Verdades y mentiras sobre Copérnico

El rostro de Copérnico, dicen

Copérnico es un personaje muy famoso pero muy poco conocido (aunque ahora dicen que sabemos hasta su verdadero rostro, el de aquí arriba). Sobre esa pantalla en blanco es muy tentador proyectar las propias opiniones: si no sabemos como era, pintémosolo como debería ser. Un ejemplo notable es el de Michael White en su libro Lenguas viperinas y soñadores tranquilos. Es poco más de una página, pero tiene mucha sustancia y merece la pena examinarlo con detalle. Vamos a ello (los párrafos de White están en marrón).

Nicolás Copérnico (1473-1543) pertenecía a la misma Iglesia: era un canónigo polaco con conocimientos de medicina y fascinación por la astronomía. Conocía bien el poder de su rival y el daño que este podía causarle.

Si yo trabajo para la General Motors, es un poco extraño que la General Motors sea “mi rival”. ¿Llevaba quizá el canónigo Copérnico una doble vida y atacaba al monstruo desde dentro? No hay nada que lo haga sospechar. De hecho, vivió toda la vida a su sombra: la canonjía (que le permitió literalmente vivir como un canónigo) se la consiguió su tío el obispo Lucas Watzelrode, del que fue secretario y médico hasta su muerte, cuando Copérnico tenía 40 años. Su mejor amigo y consejero (casi el único, porque Copérnico era un hombre singularmente retraído) fue el también obispo Tiedemann Giese. Y su obra magna, De Revolutionibus orbium coelestium, se la dedicó al Papa Pablo III.

En secreto, realizó observaciones astronómicas, y tomó nota de ellas durante treinta años…

Copérnico en realidad apenas realizó observaciones astronómicas. En De Revolutionibus sólo se mencionan veintisiete hechas por él, con instrumentos muy rudimentarios. No era algo que le interesara demasiado. Pero tampoco lo hacía en secreto. Todo el mundo sabía que el canónigo se dedicaba a la astronomía, y no sólo en su pueblo. En 1514 fue invitado al Concilio de Letrán para la reforma del calendario (aunque no asistió, excusándose en que no se conocían con suficiente precisión los movimientos del Sol y la Luna). Así que de secreto nada.

…antes de decidirse, cuando ya estaba muriendo, a publicar sus conclusiones.

En realidad, Copérnico explicó su sistema ya hacia 1512, unos treinta años antes de su muerte, en un manuscrito conocido como Commentariolus (titulado en realidad “Breve esbozo de las hipótesis de Nicolai Copernicus acerca de los movimientos celestes”). Sus amigos, en especial Tiedemann Giese, intentaron sin éxito convencerle de que lo diera a la imprenta, pero Copérnico nunca se acababa de decidir. Las razones de su reticencia las expuso en la dedicatoria de De Revolutionibus, dirigida, no lo olvidemos, al Papa:

He dudado durante largo tiempo en publicar estas reflexiones escritas para demostrar el movimiento de la Tierra, pues pensaba que tal vez fuera mejor seguir el ejemplo de los pitagóricos y otros, que se limitaron a impartir sus misterios filosóficos sólo a sus íntimos y amigos, sin escribirlo, transmitiéndolos de boca en boca (…) Al considerar este asunto, el miedo a las burlas que mi nueva y aparentemente absurda opinión arrojaría sobre mí casi me persuadió de abandonar el proyecto.

Copérnico estaba muy lejos del concepto actual de ciencia como una empresa pública, en la que los descubrimientos se hacen públicos en cuanto se confirman y a veces antes. Su modelo era la hermandad pitagórica, en la que el conocimiento era algo sólo digno de un círculo de iniciados. Pero, además, sabía que sus hipótesis estaban muy lejos de ser probadas (el heliocentrismo, contra lo que suele decirse, no triunfó entre los astrónomos hasta casi cien años después de la publicación de De revolutionibus). Para una persona extremadamente tímida, que huía de la notoriedad como de la peste, la perspectiva de verse ridiculizado por los doctos no era nada atractiva.

La historia de cómo finalmente consiguieron convencer al terco Copérnico de que publicara su teoría en un libro daría para varias entregas de un folletín. Baste decir que hizo falta la amable terquedad de su amigo Giese, el arrojo juvenil de un discípulo, Rheticus, que apareció por su casa y se empeñó en escribir un resumen (la Narratio Prima) y difundirlo, y finalmente, hasta las presiones de Roma. En 1536, el cardenal Nicolaus Schoenberg le escribió una carta en los siguientes términos:

Cuando, hace varios años, oí alabada unánimemente vuestra diligencia, empecé a sentir un creciente interés hacia vos y a considerar a vuestros compatriotas afortunados a causa de vuestra fama. Me han informado de que vos no sólo poseéis un exhaustivo conocimiento de las enseñanzas de los antiguos matemáticos, sino que también habéis creado una nueva teoría del Universo según la cual…[descripción del modelo de Copérnico] En consecuencia, oh hombre erudito, sin desear ser inoportuno, os suplico de la forma más vehemente que comuniquéis vuestro descubrimiento al mundo culto, y me enviéis tan pronto como sea posible vuestras teorías sobre el Universo, junto con las tablas y cualquier otra cosas de que dispongáis relativa al tema.

Seguramente el cardenal no actuaba por iniciativa propia. Está documentado que tres años antes de esta carta, en 1533, el entonces Papa Clemente VII escuchó en el Vaticano una disertación sobre las enseñanzas de Copérnico, por boca de su secretario. En todo caso, no es casual que Copérnico publicara la carta del cardenal en De Revolutionibus, y dedicara al libro al sucesor de Clemente, Pablo III.

Copérnico no tenía familia cercana, nadie a quien Roma pudiera perseguir después de la muerte, y debió experimentar una inmensa satisfacción cuando le llevaron a su cama la primera copia de su tratado.

No hace falta decir, dados los antecedentes que hemos explicado, que Roma no persiguió a nadie tras la publicación del libro. Lo que tiene gracia es lo de la “enorme satisfacción”. El libro de Copérnico se imprimió en Nuremberg y allí fue revisado por el teólogo y predicador luterano Andreas Osiander que añadió por su cuenta un prefacio al libro. En él, exhortaba al lector a que no considerara lo descrito en el libro como una descripción de la realidad, sino como un mero artificio de cálculo. Probablemente lo hizo con buena voluntad, para evitar la censura protestante (Lutero había hablado en términos despectivos de las teorías de “ese nuevo astrónomo que quiere probar que la Tierra se mueve”). Pero tal concepción era totalmente opuesta a la de Copérnico, que defendía que los planetas se movían realmente. Sin duda, debió ser un enorme disgusto ver su obra manchada por semejante prefacio, que, por ser anónimo, indujo a muchos a pensar que realmente expresaba la postura de Copérnico.

En fin, que hasta aquí White no ha dado ni una. Pero lo que sigue es casi peor. Tiene que explicar por qué, pese a su teoría conspiratoria, no se persiguió al copernicanismo (en la segunda mitad del Siglo XVI la teoría de Copérnico se enseñaba en muchas universidades, incluida la de Salamanca, junto con las de Tolomeo y Tycho Brahe). Para ello aduce el prólogo de Osiander (lo que es cierto que atenuaba el mensaje copernicano) y la presunta ignorancia de los cardenales, que según él no entendían el libro.

Si bien es cierto que el libro de Copérnico era un fárrago casi ilegible, es ridículo decir que no lo entendía gente como el cardenal Schoenberg, que urgió a su publicación, y que hacía un resumen excelente en cuatro líneas de su carta. Quien es obvio que no entiende el sistema de Copérnico es el propio White. Atentos a este párrafo:

[Copérnico] comenzó su libro diciendo que el Sol estaba situado en el centro del Universo, pero enseguida parecía cambiar de opinión. Después de unas pocas páginas, complicaba su teoría más y más con refinamientos innecesarios, lo que hacía que el Sol quedara al final ligeramente descentrado. Este error hacía la obra casi ilegible y a menudo contradictoria.

Vaya, ¡qué tontito era el pobre Copérnico! En realidad, el “error” que dice White y todos esos refinamientos “innecesarios” son imprescindibles para que el modelo de Copérnico prediga aceptablemente las posiciones de los planetas. Y ello por una razón muy sencilla: porque las órbitas no son circunferencias sino elipses, y el sol los planetas no está en su centro, sino en un foco. Esas órbitas las simulaba Copérnico con circunferencias, y para que la simulación fuera aceptable y no diera resultados peores que los de Tolomeo, tenía que descentrarlas. Sólo gracias a ese “error” su modelo tenía posibilidades de ser aceptado.

Es más, seguramente White no sabe que Copérnico tuvo que usar epiciclos, precisamente los denostados epiciclos de Tolomeo. De revolutionibus es tan confuso que es difícil saber cuántos, pero algún autor ha contado 48…. ¡más que en las últimas versiones de Tolomeo, que usaban 40! Con el inconveniente de que, si en el modelo de Tolomeo encajaban de manera natural, en el suyo eran un añadido antiestético. Lo sorprendente es que un sistema tan contrahecho y tan contrario al sentido común (porque es obvio que la Tierra no se mueve) tuviera adeptos. Daniel Boorstin lo ha resumido muy bien en Los descubridores:

Cuanto más nos familiarizamos con la era de Copérnico, vemos con mayor claridad que los que no se dejaban convencer por él simplemente demostraban sensatez. Las pruebas de que se disponía no exigían una revisión del sistema. Habrían de pasar varias décadas para que los astrónomos y matemáticos reunieran nuevos datos y hallaran nuevos instrumentos, y al menos un siglo para que los legos se convencieran de lo que era contrario al sentido común.

Ajeno a estas consideraciones, White remata la faena:

Copérnico tenía buenas razones para mantener sus hallazgos en secreto. En su tratado había rechazado la doctrina que durante siglos había halagado el ego de los hombres, el modelo geocéntrico vigente desde antiguo.

Esta manida idea ha sido repetida miles de veces pero es falsa. Ya me ocupé de ella hace tiempo, así que podemos pasar al estrambote final:

Un anatema total cayó sobre el enemigo: cuando la Iglesia comprendió el verdadero alcance de esta visión heliocéntrica, la teoría fue rechazada de inmediato como herética.

Es decir, que los clérigos, que además de malos malísimos eran tontos tontísimos, tardaron más de 70 años en entender lo que decía Copérnico (De Revolutionibus se publicó en 1543 y no entró en el Índice hasta 1616). Bien pensado, aunque hubiera sido así, tampoco habrían tardado tanto: otros no lo han entendido cuatro siglos después.

* * *

Nota: Lo que digo sobre Copérnico se puede encontrar en cualquier libro de historia de la ciencia (quiero decir, cualquier libro serio). He usado sobre todo uno magnífico, Los sonámbulos, de Arthur Koestler (durante muchio tiempo estuvo agotado y acabo de ver que lo ha reeditado el FCE, una excelente noticia, y está en Googlebooks). Menos literario y filosófico, pero también muy recomedable, es Copérnico y Kepler, la rebelión de los astrónomos, de J.L. García Hourcade.

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14 respuestas a Verdades y mentiras sobre Copérnico

  1. Folk's dijo:

    Su (sano) escepticismo nunca deja de sorprenderme gratamente.

    Sinceramente, desconozco bastante sobre ciencias experimentales y sobre la historia de la misma, y puede que de haber leído el libro de White me hubiese tragado la parte de Copérnico y compañía.

    A partir de ahora iré con más cuidado a la hora de valorar este tipo de afirmaciones gratuitas.

    Gracias.

  2. .Marfil. dijo:

    Pseudopodo, donde dices “porque las órbitas no son circunferencias sino elipses, y los planetas no están en su centro, sino en un foco.”, ¿no debería decir, “porque el Sol no está en el centro, sino en uno de los focos de las órbitas elípticas de los planetas”? Los planetas están en el perímetro de la elíptica, no por dentro. 😀

    Digo, ya que estamos puestos tisquimisquis en el artículo, que en realidad esta muy bueno. No me gustan las versiones “irracionalistas” y “discursivas” que aveces se hacen de la historia de la ciencia; pero tampoco apoyo las versiones “heróicas”, que has descrito en el artículo anterior, como una lucha del bien contra el mal, en la que la Ciencia es la buena y la Iglesia es la mala.

    Y si, dicho directamente y sin ambages: El modelo de Copérnico era una chapuza en su momento, siendo mucho más coherente con la “lógica” y más elegante el modelo de epiciclos de Tolomeo (que como apuntas, el modelo de Copérnico también los necesitaba). Tiene mérito sin duda; pero estaba muy lejos de la lógica y evidencia incontrovertible de un sistema solar geocéntrico que tiene el modelo actual, y en el cual fueron necesarios los aportes de Galileo, Kepler y Newton, además de muchos otros, para que el modelo –aún con sus inexactitudes– fuera realmente una alternativa al modelo de Tolomeo.

    Otro fallo garrafal en la “historia heróica” de la ciencia, es cuando se intenta presentar a esta como una lección de humildad para los “soberbios” humanos que se creían el centro de la creación. Para Aristóteles y Tolomeo, así como para la Iglesia; la tierra en realidad era un lugar mutable y corruptible, sin que ser el centro significará una posición privilegiada en el universo, mientras el mundo más haya de la luna, ósea el sol y las estrellas, era considerado como incorruptible, con reglas fijas y eterno.

    Esta visión de la historia de la ciencia fue bastante extendida por Freud y su afirmación de que la ciencia había llevado a la “La triple humillación del narcisismo humano”, identificando tres ofensas al hombre de los descubrimientos científicos:

    – La ofensa cosmológica (Copérnico), de dejar de ser el centro del universo.
    – La ofensa biológica (Darwin), de dejar de ser un ser diseñado.
    – La ofensa psicológica (por supuesto Freud), de dejar de ser el dueño de sus actos (y sin embargo todo el psicoanálisis se sostiene en una cadena infinita de intencionalidades en las que precisamente ningún acto carece de sentido o intención, con tres homúnculos –id, ego, superego–, etc…).

    Y resulta que cuando se analizan estas ofensas históricamente, apenas si tienen sentido.

  3. .Marfil. dijo:

    pufff, yo también me hecho un lío. Donde digo: estaba muy lejos de la lógica y evidencia incontrovertible de un sistema solar geocéntrico que tiene el modelo actual, debería decir heliocéntrico en vez de geocéntrico.

  4. pseudopodo dijo:

    Glup… Marfil, corrijo lo de los focos, gracias. Luego comentaré algo…

  5. pseudopodo dijo:

    Folk’s, es normal: yo si leyera libros de economía me tragaría cualquier burrada, con tal de que sonara verosímil. En esto de la historia de la ciencia desgraciadamente hay una escuela de autores que defienden la “historia heroica” como la llama Marfil, y que no se molestan en enterarse de los hechos porque “total, si ya sabemos quien tenía razón”. Como en muchos otros campos, por otra parte.

    .Marfil., por una vez estoy completamente de acuerdo contigo :-). Además, me gusta que menciones eso de que el centro del mundo era el peor lugar del universo aristotélico, porque eso no suele entenderse (de hecho, por algo el infierno estaba situado en el centro de la Tierra en el esquema medieval del mundo).

    No sabía que Freud hubiera expuesto esta idea de la “triple humillación”. Probablemente la ofensa biológica y la ofensa psicológica tengan más base (en el sentido de que realmente se vio a Darwin y a Freud como degradando la grandeza del hombre, no en el sentido de que realmente lo hagan, que eso sí que es discutible). Por lo que yo sé, la ofensa cosmológica ni siquiera se vio como tal ofensa en su día…

  6. JuanPablo dijo:

    ¿puedo recomendar un gran libro sobre el tema? Thomas Khun: La revolución copernicana (de 1957, no confundir con “La estructura de las revoluciones científicas”, el famoso libro donde plantea ). Analiza con bastante detalle los distintos sistemas: el Aristotélico, el de Ptolomeo, el de Copérnico, el de Brahe, y -por fin- el de Kepler.

    Es interesante observar que Galileo no propone nada nuevo, ni siquiera algo correcto: la teoría de Kepler, la más cercana a la realidad de todas (y que Newton permitía explicar a partir de sus leyes y la gravedad) no es la que él considera, sino la de Copérnico con círculos…

  7. JuanPablo dijo:

    La “ofensa cosmológica”, en palabras de Freud, es bastante pobre:

    “La situación central de la Tierra le era garantía de su función predominante en el Universo, y le parecía muy de acuerdo con su tendencia a sentirse amo y señor”

    Todo lo contrario, el centro del universo era el peor lugar para estar (ocupado por el infierno), y todas las aspiraciones del hombre apuntaban a alejarse del mismo. Hasta hoy quedan rastros en nuestros idiomas, formados en esa Edad Media, del sentimiento que inspiraba: elevarse, ascender, subir… son vistos positivamente, mientras que bajar, descender, caer… tienen connotaciones negativas.

    (creo que ya había un post sobre este tema, pero no me da el tiempo para ponerme a buscarlo; tal vez era de hernán)

  8. JuanPablo dijo:

    agh, en el 1ro quise decir:

    Thomas Khun: La revolución copernicana (de 1957, no confundir con “La estructura de las revoluciones científicas”, el famoso libro donde plantea la idea de los paradigmas).

  9. .Marfil. dijo:

    Pseudopod La ofensa biológica tampoco tenía mucha base; en su momento la principal interpretación de la evolución biológica en siglo XIX era que la evolución consistía en una “Scalae Natural”, en la cuál el hombre era la cumbre de un proceso de perfeccionamiento y complejidad en la vida.

    http://es.wikipedia.org/wiki/Scala_naturae

    Tenía muy poco que ver con nuestra interpretación actual (y ya más o menos presente en Darwin… aunque no soy de los que les gusta depurar a Darwin hasta tal punto que pareciera que hubiera dicho todo sin ningún error) del Hombre como sólo una especie más sin un criterio objetivo de determinación como una forma de vida superior, y en la que la supuesta escala natural de forma lineal (tipo caballo o hombre) en realidad se debía a que su género fracaso dejando una sola especie sin extinguir.

    Esto es algo que comenta Jay Gould en “La vida maravillosa”… si en este punto estoy de acuerdo con Jay Gould. Vaya comentarios más raros dejo últimamente. 😀

    JuanPablo El verdadero mérito de Galileo consistió en dar una explicación a por qué en algún sistema con la Tierra en movimiento, este movimiento no sería apreciado como una aceleración en alguna dirección por las personas abordo, o por qué al dejar caer algo lo hace perpendicularmente sin “quedarse atrás”, todo ello debido a la inercia.

    El principal escollo del sistema de Copérnico era que no ofrecía ninguna explicación a algo tan contraintuitivo como que la “tierra se moviera” y nadie se diera cuenta.

    Por otra parte, el sistema de Kepler si es preciso, pero consiste en tres leyes que no explican realmente nada, sino que “describen”. Cuando Newton por fin usando en gran medida la física elaborada con Galileo, logró deducir las tres leyes de Kepler a partir de su teoría de la gravitación universal, ya todo quedo más o menos coherente, dejando de lado las intervenciones divinas que suponía Newton para explicar algunas imperfecciones del sistema.

  10. JuanPablo dijo:

    Marfil, no le resto importancia a la inercia, pero tampoco fue el primero en describirla: Alhazen, Buridan, Oresme, Descartes…, y básicamente todos aceptaban que en algo en movimiento, las cosas podían mantenerse quietas. El punto clave era el contrario: debería haber algún efecto visible de esa rotación (después de todo, los sistemas en rotación no son tan inerciales… maldito Coriolis!), y la teoría de las mareas que construye para demostrarlo estaba completamente equivocada.

    Desde ya que el modelo de Kepler es descriptivo. Otra vez, el punto que señalaba es que cualitativa y cuantitativamente era muy superior a todos los otros.

  11. pseudopodo dijo:

    Totalmente de acuerdo con la recomendación, JuanPablo. Ese libro de Kuhn es lo mejor que he leído sobre este tema, y además se lee muy bien, no como “La estructura…” (desde el punto de vista conceptual, “La revolución Coipernicana” es mejor aún que “Los sonámbulos”, aunque el de Koestler es otra cosa).

    Es verdad que Galileo adoptó el sistema de Copérnico con órbitas circulares y además sin epiciclos (con lo que era un sistema bastante malo desde el punto de vista astronómico). Pero en cierto modo fue un acierto hacer eso, y un ejemplo del talento de Galileo, porque el modelo con todos los detalles era demasiado complicado para intentar explicarlo. Es un ejemplo característico de la manera de trabajar de Galileo.

    Y si me permitís terciar en la discusión sobre cual fue su mayor aportación, casi diría que fue esa, la manera de abordar los problemas físicos haciendo aproximaciones y yendo a lo esencial. Igual que con la caída de los cuerpos: lo esencial era que una esfera de piedra tardaba casi lo mismo en caer que una de madera, y él daba el salto de decir que en realidad tardaba lo mismo, y la culpa de la diferencia sería de pequeños efectos no tenidos en cuenta (esto era inconcebible para los aristotélicos, que lo veían como una arrogancia intolerable).

    En cuanto a la inercia, es verdad que fue su mayor contribución a establecer el heliocentrismo, porque eliminaba el principal obstáculo conceptual para aceptar que la Tierra se movía. Pero ciertamente pensaba que la inercia correspondía al movimiento circular y no al lineal (un fallo que no cometió Descartes), así que en rigor estaba equivocado….

    Pero una vez más las cosas no son tan simples. Para llegar a la idea de inercia imaginó una bolita que después de bajar de un plano inclinado subía por otro, llegando hasta la misma altura de la que partió (no es verdad, pero una vez más despreciaba los rozamientos…). Si el segundo plano inclinado se hace cada vez menos pendiente, la bola recorre cada vez más distancia para alcanzar la altura a la que se para, y si finalmente el segundo plano tiene inclinación cero, la bola no se para nunca… Este razonamiento en realidad llevaba de manera natural a la inercia lineal, aunque el adoptara la circular… mientras que Descartes, por lo que yo recuerdo, aunque tenía razón en su conclusión, se basaba en argumentos filosóficos y no físicos.

    Lo que sí se le puede criticar a Galileo fue que menospreciara a Kepler (lo debió de ver como un chiflado). Las leyes de Kepler es verdad que eran descriptivas, como dice .Marfil., pero también lo eran las de Galileo sobre la caída de graves… en realidad, todo era descriptivo hasta Newton, así que Kepler no tiene menos mérito por eso. Por cierto, no sabía era que Buridán y compañía también hubieran llegado a la idea de la inercia… si te refieres a la teoría del impetus no sé si se puede decir que es lo mismo…

    .Marfil. , ahora que lo dices lo de la recepción inicial de Darwin se lo he debido de leer a Gould, pero, ya ves, inconscientemente parece que no me fiaba de él 🙂 Lo de la Scala Naturae es la Gran cadena del Ser, y en este blog tengo varios post resumen del libro de Lovejoy (de la prehistoria del blog, cuando sólo lo leía yo). No acabé de leer ese libro y lo lamento…

  12. .Marfil. dijo:

    Pseudopodo Para continuar de liar más las cosas, creo que por último la ofensa psicológica al narcisismo humano, que consistiría en la visión del hombre ofrecida por el psicoanálisis, en la que el no es el determinador pleno de sus actos, ni siquiera de su forma de pensar –aunque mantengo que visto a fondo el psicoanálisis lo que hace es precisamente lo contrario, ofrecer a todo acto una intencionalidad, llenando el “yo” de homúnculos y siendo antieconómico–, realmente era algo que ya venía de lejos como una discusión en la teología cristiana respecto al debate sobre el libre albedrío, la determinación de la omnisciencia divina y el pecado original; y que en el calvinismo (no siendo el primero pero si el más importante al respecto) durante la reforma protestante, hallaría una gran base de personas dispuestas a creer que: “Como consecuencia de la Caída del hombre, cada persona que nace en este mundo está esclavizada al servicio del pecado. /…/ Una persona es salvada mientras que otra es condenada, no por causa de la voluntad, fe o alguna otra virtud en la persona, sino por causa de la elección soberana de Dios para tener misericordia de él.” (Wikipedia).

    Así que en resumen diría que la visión de Freud, y que es bastante común en un tipo de narración de la historia de la ciencia, suele fallar siempre por algún lado: O bien el hombre antiguo, clásico, religioso, o lo que sea no era tan “narcista”, o bien la ciencia ha sido interpretada en su momento –no sólo por la población común, sino por los mismos científicos– bajo un cierto tipo de “narcisismo”.

    La historia heroica de la ciencia, complementada con la historia maniqueista de la religión, suele ser una interpretación bastante atractiva actualmente, pero contraria a la evidencia o cuando menos de una imprecisión muy grande.

    Pseudopodo y JuanPablo, sin haber leído aún el libro de ““La revolución Copernicana” (que lo leeré), tengo una duda: ¿Cómo encaja toda esta “deconstrucción histórica” de antecedentes en las que precisamente se observa como el modelo heliocéntrico fue construido por etapas en las que a un “modelo” –por ponerle a un nombre a lo de Copérnico, ya que honestamente no sé si sería un “modelo”– se le van añadiendo bloques teóricos y evidencia empírica que lo hacen más completo, lógico y coherente; con la visión sociológica de los paradigmas de Kuhn, en la que existe una inconmensurabilidad entre la teorías, una naturaleza distinta de la ciencia revolucionaria, y una especie de competencia social entre paradigmas?

    Por si no queda claro, mi punto es que precisamente el elemento indispensable de la teoría de Kuhn sería la existencia de –por lo menos– dos paradigmas simultáneamente, y que por su inconmensurabilidad se enfrentarían socialmente por aceptación de la comunidad científica, antes que empírica o teóricamente. Sin embargo lo que encuentro, es que precisamente Kuhn encontraría –con lo que si estoy de acuerdo– es que el “paradigma revolucionario” en realidad no surgiría como una alternativa en un momento dado, sino que se va construyendo progresivamente y en un constante intercambio con el paradigma anterior, de modo que precisamente el término de “paradigma” carecería de realidad histórica y sería sólo una categorización retrospectivamente que “ordenaría” lo que sucedió (que estaría bien si es tomada como tal, y no como una especie de causalidad inversa que es lo que suelo ver en la idea de los paradigmas).

    Leí en la wikipedia que Kuhn en “La última etapa de su pensamiento está teñida por un marcado darwinismo. Abandona casi por completo el discurso acerca de los paradigmas, y restringe el concepto de revolución científica al de un proceso de especiación y especialización por el cual una disciplina científica va acotando los márgenes de su objeto de estudio, alejándose de los horizontes de otras especialidades.” Posiblemente este más de acuerdo con ese “último Kuhn”, que con el original de los conceptos de paradigmas (aunque mantiene el de incomensurabilidad, que me sigue pareciendo problemático), y es que en la mayoría de casos que supuestamente suelo ver explicados como “competencia de paradigmas”, rara vez observo que cuando se mira en detalle –y Kuhn precisamente lo hace– se cumplan las ideas básicas de lo que es un paradigma o de su competencia social… a su vez el concepto de “revolución”, con su fuerte connotación histórica de un cambio brusco, veo que se pierde cuando se mira en detalle la ciencia, por ejemplo la revolución Copérniquiana en realidad consistiría en una larga serie de aportaciones, que al parecer identificamos culmina en Newton (sin que se detenga), y no como algo que sucede abruptamente.

    Pd: Los post de Lovejoy estan bastante interesantes.

  13. pseudopodo dijo:

    .Marfil. , no se me había ocurrido eso de que el calvinismo fuera un precedente del psicoanálisis 🙂 pero sí tiene sentido, sí. Estamos de acuerdo entonces en que las “tres ofensas” que decía Freud no eran tan ofensivas… pero lo curioso es que se han presentado tanto como ofensas, se ha repetido tantas veces que “denigran la elevada posición del hombre” que se ha convertido en un tópico que todo el mundo se cree, y al final, de facto, sí han tenido ese efecto: una especie de profecía que se autocumple.

    Sobre Kuhn, este libro es cinco años anterior al famoso de “La estructura…”, y no sé si Kuhn había madurado la idea del paradigma cuando lo escribió, desde luego no usa la palabra, que yo recuerde. Y no recuerdo tampoco que pusiera el ejemplo de Copérnico en “La estructura…” (no lo tengo ahora a mano para comprobarlo). Pero tampoco creo que el caso de la Revolución Copérnicana desmienta el esquema Kuhniano de los dos paradigmas enfrentados. Aquí tenemos el geocéntrico y el heliocéntrico, y lo que ocurre es que el “revolucionario” (el heliocéntrico) se va refinando progresivamente, superando las contradicciones y consiguiendo nuevos adeptos. No nace entero con armas y bagajes, pero eso es esperable. Lo que sí ocurre es que en cada momento hay partidarios de uno y otro, y los que “ven” al Sol en el centro no “ven” a la Tierra en el centro, y viceversa (uso adrede la palabra “ver” porque para mí la inconmesurabilidad de paradigmas es como lo que ocurre con las ilusiones ópticas, que o ves a la vieja o ves a la joven, pero no a las dos a la vez).

    No creo que Kuhn defendiera, como dices, que “los paradigmas, por su inconmensurabilidad se enfrentarían socialmente por aceptación de la comunidad científica, antes que empírica o teóricamente”. Al menos, no en el sentido de que sean fuerzas sociales las que determinan la aceptación o el rechazo. Esa es la versión de “constructivismo social” que han adoptado algunos (la escuela de Edimburgo, sobre todo) pero Kuhn sabía demasiada física para creer eso. Más bien creo que suscribiría la “ley de Planck” del cambio de paradigma… pero no estaba en absoluto de acuerdo con el Kuhn que habían construido esos sociólogos (y que, por cierto, es el que se enseña, por desgracia, en las facultades de Ciencias Sociales…). De hecho, se pasó la mitad de su carrera matizando lo que escribió en “La estructura…”, hasta el punto de casi desdecirse. No había oído hablar esa la deriva de Kuhn hacia un análisis darwinista de la evolución de la ciencia, pero encaja con esto que digo, y la verdad, parece un punto de vista interesante.

  14. .Marfil. dijo:

    Es que precisamente en la cita de Planck:

    Una verdad científica no triunfa porque convenza a sus adversarios y les haga ver la luz, sino más bien porque los adversarios a la larga se mueren, y crece una nueva generación que se familiariza con esa verdad.

    Es donde veo una visión de la ciencia como la que describía en mi comentario: “los paradigmas, por su inconmensurabilidad se enfrentarían socialmente por aceptación de la comunidad científica, antes que empírica o teóricamente.” Casi que llevada por completo de al extremo “o ves a la vieja o ves a la joven”, y la que sea será la que veas de por vida.

    Es cierto que los científicos son un cabezotas y hay ideas con las que irán hasta la muerte; sin embargo la idea de que la sucesión generacional como la única forma posible –o si quiera ya, tan sólo una forma relevante– de cambiar las ideas en una ciencia, me parece una postura que ralla lo caricaturesco y algo que ni siquiera se tomaría en serio para cualquier otro fenómeno social: La cultura, la filosofía, el arte, la religión, etc. Pero qué por alguna razón en el caso de la ciencia aveces si es tomado como algo representativo.

    No digo que Planck dijera dicha frase con la intención de tomarla muy en serio –aunque a lo mejor sí, pero me resultaría difícil de creer por los propios cambios en la física que el observo en tan sólo una generación–, ni que Kuhn la mantuviera, pero en éste último si existe una versión matizada de la misma idea y que es la “inconmensurabilidad” –y qué irónicamente, si fue una idea que defendió hasta su vida, ¿otro caso de profecía autocumplida?–.

    No sé hasta que punto las matizaciones que haya podido hacer Kuhn puedan cambiar el mensaje central en su concepto de paradigma.

    Pd: Algo curioso es que creo que Kuhn debe ser uno de los autores menos tenido en cuenta en las ciencias sociales por lo siguiente: La exposición de Kuhn sobre paradigmas supone que si bien estos se enfrentan en determinados momentos históricos, su desarrollo conlleva a la eliminación o caída en desuso de uno de ellos, mientras otro le reemplaza y añade un nuevo “límite de posibilidades” para la ciencia normal. Es dentro de lo que cabe, una cierta forma de progresismo en la ciencia.

    Sin embargo las ciencias sociales se caracterizan por todo lo contrario, por la coexistencia de varios paradigmas al mismo tiempo y sin una perspectiva de que algunos de ellos deberían desaparecer; convirtiéndose en algo más parecido a la filosofía, en donde no existe un cambio entre paradigmas, sino que cara paradigma se suma al repertorio y se convierte en un “escuela”. Aún en la ciencia social más cercana a las matemáticas y al método de las ciencias naturales, la economía, existen “escuelas”; por supuesto también pasa algo parecido en las ciencias naturales propiamente dichas, desde la física (ejp. entre los que apoyan una versión u otra de la teoría de cuerdas, o alguna otra teoría) hasta la biología (ejp. gradualismo vs equilibrio puntuado), pero la situación no es ni de lejos semejante a lo que se puede observar en alguna facultad de ciencias sociales, por ejemplo la convivencia de “psicoanalistas”, “conductistas” y “neuropsicológos” todos compartiendo un mismo espacio, journals (pese a que unos se especialicen en una u otra cosa), mercado laboral, y hasta la misma época (que honestamente ya hay algunas teorías refutadas por completo, y aún viven como “escuelas”).

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