Paradigmas (II): El poder del marco

En un post anterior discutía el efecto de los paradigmas a la hora de formar nuestros juicios. Como la vida es finita y hay múltiples necesidades, para formar una opinión o tomar una decisión nunca podemos valorarlo todo. Hay que recurrir a un atajo y decidir qué es lo relevante. El paradigma es el marco conceptual que lo delimita. Y como esa la decisión debe tomarse a priori, no se gana nada siendo conscientes de ella. De modo que todo esto se mantiene en la sombra, pero cuando caemos en la cuenta vemos que es razonable: se trata de la una cuestión de economía cognitiva.

La cosa, sin embargo, no es tan sencilla. Parecería que basta con hacernos conscientes de este proceso para liberarnos de sus efectos. Pero no es así, porque la influencia de los paradigmas se extiende mucho más allá de este ámbito de los juicios individuales: por debajo, hasta nuestras propias percepciones elementales; por encima, hasta los fenómenos colectivos en una sociedad.

Empecemos por la percepción. Hay docenas de ilusiones ópticas que muestran que no vemos las cosas como son. Casi siempre, lo que ocurre es que tenemos una idea inconsciente sobre como deben ser las cosas, y acomodamos nuestra percepción a esa idea. Uno de los casos más sencillos es la ilusión de Ponzo:

Las dos líneas horizontales tienen la misma longitud, pero la de arriba parece más grande que la de abajo. El contexto visual (las vías del tren) funciona aquí como un marco conceptual. Y lo inquietante es que el marco nos condiciona hasta el punto de que vemos con nuestros propios ojos, sin asomo de duda, algo erróneo.

La razón es que hasta el más sencillo acto de percepción conlleva un juicio. La conciencia nunca accede al output directo de los sentidos. Está demasiado ocupada, es demasiado importante para ocuparse de ese aluvión de datos. Como al CEO de una gran empresa, lo que le llegan son informes, fruto del trabajo de interpretación y síntesis de unos subordinados.

Así, en la imagen anterior, la interpretación más verosímil, teniendo en cuenta todo lo que sabemos sobre el mundo, es que la raya de arriba sea más larga. Eso es lo que pone en el informe remitido al CEO. Y eso es lo que vemos. De nuevo, se trata de una cuestión de economía cognitiva.

Un ejemplo espectacular de este poder del marco lo proporciona la habitación de Ames:

(Una explicación en español de cómo funciona este marco tan particular, aquí).

En resumen: nuestra percepción es la resultante del estímulo sensitivo directo (el patrón de luces y sombras sobre la retina) más todo lo que sabemos previamente sobre el mundo (lo que podríamos llamar “marco perceptivo”), de modo análogo a como nuestros juicios son la resultante de los hechos más nuestro marco conceptual (paradigma). Pero como los hechos son siempre hechos percibidos, al formar un juicio los marcos nos afectan por partida doble, en dos niveles.

Hace tiempo hablé de cómo durante siglos los europeos creyeron en la existencia de monstruos como los cinocéfalos o los panotios. Algunos conquistadores los vieron con sus propios ojos en América. Quizá no es tan raro, en vista del poder del marco. ¿Qué panotios no estaremos viendo nosotros hoy?

* * *

(Y ¿qué hay del “efecto de los paradigmas en el nivel de los fenómenos colectivos de la sociedad”? Ya habrá tiempo de hablar de eso).

Actualización (04-06-07): Gracias a Marqus, que ha enlazado este post, me entero de que el video de la habitación de Ames ya había sido comentado en Microsiervos. No sé como se me pasó, pero merece la pena leer su explicación.

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7 respuestas a Paradigmas (II): El poder del marco

  1. heptafon dijo:

    Como dicen en wiki, este efecto se utilizó, modificado, en el Señor de los anillos. La moraleja: al ceo se le puede inducir a engaño.
    Muy interesante tu blog.

  2. Pseudópodo, te contesto aquí a tus links (no, no los conocía, muy interesantes ) en el comentario del anterio post. Precisamente son esas técnicas las que utilizamos, en concreto hacemos un análisis de componentes principales a partir de la ausencia o presencia ciertas características básicas de esas representaciones sociales.
    Instanton (¡Hola! Qué pequeño es Internet 🙂 ) y yo discutimos mucho en los foros de Sedice.com sobre lo que él llamaba corrientes subterránas de la cultura, que serían representaciones sociales más elaboradas.

    Muy acertado plantear que se trata de economía del proceso mental. Hasta los mismos prejuicios existen por que resultan “útiles”.

  3. loiayirga dijo:

    Cada quien tiene derecho a su propia opinión, pero no a sus propios hechos (D.N. Moynihan)

    Querido pseudópodo.

    La frase la he encontrado en tecnocidanos (si no me equivoco lo tienes enlazado en tu web).

    si se trata de simplificar las cosas me quedo con esa frase mejor que con tu teoría sobre los paradigmas. Creo que tu visión del asunto lleva a un relativismo.

    Hay que reivindicar una realidad común para todos. Cierto que a esa realidad accedemos desde nuestro “marco conceptual”, lo cual la condiciona mucho, pero no podemos renunciar a que exista algo común y que “es como es”.

    No es posible que solo existan paradigmas.

    Existe “la realidad” pero al querer decir qué es esa realidad más allá de “lo que se muestra” es cuando todos disentimos y elaboramos teorías que difieren.

    Puede que digas que lo que se muestra es distinto en cada caso, según el paradigma. Entonces habrá que ponerse de acuerdo sobre como es “lo que se muestra” pero lo que no podemos renunciar es a decir que “existe un mundo común, una realidad común, que es igual para todos” sobre la que tiene sentido discutir.

    Wittgenstein para hablar de los paradigmas ponía el simil de los juegos.

    Juegos con normas distintas, paradigmas distintos.

    No vale la metáfora para el conocimiento. El que quiere conocer tiene un referente (la realidad) que no existe para los que juegan juegos. Que tocar la pelota con la mano sea o no falta depende del juego que practiquemos. Insisto en “el juego del conocimiento” existe “la realidad”.

  4. loiayirga dijo:

    Nuestra vista puede engañarnos (como en la casita fabricada en el video que pones o en la ilusión óptica) pero al final existen los demás sentidos que nos muestran un mundo estable e igual para todos. Si existe engaño es porque hay una representación falsa de la realidad y una representación verdadera. ¿Esa representación verdadera es también víctima de un contexto, un marco conceptual o un paradigma? ¿O pensamos que esa representación veradera es verdadera porque “es así”?
    ——————————————————–
    Otra cosa que me parece floja en el post es que se utiliza un simil. Del mismo modo que la percepción se funda en marco conceptual así el resto del conocimiento? ¿Por qué? ¿No habrá que demostrar eso para el conocimiento en general? ¿No podría ser que la percepción funcionara de un modo y otros modos de conocimiento de otro?

  5. loiayirga dijo:

    En algún museo de la ciencia, no recuerdo en cual, he visto una habitación de Ames. Es un divertimento muy entretenido.

    Lo que vemos es fruto de lo que vemos y de todo lo que ya sabemos.

    Hace poco puse un post contra los sindicalistas en mi blog. Un comentario me pareció muy iluminador.

    Decía algo así: “No estoy de acuerdo con la visión negativa que se da de los sindicatos, sin embargo cuando pienso en el sindicalista de mi empresa me deprimo. ”

    Es decir, la persona que comenta cree saber de qué modo son los sindicatos con independencia de lo que muestran los hechos concretos. Se prescinde de un dato de conocimiento concreto para mantener la visión que queremos tener sobre ese asunto.

    En la habitación de Ames el cerebro se resiste a admitir que pueda haber habitaciones que no estén construidas con algunos rectos y donde un lado sea completamente deigual al otro. Tampoco advierte que uno de los lados está mucho más cerca del espectador que el otro. De ahí también la diferencia de tamaño.

  6. loiayirga dijo:

    ¿Se nota que ya estoy de vacaciones?

  7. pseudopodo dijo:

    Se nota 🙂 También vas a notar que yo no lo estoy, porque no voy a poder contestar de inmediato… pero lo haré.

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