Del rosetón al LHC

No solemos darnos cuenta de que nuestra concepción del arte como “expresión de la personalidad del artista” (y que por tanto, cuanto menos ataduras tenga mejor se puede expresar, etc, etc)  en realidad no tiene nada que ver con lo que se ha entendido por arte en la mayor parte de la historia.

Jean Hani explica muy bien esa concepción tradicional del arte tal como se entendía en la Edad Media:

El objetivo del arte es revelar la imagen de la Naturaleza divina imprimida a lo creado, pero oculta en ello, realizando objetos sensibles que sean símbolos del Dios invisible. El arte sagrado es, pues, como una prolongación de la Encarnación, del descenso de lo divino en lo creado (…)

Es bien evidente que en un arte así concebido, con un valor casi “sacramental”, el artista no puede dejarse guiar por sus propias inspiraciones; su trabajo no consiste en expresar su personalidad, sino en buscar una forma perfecta que responda a prototipos sagrados de inspiración celeste. Es decir, el arte es sagrado no por la intención, subjetiva, del artista, sino por su contenido objetivo; y éste no es, por su parte, más que el conjunto de representaciones que corresponden, en el campo de las formas sensibles, a leyes cósmicas que expresan principios universales.

Así, la estética se vincula jerárquicamente a la cosmología, y por mediación de ésta, a la ontología y la metafísica. Este orden jerárquico determina el carácter esencial del arte sagrado, que es el de ser simbólico, es decir, de traducir mediante imágenes polivalentes la correspondencia que relaciona entre sí los diversos órdenes de realidad, el de expresar, mediante lo visible, lo invisible, y el de conducir al hombre hacia éste.

Así que los constructores de las catedrales entendían su trabajo de una manera radicalmente distinta, incluso opuesta, a los que exponen en ARCO, aunque usemos la palabra “artista” para los dos.

Según esto, los herederos de los artistas medievales se encontrarían entre quienes siguen hoy empeñados en “representar las leyes cósmicas que expresan principios universales”; contenidos objetivos que relacionen los diversos órdenes de la realidad y no el narcisismo de la propia subjetividad. Esa gente sigue existiendo, aunque hoy no suelan buscar esa representación de las leyes cósmicas con las formas sensibles sino con las teorías físicas.

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13 respuestas a Del rosetón al LHC

  1. k budai dijo:

    Bueno, a mi cuesta mucho darle el nombre de arte a ciertas ¿creaciones? Pero esa idea “obsoleta” del arte no se ha perdido del todo. La fotografía es un ejemplo de búsqueda de ese valor absoluto, donde el papel del artista está limitado a encontrarlo y presentarlo. No siempre claro 😦

    Pero la ciencia tampoco está a salvo de esa “libertad” para expresar la “personalidad”.
    Basta que mires esas “ciencias de consenso” o algunas afirmaciones estadísticas.

  2. Monturiol dijo:

    Ante todo felicidades por tan interesante blog. Hace tiempo que lo leo sobretodo por la personal cosmovisión que se destila en sus textos.

    Quisiera dar mi opinión en tanto al presente post. No estoy de acuerdo en que los herederos de los artistas medievales sean los actuales científicos responsables de las teorías físicas. Los auténticos herederos a mi entender son los actuales francmasones que trabajan en el lenguaje simbólico que los antiguos artistas utilizaban y representaban en sus edificaciones. El objeto del símbolo, como dice Hani, es el de “traducir mediante imágenes polivalentes la correspondencia que relaciona entre sí los diversos órdenes de realidad, el de expresar, mediante lo visible, lo invisible, y el de conducir al hombre hacia éste”. Pero no solo se trata de explicar lo invisible mediante el ejercicio del método científico, sino que el símbolo es capaz también de expresar otros órdenes de la realidad invisibles, como por ejemplo los de carácter moral o espiritual. Restringir el símbolo al ámbito físico, empíricamente demostrable, supondría limitar de manera dramática todo su potencial.

    Saludos cordiales,

    Monturiol

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  4. Alonso dijo:

    Estimado:

    Tal como dices, el arte medieval, del renacimiento, etc., tenía fines puramente prácticos en su época, ya sea representando a un santo en un vitral, iluminando un texto o adornando una iglesia. La concepción del arte como “expresión de si mismo” (por nombrar la definición más cutre) es relativamente reciente. Y aún así tenía mucho de investigativo y de búsqueda de la verdad hasta que apareció esta cosa llamada postmodernismo.

    No sé si el cientifico sea un artista medieval. Tal vez lo sea, pero en versión light en cuanto a expresividad y romanticismo se refiere. El artista moderno (promedio) vendria siendo entonces un cientifico que ha perdido el método, la regla y la mesura, tratando de abarcar la verdad del universo en un sólo tirón, fracasando y, de paso, haciendonos sentir nauseas.

  5. pseudópodo dijo:

    Bueno, la comparación del artista medieval con el científico moderno puede estar un poco forzada, pero es que leyendo lo que decía Hani se me vino a la cabeza que eso que el describía se parecía mucho más a lo que es un científico hoy que a lo que es un artista hoy… Y eso enlaza con el post anterior, porque el científico opera con unas restricciones muy estrictas, lo que no le impide ser creativo (k budai, prefiero no considerar a esos ejemplos que pones como “ciencias” sino como patologías… en la ciencia de verdad estás tan limitado por una tradición y unos métodos reconocidos como en el arte románico).

    Por supuesto que hay diferencias. La mayor es que, como dice Monturiol (¡bienvenido!) aquellos símbolos querían expresar también un universo moral, que está excluido de la ciencia moderna (lo que hagan los francmasones la verdad es que lo ignoro). Pero otras diferencias no son tan importantes como pueda parecer. ¿Dónde está el método científico en los constructores de catedrales? En ningún sitio, pero es que si uno examina el trabajo cotidiano de los científicos de a pie tampoco encuentra tan fácilmente ese mítico método. En lo que Kuhn llama la “ciencia normal”, el trabajo del científico no es tan distinto del artesano que tallaba capiteles.

    Otra diferencia que se puede aducir: el científico no pretende representar la realidad en su obra, como hacía el constructor de catedrales, sino descubrir como es esa realidad “realmente”. Pero en realidad, la realidad (sí, he usado 4 veces la palabra adrede 😉 ) es incognoscible, y lo que hacen los científicos es representarla con modelos; modelos, eso sí, matemáticos y no pictóricos o arquitectónicos.

    Alonso, la transición del artista medieval al posmoderno fue, por supuesto, gradual, y durante mucho tiempo se entendió que, aún no expresando verdades objetivas, en las que todo el mundo estaba de acuerdo (como pasa con la ciencia) el arte sí era un modo de investigar; como dices acertadamente, de buscar una verdad interior, más subjetiva. Pero me temo que una vez que se rompe la concepción original objetivista, ya no hay nada que contenga una espiral de cada vez mayor subjetivismo, mayor libertad… y vamos, que se hace inevitable acabar como el astronauta de Lem.

    Y sí, por su puesto, desde el punto de vista de los que nos ganamos la vida con la ciencia, estos artistas que están encontrando la clave del universo ellos solitos, como si el mundo hubiera nacido con ellos, y sin más guía que la ventolera que les da un día la levantarse (y un par de películas y exposiciones que han visto) resultan bastante patéticos.

  6. Alonso dijo:

    Como agregado: Esto del arte postmoderno me preocupa. Nos merma nuestra ya mermada reputación (¿Quién no se ha topado alguna vez con alguien que piense o haya pensado que el arte es sencillamente inútil?), y mucho mediocre se puede colar.
    Y de hecho se nos enseña a pensar “kuhnianamente” (perdón por el palabro): Recuerdo una de mis clases de Historia del Arte la anécdota que contaba un profesor de música. Dice esta anecdota que cuando Japón se abrió a relacionarse con occidente fue invitado a un teatro (no recuerdo si era alemán o inglés) (no recuerdo exactamente que hacia o quien era) una importante persona del gobierno japonés a escuchar la novena de Beethoven. Al terminar la función el funcionario japonés expresó que “la primera obra le había fascinado” pero que la segunda “le aburrió”

    Esto no diría mucho, pero lo que en realidad la “obra” que oyó el funcionario japonés antes de la novena de Beethoven era la afinación de la orquesta.

    Probablemente esto dará pie para pensar que, al menos, los paradigmas culturales son subjetivos. No creo que sean totalmente subjetivos: yo más bien diria que son parte de un sistema sinergico y que fuera de este no tienen sentido alguno. Aparte la subjetividad no explica porqué muchas culturas (por no decir todas) tienen repulsiones comunes: al asesinato, al incesto, etc.

    En fin, resulta curioso: muchos de mis compañeros despotricaban en contra de la idea de Dios y de la iglesia católica (No sé ¿Tienen alguna fijación especial con ella?) por encontrarla absurda, y sin embargo aceptaban con naturalidad la idea que sustenta al arte moderno “de vanguardia” (idea que, como ya sabemos, es contradictoria internamente y externamente también es absurda). No resulta raro entonces como es que desde el mundo de la ciencia natural se ve con algo de recelo nuestro oficio.

    Saludos.

    Saludos

    • elquebusca dijo:

      como chiste la anécdota del japones está bien pero no me parece creible. Que la afinación de una orquesta que es completamente azarosa y cacofónica pueda confundirse con una obra (partamos de la cultura que partamos…) me parece increible. Quizá alguien me pueda hablar de la música dodecafónica o lo que quiera pero que algo puramente azaroso y lleno de ruido pueda ser confundido con la música no me lo puedo creer.

      • Alonso dijo:

        De hecho en su tiempo no me la creí. La afinación no es azarosa, pero tampoco es algo que se exponga en complejos tratados. Pero como anecdota de introducción al relativismo kuhniano cutre es bastante efectiva.

  7. Masgüel dijo:

    Olvidais un término clave: Mercado. Hoy la pintura y la escultura sobreviven en el mundo de la imagen efímera (cine, publicidad, animación…) porque la obra de arte se ha convertido en producto de un mercado especulativo. Comprar arte es una forma de invertir dinero.

    De todas formas noto en vuestros comentarios un rechazo generalizado a las manifestaciones más esquizoides de la cultura occidental. A mí por el contrario me parecen fascinantes. La libertad implica un grado mayor de confusión, pero también de variedad, complejidad y riqueza de matices.

  8. Alonso dijo:

    Masgüel: como buen aspie, detesto la libertad desmedida 😉

  9. elquebusca dijo:

    Alonso, la afinación de un instrumento no es azarosa, pero el conjunto de sonidos resultantes de toda una orquesta afinando cada uno su instrumento creo que si lo es.

    Existen unas conferencias de Ratzinger que hablan de como la libertad por si sola no es nada. Necesita fundarse en la naturaleza de las cosas. No puedo dar la referencia del libro (que recoge tres o cuatro conferencias sobre temas parecidos) pero creo recordar que la idea principal es que no tiene sentido una especie de libertad absoluta en el hombre. Habrá de ser una libertad ordenada al propio bien del hombre. Me pareció muy interesante en su momento.

  10. pseudópodo dijo:

    Alonso, por lo que he visto otras veces, Kuhn se ha convertido en el paradigma 😉 dominante en las letras y las ciencias sociales, no sólo en las artes. Es una pena, porque aunque muchas de sus ideas son muy acertadas, se hace una interpretación muy radical, relativista, con la que el mismo no estaba de acuerdo.

    Es curioso que menciones la anécdota porque estas navidades se la contaba a mi hijo (yo me la sabía con un músico indio al que invitaron a Europa). La historia venía a cuento de un disco de música japonesa que me había comprado (de saldo, por supuesto) y que a él le parecía que sonaba muy mal (a mi también, en el fondo, pero los niños lo que tienen es que no son snobs como los mayores). Yo me creí la anécdota cuando la oí la primera vez pero ahora me da la impresión de que es apócrifa. Supongo que viene de que a nosotros la música japonesa o india nos suena desafinada (porque usan otra escala musical), y a alguien se le ocurrió que nuestra música, desafinada, les sonaría a ellos bien. Eso sería un error, porque la distinción afinado/desafinado no es simétrica: hay muchas maneras de estar desafinado y muy pocas de estar afinado.

    Masgüel, sí, es verdad que el mercado debe ser un factor importante para explicar por qué la pintura ha caído en ese caos que no tiene equivalente en la literatura, por ejemplo. Se me ocurre que el funcionamiento diferente del mercado se debe en buena parte al fetichismo de la obra original, que se convierte en algo parecido a una reliquia, algo que tiene poderes mágicos porque es en cierto modo parte de ese ser semidivino, el artista…

    Sobre el “rechazo a las manifestaciones más esquizoides de la cultura occidental”… bueno, es verdad que a esas manifestaciones también se les puede encontrar su gracia, pero creo que la relación señal/ruido es tan baja que no compensa. Hay cosas mucho más divertidas en la cultura pop (música, comic…). Y luego está que esa ideología se filtra a la sociedad, casi todo el mundo acepta con la fe del carbonero el endiosamiento de la “transgresión” y otras beaterías contemporáneas, y eso ya es peor.

    elquebusca, eso no sólo lo dice Ratzinger, en realidad, la idea se remonta por lo menos a Aristóteles, con su telos

  11. Alonso dijo:

    Pseudópodo:
    En efecto, la musica oriental (particularmente la india y la árabe) emplea escalas de 24 sonidos. Si tuvieses un hipotético piano “made in India” (dudo que fabriquen pianos microtonales, si es que fabricantes de pianos hay) lo más probable es que veas doce teclas blancas y doce teclas negras por igual, versus las siete blancas y las cinco negras de la escala de 12 sonidos. Nosotros, los occidentales no distinguimos esos sonidos tan bien como lo haríamos, por ejemplo, con un Do3 versus un Do#3. Los oímos desafinados (no sé exactamente el por qué: si es a nivel neurologico o a nivel cultural. Díria que está en el medio)

    Ahora me resulta curioso: que yo sepa la música japonesa es pentatonica (la escala que al tocarla suena trilladamente a chino) y por lo general es bastante agradable de oir. Tal vez moleste el timbre, la organización de la obra y la afinación, porque dudo que los musicos folkloricos japoneses afinen sus instrumentos en la a 440-444 hertz.

    Saludos.

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