De cómo las cerillas favorecieron el adulterio

Los efectos del cambio tecnológico, decíamos, son siempre amplios y a menudo impredecibles. Cuando un invento arraiga en una sociedad, el resultado no es la sociedad de antes con el añadido del invento, sino una nueva sociedad, que a menudo tiene incluso nuevos valores. Y esto puede ocurrir con algo tan sencillo como una cerilla.

Neil Postman cuenta en Tecnópolis el caso de una tribu africana que tenía la creencia de que tras cada relación sexual era necesario encender un nuevo fuego en el hogar. Esta pintoresca exigencia de los dioses tenía sus consecuencias:

Cada acto tenía algo de acontecimiento público, ya que, una vez consumado, alguien tenía que ir a una cabaña vecina a buscar un madero ardiendo con el que encender una nueva hoguera. En tales condiciones el adulterio resultaba muy difícil de ocultar.

Ahora podemos imaginar el efecto que tuvo la introducción de las cerillas en esta tribu: se hizo posible encender un nuevo fuego sin tener que ir a la cabaña de un vecino. El sexo dejó de tener consecuencias públicas. Y el adulterio se hizo más sencillo y mucho menos peligroso.

Al parecer, la historia es real. Fue relatada por primera vez por el sociólogo Egbert De Vries y la popularizó Alvin Toffler (la cuentan también aquí y aquí). Pero no hay que irse muy lejos para encontrar historias parecidas: la píldora ha sido para nosotros lo que las cerillas para aquella tribu.

* * *

Postdata: Tecnópolis parece que está agotado en castellano. He encontrado los tres primeros capítulos (pdfs en inglés) aquí, aquí, y aquí. Esta historia la cuenta en el segundo.

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16 respuestas a De cómo las cerillas favorecieron el adulterio

  1. Alonso dijo:

    Tiene como cierto saborcillo a la historia del japonés/hindú que conté algunas entradas atrás, pero el detalle de la posibilidad de ser verdadera la hace, en cierto modo, algo escalofriante.
    Es como leí en otro blog de mano de uno de sus lectores: Antes de las pildoras anticonceptivas ningun cientifico dudaba de que la vida comenzaba en la concepción. Ahora vemos como, incluso, llegan a contradecir lo más elemental de la biologia.
    Saludos y gracias por los links.

  2. Pingback: De cómo las cerillas favorecieron el adulterio

  3. Clodoveo11 dijo:

    No entiendo el chiste. Si se enciende fuego sale humo, sea con cerillas o con el madero del vecino, con lo que el resto se enteran igual. Y si se tiene frío también se enciende fuego, o para asar un pollo. Y a lo de la píldora tampoco le veo la conexión: el adulterio se ha hecho con y sin píldora y sin miedo a los catigos religiosos o tiquismiquis morales.

    O será que estoy obtuso, véte a saber…

  4. elquebusca dijo:

    1. La revolución de los anticonceptivos para la revolución sexual es tremenda. Parece que la moral sexual en lo que se refiere a la conducta femenina tenía como misión no traer hijos al mundo sin un padre que los mantuviera. Por eso la mujer tenía que ser “estrecha”. Parece que las adolescentes actuales han cambiado en esto su conducta (aunque no se sabe a ciencia cierta cuanto) y sin duda el cambio es debido a la introducción de unos anticonceptivos eficaces.

    Alguna pregunta: ¿Esta moral restrictiva con el comportamiento sexual de la mujer no habría sido cincelada en los genes durante miles de años? ¿Sería posible cambiarla entonces en unas pocas generaciones? ¿Ha cambiado realmente?

    2. Parece lógico pensar que los sentimientos de los celos nacen en el varón para evitar “alimentar los hijos de otros”. Eso explicaría que estuviera mucho peor visto el adulterio de la mujer que el del hombre. En nuestros tiempos yo percibo una relajación de la prohibición del adulterio. ¿Es debida a que ahora se puede saber científicamente si eres el padre biológico de tus propios hijos? Si nacían de esa preocupación económica ¿habrán de desaparecer con el tiempo? ¿No nacían los celos sólo de ahí?

  5. elquebusca dijo:

    Todo lo anterior son explicaciones materialistas del origen de las morales. Nunca he sabido si son del todo verdad pero siempre me ha parecido que tienen mucha fuerza.

  6. xxx dijo:

    @elquebusca

    Creo que te contradices:

    Si los celos están “inscritos en los genes”, vamos que si es algo instintivo, el hecho de que existan medios para averiguar si un hijo es realmente suyo no cambiaría demasiado su actitud.

    Precisamente el que la moral sexual haya cambiado tanto en tan poco tiempo y, el que se vean grandes diferencias entre coetáneos son, en mi opinión, argumentos en contra de la visión simplista que tiene la Psicología Evolucionista sobre el comportamiento sexual humano

  7. pseudópodo dijo:

    elquebusca, lo que planteas daría para varios posts o para varios libros, y es interesantísimo (uno de los temas en los que hay más confusión hoy en día) A mi también me parece que tienen mucha fuerza esos argumentos de psicología evolutiva, aunque no se puede reducir la moral a eso. Y no estoy de acuerdo con xxx en que los cambios recientes de la moral sean un argumento en contra… pero ahora no tengo tiempo de decir más.

    Clodoveo, hay que suponer (pero yo no he estado allí) que los amantes se arrullaban al calorcillo del fuego, que también en África hace frío por las noches, y después de acabar lo suyo, los dioses les obligaban a encender un fuego nuevo, o sea, apagar el que tenían y encender otro. Así que lo que les delataba no era el humo sino ir a pedir fuego al vecino…

    Gracias a todos por los comentarios. Otro rato sigo.

  8. elquebusca dijo:

    La contradicción que tu ves ya la apuntaba yo en el problema primero. Si la mujer ha sido muy selectiva a la hora de tener relaciones y eso se ha ido “metiendo” en sus genes no podrá cambiar de una generación a otra.

    Lo que dices de los celos es verdad. Si esos sentimientos son sentimientos que se han ido depurando a lo largo de miles de años no sería posible que cambiaran en unas pocas generaciones. ¿Será verdad que están “inscritos en los genes”. No sé, no lo tengo nada claro.

  9. elquebusca dijo:

    Escribí mi último comenario sin leer el tuyo, Pseudópodo. Ya nos explicarás por qué no te parece contradictorio que puedan cambiar.

  10. Ozanúnest dijo:

    Estoy recordando uno de los cuentos del Decamerón, que contaba cómo una mujer le echó en cara a los varones de su ciudad que la castigaran a muerte por engañar a su marido, cuando ellos lo hacían en todo momento.

  11. Masgüel dijo:

    Aunque no comparto la orientación materialista de Marvin Harris, su “Introducción a la antropología general” sigue siendo un buen manual de referencia. Copio un párrafo:

    “Dados los penetrantes efectos de los roles de género culturalmente construidos, los conocimientos sobre la sexualidad obtenidos del estudio de gentes que viven en una determinada cultura nunca se pueden considerar representativos de la conducta sexual humana en general. Todos los aspectos de las relaciones sexuales, desde las experiencias infantiles hasta el noviazgo y el matrimonio, manifiestan una enorme variación cultural. Existen numerosas combinaciones diferentes del ‘libertinaje’ y la ‘mojigatería’ de que nos habla Meggit. Por ejemplo, según Donald Marshall, entre los mangaianos de Polinesia, los niños y las niñas nunca se cogen de la mano, y los maridos y esposas nunca se abrazan en público. Los hermanos y las hermanas nunca deben ser vistos juntos. Las madres e hijas y los padres e hijos no hablan de cuestiones sexuales entre sí. Y con todo, ambos sexos tienen relaciones sexuales antes de la pubertad. Después de ella, ambos disfrutan de una intensa vida sexual premarital. Las muchachas reciben diferentes pretendientes nocturnos en la casa de sus padres, y los muchachos compiten con sus rivales para ver el número de orgasmos que pueden conseguir. A las muchachas mangainas no les interesan las declaraciones amorosas románticas, las caricias prolongadas o los juegos amorosos preliminares. La relación sexual no es una recompensa del afecto masculino, sino que el afecto es la recompensa de la satisfacción sexual.”

    En definitiva, que hay gente pa to y las afirmaciones de la sociobiología seguirán siendo hipótesis sin correlato experimental mientras sus defensores no demuestren que la modificación de un conjunto de genes implica cambios en las conductas supuestamente asociadas. Son ideas interesantes y pueden abrir caminos nuevos, pero de momento no son más que eso.

  12. Sertorio dijo:

    Yo tampoco me creo la historia. Durante la primera mitad del siglo XX hubo antropologos repartidos por todo el mundo que encontraron casi cualquier tipo de creencia y organizacion social, pero luego se demostro que la mayoría de las cosas mas raras eran malentendidos, confusiones, bromas o directamente mentiras (del antropologo o de los sujetos de la observación cientifica). En realidad lo que han demostrado los antropologos es que la gente es fundamentalmente gente. Aqui y en la Polinesia.
    Además esta historia del adulterio no encaja. Tenemos una tribu tan primitiva que al parecer obtiene el fuego de forma troglodita y que sin embargo dispone de acceso a cerillas en el estanco de la esquina. Por otro lado encender un fuego nuevo de forma mecánica es algo al alcance de cualquier joven que pertenezca a ese estadio cultural, es mas laborioso, pero supongo que mejor que ser descubierto en leso delito contra el matrimonio. Vamos que no.
    Pero retomando el verdadero hilo, es verdad que la tecnologia nos cambia, pero es que yo iria mas alla. El hombre es siempre un animal tecnologico. Como decia Ozanunest la tecnologia no es solo la del siglo XX. Una vez que tenia fastidiado el acceso a Internet en el trabajo alguien me dijo: “No podemos vivir sin ordenadores” y yo le contesté: “No, lo que no podemos vivir es sin energía electrica” La cara de pasmo fue grande porque nunca se le habia ocurrido vivir en un escenario sin electricidad, no que no haya un enchufe cerca, sino sin electricidad en ningun sitio. Sin embargo alguien podria decir: “Sin metalurgia no hay electricidad” y asi hasta la talla de piedras y palos.
    La tecnología funciona como una cebolla por capas, y cada capa aguanta la superior. Damos la inferiores por naturales pero no lo son. Sin embargo el impulso tecnologico esta ahi y si una catástrofe, de las que estan de moda ahora en las peliculas, nos arrojara al corazon de la cebolla el hombre lentamente volveria a acumular capa tras capa una vez mas.

  13. Grunentahl dijo:

    La anécdota de las cerillas me parece un poco sacada por los pelos. De hecho, las referencias se resumen a una, Alvin Toffler, porque los demás textos se remiten a él.
    No digo que no haya cambio social tras cada cambio tecnológico, pero no encuentro el Texto de De Vries que se supone que cita Toffler, así que ese caso práctico africano no me parece suficientemente probado.

  14. pseudópodo dijo:

    Bueno, he andado muy mal de tiempo estos días (y seguiré), pero aunque ya se haya enfriado la discusión intentaré aclarar alguna cosa.

    Sobre lo que planteaban elquebusca y xxx: Lo que dice la psicología evolutiva sobre suele entenderse mal, me parece. La idea es que la evolución ha moldeado una serie de instintos y tendencias que todos tenemos. Tenemos que esperar que estén “inscritos en los genes” los instintos que sirvan a que esos genes se propaguen. Por ejemplo, un hipotético instinto de castidad se extinguiría rápidamente porque los portadores de ese gen no dejarían descendencia.

    Eso, que nadie discute para los animales, debería ocurrir también para nosotros, que somos (además de otras cosas) animales. Por ir al asunto de los instintos sexuales: obviamente hombres y mujeres tenemos el instinto de aparearnos. Pero en un análisis más fino nuestros intereses son diferentes. La mujer produce pocos óvulos y tener un hijo le cuesta mueve meses de embarazo. Es una gran inversión y es de esperar que su instinto sea que la inversión sea segura: buscar el mejor macho, en el sentido de que sea el más sano, y retenerlo para que le ayude con la crianza. No le aporta nada acostarse con muchos hombres, pues haga lo que haga sólo puede tener un hijo cada nueve meses. El hombre produce millones de espermatozoides, y con fertilizar a la mujer ya tiene hecho el trabajo. Puede tener cientos de hijos. La mejor estrategia para maximizar la propagación de sus genes es “cuanto más sexo mejor”. Y por eso es de esperar que su instinto sexual le empuje a eso.

    Sobre estos instintos tenemos una capa de tradiciones sociales, normas morales, etc, que los pueden reprimir, modular, potenciar, etc. Y luego están los intereses particulares y conscientes de cada uno que no tienen por qué coincidir con los de la propagación de los genes. Así se explica que en occidente hoy tenemos pocos hijos, por ejemplo. Todos estos intereses conscientes pueden variar muy rápidamente, de una generación a otra. Como la moral está en el plano consciente, también puede cambiar con relativa rapidez, en respuesta por ejemplo a los cambios tecnológicos. Eso no lo niega la psicología evolucionista. Pero los instintos siguen ahí.

    De manera que es utópico pensar que podemos construir un hombre nuevo que no tenga celos, por ejemplo; o pensar que las mujeres tienen la misma tendencia a la promiscuidad que los hombres. Puede que la moral convencional de una sociedad concreta exija a los hombres que no sean celosos o haga pensar a las mujeres que deben tener el mismo deseo sexual que los hombres, pero estará forzando a unos y otros en contra de sus tendencias naturales (igual que si les exige ser castos). Y más en general, es de esperar que haya muchas tensiones (infelicidad, neurosis…) si toda esa vida consciente por la que se rigen los individuos está muy en contradicción con los instintos.

    O de otra manera: si está muy en contradicción con la naturaleza humana (idea que seguro no le va a gustar a Masgüel 🙂 ) Nunca me han convencido las historias de tribus promiscuas y felices a lo Margaret Mead (de hecho, parece que los samoanos le tomaron el pelo, diciéndole lo que quería oír). En esas tribus con una “intensa vida sexual premarital” es muy raro que con tanto sexo nunca nazcan niños…

    Sobre lo fiable de esta historia de las cerillas: yo diría que más de lo que dice Sertorio, porque no hace falta estancos para tener cerillas: basta que las hayan llevado allí exploradores o misioneros. Hay (o ha habido) tribus en la edad de piedra que tenían armas de fuego, suministradas por hombres blancos, claro. Y encender un fuego frotando dos palitos no es nada, pero que nada fácil…

    La pega que le veo es la que dice Grunentahl. Al escribir el post me fié de que la historia se contaba en varias fuentes serias (libro y papers) pero parece que todas las fuentes se pueden trazar a una sola, Alvin Toffler, que cita a de Vries, y su texto no lo he encontrado por más que he mirado y remirado. Aunque sí que hay alguna referencia a él, y es de bastantes años a.d. W. (antes de la web) así que podría no ser tan rara la falta de referencias…

    De todos modos, la idea principal creo que es cierta: aunque la historia no fuera vera, sería bene trovata

  15. xxx dijo:

    Bueno, las chimpancés también invierten mucho en cada cría y sin embargo, la promiscuidad es similar entre machos y hembras (parece ser que es incluso mayor en las hembras) Lo cierto es que partiendo del mismo problema (óvulos y espermatozoides y conseguir el mayor número de descendientes) se pueden encontrar diferentes soluciones.

    No niego que existan ciertas inclinaciones naturales, pero eso no quiere decir que sean las que defienden los psicólogos evolucionistas (hombres promiscuos, mujeres recatadas), ni que sean tantos los comportamientos “grabados en el genoma”, de hecho pienso que la principal inclinación natural del ser humano es la de adaptarse a su entorno social.

  16. Sertorio dijo:

    Quizas me explique mal con lo del Estanco
    Yo criticaba la endeblez de la historia. No me cuadra que una pareja adultera en esa situacion no tenga otras mañas para encender un fuego que delatarse. Luego suponiendo que llega el explorador con las cerillas, estas al principio serian por definicion muy raras y valiosas, y usarlas para algo injustificable parece la mejor manera de comunicar a la tribu que encendemos fuegos en momentos raros. Y todo esto suponiendo que aceptamos que existe una costumbre tan curiosa y ademas que todo el mundo la cumple a rajatabla, sobre todo gente que ya ha decidido saltarse otro tabu como es el de “No desearas a la mujer de tu projimo”
    Llega a tu aldea un hombre blanco cargado de riquezas, como las cerillas, y deseando escuchar historias, cuanto mas extraordinarias mas contento se pone, ¿que le dices? que tu aldea es casi lo mismo que las otras, y lo que es peor no muy diferente en lo fundamental de su pueblo de Boston.
    Aunque hay sociedades de muchos tipos (nomadas, hidraulicas, comerciales, militaristas..) las personas individuales de todos los sitios tienden a parecerse mucho. Es verdad que hay gente para todo pero en todas partes.

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