Ampliando el campo de batalla

En nuestra sociedad el sexo representa un segundo sistema de diferenciación, con completa independencia del dinero; y se comporta como un sistema de diferenciación tan implacable, al menos, como éste. Por otra parte, los efectos de ambos sistemas son estrictamente equivalentes. Igual que el liberalismo económico desenfrenado, y por motivos análogos, el liberalismo sexual produce fenómenos de empobrecimiento absoluto. Algunos hacen el amor todos los días; otros cinco o seis veces en su vida, o nunca. Algunos hacen el amor con docenas de mujeres; otros con ninguna. Es lo que se llama la “ley del mercado”. En un sistema económico que prohíbe el despido libre, cada cual consigue, más o menos, encontrar su hueco. En un sistema sexual que prohíbe el adulterio, cada cual se las arregla, más o menos, para encontrar su compañero de cama. En un sistema económico perfectamente liberal, algunos acumulan considerables fortunas; otros se hunden en el paro y la miseria. En un sistema sexual perfectamente liberal, algunos tienen una vida erótica variada y excitante; otros se ven reducidos a la masturbación y a la soledad. El liberalismo económico es la ampliación del campo de batalla, su extensión a todas las edades de la vida y a todas las clases de la sociedad.

Michel Houellebecq, Ampliación del campo de batalla, Ed. Anagrama

No todos los días se encuentra uno con algo tan lúcido. Aunque en la última frase debería decir “liberalismo sexual”: éste es el que extiende al terreno afectivo la batalla que ya era el liberalismo en lo profesional.

Sobre el título de la novela, creo que es interesante esto: La ironía del título, Extension du domaine de la lutte, puede perderse para los lectores norteamericanos (o españoles). En francés suena como un eslogan de la propaganda de los estudiantes radicales del 68: ¡Llevemos la lucha a la calle!. Pero la lucha que Houellebecq tiene en mente no es la lucha de clases, es la nueva guerra de todos contra todos que ha sobrepasado la esfera económica e invadido todas las demás.

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7 respuestas a Ampliando el campo de batalla

  1. eulez dijo:

    Pffff… el problema es que el liberalismo económico justifica que alguien se muera de hambre o de enfermedad por ser un tipo “feo” (fracasado, inútil, lo que sea). No creo que sea importante que alguien no se coma un rosco por ser “feo” pero si creo que es importante que todo el mundo tenga derecho a un trabajo digno, a una educación gratuita y a un sistema sanitario decente. Independientemente de que sea “feo” para el sistema.

    En resumen, que odio los “razonamientos” liberales. Me parecen perversos y casi siempre equivocados.

  2. klaudio dijo:

    OFFTOPIC: pesudopodo disculpa por colocar esto en un comentario pero no encontre un mail de contacto, es un link de
    1951 Lectures on Advanced Quantum Mechanics Second Edition
    Authors: Freeman J. Dyson

    http://arxiv.org/abs/quant-ph/0608140
    y creo que te puede interesar.

  3. ¿Cómo sería un sistema de reparto de bienes sexuales en el que se aplicara aquello de ‘de cada cual según su capacidad y a cada cual según su necesidad’?

    ¿Por qué el autor restringe el comentario a nuestra sociedad? ¿Acaso conoce alguna igualitaria en lo sexual y en lo económico?

    ¿Son dos realidades tan independientes sexo y dinero? ¿Los ricos no tienen más atractivo y, por tanto, acceso a más sexo?

    ¿No podrían redactarse párrafos similares con casi cualquier dimensión en la que haya variabilidad humana?

    En nuestra sociedad la salud representa un tercer sistema de diferenciación, con completa independencia del dinero y el sexo; y se comporta como un sistema de diferenciación tan implacable, al menos, como éstos. Por otra parte, los efectos de los tres sistemas son estrictamente equivalentes. Igual que el liberalismo económico y sexual desenfrenados, y por motivos análogos, el liberalismo relativo a la salud produce fenómenos de empobrecimiento absoluto. Algunos se encuentran saludables todos los días; otros cinco o seis veces en su vida, o nunca. Algunos prácticamente nunca necesitan visitar la consulta de un médico; otros apenas consiguen salir de ambulatorios y hospitales…

  4. Antonio dijo:

    Yo creo que la cuestión radica en algo que ya puso de manifiesto M. Foucault, entre otros, en su “Historia de la sexualidad”: la conversión de los últimos refugios de la intimidad en mercancía. La supuesta liberación sexual de los setenta hacía del sexo algo manejable, negociable, visible… En suma, lo institucionalizaba. El individuo perdía así uno de sus pocos misterios no transparentes para una sociedad de mercado que, habiéndose apropiado ya del control de la salud, podía ahora intervenir legalmente (a través de los Ministerios de Salud Pública) en el recién dominado espacio oscuro de la sexualidad. De ahí a la santificación matrimonial de la homosexualidad, o a la fiscalización de la transgresión, sólo quedaban unos cuantos pasos.
    Un saludo.

  5. pseudopodo dijo:

    Hombre, Topo, lo de las “capacidades” y las “necesidades” en lo sexual tiene una connotación, digamos, peculiar 😉 …no creo que nadie crea que la famosa frase sea en este terreno una definición de sociedad justa. El autor restringe el comentario a nuestra sociedad, ante todo, porque el texto es de una novela, y la novela se desarrolla en la Francia de los 90. De todos modos, la cuestión no es que la sociedad no sea igualitaria, o al menos no es esa la cuestión para mí.

    Ya discutimos el post sobre “La uniformidad y el gas ideal” que una cosa es la uniformidad de resultados y otra la de oportunidades, y que querer forzar la primera generalmente va en detrimento de la segunda. Así que no soy partidario de que el estado intente forzar nada; desconfío mucho de sus intervenciones porque creo que casi siempre tienen consecuencias no deseadas, y en ese sentido estoy cerca del liberalismo y no estaría de acuerdo con eulez.

    Pero resulta que las realizaciones “reales” del liberalismo dejan mucho que desear porque no garantizan para nada la igualdad de oportunidades. Precisamente una idea de aquel post es que si hubiera movilidad social e igualdad de oportunidades sería de esperar un cierto grado de desigualdad, como el de la distribución de Maxwell; las desigualdades reales son mucho mayores, más parecidas a una ley de potencias, y eso para mi es una demostración de que la sociedad es injusta porque se dan fenómenos tipo “efecto Mateo”, que son los que típicamente generan leyes de potencias (Por cierto, según escribo esto estoy pensando que no sé si llegué a explicar esto en su día, y que quizá tendría que hacerlo en un post…)

    Pero me estoy desviando. La cuestión es que aunque el liberalismo podría funcionar en lo económico si se garantizara la igualdad de oportunidades, hay parcelas de la vida que se desvirtúan totalmente si se plantean en términos económicos. La salud es una, y por eso creo que es una aberración dejar la sanidad en manos del mercado; la educación es otra, y la vida sentimental y sexual es otra.

    Lo que plantea Houellebecq es que la moral tradicional que prohibía el adulterio funcionaba como una barrera para el establecimiento de la ley del mercado en lo sexual. Y eso garantizaba que los menos favorecidos no estuvieran tan mal: los feos y feas podrían encontrar su hueco en una sociedad monógama, por la sencilla razón de que cada uno sólo ocupa un hueco, por muy atractivo que sea, y por tanto hay huecos para todos. La libertad sexual trae el mismo problema que plantea la poligamia: favorece a los fuertes y atractivos, perjudica (condenando a la miseria sexual) a los feos, y convierte la vida afectiva en un campo de batalla. A mí esto no se me había ocurrido y me parece una idea brillante.

    En cuanto a la relación del atractivo con las riquezas, es cierto que hay correlación sobre todo para los hombres (en general, las mujeres buscan hombres ricos, los hombres mujeres guapas) pero eso sólo dice que riqueza y atractivo no son ejes perpendiculares, no invalida lo esencial del argumento. Y además, la riqueza sólo se transforma en atractivo por encima de un nivel bastante grande: hace falta ser millonario, no basta un buen sueldo.

    No creo que sean válidos párrafos similares con casi cualquier dimensión en la que hay variabilidad. La clave no está en la variabilidad, sino en que sea un recurso que hay que repartir. Uno tiene la salud que tiene, no hay una cantidad de salud fija de manera que si unos tocan a mucho otros toquen a poco. Con las parejas sexuales si ocurre algo así.

    Antonio, no he leído a Foucault, y por lecturas de segunda mano no me cae precisamente bien. Sin embargo, esto que dices creo que es muy acertado, aunque creo que en Houellebecq es más el tema de “Las partículas elementales” que el de “Ampliación del campo de batalla” (tengo pendiente una reseña de “Las partículas…”)

    Klaudio: bienvenido el offtopic cuando trae algo tan bueno… esas conferencias son un mito de la física (lástima que me pillen tan mayor ya, pero me las voy a imprimir) Quizá debería tener el correo de contacto más a la vista, está en la página “por qué pseudópodo” y es pseudopodo at gmail dot com…

  6. Javier dijo:

    Qué gracia que estéis filosofando après une lecture de Houellebecq. No sé por qué (nunca lo he leído), siempre he tenido a H por una especie de salido literario que de vez en cuando escandaliza a la société francesa no por lo atrevido de sus imágenes sino por decir cosas que se consideran “no kosher” entre la intelectualidad de izquierdas.

    De todos modos, lo que dice es de cajón. Pseudópodo, posiblemente no hayas caído en ello porque eres casado y ya no estás en el mercado.

    Lo que ya no es como decís es lo de el dinero y el sexo. La sobreabundancia de dinero trae sobreabundancia de todo, por supuesto, incluyendo el sexo de pago, en todas sus dimensiones. No obstante, hoy en día la mayoría de las chicas son tan tontas como de siempre lo hemos sido los chicos. Estamos en una era dominada por la imagen y la mayoría de las niñas (las que no son modelos, claro; ésas buscarán un financiero para retirarse a todo trapo) se buscan su futuro solas y para rellenar sus tiempos, buscan chicos de gimnasio, lo mismo que a nosotros, pavos de toda la vida, siempre nos han atraído las mujeres de buen ver, para qué vamos a engañarnos.

  7. pseudopodo dijo:

    Javier, lo que yo pensaba de Houellebecq no era muy diferente, pero me ha sorprendido que lo que hace son novelas filosóficas. Yo estaba de hecho más despistado que tú, porque no había caído en que era “no kosher” para la intelectualidad de izquierdas (está muy bien esa expresión, la dieta intelectual del ortodoxo de izquierdas está tan limitada como la dieta del ortodoxo judío, y por unas prohibiciones que son más o menos del miso tipo).

    Lo que dice será de cajón pero no es algo que forme parte de la sabiduría convencional de hoy, sino todo lo contrario. Y pone al descubierto una contradicción en la postura de la izquierda, que es antiliberal en lo económico y liberal en lo sexual, cuando ambos liberalismos deterioran la igualdad de un modo no muy diferente.

    En lo de dinero y sexo….yo creo que el interés biológico de las mujeres es buscar a los ricos (en general, a los poderosos), eso es bastante obvio para la psicología evolutiva. Pero es cierto que hay mucho de verdad en eso de que “hoy en día la mayoría de las chicas son tan tontas como de siempre lo hemos sido los chicos”: otra de las consecuencias de la revolución sexual ha sido la extensión de los valores masculinos, en contra de los que realmente interesan a las mujeres. Se han impuesto las reglas que convienen al cromosoma Y, a la estrategia sexual masculina. Todo esto pasa factura cuando se llega a los 40. Sobre todo a las mujeres, claro. Houellebecq escribe desde la perspectiva de un hombre; un hombre feo que no se come un rosco y que en una sociedad tradicional habría formado una familia normal; pero para las mujeres el drama es mayor.

    Bueno, como tengo que trabajar, voy a colgar la reseña de “Las partículas” y ahí puede seguir la discusión más adelante…

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