Paradigmas (I): Juzgar es difícil

Hay que reconocer que juzgar es difícil. Para hacerlo bien tendríamos que tener todos los elementos, todas las facetas del problema a la vista. Eso, estrictamente, sólo es posible en un sistema formal como la lógica o las matemáticas, donde tenemos problemas “cerrados”. Pero en cuanto salimos al mundo real, deja de estar claro qué elementos “entran” y cuales “no entran” en el problema: en realidad, todo está conectado con todo, de modo que todos los problemas son abiertos, tienen un contorno difuso.

¿Qué hacemos entonces? No podemos suspender el juicio indefinidamente, de modo que recurrimos a un paradigma: un marco conceptual que nos dice qué es relevante y qué no lo es. El paradigma convierte el problema abierto en un problema cerrado.

Por ejemplo: si nuestro problema es elegir con qué material hacemos una pared en una casa, el paradigma de la física clásica nos dice que lo relevante es la resistencia estructural del material, su conductividad térmica y su calor específico. Podemos prescindir de su precio, de su textura, de si según cierta religión es “impuro” o “puro”, de si es de fabricación nacional o importado… Obviamente todos esos factores “irrelevantes” pueden no serlo: el precio casi nunca lo será (y habrá que introducir un paradigma adicional para juzgar: el económico), pero los otros factores también pueden ser importantes en ocasiones.

Cuando tenemos que resolver un problema o hacer un juicio, solemos pensar que basta con dos cosas: conocer los hechos y tener claro cuales son nuestros fines, lo que consideramos bueno y malo. Pero no es así, porque los “hechos” son siempre demasiados, y para separar el trigo de la paja hace falta el paradigma.

Mientras nos limitemos a problemas de tipo “técnico” no hay mucho de qué preocuparse. Son problemas que, aunque no estrictamente cerrados, están razonablemente bien acotados, y casi siempre hay un paradigma claro al que recurrir. En el caso de la pared, la resistencia de materiales y la teoría del calor de Fourier llevan bien establecidas desde el siglo XIX. En realidad, un problema es un problema técnico cuando hay un paradigma bien establecido para él.

Pero cuando pasamos a problemas más abiertos, como los problemas sociales o personales, el paradigma, ese tercero en discordia entre los hechos y los fines, lo complica todo. Partiendo de la misma situación, teniendo los mismos objetivos, podemos llegar a conclusiones totalmente distintas si trabajamos con paradigmas diferentes. Y como a menudo el paradigma es algo implícito, de lo que nosotros mismos apenas somos conscientes, es fácil pensar que la discrepancia con el otro se debe a estupidez o mala fe (naturalmente, estupidez o mala fe del otro).

Muchas veces el problema se evita porque adoptamos el paradigma por defecto del ambiente: las creencias, la visión del mundo implícita en nuestra sociedad (Ortega decía que “las ideas se tienen, en las creencias se está”). Pero cuando entran en contacto dos culturas, este desajuste de paradigmas es una causa permanente de incomprensiones.

Un ejemplo: los árabes y los norteamericanos tienen creencias implícitas distintas sobre la distancia a la que debe mantenerse una conversación. Para el árabe esa distancia es bastante más corta que para el americano. Recuerdo que un antropólogo contaba que, en cierta organización internacional, era frecuente ver cómo una conversación entre un árabe y un norteamericano comenzaba en un extremo de un pasillo y finalizaba en el otro extremo: el árabe, intentando ponerse a la distancia óptima, se acercaba al norteamericano, que iba retrocediendo hasta quedar acorralado contra la pared del fondo. Ambos acababan incómodos: a un nivel no del todo consciente, el norteamericano creía que el árabe le avasallaba, mientras que el árabe pensaba que el norteamericano le rehuía.

El problema es que, en una sociedad tan compleja como la nuestra, estos malentendidos son cada vez más frecuentes. Pero no tanto porque los inmigrantes traigan consigo otras culturas -pues al fin y al cabo, suelen hacer su vida al margen del mainstream-, como por la fragmentación de ese mainstream. Siempre ha habido conservadores y progresistas (los dos paradigmas que Thomas Sowell llamaba “visión restringida” y “visión no restringida”), pero hoy se acentúan las divisiones entre laicistas y religiosos, centralistas y nacionalistas periféricos… y, a juzgar por las discusiones de este blog, entre (digamos) cientifistas y (digamos) humanistas. En todos los casos, es muy frecuente que, aunque se coincida en los hechos y en los fines, resulte imposible el acuerdo: una señal clara de que se manejan paradigmas diferentes.

Seguiremos hablando de esto.

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15 respuestas a Paradigmas (I): Juzgar es difícil

  1. Sherab Gueleg dijo:

    ¿Será que el paradigma del que tu hablas, … esa constante que aparece en todas las experiencias de la vida, y que por lo visto reside en nuestra mente, se llama dualismo?
    Como tu escribes: “Siempre ha habido conservadores y progresistas (los dos paradigmas que Thomas Sowell llamaba “visión restringida” y “visión no restringida”), pero hoy se acentúan las divisiones entre laicistas y religiosos, centralistas y nacionalistas periféricos… y, a juzgar por las discusiones de este blog, entre (digamos) cientifistas y (digamos) humanistas.”
    ¿Has pensado alguna vez, en como seria la mente en un mundo no dual?
    No quiero parece ni humanista ni cientifico, solo un ser humano que como tu trata de comprender el mundo que le rodea pero sobretodo asi mismo.
    Ejemplo de fisica cuantica sobre la no dualidad de la naturaleza de la que estamos hechos 😉 Diviertanse :
    http://foros.ya.com/SForums/$M=readthreadrep$TH=1873461$F=9353$ME=5587375

  2. ¿Así que eres un relativista? 😉

  3. En lo que investigo en medios de comunicación recurro al concepto de representaciones sociales, pero me acabas de abrir una nueva vía de abordaje 🙂

    La cuestión es que un paradigma está formalizado, y es muy difícil formalizar las reprsentaciones sociales compratidas o no en una sociedad. A lo más a lo que hemos llegado (junto a otra colega, Grace Stefanello) es a medir la distancia entre representaciones sociales que se tienen en dos momentos distintos sobre una misma realidad.

  4. gliptodonte dijo:

    Creo que Topo Universitario ha puesto el dedo en la llaga. Este post conecta con el que escribiste sobre “hechos e interpretaciones”.

    Es cierto que no existen propiamente hechos porque son interpretados desde distintos paradigmas, pero aceptar esta verdad puede llevar muy fácilmente al relativismo.

    En la Antigüedad y en la Edad Media el conocimiento recaía sobre las cosas. Las ideas eran lentes a través de los cuales vemos las cosas. Con la Edad Moderna se empieza a creer que el conocimiento es conocimiento de ideas. ¿Cómo puedo saber si esas ideas reflejan la realidad o no? Es el idealismo de Descartes y luego todos los demás idealismos.

    A donde nos ha conducido eso es al relativismo. Cada uno encerrado en sus propias ideas. O en las de su cultura, o en las de su visión del mundo. Nos hemos quedado SIN LA REALIDAD.

    Cuando alguien está diciendo algo en seguida alguien le dice: ese es tu modo de verlo. Hemos perdido las cosas mismas.

    Yo no digo que no sea cierto que “los hechos” sólo son tales partiendo de una interpretación pero… ¿existe un terreno común en el que por fuerza apoyan las distintas interpretaciones?

    Yo esto lo he aprendido con Zubiri. Aunque lo he aprendido de un modo un poco simple y pobre. Pero por lo que yo entiendo él quiere hablar de un primer momento de aprensión de la realidad. ESTAMOS IRREFRAGABLEMENTE INSTALADOS EN LA REALIDAD. Es cuando queremos decir qué es realidad más allá de lo que aparece cuando surgen interpretaciones. Interpretaciones que habrán siempre de remitirse a LA REALIDAD. Si sólo existen paradigmas no tiene sentido la discusión. Sólo si existe un terreno común sobre el que estamos “apoyados” todos tiene sentido ver si nos podemos poner de acuerdo.

  5. pseudopodo dijo:

    Gliptodonte, supongo que te refieres al post sobre “Tizas, Pavos y Hechos”, y sí, esto conecta con aquello.

    Ya contaba con que me acabaríais acusando de relativismo, pero no tan pronto (más bien en post sucesivos de la serie)… pero es que Topo tiene una vista muy fina 😉

    Así que voy a aprovechar para decir desde el principio que no soy relativista, y que aborrezco el soniquete de “ese es tu modo de verlo” o de “es una opinión tan válida como otra cualquiera” que hoy todo el mundo tiene en la boca. No, hay modos equivocados de ver las cosas, hay opiniones más válidas que otras y hay algunas que son irremisiblemente inválidas… ¿cómo voy a pensar de otra manera siendo científico de formación?

    Pero es que precisamente ahora se da una situación curiosa. Se acepta el relativismo de todo menos de la visión científica de la realidad. La visión estándar del mundo (podríamos llamarlo “el paradigma por defecto” de nuestra sociedad) es una mezcla rara de relativismo en todo lo que se refiere al “mundo del espíritu” (en particular, la ética) y absolutismo rígido en lo que se refiere al mundo natural: aquí la ciencia es la toda la verdad y la única verdad (cientifismo).

    [A esto se añade que se toma la “dimensión imaginativa” de la ciencia literalmente, no se concibe que teorías muy distintas tienen los mismos resultados operativos (es de lo que hablé aquí). Y, como remate, se quiere que la ciencia proporcione criterios y normas morales, como si un olmo pudiera dar peras.]

    Yo creo que esa división abrupta es falsa, y además autocontradictoria. Eso es lo que quiero explicar, pero necesito más de un post, así que tardará un poco en verse el panorama… Mi idea es que el conocimiento que proporciona la ciencia es, a pesar de todo lo que he dicho y voy a decir, esencialmente cierto, sólo que incompleto. Y que mostrar que no hay esa división abrupta entre la ciencia y el conocimiento del “mundo del espíritu” refuerza la tesis de la falsedad del relativismo: hay también un conocimiento sobre ese mundo, que es esencialmente cierto, sólo que incompleto. En definitiva, estoy en contra tanto del relativismo como del cientifismo.

    Pero si adelanto aquí todo no va a hacer falta que escriba los posts… así que vale por hoy, espero que se entienda la idea.

    (Por cierto, nunca había oído lo de “irrefragable”, a partir de ahora lo diré de vez en cuando… pero sería sinónimo de “ineluctable”, ¿no?)

    Sherab Gueleb, todavía no he tenido tiempo de leer el artículo que enlazas, lo haré cuando tenga un rato…

    Alberto: no sé hasta que punto “paradigma” es la mejor palabra para definir a lo que me refiero aquí. Hay muchos conceptos próximos, y quizá yo he usado ese porque es el que me resulta más familiar (por Kuhn). No quería exigir que fuera algo formalizado, así que quizá haya otra manera mejor de llamarlo (se admiten sugerencias). Ah, una cosa más: por lo que veo, a lo mejor te interesa lo que hacía en este post y en este otro, que como son antiguos no sé si habrás leido….

  6. Frenzo dijo:

    La anécdota del árabe y el norteamericano es interesante, pero “misleading”. Posiblemente ese tipo de convenciones sociales no califiquen como paradigmas, porque se trata un problema de comunicación. Hay gestos y formas que tienen distintos significados según cada cultura: en estos casos es imposible no ser “relativista”, porque el significado de cada convención debe leerse en el contexto de cada cultura.

    La diferencia de paradigmas se dan en otras áreas, diferentes de las convenciones que son más bien superficiales y arbitrarias (y da lo mismo qué convención se adopte al final). Por ejemplo, el rol que cada cultura designa para las mujeres. En casos como ese, pueden existir paradigmas muy diferentes, pero no todos tienen igual valor. En última instancia, como decís, el paradigma adoptado determina la forma en que procesamos lo que percibimos, y por eso precisamente no pueden ser todos de igual valor: algunos paradigmas necesariamente llevan a sociedades y convivencias más degradadas que otras. Y aunque no me considero cientificista, en todos los campos donde se haya establecido un paradigma científico, éste posiblemente sea el más sólido y seguramente el único imprescindible al analizar cualquier cuestión.

  7. eulez dijo:

    Muy interesante la discusión.

  8. gliptodonte dijo:

    Hay una novela de Stanislav Lem que intenta ilustrar el concepto de paradigma. SE llama “la investigación” (no sé si alguna vez ya hemos hablado de ella aquí). ¿Un policía puede resolver el caso de la desaparición de unos cadáveres de un tanatorio llegando a la conclusión de son los cadáveres los que “cobran” vida y se marchan de allí? ¿Entra una solución así entre las soluciones posibles a las que puede llegar una investigación policial? ¿Qué solución policial puede dar si llega a la conclusión de que es eso lo que realmente sucede?

    En todo caso, estoy plenamente de acuerdo contigo y me parece un diagnóstico certero el que haces. Relativismo en todo lo concerniente al espíritu y dogmatismo positivista en relación con la ciencia. Además está muy bien que eso lo defienda un físico. Si lo hace alguien de “letras” en seguida le dicen que es porque “no tiene ni idea” y porque no quiere reconocer que de “la auténtica verdad” no sabe nada.

    Lo de “irrefragable” yo tampoco se lo he leido a nadie mas que a Zubiri. Hay que reconocer que “ineluctable” tambien es una palabrita que se las trae.

    Cada uno tenemos nuestras obsesiones. Pseudópodo tiene una que atraviesa todo el blog: No conocemos toda la realidad, (o no la conocemos exactamente como es) hay realidad más allá de las representaciones que nos hacemos de ella. Y desde luego la ciencia no refleja como un espejo la realidad.

    Una frase de Shakespeare/Hamlet (que ya citó alguien por aquí) refleja muy bien eso: “Hay más cosas en el cielo y la tierra de las que sueña tu filosofía”

  9. instan dijo:

    La novela de Lem es una obra maestra sin paliativos, una muestra de cómo la epistemología puede aparecer en la ficción con tanto rigor como en los libros de texto. Una genuina ficción científica y especulativa y muy interesante.

  10. pseudopodo dijo:

    Frenzo, lo que califique o no como “paradigma” es algo escurridizo, la verdad. Alberto de Francisco sugería hablar de “representaciones sociales”, y estaría bien tener una tipología más fina, porque no son realmente lo mismo.

    De todos modos, lo que me interesa del caso es que en todos los juicios que formamos hay un peso muy grande de un conocimiento tácito, que está en el background, sin que seamos conscientes de él. Las convenciones sociales (como cual es la distancia correcta para una conversación) son conocimiento de ese tipo, en ese sentido sí me valen como ejemplo.

    Una cosa interesante de lo que dices es que “algunos paradigmas necesariamente llevan a sociedades y convivencias más degradadas que otras”: efectivamente, al final el mejor criterio es el de “por sus frutos los conoceréis”… pero te me has adelantado, yo quería llegar a eso más adelante.

    Gliptodonte, debes ser buen profesor porque “calas” rápido a la gente. Bueno, no sé si tan rápido, porque sé que llevas bastante tiempo leyendo este blog… pero aciertas de pleno: sí, me fascina la idea de que “la realidad” es otra cosa, no lo que percibimos o representamos, sino algo mucho más rico, y vuelvo una y otra vez a criticar el “mundo plano” que nos proponen los cientifistas … Me parece que es un error filosófico, pero además una lástima porque nos empobrece. Y creo que poca gente se da cuenta de lo que está en juego, porque una filosofía equivocada tiene consecuencias de largo alcance, y muy prácticas (al final, una mala filosofía lleva a una “convivencia degradada”).

    Instan, ya he notado que eres un fan de Lem; yo empecé a leer una novela suya, no entendí nada y lo dejé, pero tengo que decir en mi descargo que tenía 16 años y lo que me gustaba era Asimov… A lo mejor ahora sí me gusta (y si además lo recomienda Gliptodonte, ya voy a tener que apuntarlo en mi lista para la Feria del Libro…)

  11. Becario-E dijo:

    Je, je, je… El topo te ha calado, por más que te excuses.

    Pero, sinceramente y hablando más en serio, ¿quién no se ha sentido relativista alguna vez?

  12. JuanPablo dijo:

    ese libro de Lem en particular es genial, sobre todo por un detalle: la hipótesis de que los cadáveres cobren vida ni siquiera se menciona! No hace falta descartarla, ya que no está entre las opciones. Los personajes están ‘ciegos’ ante esa opción. Es un efecto muy fuerte esa falta de diálogo entre lo que hacen los personajes (o el autor), y lo que nos pasa por la cabeza mientras lo leemos (hasta el más racional empieza a ‘ver’ esa hipótesis, total es una novela).

  13. josempelaez dijo:

    ¿Paradigma?, ¿representación?, ¿modelo mental?, ¿marco de referencia? Creo que el desarrollo congnitivo requiere ir almacenando en la memoria esa información procesada que pasa a engrosar el conocimiento tácito del que hablas.

    ¿Ética en el lado espiritual? ¿No es Marina quien sostiene que nuestra conciencia social nos indica con la satisfacción y la repugnancia lo que está bien o mal? Si las emociones reaccionan de una u otra manera, y éstas tienen base cerebral, ¿la ética es ideada o natural?

  14. pseudopodo dijo:

    Bueno, josem, todo pasa por el cerebro, pero eso no significa que sea un producto de el cerebro: puede que el cerebro lo haya descubierto, no inventado. Así creo que ocurre con las matemáticas: descubrimos un orden que no hemos creado nosotros. Así puede pensarse también de la ética (así lo pensaba Kant por ejemplo).

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