirnos por baratos obreros de la enseñanza.
    Ahí me doy por aludido. No hay dinero para pagar a gente que tiene seis clases a la semana con tres alumnos y publica en revistas que no lee nadie sobre líneas de investigación sin interés científico verdadero, sin más intención que llenar currículum y completar tramos de investigación. Sustituirles por profesionales externos cualificados con contratos por horas es mucho más barato. En bastantes casos, seguro que es infinitamente mejor. Los justos pagarán por los pecadores, claro. Por cada Lamo de Espinosa (exministro, y seguro que muy competente) hay mucho vividor y mucho enchufado que no sabe para qué instruye a sus alumnos. ¿Excelencia? No es oro todo lo que ha relucido en nuestra universidad.

  7. pseudopodo dijo:

    Efectivamente, la investigación y la cultura siempre han sido cosa de una élite y siempre lo van a ser. Si todo el mundo va a la Universidad, esa Universidad ya no va a ser el lugar “dónde se cree la ciencia y se genere la alta cultura”. ¿Eso es necesariamente malo? Hombre, así en principio es verdad que se puede tomar como un síntoma de que hemos progresado desde principios del S. XX.

    Pero si los estudios universitarios van a ser lo que era el Bachillerato (y estoy convencido de que es así), me pregunto dos cosas:

    (1) ¿Realmente hacen falta tantos años para conseguir esa formación?¿Hace falta de verdad añadir cuatro años al bachillerato? No creo que eso esté justificado porque se aprendan más cosas o más difíciles; de hecho la bajada de nivel hace que lo que vayamos a dar en primero de carrera con los nuevos planes sea equivalente a lo que yo estudié en tercero de BUP (hablo de física). A mí me parece que de lo que se trata es de tener a los chicos entretenidos –e infantilizados- y que no engrosen las estadísticas del paro.

    (2) ¿Dónde se van a realizar esos estudios avanzados que antes se hacían en la Universidad? La respuesta obvia es que en los Masters, pero a mí me parece un poco tarde pasar a los 22 años de la plastilina a las ecuaciones diferenciales… Y hay que añadir que a estas alturas no está claro si esos Masters van a ser a precio público o no. Ahora en España no había realmente “universidades de la élite” como decía Josele, pero a partir de ahora las va a ir habiendo. Así que a lo mejor la élite resulta que empieza a ser élite en sentido económico. Esto sería un retroceso inmenso en la igualdad de oportunidades. Dado el talento que ha demostrado la izquierda en este tema, no me extrañaría lo más mínimo que las grandes beneficiadas sean las universidades privadas y por supuesto los ricos.

    Todavía tengo una pregunta más de fondo: ¿Por qué tiene que encargarse el estado de proporcionar a las empresas la formación profesional que necesitan? Entiendo que la formación no puede ser ajena a lo que demanda el mercado, pero no creo que deba supeditarse todo a la utilidad inmediata. Incluso en términos puramente económicos, hace falta una formación de base, una cultura, una disciplina de pensamiento…

    Por otra parte, no voy a negar que hay muchos “vividores y enchufados” entre el profesorado, pero Bolonia no va a tocar para nada ese tema. Se seguirá recurriendo a asociados porque son más baratos, no porque lo hagan mejor o peor. Porque aquí asoma otro tema del que no se habla en toda esta vorágine, y es que la calidad docente en la Universidad no tiene ningún premio (más bien al contrario)… pero creo que me jubilaré sin que se haga nada en ese terreno, salvo palabrería.

  8. En Brasil la Universidad publica sigue elitizada y pensada mayoritariamente para alumnos que rozan la excelencia. Por desgracia estos alumnos vienen de clases pudientes que han podido invertir en su educación.
    La Universidad privada es la que llega a los pobres, que con muchos años de trabajo consiguen ahorrar lo suficiente para entrar en ellas (con un nivel de exigencia mucho menor).

    Cualquier sistema desarrolla sus efectos perversos, si estos efectos son demandados por la sociedad.

  9. pseudopodo dijo:

    Pues no sé…yo cuando leo la palabra “gender” ya me pongo a la defensiva, así que voy a ponerme hipercrítico.

    Cuando empecé a leer el artículo me llamó la atención esta frase, referida a los exámenes PISA: “They are sufficiently challenging that only 0.6% of the U.S. students tested perform at the 99th percentile of the world distribution”… que parece de antología del disparate: da igual que un examen sea muy difícil o muy fácil: el % de gente que quede en el percentil 99 será el 1% (…y si uno se refiere a un país en vez de al total, será un porcentaje cercano, un poco mayor o menor según lo buenos o malos resultados que tenga el país).

    Yendo más a la sustancia, me resulta extraño que no se le haya ocurrido a nadie antes correlacionar el “gender gap” con el nivel de “igualdad de género” social… y más cuando el resultado es tan redondo: resultaría que las niñas salen peor en matemáticas por culpa de que viven en una sociedad machista. Los autores afirman que los test PISA están exentos de sesgos culturales y por eso sirven para hacer estas comparaciones, pero el propio resultado que encuentran se puede considerar como un sesgo cultural. Quizá por eso no dan ninguna explicación, ni siquiera tentativa, de sus resultados…

    Por otra parte, dejando aparte la frasecita que citaba al principio, parece que el estudio está bien hecho (al fin y al cabo no es cualquier revista, es el Science), así que yo pondría mi desconfianza entre paréntesis.

    Eso sí, no me extrañaría que la noticia saltara a los periódicos, porque es justo lo que la corrección política estaba esperando….

  10. kabish dijo:

    Pseudópodo, creo que ese porcentaje se refiere al porcentaje de americanos por encima del percentil 99 mundial. Lo que quiere decir que el 0.6% está a ese nivel cuando se esperaría de media un 1%, eso entiendo yo. O sea que están muy por debajo de la media (cuatro puntos ni más ni menos).

  11. pseudopodo dijo:

    Sí, supongo que es la única interpretación razonable, pero lo que significa eso no es que el examen sean especialmente “challenging”, como dicen en el artíoculo, sino que los USA están bastante por debajo de la media… por lo menos en los resultados de la élite, que serían muy flojos.

  12. Somehow i missed the point. Probably lost in translation 🙂 Anyway … nice blog to visit.

    cheers, Reciprocalness!

  13. Manuel Fernández Vílchez dijo:

    pseudopodo, dado tu interés y de tus seguidores, te paso mi alegato más un artículo satírico al que sirve de presentación, ambos tratan sobre la cuestión de la liberalización y privatización de la universidad. El enlace es de un blog de la comunidad El País
    http://lacomunidad.elpais.com/manuelf-vilches/2013/6/22/la-beauty-university-futuro-inmediato-las

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