La maleta del libros del Parador

Recuerdo que José Antonio Labordeta contaba en una entrevista que, de joven, le tocó la lotería. Y lo que hizo con el dinero fue llenar una maleta de libros e irse a un Parador a leerlos. No sé si el dinero le dio para acabarlos (hacen falta muchos días para leerse una maleta de libros), pero me pareció una idea magnífica.

Desde entonces he imaginado muchas veces qué maleta me llevaría al Parador, como un juego; una versión del proverbial libro que uno se llevaría a la isla desierta, pero sin miserias. El día 22 no me tocó la lotería, pero lo mejor es que ni siquiera lo necesito: ahora mismo podría llenar varias maletas con libros que quiero leer y que ya tengo en casa. Y no me faltaría el dinero para pagarme una o dos semanas en un Parador.

Lo primero que se me ocurre es llenar la maleta de libros que tengo a medio leer. Tendría que ser grandecita para que cupiera todo esto:

El Evangelio abreviado, de L. Tolstoi; La trama de la vida, de F. Capra; Un científico a la orilla del mar, de J. S. Trefil; ¿Cómo habla Dios? de Francis S. Collins; El simbolismo del templo cristiano, de Jean Hani; Lo santo, de R. Otto; El economista camuflado, de T. Harford;  Micromotives & macrobehavior, de T. Schelling; En busca de la mente, de J. Bruner; Los orígenes del conocimiento y la imaginación, de J. Bronowski; Correspondencia, de A. Querejazu y J. Garrigues, y Uvas amargas, de J. Elster.

Estaría bien poderse leer toda esa maleta y quedarse con la sensación de haber acabado los deberes. Esa maleta sería la maleta del superyó, la Maleta Responsable.

Pero sería una responsabilidad un tanto miope. Ante una ocasión así, lo mejor sería aprovechar para hacer lecturas realmente importantes. Esas que te fascinan desde lejos pero que, al paso que vas, nunca vas a encontrar tiempo para consumar, porque siempre hay algo más urgente, o más fácil de leer, o menos incierto en sus recompensas. Lecturas que lamentarías no haber hecho cuando te mueras. Al Parador habría que llevarse la Maleta de los Grandes Libros.

El contenido es, por fuerza, menos concreto que el de la anterior. Incluiría, seguro, a William James (Las variedades de la experiencia religiosa), los Ensayos de Montaigne y muchos Diálogos de Platón (tengo cuatro tomos de Gredos casi vírgenes). ¿Y cómo no meter Las Confesiones de San Agustín y La divina comedia de Dante? También añadiría El héroe de las mil caras, de Joseph Campbell, los libros de Lewis Mumford (Técnica y Civilización, y The condition of man), y el Gödel, Escher, Bach, de Hofstadter, que, para mi vergüenza, no acabé del leer en su día. Y puestos a desfondar la maleta, añadiría los tres tomos de las Feynman Lectures on Physics, para leerlas como una novela, de principio a fin.

Después de leer todo esto volvería del Parador hecho un hombre nuevo, sin duda mucho más sabio. Pero ¿no es demasiado pretencioso querer leer en unas vacaciones lo que daría para toda una vida?¿No sería caer en las prisas y la eficiencia, convertir la cultura en algo que hay que consumir? Estaríamos de nuevo leyendo por obligación y contrarreloj, y precisamente los libros que más necesitan saborearlos y meditarlos.

Parece que lo más sensato es dejar que las vacaciones sean vacaciones y sumergirse en lecturas inútiles, lecturas gratuitas; darse permiso para salir del círculo de las obligaciones y limitarse a disfrutar. Es decir, llevar la Maleta Irresponsable.

Podría meter novelas como Lecciones de ilusión, de Pablo D’Ors, Gilead, de M. Robinson, y el Libro de Manuel de Cortázar; también sus Cuentos Completos y los de Flannery O’Connor; ensayos como ¿Por qué enfermamos? de Nesse & Williams; En busca de lo absoluto, de Koestler, y la Historia del arte de Gombrich. Y ya que estamos de vacaciones, me saltaria la norma de limitarme a los libros que ya tengo, y compararía algo de Murakami, de Kundera, de Waugh y de Chejov…

*  *  *

En fin. Soñar no cuesta nada, pero no me iré al Parador, aunque tengo libros para llenar varias maletas y no me falte el dinero. Tengo demasiadas obligaciones y ni mi trabajo ni mi familia me lo permitirían. La vida siempre es así. Por lo menos, estos días cerraré el blog y haré un Parador Virtual. Ya les contaré cuanto da de sí.

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30 respuestas a La maleta del libros del Parador

  1. Clodoveo11 dijo:

    Hombre, lo bueno sería elegir muy bien los libros que merece la pena leer en esta vida (que supongo no deberán pasar de los 500 o así, puesto que el resto son meras repeticiones o redundancias de lo mismo) y… disfrutar UNICAMENTE de la capacidad memorística del fallecido Kim Peek (por eso digo únicamente, porque el resto no es nada envidiable). Con eso yo creo que bastaría. Lástima que las neuronas no nos den para más.

    Por cierto, para mí de lo tuyo se salvan Feynmann, Platón, Hofstadter y San Agustín. Dante es un rollo y el resto, para calentar la chimenea del parador. Ya ves qué fácil te soluciono el problema…;-)

    Saludos

  2. paLitroke dijo:

    Si me permite alejarme un poco del tema principal, le diré que hoy en día ya no es necesario llenar toda una maleta para vivir la experiencia. De hecho es posible que con una mariconera tuviese suficiente y con mayor cantidad de libros. Por supuesto hablo de los libros electrónicos, donde puede meter esa colección y más en el tamaño de una revista. O siempre puede optar, si es que no le falta el dinero, por llenar la maleta de libros electrónicos, aunque dudo del pragmatismo de la idea. Y ahora perdone la tontería de este moderno sin remedio.

  3. Es interesante el “juego” que planteas. Yo, la verdad, creo que me llevaría (si pudiera, que no puedo permitirme el placer de estar un par de semanas en un Parador leyendo) un poco de todo, para pensar, para distraerme, para releer (mucho) y para leer por primera vez, para leer a salto de mata (me encantan las recopilaciones de artículos)… Pensando a la ligera me sale la lista siguiente.
    En narrativa, Robison Crusoe, de Daniel Defoe; San Manuel Bueno y Mártir, de Unamuno; La Peste, de Camus; Ensayo sobre la ceguera, de Saramago; El Quijote, de Cervantes; La gran marcha, de Doctorow; A la busca del tiempo perdido, de Proust; A sangre y fuego, de Chaves Nogales; La conjura contra América, de Philip Roth; Sin noticias de Gurb, de Eduardo Mendoza; Pedro Páramo, de Juan Rulfo.
    Recopilaciones de artículos: En busca del hombre perdido y Tiempo ganado, de Juan Pasquau y las de Muñoz Molina, Pérez Reverte y Javier Marías.
    Ensayo, memorias, historia, filosofía: Si esto es un hombre, de Primo Levi; Cántico espiritual, de San Juan de la Cruz; Carta a D. Historia de un amor, de André Gorz; Una pena en observación, de C.S. Lewis; La feliz desesperanza, de Comte Sponville; Guerra y vicisitudes de los españoles, de Julián Zugazagoitia; La pureza peligrosa, de Bernard-Henri Lévy; Berlín 1945, de Anthony Beevor.
    Poesía (para mí es imprescindible tenerla a mano): Poesía moral y amorosa, de Quevedo; Poesía completa, de Machado; Cancionero y romancero de ausencias, de Miguel Hernández.
    Por cierto, hay otra lista que también resulta interesante y que tú no has puesto, y es la de los Paradores en los que nos gustaría darnos este placer. A mí, en cualquiera de norte, en días de frío y de lluvia, frente al mar.
    Saludos y FELIZ 2010.

  4. Albert dijo:

    A mí me costaría mucho quedarme en el parador leyendo: debería hacer muy mal tiempo, que el lugar quedara aislado por la nieve, que un mal resfriado me retuviera en cama… Lo mejor es imponerse un buen rato de lectura todos los días, se esté donde se esté, y tener a mano una buena biblioteca para escoger en cada momento lo que a uno le apetezca. Las maletas, para recorrer el mundo, que es el mayor libro abierto del universo. A mí, eso me sirve.
    Salud y que 2010 nos sea propicio a todos (en la medida de lo posible, es decir, en la medida en que nos dejen).

  5. Joaquín dijo:

    Pues yo me apunto al ideal estoico de que los libros que merecen la pena son muy pocos (“retirado en la paz de estos desiertos / con pocos libros juntos”, dice el soneto de Quevedo).

    El ideal sería el puñado de libros que uno podría llevar consigo, no en una maleta, sino en un hatillo. Una Biblia, un Quijote, algún poeta admirado, y algunos diálogos de Platón (prueba con el Teeteto…).

    Feliz Año Nuevo.

  6. Ozanúnest dijo:

    Yoestoy ahora liado con Shakespeare y el Decamerón. Y después la Celestina y Solaris.

  7. pseudópodo dijo:

    Clodoveo, a grandes males grandes remedios, sí señor. Ya lo pensó también el inmortal califa Umar ibn al-Jattab… 🙂

    paLitroke, bienvenido a estos lares. El problema, en este caso por lo menos, no es de peso, sino de tiempo. El libro electrónico lo haría peor aún: yo me veo saltando de libro en libro sin leer ninguno, como si estuviera con la web (no lo he dicho, pero en la maleta no debería ir el portátil, que hoy hay wifi en todas partes y se va al garete la concentración).

    Manuel, es efectivamente un juego. Lo que veo es que eres peor que yo: a bote pronto te salen tres maletas a la vez con esa lista. Yo tengo en la balda de pendientes los de Rulfo y Gorz. Y no me importaría releer los de Levi y Lewis. En lo del parador, estoy de acuerdo contigo: el norte y frente al mar, con la lluvia cayendo en las ventanas. A lo mejor empiezo a elegirlo (para cuando me jubile, tendrá que ser).

    Albert, yo tengo ese rato diario de lectura a la fuerza en el cercanías, y bien que lo aprovecho. Pero esto es otra cosa distinta; supongo que es en parte la nostalgia de no tener prisa, de tener todo el tiempo del día para leer, como en las vacaciones de Navidad de cuando era niño. O como los personajes de La montaña mágica, fuera del tiempo.

    Joaquín, a lo mejor la única manera de leer hoy esos libros es en el Parador. Y entonces no sería mala idea llevarse precisamente pocos. Yo, si tuviera que elegir de mi lista, empezaría por Platón.

    Por cierto, maravillosa esa poesía de Quevedo:

    Retirado en la paz de estos desiertos,
    con pocos, pero doctos libros juntos,
    vivo en conversación con los difuntos,
    y escucho con mis ojos a los muertos.

    Si no siempre entendidos, siempre abiertos,
    o enmiendan, o fecundan mis asuntos;
    y en músicos callados contrapuntos
    al sueño de la vida hablan despiertos.

    Las grandes almas que la muerte ausenta,
    de injurias de los años vengadora,
    libra, ¡oh gran don Joseph!, docta la imprenta.

    En fuga irrevocable huye la hora;
    pero aquélla el mejor cálculo cuenta,
    que en la lección y estudios nos mejora.

    Ozanúnest, veo que te tira lo de los grandes libros. Shakespeare siempre me ha parecido muy difícil, pero a lo mejor es por el atrevimiento de intentar leerlo en inglés: inmunizado me quedé…

    A todos, feliz año nuevo. Que nos traiga 365 días de buenos lecturas, aunque sea en el cercanías en vez de en el Parador…

    • Albert dijo:

      Tienes razón, Pseudópodo, pero lo que yo quería decir es que mis ansias viajeras me impiden quedarme encerrado cuando hay algo por ver en los alrededores de donde estoy: padezco esa enfermedad, que ya me parece crónica.

  8. Aloe dijo:

    Leer estas listas me ha dado un rato de felicidad. Tengo más suerte de la que creía, porque de la mitad (o más) de libros mencionados que no he leído, o no he terminado, apenas me entra la codicia de leer “El heroe de las mil caras”, “El simbolismo del templo cristiano” y “El economista camuflado”.
    Después de leer con ferocidad durante muchos años, he llegado a ese sitio en el que la (casi) única ficción nueva que quiero leer es la de entretenimiento, y el (casi) único ensayo que me atrae es el escrito recientemente. Si es de tema científico, por la razón evidente de que con más de quince años estará anticuado. Si es de otro tema, porque el estilo ampuloso ha predominado demasiado durante décadas, y yo cada vez lo aguanto peor.
    Sólo de pensar en que no tengo que terminar de leer las Confesiones y no tengo que poner la complicidad del lector en el desagradable y eminentemente antipático Tolstoi, soy muy feliz.

    Se dice que un lector asiduo va pasando a lo largo de la vida de las novelas al ensayo, para acabar en la biografía y los diccionarios. Yo ya me he comprado el Corominas, que es una lectura fascinante. Estoy terminal.

  9. elquebusca dijo:

    Este verano lo pasé muy bien leyendo (no los leí completos, picoteaba de unos y otros) estos libros que recomiendas en la página de los mejores líbros de ciencia.

    La Breve historia de Bill Bryson. Leí completa una versión ilustrada. Luego me he enterado de que lo que leí debió ser una versión resumida, para que quepan las fotos. (Lo pasé fenomenal)
    Stephen Jay Gould: El pulgar del panda. Disfruté muchísimo leyendo algunos de sus capítulos. No los leí todos pero lo pasé enormemente bien leyendo los que leí. El de los dodos y los arbolitos correspondientes me fascinó.
    Stuart Sutherland: Irracionalidad. Esto lo leí completo. Y también disfruté.

    “Infinito en todas direcciónes”. Leí bastante pero no completo. Me interesó mucho lo que leí.
    “¿Está vd. de broma, Sr. Feynman?”. Lei cosas sueltas pero no conseguí engancharme de principio a fin.

    Luego pensé hacer algunas entradas para el blogs pero no tuve tiempo o voluntad.

    Te agradezco las recomendaciones de esa página que tantas satisfaciones me dio.

    Siempre comienzo el verano leyendo con conciencia del deber, como si tuviera que aprovechar el tiempo. Pero luego me relajo y leo por gusto, sin obligación. Sabiendo que no leeré todo lo que quería pero relajado. Disfrutando y sabiendo que la vida es corta, que nunca seré un gran intelectual y muy consciente de mis limitaciones. (Algún malicioso dirá: tus limitaciones es imposible no verlas. 🙂

    Leo muy poco y ahora aprendiendo inglés aún menos. El ciberadicto que se apodera de mi me lo impide. Por eso soy feliz cuando mi mujer y yo nos vamos con la caravana y sin internet me dedico a leer y me pregunto ¿y por qué no leeré más en casa?

    En fin, se que tienes un post de las novelas favoritas. Yo te invitaría a hacer uno con los libros (podías limitarlos a 10) que han marcado tu vida. De toda esa lista que tienes en el apartado de libros leídos… ¿cuales son aquellos sin cuya lectura tu vida habría sido distinta?

    Te diré que en mi caso “Los evagelios” y “el arte de amar” son dos. No lo digo con orgullo, pero un libro de autoayuda de Beck, “Sentirse bien” también fue decisivo después de una depresión que sufrí en la juventud.

    Como dice Aloe, antes leía más novelas. Hoy en día me cuesta mucho comenzar alguna. Sólo le encuentro gusto a los ensayos: Por cierto, este verano leí “La broma” y no me arrepentí. También lo recomendaban mucho en este blog.

  10. elquebusca dijo:

    PaLitroque, te envidio el nick

  11. pseudópodo dijo:

    Aloe, lo que dices de los ensayos es lo que decía Pla, que comenté hace tiempo en un post que tiene mucho que ver con éste: “un hombre que después de los 40 años aún lee novelas es un puro cretino”. Lo que no había oído es la transición posterior del ensayo al diccionario… pero yo también me he comprado el Corominas 😉

    Con lo que no puedo estar de acuerdo es con tu opinión sobre Tolstoi, uno de mis ídolos, un g-e-n-i-o indiscutible (yo siempre digo que si alguien duda de si el genio existe, debería bastar con darle Guerra y Paz para convencerle). El Evangelio Abreviado, de todos modos, algo pesado sí es (por eso aún lo tengo a medias). Es en realidad el “Evangelio según S. Tolstoi”, escrito con la intención de ser un libro de devoción para el pueblo sencillo. Muy interesante a muchos niveles (es un libro que fascinó a Wittgenstein, el único que llevó en la mochila en la 1ª guerra mundial), pero desde luego no un “page turner”.

    elquebusca, no sabes (bueno, sí lo sabes) lo que recompensan comentarios como el tuyo. Para eso hace uno esos posts, para contagiar lo que a uno le ha gustado. Lo que no sé es como no te enganchó del todo el libro de Feynman, supongo que aunque es para todos los públicos hay una componente de libro de culto para físicos que no llega a todo el mundo.

    Alguna vez he pensado en escribir lo que me propones. Un libro comparto contigo: seguramente “El arte de amar” estaría en la lista. Los evangelios no, y lo digo con vergüenza, pero nunca los he leído seguidos, de principio a fin, como se debe leer un libro, por culpa de la excesiva familiaridad. Hace un año me los compré en francés, por un euro, con la idea de hacerlo (aunque ya sabes que no sé francés, pero me sé más o menos los evangelios, y precisamente el distanciamiento del idioma serviría para vencer el exceso de familiaridad). Todavía no lo he hecho: tendría que meter un libro más en la maleta.

    Por cierto: lo de la caravana es como lo del Parador, con la ventaja de que caben más libros que en una maleta.

  12. Clodoveo11 dijo:

    ¡Oye, que conste que no soy partidario de la quema de libros en general! Sólo te digo lo que haría con esos en el parador antes que leerlos y a título personal… 🙂

    Me apunto, eso sí, a los “top ten” de libros de ciencia. Los de Bryson y Gould son soberbios, así como el cachondo de Feynmann. Ah, y una recomendación ahora que es tiempo de advientos y para los “catholic-fans” del blog: libros de Antonio Piñero, un autor versadísimo sobre estas materias (y para mí, más objetivo que Ratzinger et alter…).

    Saludos

  13. josele dijo:

    Pseudópodo, perdona lo del telediario del otro día, iba con buena intención.

    Cómo mola; de una lista de 21 libros serios (los de la maleta irresponsable no los cuento)…

    7 van directamente sobre religión, o eso dice el título:

    1. El Evangelio abreviado, de L. Tolstoi
    2. ¿Cómo habla Dios? de Francis S. Collins
    3. El simbolismo del templo cristiano, de Jean Hani
    4. Lo santo, de R. Otto
    5. William James (Las variedades de la experiencia religiosa),
    6. Las Confesiones de San Agustín
    7. La divina comedia de Dante

    Otros dos que yo sepa van sobre mitología y filosofía de la religión:
    1. Diálogos de Platón
    2. El héroe de las mil caras, de Joseph Campbell,

    … y eso que no me entretengo en ver de qué van los demás. Algunos tiene pinta de ser de “tu tema”, es decir, ciencia vs conciencia, o dicho de otro modo, sobre el criterio de demarcación, o física vs metafísica, que también vale.

    Claro, yo, que hago una tesis sobre un par de libros de la Biblia, pues, eso… no te extrañe que ande por aquí (esto es un halago camuflado al blog y sus lectores-participantes).

    Por si sirve de algo, sólo he leído el de Campbell, El héroe de las mil caras (libro que Lucas decía tener en la mesilla como guía cuando preparaba Starwars, y sobre lo que escribí un artículo en el nº 24 de Trama y fondo, ya referenciado en algún otro post), pero también del mismo autor leí El vuelo del ganso salvaje y Las máscaras de Dios -Mitología occidental-.

    Lo que hace Campbell en ese libro es unir a Propp (de medio lado) con Jung de un modo bastante “esotérico”. Mucho más trabajado es el de Las máscaras de Dios, un “buen” ensayo que liga los mitos del mundo, y lo digo entre comillas porque un análisis en profundidad descubre lo amateur de la obra de Campbell.

    Creo que sólo puedo aportar que una vuelta por los artículos de González Requena o su Teoría del Relato, en la que, no al estilo de Campbell, sino sin ambages, enlaza Propp con Freud, ahorra muchas vueltas.

    Por cierto, os ahorraríais leer a Gombrich.

    Un apunte así al hilo; el último libro que me recomendó leer G. Requena fue El juego de los abalorios, del que sé que habéis hablado por aquí más de una vez.

    Qué curioso que Clodoveo cierre con Piñero; sin desdeñarle en absoluto, los “catholic-fans” del blog, como él los llama, también pueden optar por alguien incluso más objetivo, que, por dar una idea, cita con asiduidad a Gadamer o Ricoeur; su compañero en la UCM Julio Trebolle.

    Menuda charla me ha quedado, pero es que el tema da…

    Gracias por dejar que nos quedemos contigo otro añito.

  14. pseudópodo dijo:

    Clodoveo, respiro al ver que sólo quemarías mis libros 😉 A este Piñero no lo conocía, pero muy católico no parece. La verdad es que tengo también algunos libro pendientes sobre la historia del cristianismo, pero no lo he mencionado porque si pongo todos los de la balda estantería de pendientes da para varios post: Historia del cristianismo, de Paul Johnson, La versión no autorizada, de Robin Lane Fox, y Los orígenes históricos del cristianismo, de José Miguel García. No sé si son buenos o malos, porque la principal razón para comprarlos (salvo el tercero, que me lo recomendaron) fue que estaban tirados de precio…

    josele, ni yo mismo me había dado cuenta de que había tanta religión (aunque no metería ahí a La divina comedia, al menos no es ese el motivo por el que me interesa). Lo mismo es que tiendo a dejar a medias esos libros…. 🙂 , pero sí, es verdad que cada vez me interesa más esto. No sabía que hacías la tesis sobre dos libros de la Biblia, y te agradezco lo que comentas sobre Campbell etc, porque no lo sabía y me da más perspectiva. A lo mejor tenía que leer a Propp, que últimamente me lo encuentro mucho, pero no sé si es muy legible. Aunque no te lo creas, me leí tu artículo sobre Star Wars, o por lo menos lo empecé, porque ahora no recuerdo eso que decías de Campbell. ¿Requena es tu director?

    Bueno, no puedo entretenerme, que estoy haciendo las maletas. Mañana empieza la vuelta a los orígenes, desconexión incluida (i.e., Parador virtual).

    Feliz Año Nuevo.

    • M G dijo:

      Pseudopodo y josele, me interesa mucho saber más acerca del enfoque religioso de estos libros que les interesan a ustedes. Me encantaría que hicieras una entrada al respecto… bueno, son mis deseos nada mas. Les leo… Feliz año!

  15. candelero dijo:

    Qué libros más interesantes tienes a la cola, Pseudópodo. De todos los que mencionas de la Maleta Responsable, sólo conozco (y por cierto tengo en la lista de la compra desde hace tiempo) El simbolismo del templo cristiano de Jean Hani y Lo santo de R. Otto. También tengo pendiente a Joseph Campbell, aunque en esa lista mental, imaginaria de “lo que tengo que leer”, antes de Campbell iría Mircea Eliade, por ir en orden y apreciar las aportaciones del tiempo. En cuanto a los clásicos, uf, Platón es también una cuenta pendientísima para mí, ahí tengo casi todos los Diálogos y pocos he leído completos. La Divina Comedia te la recomiendo que te la leas en cuanto puedas, métete en el viaje con Virgilio y verás qué maravilla. Te quiero recomendar, si no te lo has leído, uno que pienso que es una auténtica maravilla, un tesoro poco conocido de la literatura española: El Libro del caballero Zifar. ¡Una joya! Si te lo lees me cuentas. Para mí, es una de las novelas más bonitas y profundas no sólo de la Edad Media española, sino de toda nuestra literatura en general.

    No me resisto al juego, pues tengo una debilidad con esto de las listas y, del mismo modo que me apunto algunos títulos que has dicho tú o han dicho los comentaristas, quiero aportar algunos. Voy a confesarte imperdonables faltas con esta lista de algunos libros que tengo esperando a que les hinque el diente de una vez, pero así son las cosas y en los últimos cinco años no he tenido mucho tiempo material para leer fuera de programa. Me limito a ensayos y clásicos de la narrativa, por acotar. Allá van, en desorden, algunos de los que tengo en la estantería acumulando polvo y otros de los que más me llaman desde la librería:

    Humberto Maturana, Amor y juego. Fundamentos olvidados de lo humano
    Julio Cortázar, Rayuela
    José Ortega y Gasset, La rebelión de las masas
    Fiodor Dostoyevski, Los hermanos Karamazov
    G. K. Chesterton, El hombre eterno
    Simone Weil, El conocimiento sobrenatural
    Maestro Eckhart, Tratados y sermones
    James Joyse, Ulises
    Milan Kundera, La insoportable levedad del ser
    Y todo lo que encuentre de Hermann Hesse, del que sólo he leído El lobo estepario y Siddharta.

    ¡Hay tanto que leer! Para empezar ahí está la Biblia y voy poquito a poquito, saboreando. ¿La acabaré entera? No sé. Pero en esto de las lecturas prefiero no programarme el tiempo, ni siquiera suponiendo que me fuera a una isla desierta o a un parador. Normalmente, cuando me hago listas de libros para leer en vacaciones, acabo no haciéndome caso en absoluto. Pienso sinceramente esto tan raro: que un libro llega a tu mano justo cuando es preciso que lo leas. Así que, ¿por qué preocuparse? ¡Feliz año Pseudópodo y todos!

    Daniel

  16. josele dijo:

    Pseudópodo, Propp es legible, pero quedó obsoleto; no el contenido, que aunque se ha avanzado sigue siendo la base, sino que como tiene casi 100 años, carece de relaciones con otros textos “modernos”.

    Claro que es útil leerlo si quieres entretenerte con teoría sobre la narrativa. Todo el que se acerca a la religión termina con mitología y con ello con antropología, y de su cruce nacieron la semiótica y la hermeneutica moderna.

    En el artículo de Starwars no mencioné a Campbell para no despistar al lector, pero por ahí tengo la entrevista donde lo decía. Y no, Requena no es mi director.

    Es curioso; ahora que dices que no te habías dado cuenta de tu interés por la “cuestión” religiosa (¿qué porcentaje de entradas del post van sobre el tema?)…

    …recuerdo a Requena hablar sobre el estricto materialismo de los físicos que, decía, inevitablemente les conducía a Dios.

    Pero bueno, que feliz año nuevo a todos.

  17. panta dijo:

    Perdon por las tildes, estoy en un teclado extranjero 😉
    El libro El economista camuflado no te lo recomiendo en absoluto, me parece que va al rebufo del exito de freakonomiks.
    Con los de Hosftadery Feynmasn me pasa lo mismo
    Saludos

    Feliz 2010

  18. elquebusca dijo:

    Dejate (con acento en la á) de maletas y caravanas y comprate (con acento en la á) el que dicen será el regalo más vendido para estos reyes. El libro electrónico. (Qué buena idea publicitaria han tenido los del libro electrónico haciendo correr la voz de que será lo más regalado estas navidades). No me seás boludo y no me salgás con eso del tacto del papel o no se que nostalgias y pelotudeces.

    En la lectura ¿qué es lo importante? ¿El continente o el contenido? ¿Las ideas y la historia que trasmiten o el soporte en el que las lees?

    Perdona el acento, es que acabo de ver una película argentina.

    El libro en papel (al menos la novela en papel) tiene los días contados. Lo que no sé es cuantos serán esos días. He visto este fin de semana el modelo más popular (papire creo que lo llaman) y creo que su ascenso es imparable. Ya sabes que además, las nuevas tecnologías cada vez se extienden con más rapidez. No sé si eres de los que vas a poner remilgos o no. El olfato me da que si, pero deseo equivocarme.
    No recuerdo si se ha hablado de ello aquí alguna vez.
    ¿El medio es el mensaje?

  19. elquebusca dijo:

    Vale, quizá me precipité decretando la muerte del libro de papel pero a medio plazo dejará de tener sentido. Sobre todo las novelas, que se leen desde el principio hasta el final. los libros de trabajo y consulta son diferentes. Son muy útiles en papel.

    Es curioso pero nadie en mi instituto consulta ya enciclopedias. (Creo que ya no lo hacen en ninguno) Cuando los estudiantes tienen qu emirar algo lo miran en internet. Supongo que es una pérdida porque copian de cualquier sitio donde encuentran algo. No reparan en la calidad de la fuente.

    si Heráclito dijo que todo cambia y nada permanece no sé que hubiera dicho en esta época. El mundo es una vorágine y esto no hay quien lo pare. A veces me gustaría apearme pero no es posible.

    En fin… me temo que voy a terminar muriéndome sin haber entendido todo esto.

    Por cierto, ¿tu hijo tiene ya edad de ir a ver “Avatar”? Es el asunto que más sigo ahora en la prensa. De Prada lo ponía mal e Ibañez bien.

  20. elmudo dijo:

    A mí lo que me choca es que, siendo tu lengua materna el castellano, todo sean traducciones menos Cortázar.
    A mí desde que me comí enterito a Valle-Inclán me pasa lo contrario, te lo digo de verdad.
    Cada uno es cada cual ¿no?

  21. elquebusca dijo:

    elmudo, cada uno es cada uno y tiene sus caunadas.

  22. Aloe dijo:

    Feynman y Hofstader son altamente reomendables, pero no son una lectura rápida, son para ir alternando con cosas más livianas.
    Lo de Feynman no se aplica a sus ibros “autobiográficos”, (“¿Está Ud. de broma, Mr. Feynman?” “¿Qué te importe lo que pinsen los demás?”) que son muy divertidos, y si no se entiende algún detalle de ciencia dura no se pierde el hilo por ello. Y enseñan mucho, sobre educación, sobre la figura mítica europea del “intelectual profesional”, sobre como construimos tácitamente nuestras escalas de valores. Feynman es una figura única, no sólo como físico.
    Igual que otros científicos e intelectuales de origen judío, es una combinación completamente peculiar, pero lograda, de outsider y de académico.
    Alguien que dedicó ingentes esfuerzos a ser un yanqui de la cabeza a los pies, sin serlo espontáneamente en absoluto, enseña más sobre Estados Unidos, el intelectual clásico europeo, y las diferencias culturales y de valores entre ambas cosas, que doscientas páginas de Tocqueville. Con S.J. Gould, del mismo origen y casi la misma generación, pasa algo parecido. Aunque S.J. Gould fue tendiendo con el tiempo a hacerse más prolijo y más germánico. Una pérdida, en mi opinión.

  23. Aloe dijo:

    Por cierto, se me ocurre comparar a Tolstoi con Feynman y eso me da pistas sobre por qué Tolstoi me parece detestable. Tolstoi es un tipo agresiva, egocéntrica y arrogantemente cristiano (es decir, presuntamente humilde), que fue un deplorable esposo y padre, un mal jefe, un mal conde y señor feudal, un mal hombre rico. Todo ello en nombre de la humildad.
    Feynman es un gran hombre que no finge ser mediocre para hacérselo perdonar (en Estados Unidos, donde el talento científico extraordinario es una extravagancia que le convierte a uno en un friki de telecomedia), pero también un tipo desenfadado que se esfuerza seriamente en ser un percusionista aceptable, sabiendo que en eso nunca pasará del montón. También un demócrata sincero y a la vez perteneciente sin complejos a una élite auténtica.
    Feynman tiene una combinación de alta autoestima y humildad igualitaria admirable. Tolstoi te escupe en la cara con su presunto humanitarismo.

  24. pseudópodo dijo:

    Recién recuperada la conexión, intento contestar aunque sea muy brevemente…

    M G, me gustaría hacer una entrada sobre cada libro (bueno) que leo, y si para estos saco tiempo lo haré…

    candelero, gracias por compartir tu lista. A Mircea Eliade también le tengo ganas, sobre todo por las menciones que ha hecho Hernán en su blog. Del caballero Zifar sólo había oído el nombre, pero ahora lo buscaré; supongo que no será difícil de encontrar. De los que citas tú, te digo los que he leído: Rayuela es seguramente mi libro favorito (si es que tal cosa tiene sentido), por lo menos es el que recuerdo con más cariño, me enamoré de él; el de Ortega es imprescindible aunque empieza mucho mejor que acaba, y el de Dostoyevski lo leí hace muchos años y me dejó noqueado. Y el de Kundera lo leí también hace mucho; ahora he redescubierto al autor con “La Broma”, que es una de las mejores novelas que he leído últimamente; en cuando a LILDS me gustó mucho en su época, no sé si ahora me gustaría tanto. Luego está el de Chesterton, que lo tengo también pendiente, leí Ortodoxia y éste, que venía en el mismo volumen, se quedó sin empezar.

    josele, en realidad, para la importancia que tiene la cuestión religiosa, creo que no van tantos post en este blog sobre ella (la categoría Sociedad o Ciencia son mucho más gordas en la nube de etiquetas), por eso no me parecía especial mi interés. Pero claro, supongo que en esta sociedad, reconocer esa importancia ya es demostrar un interés por encima del normal.

    panta, ¿seguro que te pasa lo mismo con Feynamn y Hofstadter? Para mi que te ha jugado una mala pasada el teclado ese..

    elquebusca, seguramente el libro en papel tiene los días contados. Y a lo mejor en los libros de consulta más aún, desde luego en los diccionarios obviamente más, por las capacidades de búsqueda y procesado que da el software… de todos modos, algún día me gustaría hacer un post sobre esto. Entre otras cosas, porque creo que se están diciendo muchas tonterías por lo autores, editores y hasta políticos…

    Sobre Avatar: mi hijo todavía está en la edad de Lluvia de Albóndigas, la única película que hemos visto en el cine estos días….

    elmudo, pues no suelo pensar en la lengua original del libro, supongo que porque me interesa más el ensayo que la literatura propiamente dicha. Aunque sí me irrita, y mucho, lo malas que son algunas traducciones.

    Aloe, ¿como no voy a estar de acuerdo con tu panegírico de Feynman, uno de mis héroes? Me parecen también muy atinadas tus opiniones sobre su relevancia sociológica. Pero Tolstoi también es otro de mis héroes, y no te niego que debía ser más bien insoportable para vivir con él. Pero no tengo costumbre de restar puntos por ese tipo de defectos a gente con la que no voy a convivir. Tolstoi era un genio, y un hombre que tuvo un valor enorme para salir del carril por el que habría discurrido cómodamente su vida. A ti te puede resultar arrogante, pero probablemente no podía ser de otro modo, enfrentado con la sociedad de nobles rusos de la que había salido. Lo de “agresivamente cristiano” me parece un oximorón. Quizá podrías decir que Tolstoi, por agresivo, no era auténticamente cristiano, pero incluso eso me parece equivocado. No le veo yo la agresividad, como no se entienda por tal cosa el no disimular las propias creencias e intentar vivir de acuerdo con ellas.

  25. Aloe dijo:

    El oximoron sería “agresivamente humilde”. Agresivamente cristiano, me parece, no es más que la forma históricamente estándar de ser cristiano, si nos atenemos a los modelos más frecuentes. Francisco de Asís se escapa de eso. Y pocos más.
    Pero efectivamente lo que pretendía decir se resume en el oximoron “agresivamente humilde”. Es aquello que deploraba (¿Max Weber? no recuerdo bien) de “usar la ética para tener razón” contra los demás. O aquello del humildísimo cardenal enterrado en el suelo de la catedral de Toledo, cuya lápida en bronce, en lugar de diez líneas de títulos y hagiografía, solo pone: “Pulvus, Cinis, Nihil”. Y es, claro, la más célebre y visitada.
    Las personas que usan lo religiosísimos y buenisimos que son para hacer mucho peor la vida de los que dependen de él, me parecen una de las clases de fariseo más dañinas que hay. Prefiero a los golfos y débiles de carácter pero con tolerancia y buen humor.
    Es cierto que Tolstoi escribió Guerra y Paz, y eso no hay nada que lo pueda empañar, ni su carácter y comportamiento personales. Pero en lugar de morirse después de eso, luego escribió montones de obras dedicadas a “mejorar al prójimo”, por lo que su moral y actitud personales creo que sí vienen a cuento, pues hizo de ellas su motor principal en su arte.

  26. pseudópodo dijo:

    Me parece que estás describiendo un Tolstoi que es un cliché. Yo, en lo que he leído de él (en su Confesión, por ejemplo), no he encontrado esa “agresividad de la humildad”. No veo yo que se considere religiosísimo y buenísimo, más bien al contrario, tenía una percepción muy aguda de su debilidad y de lo lejos que quedaba su comportamiento de su autoexigencia. Claro que puede haber quien interprete toda exigencia moral como fariseísmo.

    A mi no me caen especialmente bien “los golfos y débiles de carácter pero con tolerancia y buen humor”. En España tenemos a millones de éstos, y en la TV no sale otra cosa. Estoy más que empachado de esa gente.

    Una cosa más: has dicho por ahí que Tolstoi fue deplorable en muchos sentidos (como padre, como jefe, etc). Al menos, puedes contar en su haber que sin Tolstoi, Mohandas Karamchand nunca habría sido Gandhi…

  27. Hola

    No puedo estar mas en desacuerdo con “Palitroke”, justamente el placer de la lectura lo da el libro físico, no solo ya el inconfundible sonido al pasar las hojas, la textura del papel, el poder elegir el libro de un estante donde quizá lo hemos estado reservando para esta ocasión especial….

    El libro electrónico solo lo veo útil quizá para leer mientras se va en el metro camino al trabajo, a clase o a casa, donde lo importante no es la lectura en si o el disfrute de lo leído, sino que el viaje se haga menos pesado

    Saludos

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