Uso de razón

Recuerdo que de pequeño me explicaron que la Primera Comunión se hacía a los ocho años porque a esa edad ya “se tenía uso de razón” (aunque parece que el advenimiento del “uso de razón” tenía lugar en realidad a los siete años, y por eso yo pensaba que hacía la Comunión muy tarde).

El caso es que tras hacer la Comunión yo no tenía la sensación de que nada hubiera cambiado: no había notado ningún clic en mi cabeza; mi capacidad de razonamiento parecía la misma… pero a esa edad, la autoridad de los adultos pesaba más que mis propias percepciones, así que acepté que, pese a las apariencias, tenía uso de razón. Además, lo que era indudable es que tenía un reloj, y eso algo querría decir…

Quince años después, cuando acabé la carrera, el desasosiego fue mucho mayor. Me decían que era licenciado, pero ya no me valía que me lo dijeran, porque nada había hecho clic en mi cabeza, mi capacidad de razonamiento era la misma, y ahora mi percepción era la que tenía prioridad al formar mis juicios. Claro que quizá es que esta vez no me regalaron ningún reloj.

Y la historia se repitió al leer la tesis. Ahora sí debía notar algo, porque me nombraban nada menos que doctor en Ciencias Físicas, y decían que tenía “plena capacidad investigadora”. Pero nada, ningún clic.

Han pasado quince años más y creo que por fin lo entiendo. Nunca hay ningún clic. Natura non facit saltus. Pese a la teoría de catástrofes y pese a los cisnes negros, nuestra vida se rige por funciones continuas y diferenciables. Podemos tener momentos de iluminación (insight) en los que súbitamente entendemos algo, pero después de esos fogonazos de comprensión no aparecemos en el piso superior: seguimos siendo los mismos.

Y, sin embargo, al cabo cambiamos. Pero este cambio gradual nos resulta paradójico: en el fondo no nos explicamos que de la cantidad (los innumerables actos de comprensión individuales) pueda salir la calidad (una manera de pensar diferente y superior). Tenemos una limitación perceptiva ante el cambio gradual (la “invisibilidad de lo inmóvil” de la que tratamos aquí hace tiempo). Por eso, para poder visualizar el cambio gradual nos inventamos escalones discretos: la Primera Comunión, la licenciatura, el doctorado, son saltos artificiales. No están ahí, pero nos proporcionan, paradójicamente, una percepción más real.

(En realidad, esta necesidad de discretizar no se limita al tiempo: ponemos “tramos” en la Declaración de la Renta, fijamos un “umbral de pobreza”, aprobamos por encima de 5.0, dividimos el continuo de la gente y los paisajes en provincias y estados discretos… Pero quizá es en el caso del cambio gradual en el tiempo donde esta discretización es más artificial y a la vez más necesaria).

A esto hay que añadir otro factor: el efecto de la profecía que se autocumple. Cuando superas uno de estos escalones, todo el mundo te empieza a tratar de acuerdo con tu nuevo estatus. Y eso te obliga a “estar a la altura de las circunstancias” (magnífica expresión: reléanla, escúchenla como si no la hubieran oído antes, y verán qué hallazgo es). La obligación de comportarse como un abogado, o como un médico, o como un profesor, puede que haga tanto para convertirle en profesional como toda la formación previa.

Así que la próxima vez que le digan que ya tiene uso de razón, no se inquiete porque no oiga ningún clic en su cabeza. Acepte la sabiduría de los mayores, haga como si lo hubiera oído, y treinta años después lo entenderá.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Ideas & Thoughts, psicología. Guarda el enlace permanente.

9 respuestas a Uso de razón

  1. Si me quitas la ilusión del click, ahora ya sí que no acabo la tesis en la vida…

    Por matizar, el link a una ‘limitación perceptiva ante el cambio gradual’ es, en realidad, una limitación atencional.

    Para que yo me ubique y te acabe de entender. ¿Crees que es posible tener experiencias cual san Pablo camino de Damasco?

  2. hector1564 dijo:

    Vaya ya había pensado el tema de los clic pero sin llegar a una conclusión clara porque para mi si hay cosas, p.ej: libros, que te marcan y cambian aunque es cierto que, en general, para poder visualizar el cambio gradual nos inventamos escalones discretos

    Y hay casos en que dichos escalones debieran ser eliminados o más gradualizados y estoy pensando en el código penal. La diferencia en el castigo que se recibe entre un crimen hecho a los 17 y uno a los 18 pone grotescamente de manifiesto la artificialidad e insostenibilidad de los clics.

  3. pseudopodo dijo:

    Topo, es que te no te has quedado con la moraleja: no hay clic, pero es bueno que haya ritos como la lectura de la tesis, y no sólo por los demás (para que gracias al escalón visualicen tu progreso) sino para ti (por la visualización pero también por lo de la profecía que se autocumple).

    Lo que sí es verdad es que parte del efecto se pierde si uno sabe que el escalón no es real, es un invento. Por eso mi recomendación final era que aunque no oigas el clic, te convenzas de que sí lo hay, como yo a los ocho años…(bueno, y de todos modos: acaba la tesis de una vez y así sabrás si lo oyes o no 😉 )

    Sobre experiencias que te cambian la vida en un momento… está claro que hay desgracias que pueden ser instantáneas (un accidente por ejemplo), pero veo más difícil que un cambio en la visión del mundo, una conversión por ejemplo, sea instantánea. Sí que hay bastantes relatos por ahí de gente a la que le ha pasado, y me parecen muy interesantes pero no sé hasta que punto no son reconstrucciones un poco novelescas de algo que fue más gradual y que luego, a base de contarlo y contarlo, se ha estilizado y reducido a un momento (la caída del caballo de San Pablo…)

    De todos modos, los escalones “estándar” (licenciaturas, tesis, etc) no entrarían en esta categoría. Caso de existir esas caídas del caballo, creo que sólo podrían ser espontáneas (“el espíritu sopla donde quiere…”).

    (Tienes razón con el link, tenía que haberlo puesto a otros que enlazan desde esa página..)

    Hector, la verdad es que creo que hay escalones necesarios (es la tesis del post) pero muchos no lo son, y no están basados en limitaciones perceptivas sino en pura pereza o ignorancia. Por ejemplo, lo de los tramos en la declaración de la renta a estas alturas del siglo debería haberse sustituido por una función continua (un polinomio o una exponencial). El ejemplo que pones es sangrante, aunque quizá no sea tan fácil “gradualizar” las penas. Pero algo debería intentarse, porque tal como está, ese escalón no sirve para nada bueno.

  4. eulez dijo:

    A mi me parece que los “clicks” reales vienen de las experiencias reales y no de las académicas, que podría dudarse si son reales o no. Y lo digo como doctor en Física también, eh? que yo soy de los que se está chupando toooda la carrera docente universitaria española sin saltarse un solo paso… Y cada paso me parece una chorrada, porque es trabajo y no tiene(debería tener) mayor importancia. Sin embargo, lo que sí que creo que pueden aplicarse es otro tipo de escalones de la vida adulta, ya sabéis: primera cerveza, primera borrachera, primer desengaño, primer trabajo, primera boda, primer hijo, etc, cada cual con sus escalones correspondientes.

    Y ya que estoy diciendo tonterías aquí… ¿y que hay sobre los escalones no escalados? A veces esos son más determinantes que los que se han superado, especialmente si no se hacen en el momento apropiado, oiga.

  5. pseudopodo dijo:

    Pero incluso los escalones “reales” tampoco nos cambian de la noche a la mañana. En realidad no son tan distintos de los “artificiales”. Casarte te cambia, pero inmediatamente después de casarte sigues siendo el mismo. Es la convivencia posterior lo que te va cambiando. Hay quien piensa que esto es una razón para no casarse y simplemente convivir, y que eso es un rasgo de lucidez porque se han dado cuenta de que no existen los clics… pero es que no han entendido la moraleja del post: los clics no existen, pero son necesarios.

    Y sobre los escalones no escalados… pues sí, un problema que tenemos es que cada vez hay más gente que no ha pasado por cosas por las que tendría que pasar… Y lo que nos queda por ver.

  6. el holgazán dijo:

    Es cierto. No creo en las discontinuidades. Nunca he conocido ninguna delta de Kronecker (aunque no soy doctor en Físicas).
    Es verdad que somos animales simbólicos. Andamos poniendo etiquetas a todo. Y eso nos lleva a transformar lo continuo en discreto. ¡Y no solo en el tiempo!
    Simplificamos a posteriori. Digitalizamos nuestro espacio-tiempo (así nos ocupará menos memoria). Y aprovechamos/nos dejamos llevar por los “hitos” habituales/que nos impone nuestro mundo…

    Yo también obtuve el uso de razón a los 8. Pero me lo tuvieron que contar para darme cuenta…

  7. Pseudópodo, creo que me entendiste mal en un aspecto. No decía que el link incluido fuera incorrecto, sino que ahí se hablan de fenómenos relativos a la atención, no a la percepción. (En psicología son dos precesos diferenciados).

  8. quark schiz dijo:

    Qué excelente entrada. Por alguna razón hasta me conmovió lo que dices sobre esos escalones discretos.

    Yo a lo que le tengo miedo es al golpe que me voy a pegar a la hora del té, por no estar “a la altura de las circunstancias”… Porque quién sabe cuántos “escalones no escalados” nos hacían falta. A mí muchísimos.

  9. DEpaso dijo:

    Buscar clicks “de cambio” al final de un curso en el que has estado estudiando un temita del universo (seguramente irrelevante para la generalidad),es, bajo mi punto de vista, absurdo. Y es que, qué tendrá que ver un papelito colgado de la pared!!.
    Yo creo que los clicks sí existen, pero son mucho mas profundos y sutiles.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s