Iván y Cayo

Iván Illich vio que se moría y su desesperación era continua. En el fondo de su ser sabía que se estaba muriendo, pero no sólo no se habituaba a esa idea, sino que sencillamente no la comprendía ni podía comprenderla.

El silogismo aprendido en la Lógica de Kiezewetter: “Cayo es un ser es humano, los seres humanos son mortales, por consiguiente Cayo es mortal”, le había parecido legítimo únicamente con relación a Cayo, pero de ninguna manera con relación a sí mismo.

Que Cayo –ser humano en abstracto- fuese mortal le parecía enteramente justo; pero él no era Cayo, ni era un hombre abstracto, sino un hombre concreto, una criatura distinta de todas las demás: él había sido el pequeño Vanya para su papá y su mamá, para Mitya y Volodya, para sus juguetes, para el cochero y la niñera, y más tarde para Katenka, con todas las alegrías y tristezas y todos los entusiasmos de la infancia, la adolescencia y la juventud. ¿Acaso Cayo sabía algo del olor de la pelota de cuero de rayas que tanto le gustaba a Vanya?¿Acaso Cayo besaba de esa manera la mano de su madre?¿A caso el frufrú del vestido de seda de ella le sonaba a Cayo de ese modo?¿Acaso se había rebelado éste contra las empanadillas que servían en la facultad?¿Acaso Cayo se había enamorado así?¿Acaso Cayo podía presidir una sesión como él la presidía?

Cayo era efectivamente mortal y era justo que muriera, pero “en mi caso –se decía-, en el caso de Vanya, de Iván Illich, con todas mis ideas y emociones, la cosa es bien distinta. Y no es posible que tenga que morirme. Eso sería demasiado horrible”.

León Tolstoi, La muerte de Iván Illich

Dicen que cuando un general romano desfilaba victorioso, un esclavo le iba susurrando al oído memento mori: recuerda que morirás. Nosotros podemos hacer algo mejor: leer La muerte de Iván Illich. Y releerla, porque no basta una vez para comprender ese silogismo (el texto completo está aquí).

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10 respuestas a Iván y Cayo

  1. elquebusca dijo:

    En relación con la muerte, lo que me interesa es saber qué consecuencias tiene pensar que la muerte es absolutamente el final de todo. ¿Se afronta del mismo modo la vida?

    Precisamente sobre eso me pregunto en mi último post. jejejej. Otra vez propaganda de mi blog reciennacido. Sorry.http://quienbusca.blogspot.com/

  2. eulez dijo:

    Ale, otro libro en la lista de pendientes. Y van unos cuantos.

  3. Asturchale dijo:

    Tenía abandonado a Tolstoi pero ahora, gracias a ti, he comprado “Confesiones”. Me leí “Guerra y Paz” en la adolescencia y me dejó tan marcado que, sin haberlo releído jamás, lo sigo considerando el mejor libro de mi vida. No quiero releerlo, de hecho, por si acaso.
    “La Muerte de Iván Ilich” también me dejó impresionado. Es uno de los libros más intensos y más sinceros que he leído jamás. Me dio la impresión de que para escribirlo Tolstoi debió de investigar acerca de las experiencias de casi muerte. También es curioso que haya un personaje de Guerra y Paz que atraviesa algo parecido: es un soldado ruso, herido en Austerlitz, que queda tendido mirando al cielo y experimenta una revelación mística.
    No hay manera de afrontar la muerte. Si acaso, tal vez aceptando que somos poca cosa, que sería una ingenua soberbia creer que hay algo eterno en nosotros, simplemente porque aborrecemos la idea de desaparecer. Que algo sea horrible no lo hace menos probable.
    El mundo ya estaba ahí antes de que yo naciese, y seguirá igual cuando yo no sea más que polvo. Mi paso por la Tierra no dejará más huella que un jirón de bruma, de los que se desvanecen al mediodía.
    ¿Y qué?
    Addenda: ¡Qué maravillosa descripción, la de Austerlitz! ¡Y la del Borodinó! Todos esos que corren a comprarse la última novela sobre el enigma Rossini, ¿No llegarán nunca a leer ese monumento llamado Guerra y Paz?
    Otra cosa, Pseudopodo, ¿Le echaste un vistazo al libro de Caro Baroja sobre las brujas? Crei que podria interesarte como la Inquisicion española CONTUVO la histeria enciende-hogueras del populacho.

  4. pseudopodo dijo:

    Pues el libro de Caro Baroja me lo compré tras tu recomendación (ya ves que las influencias son mutuas 😉 ) pero sigue en la balda de pendientes. Después de hacer unas catas y ver que tenía buena pinta, lo que hice en lugar de seguir leyendo fue comprar también “El señor inquisidor”, y otro libro de Carlo Ginzburg sobre las brujas que se titula “Historia nocturna”… pero no he leído ninguno.

    Yo había intentado leer Guerra y Paz unas cuantas veces, pero ya de mayor, y siempre surgía algo que me interrumpía y lo dejaba a medias. Por fin lo leí de corrido hace dos años, pero tuvo que ser en la convalecencia de una operación. La verdad es que es increíblemente bueno. Es la demostración de que existen los genios: parece imposible que alguien pueda escribir algo así, como si fuera Dios, entender todo, meterse en todos los personajes y hacerlos creíbles, más reales que la vida misma. Y con 36 años… (por cierto, veo en la wikipedia que empezó a escribirla en una convalecencia, de una caída de caballo).

    Pero lo mejor, desde luego, sería leerlo con 15 años. Una vez hablé con Mario Muchnik, precisamente el editor de la mejor edición de Guerra y Paz en español, y me dijo que lo había leído a esa edad y le había producido la misma impresión que a ti, sólo que él lo había releído varias veces desde entonces.

    La muerte de Iván Illich es muy distinta, muy condensada y muy intensa, casi inaguantablemente intensa. A mi lo que más me ha sorprendido es que es completamente actual. La manera de vivir y de pensar de Iván, es en realidad la misma que la nuestra. Y Tolstoi no te vende ninguna solución, religiosa o de otro tipo, se limita a hacerte ver el problema. Pero eso es mucho más eficaz para hacerte pensar.

    Sobre la manera de afrontar la muerte… cuando leas “Confesión” verás algo de lo que opinaba Tolstoi. Es otro libro que hay que releer. A mi me gustaría pensar que sí hay algo eterno en nosotros, y creo (quiero creer) que pensarlo no es una ingenuidad, sino una conclusión por reducción al absurdo. Pero necesitaría el blog entero para explicarlo.

    Se me ocurría mientras escribía esto que debería haber unos libros de lectura obligatoria a ciertas edades. En esa lista estaría Guerra y Paz, por ejemplo a los 15 o 16 años. Y estaría La muerte de Iván Illich, por ejemplo a los 33 años (Otro que estaría: Si esto es un hombre, de Primo Levi. A los 18, por ejemplo).

  5. Asturchale dijo:

    En esto se reconocen los grandes libros: en que parece, una vez terminados, que el autor ya tenía en mente la última palabra cuando escribía la primera. Así es “Guerra y Paz”: parece escrito de una vez.
    “Historia Nocturna”! Menuda casualidad, lo leí el año pasado. A mí me encantó, pero es que trata de mi obsesión personal, es decir las pervivencias paganas en el folklore de Europa. Me ayudó mucho en mis investigaciones sobre la tradicion oral asturiana.
    No tenía ni idea de que hubiese tantas variantes populares de chamanismo en Europa, antes de leerlo. La continuacion logica fue “De Zalmoxis a Gengis Khan”, de Mircea Eliade, sobre el folklore rumano. El tema es inabarcable, y cuanto mas leo mas quiero saber. Lastima que no pueda vivir de ello.
    No se si has leido la “Historia de las Religiones” de Eliade: es curioso que que un antropologo del S.XX, diseccionando las raices del sentimiento religioso, hallando paralelos entre todas las religiones antiguas, no niegue la posible verdad de la religion. Los primeros capitulos, sobre el sentimiento de lo sagrado y sobre la universalidad del dios celeste, padre creador y bondadoso, me dejaron boquiabierto (olvidate de la supuesta “gran madre tierra” prehistorica: el mas extendido y mas antiguo es el “gran padre celeste”). De hecho, la version que yo lei la publicaba “Ediciones Cristiandad”.
    “Confesiones” ya me lo lei. Me gusto sobre todo la sinceridad de ese hombre. Realmente Tolstoi era grande.

  6. pseudopodo dijo:

    ¡Vaya! Me dan ganas de ponerme con todos estos libros a la vez 🙂 . De momento, me he apuntado el de Eliado, no he leído nada de él y me lo he encotrado en muchos sitios ya…

    De Ginzburg (que por cierto, es hijo de mi admirada Natalia Ginzburg) he leído “El queso y los gusanos”; me pareció muy original, y apasionante la idea de estudiar la biblioteca de un hombre común del siglo XVI (creo)… Por eso compré “Historia nocturna”

  7. Hernan dijo:

    Eliade es muy interesante, me permito recomendarte sus Diarios (1945-1969).
    Leí “La muerte de Iván Illich” hace poco (por recomendación de… Kafka , si la memoria no me falla); y sí, es muy potente.
    Felices y fructíferas vacaciones (del blog).

  8. felipe dijo:

    Gracias leon fuiste y seguis siendo de los 10 mas grandes

  9. Kabish dijo:

    Un libro absolutamente genial, desde luego.

  10. Pingback: Theological investigations – VI | Pseudópodo

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