Las bolcheviques y el amor libre

El maestro Juan Martínez que estaba allí tiene muchas páginas memorables, pero la que más gracia me ha hecho es esta:

Una vez, las mujeres comunistas organizaron un mitin en el Circo para hacer la propaganda de sus ideales entre las mujeres de Kiev. Yo estuve presente como miembro del Sindicato del Circo, y aquello fue espantoso. Atraídas por los anuncios del mitin acudieron millares de mujeres de obreros y campesinos; pero cuando las propagandistas rojas se pusieron a hablar del amor libre estallaron ruidosas protestas. Hubo una de las oradoras que quiso defender la teoría de que cada cual tenía derecho a buscar en cualquier momento de su vida el hombre o la mujer que le agradasen más, y allí fue Troya.

Llovieron sobre ella los insultos más terribles. Las buenas mujeres del campo y las infelices trabajadoras de la ciudad, que no habían oído nunca una cosa semejante, se levantaron airadas. La bolchevique, que era muy valiente, dominó un momento el tumulto, y dijo que estaba dispuesta a mantener controversia sobre el tema del amor libre con la que quisiera. En aquel caos de imprecaciones saltó al escenario, remangándose la amplia falda, una mujeruca del pueblo, que plantada ante las candilejas, se anudó el pañuelo bajo la barbilla, se puso en jarras y dijo, sobre poco más o menos:

-Todas estas tías guarras que vienen contando esas historias del amor libre, lo que quieren es sonsacar a nuestros maridos para liarse con ellos. ¡Que se limpien!¡Compañeras! A nosotras no nos importa que degüellen a los burgueses si quieren, que con ello nada se pierde; pero lo que no vamos a consentir es que estas tías tales vengan a quitarnos a nuestros maridos en nuestras propias narices ni a soliviantarlos, para que se crean con derecho a buscarse muchachitas guapas y a tirarnos a nosotras a la basura, diciendo que somos viejas y feas. ¡Duro con ellas, camaradas!

Se armó una tremolina espantosa. Unas docenas de mujeres, rabiosas, saltaron al escenario dispuestas a linchar a las propagandistas bolcheviques, que lo hubieran pasado mal a no haber sido por la oportuna aparición de un cordón de guardias rojos que, con la bayoneta calada, se colocaron ante las candilejas, protegiéndolas. [p. 156]

No he podido evitar imaginarme a la resuelta campesina como Blasa, vestida de negro, con gafas empañadas y una garrota que está dispuesta a usar a la mínima ocasión.

Lo que dice esta Blasa de Kiev tiene, además, mucha miga, porque es en el fondo, visto desde el lado femenino, lo que viene diciendo Houellebecq desde el masculino. Que la revolución sexual, al instaurar el mercado libre en las relaciones íntimas, convierte la vida personal en un campo de batalla: una ampliación del campo de batalla en el se había convertido ya la vida profesional con el mercado libre económico .

(Coda: tiene su ironía que quienes propugnaran aquel mercado libre fueran los comunistas, que se definían por negar éste).

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21 respuestas a Las bolcheviques y el amor libre

  1. eulez dijo:

    Hombre, es que eso del “mercado libre” se puede poner en seria duda. Especialmente porque esa “libertad” atenta contra otras más fundamentales. Como ejemplo, lo dicho mil veces, lo que está pasando ahora con la influencia de los mercados en la política de los gobiernos en teoría democráticos.

    Por lo demás, está graciosa la anécdota y como reaccionan las mujeres. Es curioso que estas mujeres reaccionasen pensando que las muchachas bolcheviques fuesen a liarse con sus maridos, que deberían ser más o menos igual de poco atractivos que sus mujeres, en lugar de entablar relaciones con los jóvenes y fornidos miembros de la guardia roja que las escoltaban en sus discursos (por ejemplo).

  2. Ramonmo dijo:

    El caso es que en un mercado sexual libre en el que no haya acceso fácil a los anticonceptivos quien tiene más que perder son las mujeres. Quizás por eso se instauró originariamente el matrimonio…

  3. Dr.J dijo:

    El sexo en una Dictadura (y no hace falta ir muy lejos) es siempre asunto curioso. Lo más doloroso que se puede leer sobre ello es lo que Martin Amis escribe en La Casa de los Encuentros (Anagrama). Amis me interesa cada vez menos como novelista y ensayista (El segundo avión me parece un horror) pero en la faction suele acertar: Experiencia, Koba el Terrible y La casa de los encuentros son muy buenos.
    Por otra parte las libertarias famosas en el frente de Aragón también causaban gran rechazo y no sólo por lagartas sino porque alteraban seriamente el ya de por sí surrealista frente de las milicias.
    Es curioso que los “clercs” no hayan aceptado todavía el horror brutal del comunismo, la peor de todas las atrocidades del siglo XX. No voy a justificar lo de la peor. Vale

  4. Vicente dijo:

    Pues a pesar de que soy feo y partidario de la igualdad, me parece muy mal restringir la libertad de las personas porque nos beneficie a los feos. Puntualizo que la restricción que me desagrada sería la ejercida por parte de la sociedad/estado, ya que el “pacto” de fidelidad entre dos personas es algo que incumbe sólo a esas dos personas.

    Quizás consideraría censurable social o legalmente la infidelidad cuando hay hijos de por medio. Sin embargo, es un tema muy delicado porque la infidelidad podría ser consecuencia de la pérdida del amor, y no al revés, y ya sabemos que los sentimientos no son controlables.

  5. Aloe dijo:

    Las mujeres suelen, para lo bueno y para lo malo, descender siempre al barro de la realidad.:-)
    La pena es que una controversia tan interesante, en el nudo verdadero de las relaciones humanas, de poder o de amor, fuera interrumpido enseguida por la abstraccion ortodoxa de los guardias…
    Algún día las mujeres aprenderán a discutir de las cosas reales sin estar pendientes de lo que opinan, o de las órdenes que tienen los guardias del orden o los academicos de guardia.

  6. pseudópodo dijo:

    Glups, no me da tiempo a contestar y a lo mejor en dos días no tengo conexión… Están ustedes en su casa 😉

  7. ohette dijo:

    Adulterios, camas redondas, relaciones liberales, tríos, amor libre…toda salida de la monogamia resulta maravillosa…siempre que sea uno el protagonista y no el “relegado”. Quiero decir que cuando es tu pareja la que se va con otros/as ya no tiene tanta gracia. Y si encima uno es feo…

  8. josele dijo:

    Hola

    Mientras me termino la cerveza, quería hacer un apunte sobre las dos imágenes que se ven en el post; la de la Blasa y la del anuncio, a mi me sale la del wakawaka

    así a bote pronto

    “descárgate” seguido del “wakawaka”, que es onomatopeya del acto sexual (bueno, freudiano que es uno)

    luego pone “entra aqui” en letras superpuestas en el pecho de la Shakira (que si lo dices en ingles, esta uno leyendo “shake her out/up”, o sea, menéala)

    liberacion sexual hasta en el blos del sudopodo

    por cierto, relei el post al que dirige en el principal… ¿sexo y mercado?

    y encima el del comentario anterior se llama ojete; pues eso, te cagas

    SALUDOS

  9. Cristina dijo:

    Es sabido que los bolcheviques, sucesores y allegados nunca han sido especialmente defensores de las libertades individuales en general y de las sexuales en particular (o digamos que han sido tan poco defensores como otros) y también es fácil de imaginar que Juan Martínez no tenía el cuerpo para apreciar las palabras de las propagandistas rojas, con la que le estaba cayendo al pobre pero… a mí me sabe mal tomar el episodio como un mero vodevil: si no hubiera sido por mujeres como ellas, aún estaría penado el adulterio, por ejemplo. Claro, mayor libertad necesita más responsabilidad para manejarla y este es un precio que no todos están dispuestos a pagar. No digo nada nuevo. Por otro lado, yo no sé si las campesinas de este cuento hablaban de las relaciones desde un plano personal o más bien económico. Digo, que generalmente hablamos de amor y sexo cuando en realidad nos deberíamos referir a bienestar y organización doméstica, ambos debates interesantes pero diferentes.

    A mí también me impresionaron los libros de Houellebecq cuando los leí, en particular por lo que comenta Pseudópodo de la ampliación del campo de batalla. Su tesis podría ser obvia pero a mí no se me había ocurrido pensar sobre ella. Si hay algo injusto y cruel es la naturaleza así que cualquier medida para corregir las desigualdades iniciales no me parece mal de entrada. Ahora bien, decir que la sociedad tradicional era más igualitaria en cuanto a las relaciones personales me parece que es ir demasiado lejos. Si acaso, se podría decir que ahora los damnificados son otros.

  10. edulcorado dijo:

    De mi adolescencia creyente recuerdo el concepto de la “ley natural” como una forma de ser moral de la humanidad que era innata, conveniente y “natural” como dice dicha ley.
    En mi juventud me apunté al carro de “la tabla rasa”, donde cualquier cultura y costumbre “esculpían” nuestra modo de ser con toda libertad y sin ningún tipo de conflictos internos. Eso daba pie a una “liberación” ilimitada y a conceptos como el amor libre.
    Curiosamente con el tiempo y por senderos menos creyentes vuelve a mi esa “ley natural”, como tendencias evolutivas innatas. Parece ser que somos más o menos monógamos pero con “grandes tentaciones” y cierta tendencia al adulterio, con todo el gasto de energía y dramas individuales que esto acaba suponiendo.
    Hay que reconocer que si esto es un “diseño inteligente”, el de la especie humana ha salido un pelín chapucero.

  11. Frenzo dijo:

    Hola, Cristina. Tenía entendido que los bolcheviques eran bastante liberales en cuestiones sexuales, en parte porque se oponían a la moral burguesa (o moralina burguesa, simple hipocresía en algunos casos). Por otro lado, me deja un poco desconcertado lo que decís sobre corregir las “desigualdades naturales”. ¿Hasta que punto podemos tensar la cuerda y pensar que podemos corregir y enderezar esta naturaleza cruel e injusta?

  12. “Que la revolución sexual, al instaurar el mercado libre en las relaciones íntimas, convierte la vida personal en un campo de batalla”

    No entiendo bien esta idea ¿Es mejor entonces que “el mercado” (si es que se trata de un mercado) de la sexualidad esté regulado? ¿Y por quién?

    La sexualidad no son los medios de producción, el marxismo no promueve la colectivización obligatoria del sexo, simplemente supone que en una sociedad libre de la esclavitud económica las relaciones entre los sexos (“géneros” para los finos) deberían estar libres de mezquindades.

    La oradora es una ingenua a la que le hubiera convenido leer un poco a Trotsky. Las relaciones culturales no se cambian de un plumazo automáticamente con el cambio de régimen político. El amor bajo el socialismo debería ser más libre (y lo fue, en la Rusia de Lenin y Trotksy) por el simple efecto de una vida mejor, no por un decreto que establezca la colectivización del sexo, lo cual entre otras cosas no daría lugar a una sexualidad libre.

    • Ramonmo dijo:

      Jack, si la sexualidad es libre significa que cada uno buscará al compañero sexual que más le agrade. La fidelidad queda relegada como no obligatoria. Como no todo el mundo es igual de atractivo sexualmente se producirá una competencia por los mejores amantes (concepto que puede significar varias cosas). Y, como en toda competencia, hay quien gana y hay quien pierde. El resultado final es que unos pocos tendrán mucho sexo y unos muchos tendrán poco sexo, en una proporción quizá similar a la de la famosa regla de Pareto.
      Antiguamente esa competencia estaba mitigada por la obligatoriedad de practicar el sexo sólo dentro de un matrimonio monógamo e indisoluble. Hay que destacar que esta institución (el matrimonio) era de doble carácter, tanto civil como religioso. Aunque, evidentemente, se producían violaciones de la regla de la monogamia obligatoria, el resultado no era nunca una pura competencia libre.
      La consecuencia de ese antiguo modo de hacer las cosas era que se mantenía la institución familiar dentro de una relativa estabilidad: los hombres y las mujeres no abandonaban con frecuencia sus parejas por un nuevo compañero sexual, aunque sólo fuera porque estaba penado tanto por la ley como por la religión. De este modo las familias tendían a mantenerse estables. Y esta situación era, seguramente, muy conveniente desde el punto de vista del Estado, por una razón muy sencilla: los hijos. Los hijos llegaban inevitablemente, porque entonces no había anticonceptivos. Y la estructura familiar facilitaba la producción, crianza y educación de esos hijos con un coste mínimo para el Estado. Y hay que recordar que esos hijos son, a fin de cuentas, de “capital” importancia para él: son nada menos que los futuros súbditos, los futuros pagadores de impuestos, los futuros soldados o, incluso, los futuros padres productores de más hijos.
      Por lo tanto, sí que se puede considerar la sexualidad como un “medio de producción”: produce personas; después, ciudadanos. Y el Estado siempre se ha considerado competente para regular la forma que esa producción tuviera lugar. Tradicionalmente, esa forma siempre ha sido ha sido la familia; pero ya podemos ver todos que estas cosas están cambiando muy rápido.
      Es previsible, por tanto, que una sexualidad libre tenga dos consecuencias: por un lado, mayor desigualdad en el acceso al sexo; y, por otro, menor estabilidad de la familia. Yo creo que esto último era lo que preocupaba a las mujeres rusas, que podrían encontrarse en la tesitura de tener que criar solas a sus hijos, o bien abandonarlos.

      Saludos.

  13. pseudópodo dijo:

    Siento no haber podido seguir el debate, estos últimos días ya he tenido conexión pero ni un minuto libre.

    Ahora, antes de ponerme a hacer otras maletas, sólo quería daros las gracias por el debate, y sobre todo a Ramonmo que ha expuesto muy bien lo que yo hubiera dicho. Lo único que quiero matizar es que esa situación tradicional, además de ser muy conveniente desde el punto de vista del estado, lo era desde el punto de vista de los hijos. Ahora se habla muchos de los hijos, pero como suele ocurrir, esa charla encubre una mala conciencia, porque “el mercado libre sexual”, además de perjudicar a los feos, como dice Vicente (y esto es en lo que insiste Houellebecq) también perjudica mucho a los niños. En particular, la violencia de los padrastros (o, en fino, compañeros sentimentales) sobre los hijos es incomparablemente mayor que la de los padres biológicos: el famoso efecto Cenicienta. Pero sin ir a casos extremos, el entorno mucho más estable que tenían los niños en el modo tradicional de organizar las relaciones era mucho mejor para ellos.

    Otro par de cosillas: coincido con edulcorado en la vuelta a la “ley natural”. Una de las conclusiones que saqué de leer a Pinker (“La tabla rasa”) es que la biología evolutiva respalda muchos de los rasgos de las sociedades tradicionales, y de hecho, aunque Pinker y otros no lo quieren decir porque son “liberales” en el sentido de los USA, en realidad si podemos extraer consecuencias morales o sociales del Darwinismo van mucho más en el sentido conservador (pero me doy cuenta según escribo esto que se presta a muchos malentendidos…). Así que estoy con Frenzo en desconfiar de tensar demasiado la cuerda que nos vincula a la naturaleza…

    Y aunque es muy razonable lo que dice Vicente de que los sentimientos no son controlables, es una idea que me pone en guardia, porque creo que la hemos asumido sin ninguna crítica. En todas las sociedades tradicionales (desde los cazadores recolectores hasta la antes de la ilustración, y todavía en casi todo oriente) se ha sostenido como lo más natural del mundo que los sentimientos son controlables, y que los adultos lo son precisamente porque, si no pueden controlar del todo los sentimientos, obran de todos modos haciendo lo que tienen que hacer aunque no les guste. Yo creo que una de las plagas de nuestra época en occidente es que hemos caído en un sentimentalismo que nos hace mucho más débiles y a la larga crea injusticias y sufrimiento.

    Bueno, ya no sé si voy a poder escribir algo antes de las vacaciones. Pero esta sigue siendo vuestra casa.

    Un saludo a todos…

  14. Vicente dijo:

    ¡Uff! ¡Aquí hay mucha miga!

    Aunque yo no soy, de ninguna manera, un entendido en el tema (si es que puede haber alguien que abarque todos los conocimientos necesarios), sí que apuntaría un par de cosas:

    – Si no hay amor ¿deben vivir los hijos en una mentira? Por que no me negará que en nuestra sociedad, incluso cuando era más tradicional, era que los padres se quisieran. Usted sabe, mejor que yo porque tiene hijos, que los niños no son fáciles de engañar en cuanto a los sentimientos.

    – Lo que usted plantea es, creo, la dicotomía entre deber/libertad; como he dicho, hay para hablar largo y tendido.

  15. Pingback: Anónimo

  16. tachenko dijo:

    Últimamente no me entero. No entiendo nada, un poco, de la entrada del jardín de la abuela. Ni tampoco en ésta, aunque por motivos distintos.
    Según yo entiendo el amor libre no implica necesariamente promiscuidad, y mucho menos adulterio. Para algunas personas puede ser, igual que en el mercado económico la libertad puede favorecer el derroche y el excesivo consumismo.
    Respecto a Houellebecq, no lo he leído y comento únicamente por esta entrada y la que está enlazada.. Desde luego lo que parece claro, es que a él no le gusta la libertad, ni la económica (por eso es de izquierdas) ni la individual (por eso debe ser no-kosher entre la intelectualidad francesa) y asocia la libertad con un campo de batalla. Nada nuevo, ya sabemos, el liberalismo salvaje, el capitalismo descontrolado, la ley de la jungla, la ley del más fuerte etc. ¿La alternativa al libre mercado entonces son las bodas pactadas?¿Esto reduce el campo de batalla?¿Es malo que unos se pongan las botas y otros no? No sé, creo que para defender el modelo tradicional de familia hay mejores argumentos en el lado conservador, que éste epatante del lado progresista.

  17. Asturchale dijo:

    Me llama la atención que de vez en cuando las entradas de tu blog parecen coordinadas con alguna discusión de mi foro favorito, burbuja.info. Este texto tuyo sobre el “amor libre” coincidió con un debate sobre maltrato doméstico. Fíjate lo que llegó a escribir un forero:

    “Dan vueltas sobre el martirologio femenino sin entrar a analizar las causas, ninguno me ha respondido sobre la condición protitutesca de la institución matrimonial, lugar donde se producen estos actos de violencia (la violencia entre dos desconocidos de sexo diferente seria otra cosa) naturalmente incluyo en la condición matrimonial, los arrejuntes y otras formaciones que terminan contaminadas por esta. No nos engañemos, la violencia se da en una institución que entre otras cosas OBLIGA a mantener relaciones sexuales DURANTE CINCUENTA AÑOS CON LA MISMA PERSONA, algo totalmente aberrante, no hay interés sexual que dure tanto en ninguna especie conocida. Encuentro totalmente contradictorio que personas que se definen de izquierda defiendan tal nefasta institución. Cualquier club, asociación o institución donde se produjesen tal número de muertes violentas, seria declarada ilegal ipso facto.

    Hasta la Primera Guerra Mundial las mujeres carecían de capacidad e independencia económica y su única forma de supervivencia era, para la inmensa mayoría, vender su cuerpo con la bendición de la iglesia y la administración. Es la incorporación de las mujeres al sistema fabril el que proporciona por primera vez la oportunidad de que algunas, (el resto continua engrosando la institución) de permanecer solteras, evitando los peligros de tan nefasta institución. Si proporcionásemos a cada mujer un trabajo digno y la conciencia de su propia individualidad, no necesitarían casarse, podrían mantener relaciones sexuales a su libre albedrío y sin complicaciones legales ni personales, pero claro, eso acabaría con la institución, clave en la forma de dominación burguesa. Si cualquier individuo, hombre o mujer pudiese levantarse una mañana y decirle a su ocasional compañero de cama: “lo siento, se acabó el pastel, me largo” y tuviese la independencia económica asegurada, la violencia desaparecería para ser solo anécdota de salud mental. El problema es que la inmensa mayoría de las mujeres (y los hombres peor) esto no puede hacerlo. En los países donde el nivel de vida lo permite, la gente pasa por varias relaciones en su vida, sin que ello suponga una atadura ni problema especial para nadie. En países subdesarrollados como el nuestro, una ruptura matrimonial supone un desastre económico, sobre todo para el hombre que se queda literalmente debajo de un puente, ello lleva a la “aguantancia” y a la violencia. Y que conste que no estoy justificando acto violento alguno, pero cuando se pone la nitroglicerina junto al fuego, no puede uno escandalizarse de que estalle.

    Según mi punto de vista, la única solución factible para la violencia inter géneros es en primer lugar, la independencia económica de todo el mundo, que solo puede proporcionar un estado socialista soviético. Y en segundo lugar, la abolición de la prostitución sagrada llamada matrimonio. Y como medida de transición, la disolución matrimonial al cabo de diez años a menos que medie acuerdo mutuo, es decir, resolución administrativa del vínculo si uno de los dos la solicita.”

    Me quedé perplejo cuando leí esto. Después de tanta revolución, después de tantos años y de tantos fracasos todavía hay quien se piensa que los males del mundo se corrigen cambiando esta y la otra ley, y que la utopía está a la vuelta de la esquina. Te recomiendo la discusión que surgió a partir de ahí, se dijeron cosas interesantes:

    http://www.burbuja.info/inmobiliaria/politica/170867-por-que-los-machistas-no-dejan-de-matar-2.html#post3085317

  18. Ramonmo dijo:

    Nótese que el comentarista de burbuja.info habla del matrimonio sin hacer referencia a los hijos para nada.
    Y sí, Asturchale, es sorprendente la inmodestia intelectual que predomina hoy en día. El decorado de fondo es la asunción de que cualquier persona, independientemente de sus logros, capacidades, aptitudes, etc., está intelectual y moralmente capacitada para saber cómo debe ser la “sociedad perfecta” y los cambios necesarios para llegar a ella.
    Lo cual, evidentemente, deja en muy mal lugar a todos nuestros antepasados, que, sin duda, eran demasiado estúpidos o cobardes como para darse cuenta de lo mal que estaba todo.
    Supongo (aunque tengo mala memoria para mis propios errores) que yo también era así de chulo en su momento, aunque sólo fuera por la inercia de la época. Es curioso, porque lo que me hizo replantearme todo esto fue precisamente pensar en mi abuela (ya sabéis, vida forjada en la España rural de la posguerra, dificultades, hambre y todo eso) y darme cuenta de lo repulsivo que me resultaba verme obligado a considerarla como una persona estúpida o cobarde, cuando lo que es (y lo sé porque la conozco) es todo lo contrario.

    Saludos

  19. pseudópodo dijo:

    Gracias por el enlace, Asturchale. Parece muy sintomático. Hay que leerlo despacio, pero por lo que visto, Ramonmo da en el clavo: pontificar sobre el matrimonio obviando el pequeño detalle de los hijos es como hablar de coches como si fueran un objeto decorativo, sin decir nunca que tienen motor.

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