El paraíso libresco

Borges imaginó el paraíso en forma de Biblioteca; Rilke dijo que la patria de un hombre es su infancia. Yo vuelvo los veranos a la ciudad mi infancia y llevo a mis hijos a la Biblioteca en la que pasé tantas horas, para que para ellos ese paraíso sea también su patria.

Pero la felicidad de la Biblioteca Pública es imperfecta: los libros no son tuyos. Es un paraíso comunista, así que no es un verdadero paraíso.


Yo creo que lo más cerca que podemos estar en esta vida del paraíso libresco es en una librería de viejo, o mejor, en una feria del libro de ocasión. Aquí hay miles de libros y todos pueden ser tuyos. Yo he encontrado a Boswell a 10 €/kg (como el café en el supermercado), a Caro Baroja a 8.30 €/kg (como la mantequilla), y a los Evangelios en francés -y esto es casi un sacrilegio, pero es así- a 3.30 €/kg (como las manzanas). Estos libros son tan baratos que el precio deja de tener valor económico, deja de imponer una limitación y se convierte en un aliciente, en una invitación para jugar al juego de encontrar la ganga. Te los llevas y son tuyos: el dinero no es un problema. Ser Emilio Botín debe ser así.

Hay todavía más. Aunque se editen miles de títulos (más de 60000 al año sólo en España, por lo visto), se reedita poco. Es casi imposible encontrar a autores que se han pasado de moda. Antes de que los repescase (con gran éxito) El Acantilado, era casi imposible encontrar ensayos de Chesterton o cualquier cosa de Stefan Zweig. Lo mismo ocurre con Koestler o Huxley (salvo el inevitable Mundo Feliz), que aún no han encontrado reeditor. Debería haber librerías de fondo, pero prácticamente han desaparecido. Nos quedan las librerías de viejo, las únicas libres de esa tiranía de la moda. Las últimas reservas de la bibliodiversidad. Por el precio de un kg de manzanas…

* * *

Y de propina: lo último de Dalrymple, sobre librerías de viejo; y las diez mejores según The Guardian (via El bibliómano)

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11 respuestas a El paraíso libresco

  1. Juanjo dijo:

    Yo tengo tantas ganas de ser editor, ay ay ay.

  2. Javier dijo:

    Qué emocionante el artículo de Dalrymple. A mi también me encanta que los libros viejos lleven cosas escritas de sus antiguos propietarios.

    En los USA las grandes cadenas (especialmente Barnes & Noble y esta otra que no me acuerdo cómo se llama) han ido poco a poco liquidando a las pequeñas librerías (no es un ataque al capitalismo, por cierto), pero yo he encontrado para mi sorpresa muchas más y mejores librerías de viejo en Minneapolis que en mi española ciudad de origen, de cuyo nombre no quiero acordarme.

    Algunas librerías de segunda mano están sobreviviendo y muy bien gracias a la venta por internet. Muchas de ellas pasan por el aro del portal de Amazon (que te evita buscar en mil sitios), pero creo que el sistema funciona. En todo caso, perderse una tarde de domingo, en el gélido invierno minnesotano, entre las estanterías desordenadas de Magers & Quinn (¡que abre hasta las once de la noche!) es una maravilla. Y sí que hay gente rarita, como dicen Orwell y Dalrymple, pero también estamos los raros de baja intensidad.

  3. jusamawi dijo:

    La primera vaz que fui a Londres, pasé unos meses allí.Estuve casi todo el tiempo solo.Me pateé la ciudad de cabo a rabo, y acabé conociéndola bastante bien.Ahora con el paso de los años al rememorar aquella época de paseos solitarios, me doy cuenta de que los mejores recuerdos que tengo son las innumerables horas que pasé buceando entre los libros escondidos de las librerías de viejo y de “segunda mano”.El tiempo se detenía, no había prisa y yo viviía la aventura de descubrir los tesoros ocultos que allí dormían.Hojeé muchos libros, compré los que pude, algunos al precio de media pinta. Todavía hoy, cuando los miro en mi biblioteca, me hacen recordar aquellos paraisos sin prisa.Fueron tiempos solitarios en la mejor compañía.El paraiso encontrado.

  4. pseudopodo dijo:

    ¡Qué delicia las librerías de viejo de Londres! Yo sólo he estado tres veces, las tres de turista, en total no llega a un mes. Cada vez pasé más tiempo en librerías de viejo, y la tercera vez creo que sólo fui por eso. Charing Cross era un paraíso, meterse en esos locales angostos, bajar al sótano y poder pasar horas allí, entre, como dice Dalrymple, “the dust of old books, and the sweet smell of decaying paper”.

    Todavía me acuerdo de libros que dejé pasar. Uno, el “Advice to a young scientist”, de P.B. Medawar, dedicado por el autor. Luego leí su autobiografía (que también compré en Londres de segunda mano) y me enteré de que nunca firmaba autógrafos y racionaba al máximo sus firmas, para que no perdieran valor…

  5. panta dijo:

    ahhh! estoy verde de envidia.
    Yo sólo he estado una vez en Londres y no tuve tiempo sino de pasar por foyles y rapidito.
    Saludos.

  6. pseudopodo dijo:

    La primera vez que estuve en Londres tenía en mi programa ir a Foyles pero con tanto Museo Británico y tanta National Gallery sólo pude ir “rapidito”, como tú dices. Aquello era un laberinto, y por más que buscaba los libros de física no los encontraba.

    Por fin llegué a una habitación grande llena hasta el techo con libros de todos los niveles, con cientos de monografias de las que aquí solo encuentras en las bibliotecas de las facultades… casi me da un ataque, sobre todo porque quedaba un cuarto de hora para cerrar… y era el último día del viaje. Lo recorrí como pude, evité el infarto (pese a la taquicardia)… y tuve que volver otro año.

  7. Joaquín dijo:

    Londres sigue siendo el paraíso de los bibliófilos (book-lovers), aunque las inefables librerías de viejo de Charing Cross ya sólo son otra atracción turística más. Pero siempre se encuentra algo allí.

    No hay que perderse la experiencia de visitar la “Norrington Room”, el inmenso sótano de Blackwell en Oxford.

  8. Daniel dijo:

    Hola Pseudópodo! Sólo quería decirte que acabo de ver tu comentario de hace unos días en mi blog; no recibía avisos en mi correo. Te contesto allí.

    Un abrazo

  9. Rafael MM dijo:

    Pseudopodo, si algún día vienes a Valencia deberías de pasar por la librería “París-Valencia” ( http://www.parisvalencia.com/ ), de la calle Pelayo. Venden de todo, pero hay una sección de ofertas y puedes encontrar cualquier cosa, además hay algunas reliquias que no están de oferta, pero que las puedes encontrar por unos 6€, como me pasó a mi cuando pedí “Las mil y una noches”, que era una edición de hace mil años, de tapa dura color granate grabada con letras doradas y parece que esté escrita a máquina.

    Hay veces que te dicen que tardará unos días que lo tienen en el almacén. Ya me gustaría a mi darme una vuelta por ese almacén, debe de ser como la Biblioteca de Alejandría.

    Por cierto, recientemente he leído Demian y Siddharta, son dos libros que me han dejado conmocionado, y creo, que a más de algún lector de los que pasan por aquí le habrá pasado lo mismo. Recomiendo éste análisis sobre Demian, una de las obras de Herman Hesse: http://usuarios.lycos.es/jhbadbad/hesse/demian_jung.html

    Saludos.

  10. pseudopodo dijo:

    Rafael, conozco un poco esa librería porque siempre ponen un puesto en la Feria del libro de ocasión que se hace en primavera en Madrid, en el paseo de Recoletos. Les he comprado unos cuantos… Me apunto lo de la calle Pelayo por si voy a Valencia.

    Por cierto, la edición esa de las Mil y una noches me parece que va a ser la que había en casa de mis padres ¿tenía unos grabados tipo Doré pero algo emborronados?

    Y sobre Demian, no se si lo habrás leído, pero escribí aquí hace tiempo, es uno de los libros que más me ha marcado… A ver si leo el enlace.

    Un saludo

  11. Rafael MM dijo:

    Comparto contigo las impresiones de Demian. Yo lo he conocido bastante más tarde, pero es un libro que cuando lo terminas dan ganas de volver a empezarlo y no dejar de leerlo nunca.
    Hace unos días bajo la influencia de la vida de Sinclair, escribí un breve texto. Y es que Demian es uno de los libros que marcan; yo también lo pondría como el que más profundo e importante ha sido para mi.

    Respecto a las Mil y una noches, es un libro que compré para regalarlo, y que sólo pude leer los cuentos del principio por falta de tiempo. Sí que tenía las letras desgastadas y dentro del libro en la primera página ponía algo así como: “Depósito de Madrid”, ya no recuerdo si era depósito legal o de qué…

    Sería interesante que ése libro fuese el mismo que estuvo en casa de tus padres, no obstante, es un libro viajero, ya que ahora está en Barcelona. 😀

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