La nueva rueda del emperador

Había una vez un pequeño reino sin nada en especial. La gente llevaba una vida sencilla y sin pretensiones; los hijos heredaban las tierras de sus padres, y sólo el rey, que se había educado en el extranjero, había oido hablar del excelso ideal de progreso que por entonces ya se extendía por Europa.

Cierto día cruzaron la frontera dos extraños individuos. Hablaban con acento francés, decían ser ingenieurs, y llevaban un enorme carro tapado por lonas, que atraía la curiosidad de los paisanos. Informado el rey, los llamó inmediatamente a palacio.

Allí comenzó a hablar el más alto, que decía llamarse Diderond:

– Majestad, nous sommes ingenieurs de la École des ponts et chaussées, et…
– ¡La Ecole! ¡La vanguardia de las artes aplicadas! -interrumpió el rey.
– ¡Mais oui! La ilustration au service du citoyen, majestad.
– ¿Y qué os trae a este rincón del mundo, ilustrados amigos?
– Hasta París ont arrivé las nouvelles de votre amour por le progrés, majestad, et nous avons portez pour vous la nouveté plus noveteuse et plus progresive de tout París –contestó Diderond.
– Le dernier cri, mais oui! –apostilló Du Carré, el ingeniero bajito, mientras se subía de un salto al carro- Et voila!

Con ese grito, levantó la lona y apareció el engendro más absurdo que hubiera visto nunca el rey: ¡un triciclo con las ruedas cuadradas!

– Pero esto… esto… es imposible –dijo el rey, con cara de desilusión.
– Mais non, majestad. Attendez un moment et vous comprenderá.

Diderond pronunció un largo discurso explicando cómo el prejuicio popular de que las ruedas debían ser necesariamente redondas había sido superado por la luz de la ciencia. El rey perdió pronto el hilo, pero captó que algo tenían que ver en esto el cálculo y los infinitésimos, la catenaria y la cicloide. El resumen era que la vieja geometría de regla y compás era “definitivement demodé” y que las mentes más avanzadas del siglo (“Monge et Cauchy, Laplace et Legendre”, decía con ritmo binario y fuerte acento nasal el ingeniero) sólo hablaban de curvas diferenciables y de las infinitas posibilidades que ofrecían al progreso.

Entretanto, Du Carré había desplegado una extraña tarima ondulada sobre el suelo y había acomodado sobre ella el triciclo (“nous l’appelons tricarré”, señaló de paso). A una seña de su compañero, empezó a pedalear y ¡oh maravilla! avanzó con absoluta suavidad.

El rey se quedó mudo de asombro. Al cabo de un largo rato, acertó a decir:
– ¡Virgen santa!¡Con razón se llaman ustedes ingeniosos!
– Ingenieurs, majestad
– Eso digo. Pero ¿y si el suelo no tiene esa forma?
– Majestad, el suelo tiene la forma que vous le donez. Las ruedas circulaires necessitant un suelo plan, mais le suelo natural n’est pas plan: vous le applanait por faire les chemins.
– ¿Entonces, en vez de aplanar los caminos habría que darles esa rara forma de candelaria invertida?
– Catenaria, no candelaria. Pour lo demás, exactement, majestad.
– ¿Y no será eso más caro que aplanarlos?
– Oui, majestad, mais a cambio, faire las ruedas cuadradas c’est plus facile que les faire circulaires. «L’une chose pour l’autre», comme nous l’expressons.
– O sea, «las gallinas que entran por las que salen», que decimos aquí. Pero si da lo mismo, casi dejo los caminos como están, y…
– ¡¡Mais non!! -exclamó airado el ingeniero-. ¡¡Vous eté un monarque pro-gre-sis-te!!

Perplejo por la ira de su visitante, el rey no se atrevió a interrumpirle, y escuchó una larga perorata sobre la querella de los antiguos y los modernos, y cómo inevitablemente había que ponerse del lado de estos últimos. Afirmó además, descendiendo a la praxis, que las ruedas cuadradas tenían importantes ventajas, pues los vehículos eran más estables (nadie se cae de una bicicleta con las ruedas cuadradas), y la seguridad es lo primero en estos temas. Pero sobre todo, le censuró, no había captado la auténtica dimensión de la innovación. Lo crucial no eran las ruedas cuadradas: lo decisivo era la libertad y la igualdad de derechos.

-¿Cómo?
-¡¡Mais oui!! ¡¡Liberté, egalité, fraternité!! –replicó con un agudo grito de nuevo.

En efecto, la gran innovación científica era que para cada rueda podía hacerse una carretera a medida. Todas las ruedas son igual de buenas, son simplemente modelos alternativos igualmente válidos, y esto no es discutible: lo ha demostrado la ciencia. El problema estaba en las carreteras, que seguían un modelo único y rígido. Los ciudadanos cuyos vehículos tenían ruedas elípticas o pentagonales eran marginados por el sistema, pero la culpa no estaba en ellos, como sostenían los prejuicios oscurantistas de la tradición.  La más elemental justicia exigía una “diversificación itineraria”, explicó Diderond, que permitiría que cada uno pudiera ejercer su derecho a desplazarse igual de bien que cualquier otro, fuese cual fuese su rueda: un enorme avance en liberté y en egalité.

– Pero hacer una carretera para cada tipo de rueda será muy caro.
– Oui, mais les citoyens pagarán en nomme de la fraternité.

No sabemos cómo siguió la conversación, pues al anochecer los cortesanos se fueron retirando, mientras el rey aún conversaba animadamente con Diderond y Du Carré. Pero sin duda le convencieron de la profundidad filosófica y la grandeza humanitaria de sus planes, pues desde la mañana siguiente se dispuso a implementarlos (esta palabra acababa de aprenderla de Diderond). Empezó por enviar a un pregonero a anunciar el nuevo derecho de los súbditos del reino a usar en sus vehículos el tipo de rueda que les viniera en gana, y la obligación del estado a proveer la carretera apropiada.

Ahorraremos al lector los detalles de lo que siguió: las protestas de los viejos arrieros contra las nuevas ruedas; los problemas que surgieron para conseguir que los tricarrés tomaran una curva, y cómo hubo que inventar ingenios específicos para ello; las subvenciones a la fabricación de ruedas alternativas, las protestas de los propietarios de vehículos con ruedas no incluidas en el catálogo de ruedas homologadas (pues finalmente se reconoció como imposible hacer un camino a medida de cada rueda); las protestas por las subidas de impuestos…

Fue una labor larga y compleja, pero los grandes hitos del progreso nunca son fáciles. Tras varios años de esfuerzo, la diversificación itineraria estaba completa, y de paso se había creado una flamante Escuela de Ingenieros de Caminos y Catenarias Inversas, los peones camineros era ahora Peones Catenarios Diplomados y recibían cursos periódicos de actualización, había un Cuerpo de Inspectores de Caminos Diversos, y el presupuesto del Ministerio de Obras Públicas se había multiplicado por veinte. Cada año, un comité de ingenieros se reunía para estudiar por qué los transportes funcionaban cada vez peor, y cada año recomendaba más inversiones. En resumen: el sistema de carreteras del pequeño reino sin nada en especial estaba en la vanguardia de  Europa.

Fue una lástima que, justo cuando se había alcanzado tal grado de progreso, el ejército de Napoleón cruzara las fronteras con sus flamantes cañones, y borrara del mapa para siempre al pequeño reino.

Y todos sus cañones, todos, tenían ruedas perfectamente redondas…

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25 respuestas a La nueva rueda del emperador

  1. Mari Pili dijo:

    Odio la gente que hace esto pero…¡primer!

  2. Ozanúnest dijo:

    ¡Bwahahahaha! ¡Deliciosamente sarcástico! Veo que has aprovechado la curiosidad de las ruedas cuadradas para mofarte de las modas absurdas.

    Aparte, pocas cosas tienen para mí tan poco sentido como Las batallas de los antiguos y los modernos, más que nada porque los modernos acaban volviéndose antiguos con el tiempo. Siempre me ha parecido propio de gente que cree haber nacido en el centro de la historia, y que pueden llegar a ser muy cerriles. Los unos, por pretender que los genios clásicos se impongan sólo por el principio de autoridad; y los otros, por no pensar en lo dicho.

    Por último, ¿ese rey no fue anteriormente un emperador de ropas invisibles?

  3. pseudópodo dijo:

    Mari Pili, ¿ves como no habia prisa? 🙂

    Ozanúnest, me burlo de las modas absurdas pero sobre todo de las que tienen una base presuntamente “cientifica”, que son las más peligrosas: los ingenieurs tenían razón científicamente, pero que pueda hacerse una carretera a medida de cada rueda no significa que eso sea buena idea en el marco mucho más amplio de la práctica… Si además de ese respaldo científico decimos que se hace en nombre del progreso ya sí que hay que echarse a temblar. Un buen ejercicio es (después de pedalear un rato en el tricarré, claro) pensar cuantos casos análogos a las ruedas cuadradas tenemos ya…

    Y sí, el emperador este debió de ser el mismo de las ropas invisibles, pero las crónicas no dicen nada de ello…

  4. Magnífica fábula sobre los peligros no ya de la moda, sino de lo políticamente correcto, que pide un traje (o un lenguaje, o una expresión, o una oposición, o un puesto de trabajo, o una lista electoral, o…) a la medida de cada uno. Esto al final hace imposible la convivencia, como hace imposible la conducción el reconocerle a cada uno el derecho a circular con la rueda que le de la gana. Lo políticamente correcto dispara el gasto público en cosas verdaderamente estúpidas e inútiles, acaba mutilando la democracia y al final abre el camino de los cirujanos de hierro. ¿Por qué será que me dan escalofríos al releer el relato de este emperador? ¿Por qué será que me parece que está retrando un mundo que conozco y aventurando un horizonte que no me gusta? ¿Por que será que pienso que si los súbditos del emperador hubieran cogido a los ingenieurs y los hubiesen tirado al pilón se habrían ahorrado mucho dinero público y algunos padecimientos?
    Como siempre, genial y clarividente.
    Saludos.

  5. Pingback: La nueva rueda del emperador

  6. eulez dijo:

    Jajajja!!!! Que me descojono!!!! Meneao, leches!

  7. Masgüel dijo:

    Años después, otro joven ingeniero cruzó el reino en media hora colgao de una bicicleta con alas. Incrédulo, contemplaba la absurda tarea emprendida por sus predecesores.

    Asomado al balcón de sus aposentos, el rey, que había salvado la vida tras el armisticio, vió el extraño artefacto y, recordando la ruina precedente, volvió junto al calor de la chimenea murmurando: “¡Moderneces!”.

  8. Grunentahl dijo:

    El tren de cremallera, insisto…
    Los engranajes se basan en el mismo principio. El “ingénieur” burlón es una especie de “hacker”( uno que desvía el uso normal de un objeto/applicación), que ha simplicado un concepto arquimedeano para tomarle el pelo al emperador sin necesidad de desnudarlo.
    Me ha gustado el cuento.

  9. Sertorio dijo:

    “Quizas la historia no registre ninguna revolucion de verdad. lo que siempre ha habido han sido contrarrevoluciones. Los hombres siempre han estado rebelandose contra los ultimos rebeldes, o incluso arrepintiendose de la ultima rebelion. Se podria ver esto en las mas intrascendentes modas contemporaneas, si la mentalidad de la moda no hubiera tomado la costumbre de ver al ultimo rebelde como rebelde frente a todas las epocas a la vez”
    Dijo Chesterton ayer mismito.

    El verdadero final de la historia es que veinte años mas tarde otros ingenieros llegaron al pais con la mas asombrosa de las invenciones la carreta (que no el cañon) de ruedas circulares.
    Mas, practica, mas moderna y casi todo terreno

  10. pseudópodo dijo:

    eulez yo veía más meneable el post de las ruedas cuadradas, pero se agradece 😀

    Masgüel, que conste que la fábula no es para mí una defensa de los antiguos frente a los modernos… Creo que Manuel Madrid ha captado el sentido muy bien (casi mejor que yo, en realidad, es lo que tienen las fábulas, que tienen muchas lecturas posibles). Lo voy a intentar explicar.

    El problema de los ingenieurs no es que sean innovadores sino que innovan mal. Pecan de lo que suelen pecar los expertos: tienen una visión muy estrecha de su tema. Han reducido el problema del transporte a un modelo matemático, han resuelto las ecuaciones diferenciales y han encontrado la solución. Todo es correcto, pero el problema del transporte tiene otros condicionantes que no ha recogido su modelo: por ejemplo, los costes de hacer el suelo a medida de la rueda. O que lo bueno de la rueda circular radica en otras cosas que no son tan evidentes como la adaptación al suelo: por ejemplo, que “su suelo” es el mismo para cualquier radio de rueda, mientras que el suelo para las rueda cuadradas es uno para cada tamaño de cuadrado; o la facilidad de tomar curvas en un suelo liso, mientras que es casi imposible en uno hecho de catenarias inversas… Y todas esas “propiedades de segundo orden” que pasan normalmente desapercibidas y que el experto no ha metido en el modelo son en realidad enormemente importantes, son las decisivas. Pero esto no lo reconocerá el experto, porque científicamente tiene razón y cree que con eso basta (por cierto, no está mal lo de llamar “hackers”, a estos expertos, como dice Grunentahl, porque lo que suelen hacer los hackers son inventos ingeniosos pero que no funcionan por este tipo de razones).

    A esta estrechez del experto se añade aquí otra cosa que es la que ha subrayado Manuel: la idea de que el mundo tiene que hacerse a nuestra medida, que yo creo que es la nota más característica de lo que hoy se llama “progresismo”. El cuento muestra cómo es irrealizable: hay que admitir que aunque científicamente la carretera pueda adaptarse a nuestra rueda, es más sensato que todos adaptemos nuestras ruedas a una carretera común. No se me había ocurrido lo de Napoleón como “cirujano de hierro”, pero es verdad que el deterioro de la convivencia que propicia tanta exigencia particularista puede acabar así…

    Para mí, la interpretación más obvia del cuento (pero hay más) es como una alegoría del ideal de la educación logsista, en la que unos expertos pedagogos han establecido que no hay alumnos buenos o malos sino sólo diferentes formas de aprender, todas igualmente válidas, y es el curriculum debe adecuarse al alumno. Y no pensaba con la frase final en cirujanos de hierro, sino en los chinos o los indios, cuya educación no contempla ruedas cuadradas, barriendo económicamente del mapa a nuestro pequeño país empeñado en la egalité y la fraternité… Cosa que ocurrirá a no mucho tardar.

    Sertorio, me quito el sombrero ante Chesterton. Y es verdad, ese es el verdadero final: la contrarrevolución que reinventa la rueda, muchos años (y muchos muertos) después.

    • Llevas razón. Pero el hecho de que la LOGSE se haya cargado el futuroad de las dos próximas generaciones de españoles no sólo tiene repercusiones económicas. No se trata sólo de que los indios o los chinos vayan a “devorar” a tús hijos o al mío en el mercado laboral dentro de treinta años. Eso tiene repercusiones políticas, que conducen al cirujano de hierro. Cada vez estoy más convencido de que la historia no es circular ni líneal, o al menos no es líneal en estado puro. No soy de ciencias y no sé como explicar esto bien, pero a mi la historia me parece línear pendular, o sea que los excesos de un momento concreto conducen al término opuesto. Está en la revolución y Napoleón.
      La LOGSE y la ideología dominante en España, que desprecian el esfueroz, la disciplina o el trabajo bien hecho, conducirán a un empobrecimiento generalizado del país, y esto, al generar odio y resentimiento políticos, cristalizará en movimientos autoritarios. Creo que dentro de unos años asistiremos a un clamor social, y aún intelectual, que pedirá el cirujano de hierro que ponga fin a estos desmanes, porque las sociedades cuando están poseídas de la ira son incapaces de racionalizar las soluciones. En sociedades tan poco modernas, en realidad, como la nuestra, estas pulsiones se hacen mucho más peligrosas.
      Al leer esta fábula tuya me doy cuenta de que tiene un inmenso potencial para relatar la situación que padecemos la gente de mi generación, los nacidos en la década de los 70 y después y que fuimos los últimos en cursar EGB y BUP. Después de releer tu fábula he releído, a través del cristal que tú has puesto, muchas entradas de mi blog, y descubro sorprendido que con muchas más palabras y menos precisión que tú describo esa misma sensación de desánimo ante el disparate, esa necesidad de restaurar cierta cordura política.
      No sé si me explico bien, pero es que comienzan a no ser horas.
      Un saludo.

    • eulez dijo:

      Pues debe ser que debería haber meneado la otra entrada.. has recibido ¡dos votos! Y uno es mío por mandar la noticia (???)

  11. Masgüel dijo:

    Pues yo entiendo el texto de Chesterton de otra manera. La evolución es el resultado de tensiones opuestas: La innovación que crea nuevas soluciones y la conservación que preserva las que funcionan. Ambas son necesarias e inevitables, aunque parten de motivaciones distintas.

    Las culturas orales eran muy conservadoras porque dependían de la memoria para conservar la información relevante. Desde la revolución agrícola, los cambios históricos se aceleran. Hablando precisamente de esto, Juan Luis Arsuaga, del equipo de investigación de Atapuerca decía que el fuego tardó miles de años en ser utilizado por todas las comunidades humanas, mientras que a la telefonía movil le ha costado menos de un lustro. Evidentemente, cuando el ritmo de cambio cultural es tan acelerado, no le da tiempo a sedimentar y los conservadores lo pasan fatal. Pero esta bola no hay quien la pare y si nos empieza a faltar un el suelo firme, tendremos que aprender a caminar sobre las aguas. Es de lo que habla Edgar Morin cuando reclama la necesidad aprender a pensar la complejidad.

    Por ejemplo, es evidente que el “saber qué” en breve perderá todo su valor. La información va a estar al alcance de todos de forma casi instantánea. El erudito es una especie en vías de extinción. Sin embargo cada vez será más útil el “saber cómo”. El que sepa encontrar entre ese océano de información los nexos que aporten nuevas perspectivas para solucionar problemas determinados. Por eso hoy resultan tan interesantes y fructíferas las investigaciones interdisciplinares.

    En mi opinión, donde nos la jugamos, es en la educación del caracter. Pero es un terreno de juego para la responsabilidad individual. La planificación colectiva en este terreno suele resultar nefasta, así que no tenemos más remedio que confiar unos en otros y lidiar con lo que salga.

  12. Grunentahl dijo:

    Leído por segunda vez, me parece una espléndida metáfora de las políticas centrífugas que triunfan en la península Ibérica. Cada comarca del reino se organiza sus propios caminos de cremallera o rutas catenarias.
    La carretera y el ferrocarril de hoy son hijos de la rueda circular, pero no existen en el estado primigenio de la naturaleza. Si se han mantenido y perfeccionado a lo largo de los siglos, al menos la primera desde los hititas y los romanos, es porque han demostrado su utilidad. Pero lo único natural en el semoviente (incluido el humano) son las patas…
    Cuanto más leo el cuento más me gusta.

  13. Jesus, etc dijo:

    Bueno, las patas actúan radios de rueda de longitud variables… a mayor complicación en el perfil del terreno, mayor número de patas para repartir el esfuerzo de “plegado” de éstas… Dice Grunentahl que lo del tren de cremallera, en efecto se parece, y qué decir de las las “orugas” de carros de combate, etc.

    Pero volviendo a la fábula… no ha quedado muy científico eso de que “nadie se cae de una bicicleta con las ruedas cuadradas” ;P

    No estoy de acuerdo con la explicación de que el ingeniero del cuento razone científicamente pero con estrechez: a mí me parece que razona seudofilosoficamente (liberté…), y que lo hace con “anchura” de vendedor de crecepelo. Es decir, parece un político más que un ingeniero. Y claro, el soberano representa al pueblo.

    Por otra parte ya hemos vivido esto con los ferrocarriles de “vía ancha”…

    Con quien estoy completamente de acuerdo es con Masgüel. Si me permites la broma, Masgüel, tus razonamientos son muy “Smart” 😉

  14. pseudópodo dijo:

    Masgüel, el problema del cambio social acelerado es que hace falta que las cosas sedimenten no sólo para que la gente de temperamento conservador no sienta vértigo, sino para más cosas. Acuérdate de las cinco ideas de Postman: cada cambio tecnológico es un cambio social, y produce consecuencias de largo alcance que reordenan el sistema social entero. Hace falta un “tiempo de relajación”, que decimos los físicos, para que se produzca ese reajuste y se acomoden los cambios. Si no, podemos tener una sociedad disfuncional.

    Porque una sociedad es como una máquina, tiene que funcionar, y no puede organizarse de cualquier manera. Los cambios tienen cierto parecido con las mutaciones. Las mutaciones suelen ser inútiles o nocivas precisamente porque en un organismo todo está relacionado con todo y cualquier cambio al azar casi con seguridad lo hará menos funcional. Las sociedades no están tan integradas como los organismos, pero si la tasa de mutación es demasiado grande, seguramente no podrán adaptarse. Es bonito lo de caminar sobre las aguas, pero es un milagro.

    Por ejemplo, lo de saber qué y saber cómo. Estoy de acuerdo con lo que dices, pero, ¿cómo aprender a “saber cómo” sin pasar por el “saber qué”? Yo particularmente no lo sé. No me creo lo de aprender a aprender: a aprender se aprende aprendiendo, y de saber muchos “qués” acabamos sabiendo el “cómo”. No creo que haya muchos atajos.

    Y por ejemplo también, la educación del carácter: totalmente de acuerdo contigo en que nos la jugamos ahí. Pero eso siempre ha sido lo más difícil. Y ahora, que es más necesario que nunca, el ambiente y la sociedad ayudan menos que nunca para conseguirlo.

    En resumen: los dos ejemplos muestran que el cambio trae nuevas necesidades, y puede que ese mismo cambio haga más difícil conseguir cubrir esas necesidades…

    Jesús, etc: el ingenieur es una combinación de lo malo del científico y lo malo del filósofo-moralista: mortífero. Pero es que eso abunda mucho hoy: ahí tienes a los pedagogos logsianos y a muchos más… Tienen más peligro precisamente porque no son vendedores de crecepelo, sino que creen sinceramente en sus propuestas: ¿cómo no van a tener razón si tienen la ciencia de su parte y están llenos de nobles sentimientos? They are very smart, but what counts is to be right (y que no se enfade Masgüel, no va por él).

    Grunentahl: sí señor, la dinámica de nuestro Hispanistán también tiene un parecido notable con la diversificación itineraria de los ingenieurs…

  15. Masgüel dijo:

    Pseudópodo, no sabemos a qué velocidad las sociedades humanas pueden asumir cambios y seguir siendo funcionales. El único indicador de la capacidad adaptativa de un organismo es la supervivencia. De momento todavía estamos aquí para contarlo. Lo ilusorio es pensar que aún podemos controlar el proceso. El vértigo del conservador ya es irrelevante. Querámoslo o no, vamos a toda hostia y sin frenos. Hablando de estas cosas, un amigo católico, adepto a las ideas de Teilhard de Chardin (optimista él), me decía con cierto sarcasmo: “Tú ocúpate de tu vida, que del mundo ya se ocupa Dios.”

  16. pseudópodo dijo:

    Claro: es que no me hago ninguna ilusión de que controlemos el proceso.

    Desde hace mucho la tecnología es un ente autónomo y no la controla nadie (por eso me resultaba tan ridículo un artículo reciente de Rodríguez Ibarra en el que hablaba de que los “progresistas” deberían liderar el cambio tecnológico).

    No sabemos qué velocidad de cambio podemos soportar, pero sabemos que es finita. Eso implica que la aceleración permanente del cambio tiene que superar ese valor límite tarde o temprano. Yo creo que será temprano, porque es lógico pensar que una velocidad empezará a ser no asumible cuando cambia drásticamente la sociedad en el plazo de una misma generación. Y eso es lo que ya está empezando a pasar.

    Por eso (y por otras cosas más) soy un pesimista tecnológico. Debe ser que no tengo tanta fe como tu amigo…

  17. Ozanúnest dijo:

    Yo conocí tanto la EGB como la LOGSE, y puedo decirte que mis dos años en la ESO fueron poco provechosos. Y si no llega a ser porque mis profesores no se habían adaptado a la LOGSE sino en el nivel de materia, hasta habrían sido perjudiciales. Se quejaban de continuo de que La vida es sueño no se estudiaba con la profundidad de antes, o de que tuvieran que valorar cosas como la actitud, cuando había quien estudiaba en casa y sacaba notas del carajo.

  18. Ni! dijo:

    Enhorabuena, el relato es muy bueno en la forma y el fondo, y muy bien aprovechado el trasfondo de tu artículo anterior de la rueda cuadrada. En cuanto leí lo de “hacer una carretera para cada rueda” ya me empecé a reir, demonios, que no era sólo una crítica paródico-histórica al progresismo mal entendido y a la jerga pseudotecnológica sino un hachazo a esa filosofía que vemos entre otros en nuestro sistema pedagógico . Chapeau, monsieur. En los próximos años volveremos a leer este relato y lo llamaremos certero y visionario.

    Unicamente me queda siempre la pena de ver vapuleada una vez más la palabra “progresista” (soy un romántico lingüístico). Sé que es una batalla perdida, pero me gustaba el concepto como se entendía hace unos años, según la R.A.E.: “Dicho de una persona o de una colectividad: Con ideas y actitudes avanzadas”. (Ojo, que la culpa ha sido tanto de los que la han usado para desautorizar como de los que la han esgrimido para disfrazar ideas que no tenían nada de avanzadas).

    Ahora, tras estos años de haber convertido algo tan bonito como “el pensamiento que se adelanta a su tiempo” en un vulgar insulto político, “progre”, echo de menos otra palabra que no haya sido denostada para expresar lo mismo.

  19. pseudópodo dijo:

    Gracias, Ni!. A mí también me gustaría que la palabra “progresista” significara otra cosa, pero el descrédito del progresismo se lo han buscado los que se siguen llamando así (gente que parece que no ha quitado todavía el poster del Che del dormitorio, nostágicos del 68, gente que no se entera, como Rodríguez Ibarra, pero quieren liderar el cambio tecnológico…). Tampoco es que los que se llaman “conservadores” hagan nada por prestigiar esa otra palabra, la verdad. Pero mejor no hablar de política, que nos deprimimos.

    Manuel, te explicas muy bien. Coincido en que la LOGSE y todo lo demás nos van a llevar a un empobrecimiento, pero espero que no nos conduzcan a totalitarismo. Aunque tampoco me extrañaría tanto, porque es verdad que hay como un crecimiento larvado del resentimiento. Y cuando llevemos diez años de crisis (que los llevaremos), ya veremos qué ocurre. Espero que el péndulo no se convierta en caótico, y nos inclinemos suavemente en otra dirección. Pero lo creo porque, aunque intelectualmente soy pesimista, por temperamento soy optimista: irracionalmente, vaya.

    eulez, que conste que yo intenté menearla pero me salió eso de “grrr” que fastidia tanto… 😉

  20. En realidad no me he explicado bien. No creo que la LOGSE en sí misma sea un elemento potenciador del totalitarismo o, más exactamente, de las salidas autoritarias a la crisis, que yo también estoy convencido va para largo. Pero sí creo que la LOGSE está inyectando en la sociedad dos virus muy peligrosos que sí pueden provocar que dentro de un tiempo el cuerpo enfermo pida un bisturí que saje y corte.
    Por un lado la LOGSE genera trabajadores de bajísima cualificación, tanto aquellos que abandonan el sistema educativo como aquellos que llegan a la universidad. Ergo los primeros no podrán competir con los trabajadores extranjeros, que siempre aceptarán condiciones laborales peores, ni los segundos podrán competir con los universitarios y profesionales que vengan de cualquier lugar del mundo, porque el grado de preparación de estos será infinítamente mayor. Dentro de diez o quince años preferiremos tener un médico hindú en nuestras consultas antes que un médico chino. De esta situación explosiva a la materialización política del resentimiento, la frustración o un racismo de nuevo cuño hay un solo paso.
    Por otro lado, la LOGSE y su fabricación masiva de analfabetos funcionales provoca otro elemento indispensable para el autoritarismo: sociedades sin capacidad crítica, sin elemento intelectual. La sociedad española estará inerme ante cualquier aventura política que se revista de cierta autoridad intelectual y prometa una solución drástica de nuestros problemas.
    A lo anterior hay que sumar la división social generada por la división educativa, cada vez más evidente: por un lado los hijos de las clases medias y trabajadoras, “educados” en centros públicos o concertados; por otros la futura elite social, económica y política, educada en centros privados, bilingües y similares. La fractura social provocada por la LOGSE es inmensa, y por primera vez en nuestra historia la educación ya no es un mecanismo de ascenso social para los que menos tienen. Esta fractura, que nos acerca muy peligrosamente a aquellas sociedades radicalizadas de comienzos del XX, tampoco aventura salidas democráticas ala crisis.
    Yo también soy pesimista, aunque en lo personal soy vitalista, más que optimista. Precisamente porque la vida es tan hermosa hay que ser pesimistas, porque pintan bastos.
    Un saludo.

  21. Ozanúnest dijo:

    Cuando yo estudiaba el bachillerato, la profesora de lengua insistía en que la culpa del nivel actual era de los políticos. Cuando, según ella, era el catedrático de la facultad quien decidía esas cuestiones, los errores se corregían con los años. Sin embargo, en manos de políticos, cambiar era una manera de decir que se habían equivocado.

    Claro que ahora, mayor y más crítico, me pregunto por qué hacíamos tantos análisis morfosintácticos y no más redacciones (algunas hicimos).

  22. pseudópodo dijo:

    Manuel, ya estaba claro, pero ahora está cristalino. Por desgracia tengo poco que añadir: todo lo que expones encaja como un mecanismo de relojería, y el efecto que va a producir sólo puede ser el que cuentas. Lo único que nos queda es pensar cómo salir a flote de lo que se nos viene encima (sobre todo, nuestros hijos, claro).

    Ahora estoy precisamente tomandole el pulso al nivel de física y matemáticas con el que vienen mis alumnos de primero. Pensar que estos chicos son los mejorcitos que salen de la secundaria y van a ser los futuros ingenieros es como para pensar seriamente en emigrar…

    Ozanúnest pues bastante razón tenía. Aquí hay mucha autonomía de boquilla y luego una imposición feroz de planteamientos docentes y planes de estudio. Y en la unversidad vamos a eso.

  23. Ozanúnest dijo:

    Razón tenía, y tiene aún, pero lo que yo quería decir era que, en asignaturas como la de lengua, los fallos no sólo provienen de los políticos (centrales o autonómicos), sino también de los propios docentes.

    Concretamente, es un fallo enorme que un alumno, con la cantidad de horas que pasa dando lengua, no aproveche para hacer redacciones. No obstante, hace una cantidad increíble de análisis morfologicosintácticos.

    Por ejemplo: con lo que enseñan hoy en día en lengua, ante la expresión “catástrofe humanitaria”, la gente puede concluir que es un sintagma nominal. Su núcleo es “catástrofe”, y “humanitaria” es un adjetivo. No obstante, nada de esto permite ver que dicha expresión es incorrecta, porque “humanitaria” significa “en favor del bienestar humano”. Es como hablar de una puñalada altruista.

    Te invito a leer este artículo, que lo explica muy bien:
    http://larealidadestupefaciente.blogspot.com/2007/01/lpd-2003-dinamita-en-la-palabra.html

    Y conste que la mujer nos propuso hacer redacciones, no sólo los puñeteros análisis, y la respeto mucho.

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