Eddington y el mundo de sombras

[Segunda y última parte de la introducción de The Nature of the physical world. Viene de aquí.]

* * *

“Usted habla, paradójicamente, de dos mundos. ¿No son realmente dos aspectos o dos interpretaciones de un mismo mundo único?

Sí, no hay duda de que el última instancia deberían identificarse de alguna manera. Pero el proceso por el que el mundo externo de la física se transforma en el mundo familiar en la conciencia humana está fuera del ámbito de la física. Y así el mundo estudiado según los métodos de la física permanece separado del mundo familiar a la conciencia, hasta que el físico termina su trabajo. Provisionalmente, consideramos la mesa sujeto de la investigación física como completamente separada de la mesa familiar, sin prejuzgar la cuestión de su identidad última. Es verdad que la empresa científica empieza en el mundo familiar y debe regresar finalmente al mundo familiar, pero la parte del camino que le incumbe al físico discurre por territorio extranjero.

Hasta épocas recientes había una vinculación mucho más próxima; el físico solía tomar prestado el material en bruto del mundo familiar, pero ya no lo hace. Sus materias primas son éter, electrones, cuantos, potenciales, funciones hamiltonianas, etc; y hoy en día tiene un cuidado escrupuloso en preservarlas de la contaminación por conceptos prestados del otro mundo.

Hay una mesa familiar paralela a la mesa científica, pero no hay un electrón, un cuanto o un potencial familiares paralelos a los electrones, cuantos o potenciales científicos. Ni siquiera deseamos fabricar una contrapartida familiar a esas cosas, o, como solemos decir, “explicar” el electrón. Después de que el físico haya completado la construcción de su mundo, nos podemos permitir una identificación o una vinculación; pero los intentos prematuros han resultado demasiado problemáticos.

La ciencia busca construir un mundo que sea simbólico del mundo de la experiencia ordinaria. No es en absoluto necesario que cada símbolo individual que se use represente algo en la experiencia común, o incluso algo explicable en términos de la experiencia común.

El hombre de la calle siempre reclama una explicación concreta de las cosas a las que se refiere la ciencia, pero necesariamente tiene que llevarse una decepción. Es como nuestra experiencia al aprender a leer. Lo que está escrito en un libro es simbólico de una historia en el mundo real. Toda la intención del libro es que al final el lector identifique un símbolo, digamos PAN, con uno de los conceptos de la vida familiar. Pero es problemático intentar esas identificaciones prematuramente, antes de que las letras se unan en palabras y las palabras en frases. El símbolo A no es la contrapartida de nada en la vida familiar. Para el niño, la letra “A” resultaría algo terriblemente abstracto, así que se la damos junto con un concepto familiar: “A es un arquero que disparó a una rana”. Esto supera la dificultad inmediata, pero el niño no puede progresar auténticamente en hacer palabras mientras Arqueros, Bomberos y Capitanes bailen alrededor de las letras. Las letras son abstractas, y tarde o temprano tiene que entenderlo. En física ya hemos crecido y hemos dejado atrás los Arqueros en las definiciones de los símbolos fundamentales. Si nos piden que expliquemos lo que el electrón se supone que es realmente, sólo podemos dar una respuesta: “es parte del ABC de la física”.

El mundo externo de la física se ha convertido así en un mundo de sombras. Al eliminar nuestras ilusiones hemos eliminado la sustancia, porque hemos visto que en verdad esa sustancia es una de las mayores ilusiones. Más tarde quizá podamos preguntar si en nuestro celo por eliminar todo lo que no es real no habremos usado el cuchillo demasiado despiadadamente. Quizás la realidad sea un niño que no puede sobrevivir sin su nodriza la ilusión. Pero si es así, eso preocupa poco al científico, que tiene razones más que suficientes para perseguir sus investigaciones, y está contento de dejar al filósofo la determinación de su estatus exacto en lo que respecta a la realidad.

En el mundo de la física contemplamos una versión para teatro de sombras del drama de la realidad. La sombra de mi codo descansa sobre la mesa sombra mientras la tinta sombra fluye sobre el papel sombra. Es todo simbólico, y como un símbolo lo deja el físico. Luego viene la Mente alquimista que transmuta los símbolos. Los núcleos dispersos de fuerza eléctrica devienen un sólido tangible; su incesante agitación se convierte en el calor del verano, y la octava de las vibraciones del éter se vuelve un glorioso arco iris. Y no acaba aquí la alquimia. En el mundo transmutado surgen nuevos significados a los que apenas puede perseguirse hasta el mundo de los símbolos; de modo que se convierte en un mundo de belleza y propósito; y, ay, de sufrimiento y de mal.

Advertir con franqueza que la ciencia física trata con un mundo de sombras es uno de los avances recientes más significativos. No digo que los físicos estén en alguna medida preocupados con las implicaciones filosóficas de ésto. Desde su punto de vista no se trata tanto de retirar unas pretensiones insostenibles como de afirmar una libertad para desarrollarse autónomamente. Por ahora no estoy insistiendo en el carácter simbólico del mundo de la física por su relevancia filosófica, sino a causa de lo lejos de las concepciones familiares que están las teorías que tengo que describir. Si no está usted preparado para esta lejanía es probable que no simpatice con las teorías físicas modernas, y pude incluso que piense que son ridículas -como, me atrevo a decir, le pasa a mucha gente-.

Es difícil adiestrarse para tratar el mundo físico como puramente simbólico. Siempre estamos recayendo, mezclando con los símbolos concepciones incongruentes tomadas del mundo de la conciencia. Si no estamos enseñados por una larga experiencia, extenderemos nuestra mano para agarrar la sombra, en lugar de aceptar su naturaleza de sombra. La verdad es que, a menos que nos confinemos por completo al simbolismo matemático, es difícil evitar vestir nuestros símbolos con ropas engañosas. Cuando pienso en un electrón, viene a mi mente una bolita roja, dura y diminuta; mientras que el protón es de un gris neutro. Por supuesto que el color es absurdo -quizá no más absurdo que el resto de la imagen- pero soy incorregible. Entiendo bien que las mentes jóvenes estén encontrando estas imágenes demasiado concretas, y luchen para construir el mundo de funciones hamiltonianas y de símbolos tan alejados de las preconcepciones humanas que ni siquiera obedecen a las leyes de la aritmética ortodoxa. Por mi parte, tengo alguna dificultad en elevarme a ese plano del pensamiento, pero estoy convencido de que es necesario.

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3 respuestas a Eddington y el mundo de sombras

  1. .Marfil. dijo:

    Por cierto, podéis descargar el ebook desde esta dirección:

    http://www.mediafire.com/download.php?6sdmjjr9rxz

    Esta en formato .djvu, que es algo más coñazo que tenerlo en pdf, pero tampoco es muy problemático. 😉

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