La vida secreta de los chicles

Una cosa que te puede pasar si vas a un restaurante con un niño de ocho años es que éste se te meta debajo de la mesa. Y que cuando le estás empezando a regañar te diga: ¡mira, papá!¡ésto está lleno de chicles!

Efectivamente:

(mi hijo me confirmó que todas las mesas estaban igual).

Así son los grandes descubrimientos: un acontecimiento imprevisto cambia tu manera de mirar y ya no ves el mundo igual. Un instantáneo corrimiento a un costado, como decía Cortázar. Ahí mismo, debajo de la mesa, hay otro mundo. O delante de tus narices, sin que te des cuenta.

Por ejemplo, esta es una acera cualquiera de Madrid:

¿Qué es esa multitud de pegotes negros? Chicles, naturalmente. Unos 20 por metro cuadrado en la foto, pero casi nunca menos de cinco o seis. Estimar cuantas toneladas de chicle hay en las aceras de Madrid es un bonito problema de Fermi (si alguien se anima…)

A diferencia de los zapatos viejos y de las hojas de los árboles que cantaba Silvio Rodríguez, los chicles no se van: se quedan ahí, bajo las mesas en las que comemos, en las aceras por las que transitamos. Este mundo paralelo de los chicles tiene sus desiertos y sus ciudades, aunque, claro, su geografía no coincide con las nuestra.

Pero poco a poco vamos sabiendo algo de ella. En flicrk hay ya un grupo dedicado a sus puntos neurálgicos. Y el mayor de todos, la Metrópolis del chicle, tiene incluso una entrada en la Wikipedia: es el callejón del chicle (Bubblegum Alley), una de las principales atracciones turísticas de San Luis Obispo, California:

[¿Qué por qué cuento esto? Supongo que porque por fin tengo un móvil que hace fotos… 😉 ]

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9 respuestas a La vida secreta de los chicles

  1. inquilino dijo:

    Quizás el sitio dónde más me ha sorprendido -y cabreado- encontrar cientos de chicles pegados es en los pasadizos para acceder a las cúpulas de Santa Maria dei Fiore en Florencia. Y es que los chicles son como las hormigas, cuando aparece el primero, ten por seguro que llegarán cientos más detrás.
    Saludos 🙂

  2. roke dijo:

    Menuda cohinada, con perdón.

  3. Pingback: El problema del chicle de Fermi | Enchufa2

  4. gropius dijo:

    Creo que las manchas negras que salen en la foto de la acera de Madrid no son chicles. Las he visto por muchas ciudades y creo que son goterones o restos de la mala combustión del gasoleo de las calefacciones que se emiten por las chimeneas y terminan cayendo en las calles. De cualquier manera es asqueroso. O quizá mas aún, si es como digo.

  5. Rafael M. dijo:

    Son chicles. Chicles por todas partes, igual que las colillas, suerte que éstas son menos sedentarias a no ser que su hábitat sea una playa, cuya arena dificulta que viajen de un lado a otro.

    Casual o no, hoy he pisado un chicle, ya estaba bien mascado y por su color verde he deducido que era de menta. Aunque con lo amplia que es la industria chicletera con sus sabores, hoy en día es difícil relacionar color con sabor.

    No puedo evitar contar el detalle que venía acompañando al chicle: un papelito de O.R.A, de éstos de aparcamiento en zona azul. He llegado a pensar si ambas cosas serían de la misma persona. También he pensado, en la poca educación que tenemos, la falta de respeto…

    En definitiva, que somos unos guarros, perdón por generalizar.

  6. pseudopodo dijo:

    Inquilino, yo estuve ahí hace bastantes años y no lo recuerdo… lo cual es preocupante: parece que la epidemia de chicles es reciente…y a lo mejor se va extendiendo al mundo entero.

    Roke, creía que esa palabra no estaba en el vocabulario de un biólogo 🙂

    Gropius, puede haber manchas de otras cosas, pero los pegotes de la foto (y de las aceras de toda España, diría yo) tienen que ser chicles: tienen un tamaño muy uniforme, consistencia gomosa, y están distribuidos de una manera lógica para los chicles pero no para goterones de calefacción: más abundantes en las calles más concurridas, casi ninguno en la calzada, más abundantes cerca de las paredes (dónde son arrastados cuando todavía no están pegados…)… etc.

    Ah, Rafael, acabo de ver tu comentario: confirmado 🙂

  7. Isilwen dijo:

    Yo estoy prácticamente segura de que son chicles. En Singapur está prohibido comer chicle (aunque parezca mentira, es totalmente cierto) y cuando estuve allí os aseguro que las aceras no tenían ni una sola de esas manchas. Un gusto de ciudad por cierto, todo muy limpio.

  8. pseudopodo dijo:

    Mira, había oído lo de Singapur hace ya bastantes años, pero no conocía a nadie que hubiera estado allí. Gracias, Isilwen

  9. Visionario dijo:

    No son chicles. Habría de varios colores y además pegajosos y no es así.ademas se meten siguiendo canalillos entre los ladrillos lo que indica que en principio eran líquidos. Ademas tendríamos que ver cada día centenares de oersonasmascando y no es así. Lo que no se es lo que son

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