Aventuras de Bouba y Kiki (IV): Epílogo

En el post anterior hemos visto como las excepcionales capacidades numéricas y lingüísticas de David Tammet tienen una relación muy estrecha con su percepción sinestésica. En todos los casos, la sinestesia le permite realizar hazañas imposibles al común de los mortales porque gracias a ella puede utilizar el sistema visual en problemas que no son visuales sino auditivos, conceptuales o matemáticos.

En cierto modo (y advierto que esto es una idea mía, no de los expertos en este tema) es lo que hacemos cuando usamos una gráfica para pensar sobre un problema físico o matemático: los traducimos a un lenguaje visual y así podemos aplicarles la potencia de computación de nuestro sistema visual, que es realmente excepcional. Por ejemplo, ante la gráfica de una función detectamos inmediatamente sus máximos, mínimos o cambios de concavidad o convexidad, mientras que hacerlo a partir de la definición de la función es un problema analítico complicado. De igual modo, cuando representamos una serie de datos en una gráfica x-y, vemos con facilidad que tipo de correlación tienen, si son “ruidosos” o no, etc. Todo esto es imposible si nos presentan los mismos datos en una tabla. Nos vemos obligados entonces a realizar unos laboriosos cálculos estadísticos para obtener un resultado que el ojo nos proporciona de inmediato.

Nuestra vista hace pues cosas extraordinarias, y si percibiéramos visualmente los números (o las palabras) podríamos hacer con ellos esas cosas extraordinarias.

Pero en el caso de Tammet no sólo es eso. Con esta idea podríamos entender que realizara multiplicaciones aproximadas, visualizando el tamaño de los números (los factores como los lados de un rectángulo y el resultado como un área, por ejemplo). Pero que dé los resultados exactos es desconcertante: eso no lo hace el ojo. Las sinestesias de Tammet no parecen tener ninguna relación con la “física” de los números (por ejemplo, el 23 es “grande” y el 581 “pequeño”). De hecho, parecen totalmente arbitrarias. Pero si realiza cálculos con ellas, no pueden serlo: deben tener una lógica, una lógica de alguna manera isomorfa a la lógica abstracta de la multiplicación o la división.

Cuando multiplicamos números con papel y lápiz, usamos un algoritmo que funciona porque realiza en un proceso concreto las propiedades abstractas de la multiplicación. No es el único posible (en una calculadora o en un ábaco se usan otros) pero en todos los casos los algoritmos han sido diseñados trabajosamente para que exista ese isomorfismo: son lo menos espontáneo que se pueda concebir. Por el contrario, las sinestesias de Tammet no han sido diseñadas, simplemente le ocurren.Y el caso es que funcionan como un algoritmo. De una manera misteriosa, captan la estructura multiplicativa. Esto plantea un sinfín de preguntas. Valgan dos como ejemplo (en realidad las planteó Rogelio Yoyontzin en sus comentarios al post anterior):

  • Da la impresión de que la sinestesia de Tammet va asociada al número en sí, más que a su representación en base 10 (a diferencia de otros casos más sencillos en los que lo que tiene “color” son las cifras del 0 al 9). Parece que su manera de operar debería ser independiente de la base. Pero cuando hace una divisón con decimales, éstos se le aparecen secuencialmente (como no podría ser de otra manera, pues generalmente son infinitos).  Sin embargo, esos decimales sólo son los correctos en base 10. Esto, al menos a mí, me resulta extraño.
  • Dado que la estructura multiplicativa no es privativa de los números reales, sino algo mucho más general (que posee cualquier grupo en el sentido matemático de la palabra), ¿funcionaría este “algoritmo sinestésico” en esas estructuras más generales?¿O hay alguna razón por la que está confinado a los números reales?¿Tienen entonces los números reales alguna propiedad particular que es la que usa Tammet?

Otra cuestión intrigante es si no seríamos capaces de hacer también nosotros, siguiendo algún método, algo similar a lo que hace Tammet espontáneamente. Quizá podríamos entrenarnos para aprender un lenguaje visual aplicado a las matemáticas o los idiomas, como nos entrenamos para aprender las técnicas de la expresión gráfica. O quizá podríamos conseguir que nuestro cerebro tuviera auténticas percepciones sinestésicas como las de Tammet (hay quien está probando esto, aunque los resultados no están aún claros). Las posibilidades de la sinestesia para expandir nuestra capacidad intelectual son atractivas e intrigantes.

Aunque quizá podría ser que ya la hubiera expandido. Sabemos que, según la concepción estándar, el lenguaje humano está formado por símbolos arbitrarios. Cómo puede haberse puesto de acuerdo una comunidad de personas para utilizar un signo determinado, de entre la infinidad de signos posibles, para un determinado objeto, es un misterio insondable si los signos son realmente arbitrarios. Pero no lo es tanto si, como nos sugerían Bouba y Kiki (en el 2º post de esta serie) la arbitrariedad no es tanta.

Hay otra idea que refuerza esta sugerencia. El lenguaje está íntimamente unido al pensamiento abstracto. Pero la abstracción depende, a su vez, de algo más básico: de la capacidad de percepciones de diferentes sentidos en un “concepto” de orden superior. Con el ejemplo que pone V. S Ramachandran (“Escuchar colores, saborear formas”, publicado en Temas de Investigación y Ciencia, 2005): un gato es suave (tacto), maúlla y ronronea (oído), tiene cierta apariencia (vista) y despide un olor característico (olfato). Todo esto nos viene a la mente ante la palabra “gato”. Esta integración intermodal se produce, según los neurólogos, en una región cerebral llamada TPO (unión de los lóbulos temporal, parietal y occipital). En esa misma zona se cree que se producen también los “cruces de cables” (los neurólogos los llaman “activaciones cruzadas”) entre distintos sentidos en los individuos sinestésicos. De este modo, la sinestesia estaría en relación con el origen del pensamiento abstracto: en definitiva, estaría en la raíz de lo que nos hace humanos.

Esta es la idea de Ramachandran, y es indudablemente muy especulativa. Sea o no cierta, la sinestesia es fascinante, y no sólo por todo lo que hemos dicho ya, sino también por una cuestión filosófica: porque pone de manifiesto de un modo espectacular hasta qué punto el mundo no es algo que está ahí objetivamente y percibimos tal cual es. Los números no tienen colores. ¿Puede haber algo más obvio? Y sin embargo, Tammet ve esos colores. ¿Podemos sostener seriamente que son una alucinación, que no existen en realidad, cuando esos colores le permiten realizar las proezas de cálculo y de memoria que hemos descrito, y que nosotros somos incapaces de realizar?¿No estaríamos siendo como un sordo que sostiene que la música no existe? Quizá debiéramos ser más prudentes al dictaminar lo que existe “en realidad”. Porque quizá hay muchos más colores que no vemos y más sonidos que no oímos (o quizá: más colores que no oímos y más sonidos que no vemos 😉 )

* * *

NOTA: Casi todo lo que he contado en esta serie de posts está sacado de dos fuentes que ya he citado: Born on a blue day (la autobiografía de David Tammet) y el artículo de Ramachandran en Investigación y Ciencia. Curioseando en la web he encontrado algunas otras cosas:

Anuncios
Esta entrada fue publicada en filosofía, Matematicas, psicología y etiquetada , , , . Guarda el enlace permanente.

11 respuestas a Aventuras de Bouba y Kiki (IV): Epílogo

  1. Héctor M dijo:

    Gran final. También cabe la posibilidad de pensar que lo consideramos real es un poco lo que hacemos nostros con nuestro pensamiento.

    Por otro lado, Siento ser un poco impertinente con Tammet pero a mi todos estos superdotados siempre me han parecido raras avis. ¿Dónde están cuando los necesitas para cosas verdaderamente serias? O dicho más claramente, ¿por qué los genios como Eisntein aunque en absoluto normales no son (generalmente) superhumanos como los Savant?

  2. Alonso dijo:

    Excelente viaje nos has brindado con esta serie, pseudópodo. 😀

    El savantismo, Hector M, es rarísimo. De hecho en un comentario anterior dije que solo existen 25 savants actualmente. Aparte que las habilidades de muchos savants son asombrosas, pero muchas veces son realmente inútiles, tanto desde un punto de vista utilitario (utilitario según yo; vamos que no conozco mucho a tio Bentham) y tanto por su restricción (los savant tienen habilidades increiblemente raras) No creo que al resto de la humanidad le sirva alguien que memorize muchos decimales de pi o aprendan, por muy maravillosas que sean sus habilidades, aparte que las cosas realmente serias, como les llamas, usan lógica común y corriente. Tammet calculará muy rápido con su método, pero pidele que multiplique dos por dos a la manera mia o tuya, y te puedo asegurar que terminará terriblemente frustrado.
    El caso de Einstein es diferente, y marca la diferencia entre el savantismo y el autismo de alto funcionamiento (aka Asperger). Einstein veía las cosas de una forma muy distinta a lo que las veia el resto de la humanidad para entonces. Si la norma era ver “a” o “z”, Einstein podia ver kanjis o sanscrito (todo metaforico, ojala se entienda). Aparte que son seres terriblemente concretos. Mientras los neurotipicos con su pensamiento inefable y sutil, pueden ver la generalidad y obviar detalles, el asperger o autista verá los detalles. Y como el mundo está hecho de detalles (que a veces se pueden transformar en dolores de cabeza)… bueno, quien los vea será considerado un genio.
    Saludos

  3. josempelaez dijo:

    Una de las cosas que más me gustó de Ramachandran cuando leí «Fantasmas en el cerebro» fue su defensa del método de investigación basado en el “caso clínico”. Sus ideas serán muy especulativas, pero son muy atractivas y plausibles (como la de un sordo sosteniendo que no existe la música 🙂

  4. ¿Qué nos proporcionan los sentidos? Correlatos aproximados de algunas características físicas de la realidad.
    ¿Cómo de aproximados? Lo justo para usar nuestro nicho ecológico.
    ¿Son cuantitativamente aproximados? Sobre todo son “cualitativamente” aproximados… No se trata del grado de exactitud con el que vemos una frecuencia lumnosa, sino de cómo conseguimos un todo con significado prescindiendo siempre del detalle. Percibimos un color por los que tiene alredededor.. Los colores son relativos, igual que las temperaturas o los sonidos.
    Si percibimos mal los detalles para crear un todo con significado, para adaptar -aprehender- un todo demasiado complejo para nuestra una mente.
    ¿Y la sinestesia? Es una mejora en el correlato, una mejora en la comprensión del todo.
    ¿Porqué percibimos separados los sentidos? El sonido es sólo movimiento, como la temperatura… Por la vía por la que llega la información, y porque nustro cerebro procesa por separado parte de esa información.
    Quizá lo ideal sería procesar todo junto, a fin de cuentas la realidad no está formada por las características que perciben nuestros sentido, su estructura es más profunda. Quizá el desarrollo natural de nuestra percepción es llegar a una sinestesia absoluta.

  5. Ozanúnest dijo:

    Si ya conocía un poco de Tammet, ahora me ha dejado completamente fascinado.

    El ejemplo de los gráficos está muy bien traído. Antes de que Georg Cantor desarrollara su teoría matemática, no se sabía que había varios infinitos, algunos mayores que otros. Del mismo modo que necesitamos un microscropio electrónico para ver los átomos, quizás sea necesario afinar los sentidos o la técnica de modo que percibamos nuevos matices.

  6. pseudopodo dijo:

    Héctor, al leer tu comentario me he acordado de que algo de eso pensé al leer el libro, y lo he buscado en el papelito marcapáginas. Tenía apuntado esto:

    pg 104: ¿Por qué no son los savants los mejores en matemáticas, ajedrez…? Probablemente porque no basta con la especialización, tiene que llegar una “impureza del exterior” para que se sea el mejor

    A estas alturas ya no recuerdo que quería decir con lo de “impureza”, pero mi idea es que para ser realmente bueno en algo hace falta creatividad, y la creatividad necesita del aire fresco de fuera, algo imprevisto que altere la uniformidad. O con otra metáfora: la mente de un savant es como un monocultivo, pero la del verdadero sabio es como un ecosistema…

    Gracias, Alonso, por lo del viaje. Me ha costado trabajo, así que es una satisfacción si lo habéis disfrutado. Por cierto, ¿tu dirías que Einstein era un Asperger? Un poco raro en las relaciones personales sí que era, pero no sé…

    josempelaez, no sabía que ese libro estaba publicado en España, gracias por el soplo. Acabo de ver que lo habían mencionado en Libro de Notas. A ver si lo encuentro.

    Alberto, es una idea interesante eso de que “quizá el desarrollo natural de nuestra percepción es llegar a una sinestesia absoluta”. Lo que se ve en el caso de Tammet es que la sinestesia en principio añade más riqueza a la percepción, así que parece que sería ventajoso desarrollarla. Lo que no sé es si no habrá algún precio que pagar por ella en la práctica. En el caso de Tammet tenemos tres anomalías: el Asperger, las habilidades de Savant y las sinestesias. Está claro que las dos últimas están íntimamente relacionadas, pero una cosa que no me queda clara es la relación de la primera con las otras. Está claro que debe haberla, porque la mayoría de los savants están en el espectro del autismo, generalmente en un punto más grave que el Asperger. Pero no veo una razón por la que tenga que haber esa asociación…

    Ozanúnest, una idea que me parece muy interesante es que podemos ampliar nuestras capacidades traduciendo un problema de un “lenguaje” a otro para el que tenemos mejores dotes naturales. Tecnologías cognitivas, podríamos llamar a los “trucos” que nos permiten hacer esto. Quizá el mejor, para mi gusto, sigue siendo el que descubrió Descartes con las gráficas x-y, pero hay muchas otras… la verdad es que podría hacerse una historia de la ciencia desde ese punto de vista, no se me había ocurrido.

  7. Alonso dijo:

    Dicen que pudo haber sido asperger. Tiene varias caracteristicas, pero oficialmente… Einstein sigue siendo Einstein.

  8. josempelaez dijo:

    El libro de Rama lo saqué de una de las biblios de la Comunidad. Lo quise comprar luego, pero no lo encontré.

    Por cierto, acabo de toparme con una bloguera con el síndrome que habla de su experiencia con toda naturalidad.

  9. Alonso dijo:

    Interesante, lo veré a ver que me puedo encontrar.
    Por cierto: el sindrome de asperger es mucho más raro en chicas, y resulta muchísimo más dificil de diagnosticar. Es casi signo de buena suerte toparse con una mujer portadora.

  10. “… la mayoría de los savants están en el espectro del autismo, generalmente en un punto más grave que el Asperger. Pero no veo una razón por la que tenga que haber esa asociación…”

    Quizá ese sea un camino evolutivamente costosos pero haya otras vías que nos permitan lo mejor: focalizar o aprehender el todo, a voluntad.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s